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En esta sección pretendemos ofrecer artículos de la Revista Soledad, artículos que a pesar del tiempo pasado siguen vigentes, palabras para la reflexión. Todos y cada uno de ellos forman ya parte de la pequeña y gran historia reciente de nuestra Cofradía.

- Mª Ascensión Millán Jiménez - SOLEDAD DE NUESTRA SEÑORA  

- Vocalía de Cultos - TODOS PRESEVERABAN UNIDOS EN ORACIÓN CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS  

- Pedro Fusté - GLOBALIZACION....¿LA NUEVA POBREZA?

- Isabel López Chica - MARIA, LA ESPERANZA NUEVA.

- Miguel Angel Cruz Villalobos - DIALOGOS CON UNA CRUZ.

- Francisco Javier Martos Torres - LA REFLEXION ES EL PRINCIPIO DEL CAMINO.

- Jesús Ordóñez Díaz - SIEMPRE ES SEMANA SANTA.

- José María López Valiente - LA ALEGRIA DE LO IMPOSIBLE: UTOPIA

- Manuel Peña Garrido - PROCESION DE MARIA STMA. DE LA SOLEDAD: UNA EMOTIVA EXPERIENCIA RELIGIOSA.

- Manuel Caballero Venzalá - SOLEDAD DE MARIA

 

 

SOLEDAD DE NUESTRA SEÑORA

“Sin esposo, porque estaba

José de la muerte preso,

Sin Padre porque se esconde,

Sin Hijo porque está muerto,

Sin luz porque llora el sol,

Sin voz, porque muere el Verbo,

Sin alma, ausente la suya,

Sin cuerpo, enterrado el cuerpo,

Sin tierra, que todo es sangre,

Sin aire, que todo es fuego,

Sin fuego, que todo es agua,

Sin agua, que todo es hielo…”

Lope de Vega

 

No hay soledad más inmensa que la de un ser humano que ha perdido un hijo. Carne de su carne, se le va la vida propia en su muerte. Es un dolor esencial, categórico, definitivo. Todo lo invade, todo lo inunda. Contra este dolor no existe bálsamo, no hay conformidad, no hay resignación. Como dice el poeta, hasta los últimos constituyentes del cosmos, la tierra, el fuego y el agua dejan de ser tales, extremándose en su capacidad para herir, y pasan a ser, en la piel de la madre, respectivamente, sangre, fuego, agua y hielo.

No hay soledad más grande que la de la madre que contempla la sepultura del Hijo amado. “Toma, tierra cruel, esta prenda hermosa del amor que más quería”. Es el séptimo dolor de María, el séptimo dolor que atravesó su corazón de Madre. Después Silencio, Separación, Dolor por la eterna ausencia, dolor hasta el extremo, dolor, dolor…

Toda la soledad que caerá sobre María como una permanente noche de nevada cuando muera su hijo tiene su venero en el día que dio a su Señor aquel sí incondicional que la ensalzó para siempre como protagonista de la historia de la Salvación. Fue aquel “Fiat voluntas tua” que atormentaba a Unamuno y que nosotros repetimos cada vez que rezamos el Padrenuestro, el que desencadenó su historia, la de María, nuestra historia. Probablemente ella, al igual que su hijo, fuera presintiendo y concretando con los años la naturaleza de aquello que se esperaba de ella. La muerte en la cruz de Cristo se convierte, de este modo, en la puerta abierta al dolor y la soledad de María, incurables ya si no es volviendo a estar con su hijo.

En el Cancionero de Gómez de Ferrol, escrito en el siglo XV, leemos, en boca de la Virgen, estas palabras de indudables reminiscencias teresianas, de no ser porque fueron escritas antes en el tiempo:

 

“La muerte me será vida

e bevir me será muerte,

que la vida sin conorte

non ha cosa más perdida!

E tú, muerte desavrida,

¿por qué causa tanto tardas

o para quándo, di, me guardas

e alexas tu venida?”

 

Señora de la Soledad, el luto, las lágrimas, la cara desfigurada por el dolor, el alma deseando la muerte para el reencuentro con el Hijo que ha caído físicamente en los brazos de la Hermana Muerte, nos conmueven en la noche del Viernes Santo por las calles de Martos.

A pie de calle, te entiendo ¡Cómo te entiendo! Son las primeras horas de la separación y la vida se encierra en un pozo negro del que no se puede ni se quiere salir! ¡Cómo te entiendo, Madre de la Soledad! ¡Madre del dolor!.

La estampa sobrecoge. A tu alrededor, Soledad, nunca fuiste sola, que los devotos te siguen amparándote en tu dolor infernal.

Acoge sus sentimientos de solidaridad, sus deseos de confortar tu ser, enjugar tus almas, mitigar la pena dura… Bajo tu manto de madre universal siente su calor y su entrega en esta noche que parece la más trágica, la más negra, la más desapacible.

Tú tienes la certeza de la vida eterna prometida, por eso alientas en los cristianos la esperanza de la propia resurrección y del triunfo definitivo de Jesucristo. Durante tu soledad, María, aguardas llena de esperanza el encuentro definitivo con tu Hijo. Había dicho Jesús: “Volveré y los tomaré conmigo, para

que donde esté yo estén también ustedes”

(Jn 14, 3).

Si tu dolor es mi dolor, Madre de la Soledad, si tu llanto es mi llanto, Madre de la Soledad, tu Esperanza es también mi Esperanza. Contágiame de tu Confianza, de tu Fe, de tu Amor. ¡Oh Madre mía, Señora de la Soledad!.

Mª Ascensión Millán Jiménez

Consejo General de Cofradías y Hermandades

Libreto Soledad Nº 15 febrero de 2008

   

 

 

TODOS PRESEVERABAN UNIDOS EN ORACIÓN CON MARÍA, LA MADRE DE JESÚS

 

Unidos con María!”… “¡Unidos con María!”… “¡Unidos con María!”… Así, a simple vista, la frase parece el eslogan de un grupo juvenil parroquial. O el título de un cartel que han hecho los niños de la catequesis. Es, sin embargo, el programa, la forma de vida de la primera comunidad cristiana de Jerusalén: Todos perseveraban unidos en la oración con María, la Madre de Jesús (Hch 1,14).

¿Era así realmente como vivían los primeros cristianos? ¿Estaban unidos en oración y perseverando en la fe? ¿Este era su programa de vida? Mucho nos parece… y más teniendo en cuenta que en ese momento no habían recibido la fuerza del Espíritu Santo. Quizá todo esto no fuera para tanto… Quizá todo era más un deseo que una realidad ya cumplida… Posiblemente era el programa que querían realizar en el futuro. Todo el mundo dice que un buen programa ayuda a vivirlo. Fijar la vista hacia lo alto ayuda a subir, aunque luego el camino hay que recorrerlo día a día y aquí es donde surgen las dificultades y problemas.

Hoy, María, sigue viviendo a nuestro lado como lo hacía con los primeros cristianos y podemos preguntarle ¿Qué opinas de nuestros planes? ¿Qué piensas de nuestros proyectos? ¿Qué te parecen nuestros programas? ¿Son parecidos a aquellos primeros?

Debemos pensar que aquel programa era sencillo, concreto y claro: “Perseverancia”, “unidad”, “oración”. Tres palabras, tres acciones, tres compromisos:

- “Perseverancia”: Mantener lo recibido sin anclarse en el pasado y creciendo hacia el futuro.

- “Unidad”: Vivir en todo momento teniendo un solo corazón y una sola alma (Hch 4,32).

- “Oración”: Unión de amor con quien sabemos que nos ama.

Mucho dudamos que nuestros programas eclesiales de hoy que hacemos a largo, medio y corto plazo, sean parecidos a éste. Muchos son pomposos y grandilocuentes. Otros pecan de teóricos o poco realistas. Y la mayoría no son concretos ni prácticos. Pero no se trata de lamentarnos, ni de esperar a tener buenos programas para actuar. Cada cristiano, cada uno de nosotros sin esperar a más, puede ya vivir este primer programa, el que hicieron entre todos y en el que colaboró María de forma importante.

También, hemos de saber que si nos ponemos a vivir este programa, porque de eso se trata, de vivirlo, seguro que María será la primera en acompañarnos a realizarlo y lo vivirá con nosotros, como ya lo hizo con los primeros discípulos de su Hijo.

Santa María de la Soledad la de los Programas de Vida Cristiana, camina a nuestro lado y vive con todos los cristianos los planes y proyectos que Dios nos tiene preparados.

Vocalía de Cultos

Libreto Soledad Nº 14, marzo de 2007

   

Pedro Fusté es periodista y en el curso cofrade 2001/2002 nos ofreció una interesante conferencia sobre la Globalización y lo hizo desde la perspectiva de una persona comprometida con la causa de los mas débiles. Pedro es un viajero incansable y ha participado en diversos dispositivos humanitarios. En aquella conferencia nos hizo reflexionar y ayudó a tener mas claro lo positivo, que es mucho, y negativo, que desgraciadamente es casi mas abundante, de la Globalización. Escuchando sus palabras pudimos  reflexionar sobre lo "importante" y "secundario", sobre la diferencia entre solidaridad y generosidad. Rescatamos ahora del número 9 de la Revista Soledad este artículo firmado por él mismo.

GLOBALIZACION... ¿LA NUEVA POBREZA?

Que el mundo lleva millones de años dando vueltas es algo que todo el mundo sabe. Quizás por eso tiene forma de esfera..., de «globo». Y que las ciencias adelantan que es una barbaridad es algo que se puede poner en solfa y con música de zarzuela. Pero desde que conocemos el mundo más de cerca, desde que la historia se convirtió en una herramienta de referencia y conocimiento, es decir, en los últimos 2000 años, sí hemos podido comprobar cómo le ha ido al ser humano y a la misma Tierra.

Y si nos referimos a los últimos dos siglos, XIX y XX, podemos constatar la gran evolución de la ciencia y la técnica. Curiosamente, no podemos decir lo mismo de la evolución positiva del ser humano, dueño y señor del planeta Tierra.

La técnica de hoy en día permite casi de todo, desde el punto de vista de sistemas de producción, medicina, economía, comunicación y varias docenas de etcéteras. Se dice que estamos en la era de la comunicación, que gracias a herramientas como Internet, hemos hecho un mundo más pequeño. Hoy. Cualquier evento en cualquier lugar del mundo, puede ser conocido, visionado, compartido o criticado en cualquier otro lugar del mundo.

Se puede viajar de Europa, Londres o París, a Nueva York en poco más de 3 horas. Y los Fondos de Pensiones, el dinero, de Hong Kong a Baltimore en escasos segundos, a través de transferencias electrónicas. En nuestro Primer Mundo no hay fronteras. Hasta es posible ir de Madrid a Berlín sin tener que cambiar la moneda en cada país que crucemos: el euro nos ha hecho socios europeos de pago. Sin embargo, pasar de Senegal a España, cuesta caro y, a veces, hasta la vida.

Es entonces cuando uno se pregunta en nombre de qué extraño privilegio nuestro primer mundo es capaz de tanto adelanto técnico maravilloso y, a la vez, de tanto retraso humano vergonzoso. En realidad, si no hubiera un primer mundo, no habría un segundo, tercero o cuarto.... porque mundo sólo hay uno.

En este devenir de avances, conceptos y realidades, la palabra «globalización» se viene repitiendo con inusitada frecuencia. Globalización significa muchas cosas, aunque veremos más adelante que todas esas cosas se reducen a una única concepción: dinero.

Globalizar significa que puedes encontrar tu refresco favorito en un impensable rincón del planeta; o tu marca de cigarrillos, o tu tienda de moda, o tu hamburguesa, o tu correo electrónico, en sitios lejanos y adecuados. Globalizar también significa que las grandes corporaciones comerciales ofrecen sus productos al consumidor final con plena garantía de calidad, ya sea un litro de gasolina sin plomo o un polo de algodón de moda. Globalizar hace llegar tu música favorita sin tener que esperar 6 meses, o tu película esperada en apenas horas. Ya no es como antes. El «Bienvenido Mr. Marshal» nos ha situado en la cabecera del mundo, del consumo y de la información al segundo. La globalización nos deja pasmados de tanto beneficio virtual? Porque como todas las monedas, además de cara, tiene cruz. Lo que pasa en el mundo sencillamente no existe si no lo transmite la CNN. El mundo, tras el desastre de la última Gran Guerra, la llamada 2ª Guerra Mundial, se ha organizado en torno a las llamadas Naciones Unidas.

La Organización de las Naciones Unidas (O.N.U,) se crearon en San Francisco (USA) en el año 1945. Sus objetivos eran no volver a repetir una guerra mundial, velar por los derechos humanos en todo el planeta y disminuir, con el tiempo, las enormes distancias entre países ricos y pobres. Lo resultados de esa gestión «multinacional» ni siquiera los voy a comentar. Todo el mundo sabe cómo está nuestro mundo.

De pronto, los teóricos, los políticos, los financieros, abrazan el concepto de Globalización como la gran panacea del siglo teniendo en cuenta una serie de realidades y, a mi modo de ver, dejando aparte la más real de todas ellas: el ser humano.

Nada que decir sobre la globalización de la cultura, el arte, la información, la rapidez y no sé qué mas, pero ¿cómo afecta al otro ser humano esta globalización? Me refiero al de segunda, tercera o cuarta clase.... Porque no todos somos iguales.

No hay ninguna base científica, ni humana ni ningún tipo de derecho legal o moral que sirva para hacer esa clasificación ni mucho menos sostenerla. La libre circulación «global» de bienes, servicios, productos no es pareja a la libre circulación del ser humano. Y no me refiero sólo al problema de la inmigración, me refiero, incluso, a la libre circulación de ese mismo ser humano en su propio país.

Para entender este punto baste con observar cómo algunas multinacionales trasladan sus fábricas, por ejemplo de confección, a países donde las condiciones de trabajo, salariales, sindicales, sanitarias, civiles y un largo etcétera no cumplen los requisitos mínimos que han costado años de lucha y represión conseguir. Y siempre bajo la amenaza de «esto es lo que hay y si no, cambio la fábrica de país en un pispas». La globalización permite este tipo de tratos en gobiernos corruptos, cuyos líderes están apoyados por esa política internacional de doble vara, que tampoco voy a comentar porque es hasta de insultante evidencia.  

Por ejemplo, la televisión «global» nos ofrece imágenes de cómo unos terroristas palestinos, armados de piedras y palos, se interponen ante los blindados y helicópteros de las fuerzas de seguridad israelíes que tratan de defenderse de esos ataques. No se trata de tomar partido por uno u otro bando; en mi opinión, no hay diferencias sustanciales entre un oficinista muerto en las Torres Gemelas y un pastor afgano al que le cae una bomba por equivocación. Son los mismos seres humanos, patrimonio de toda la Humanidad.

La «globalización» deja en la cuneta al ser humano, bueno, a algunos que no son tan iguales como otros  sólo son «efectos colaterales» porcentualmente desechables. La globalización es una nueva forma de neocolonialismo económico. Los países del Tercer Mundo, con sus pri­mitivos sistemas de producción, no pueden llegar a los mercados del Primer Mundo porque casi todo está ya pactado y arreglado. Africa, un inmenso continente lleno de posibilidades, sólo aporta un escaso 5% al comercio mundial; sin embargo, las multinacionales campan por sus respetos en cada uno de los países africanos: oro, diamantes, petróleo y materias primas están «globalizados» para el consumo de los primermundistas, a cambio de sostener la corrupción de los mandatarios de sus propios países, a los que el futuro les importa poco o nada.

Ante este tipo de hechos, ha nacido un movimiento antiglobalización con notable repercusión en diversos ámbitos. En realidad no es un movimiento uniforme que responda a una ideología política determinada, sino que más bien que aglutina a varios actores sociales: estudiantes, obreros, políticos, intelectuales, librepensadores, artistas etc... Es un movimiento de origen social y, por ello, debe considerarse como un respuesta de amplía base social a los errores u olvidos de poner en marcha acuerdos y convenios que no tienen como objetivo prioritario el desarrollo y un reparto más equitativo de la riqueza entre los seres humanos que habitan este planeta.

 Claro que ha habido desmanes y actos vandálicos en las manifestaciones de Seattle o Génova, pero ¿estamos todos seguros y ciertos que este tipo de comportamientos los genera el movimiento antiglobalización? ¿no será una forma más de críminalizar un descontento particularmente serio que no tiene muchas opciones de hacerse oír? ¿lo aprovecharán los mismos que aprovechan cualquier tipo de manifestación o protesta para que el Estado al que le toque soportarlos los presenten como delincuentes vulgares?

 La globalización encuentra su oposición desde la base, la misma sociedad que está pidiendo la condonación de la deuda de los países más pobres o empobrecidos, la misma sociedad que exige eficacia a la ONU, la misma que cuestiona el Banco Mundial y sus «logros» en los últimos 50 años. Es la que exige una nueva forma de entender el mundo, de organizarlo y de repartirlo.

 La globalización no es la nueva pobreza, es la misma vestida del espejismo del progreso.

 

Pedro Fusté - Periodista

(Revista "Soledad", Nº 9, Marzo 2.002)

    Os ofrecemos este artículo escrito por nuestra hermana Isabel López Chica y que fue publicado en el número 8 de la revista Soledad, en el año 2001. En esta bella reflexión que nos ofrece nuestra hermana Isabel, vemos en María al hito que muchas veces necesitamos para no desorientarnos. Es un canto a la esperanza que nos aporta María a los creyentes.   

MARIA LA ESPERANZA NUEVA

Muchas veces pienso que si con­templamos solamente nuestro mal, nuestros problemas y vicisitudes, podemos caer en un desaliento colectivo que nos llevaría a la fatalidad de pensar que nada se puede hacer, de que todo está perdido de antemano y que nuestra vida no tiene sentido.

Y me pregunto ¿qué puede aportar María ante una situación como ésta? y sin que­rer encuentro la respuesta: María aporta la excepción. Ella encarna la nueva for­ma de ser hacia la que se dirigen todas las aspiraciones humanas. Representa la imagen perfecta de la total superación y los sueños de la humanidad caída.

María es, sin duda, la nueva esperanza pues, con Ella, la soledad empuja a salir a la calle en busca de nuevos encuen­tros. La injusticia se abre paso para llegar al abrazo de los iguales. La ambición se quema en el horno del pan compartido y abre puertas para repartirse entre todas las bocas. La violencia que nos sobresal­ta casi a diario se transforma en dulces notas de guitarra entonando un canto de paz. La muerte deja paso a nuevos niños para la vida arrebatada y la esclavitud abre puertas y ventanas para que salgan todos los pájaros.

María es una fuerza imparable, perma­nente y constante para todo el ser huma­no, en sus ojos podemos ver reflejada la causa de nuestra alegría y también pode­mos llevar nuestro corazón roto para re­pararlo.

Estoy convencida, porque estamos con­vencidos, de que María es una mujer con los pies en el suelo. Virgen cuyo corazón no manchó la malicia, vivió sin embar­go, todos los inconvenientes del pecado incluidos el dolor y la muerte.

Pido a esta Virgen cercana y humana, Madre de la Soledad, que nos ayude a acercarnos con fé para aprender de Ella los caminos de nuestra vida, pues tiene muchas virtudes que ofrecernos y muchos rasgos en que imitarla.

Que Ella vigile nuestro culto para lograr hacer de nosotros la «tierra nueva» que Dios desea.

 

Isabel López Chica

(Revista "Soledad", Nº 8, Marzo 2.001)

 

Diálogos con una cruz es una reflexión escrita por nuestro hermano Miguel Angel Cruz Villalobos que fué publicada en la Revista Soledad en el año 2.000. Miguel Angel mantiene un profundo dialogo interno con la Cruz que porta, ...reflexiona, evoca recuerdos, mira, observa, piensa... en este artículo nuestro hermano describe los pensamientos que surgen cuando se vive una gran experiencia personal y consigue que al leerlos seamos complices de su reflexión.

 DIALOGOS CON UNA CRUZ

Las doce menos cuarto. Hay que prepararse, no nos va a dar tiempo. Ya verás no, nos dará tiempo y hay que dar las últimas recomendaciones. ¡Qué nervios! ¿Dónde está la Cruz? Mi Cruz -¿Dónde está mi Cruz?- grito. Nadie me ha oído pero en mi interior ha sonado como un alarido angustioso. ¡Ah! ya la veo, apoyada contra la pared me está mirando; no tiene ojos, pero yo siento que me está mirando. -iYa voy!, yo también te buscaba. 

-¡Hola!, hace un año que no te veía. Ya era hora. Estás igual que siempre: rígida, enhiesta, ligera y suave al principio, pero... ya verás al final que pesada y rugosa te vuelves. Te acaricio como a una vieja amiga querida, con cariño, con dulzura, como queriendo despertarte suavemente de un letargo anual adormecido por los cantos y susurros, que llegan al trascoro apagados por la lejanía y el respeto de cuantos entran a la morada del que te llevó hace dos mil años y desde entonces carga contigo.

 A propósito, dos mil años ya, veinte siglos de aventura juntos, no siempre bien avenidos, a veces desunidos, otras perseguidos, engañados y hasta vejados; y las más observados como a bichos raros, con la estaca en la mano, por si haces o dices una inconveniencia. Nos soportan porque hemos levantado una cultura en el mundo, pero, cuando hacemos una denuncia profética, nos llaman retrógrados y que nos metamos en nuestros asuntos, como si la religión y el mundo fuesen por caminos diferentes. Claro que después nos exigen que no nos quedemos atrasados. Piensan que la verdad de hace dos mil años ya no es verdad en nuestro siglo. 

Yo que, como sabes, me considero miembro activo de la asamblea, de eso que otros llaman comunidad y que viene a ser lo mismo; me rebelo, sufro y callo, otras veces vocifero incontrolado que el que quiera pertenecer a la Iglesia de Jesús debe respetar las normas que nos hemos impuesto. El problema es que muchos de nosotros creemos que estas normas nos han sido impuestas por jerarcas lejanos que nos quieren maltratar, como si los sínodos y concilios no fuesen representativos de las distintas Iglesias. Lo sé, porque yo también, a veces, he pensado lo mismo. Y es que en muchas ocasiones, lo que nos incomoda tendemos a olvidarlo, cuando no a criticarlo. 

¡Vaya!, casi es la hora y yo aquí, pensando como un tonto. Mira ya están casi todos colocados en sus filas, con los cirios en la mano y el antifaz bajado. Los cruciferarios en su sitio y tú y yo, al lado de santa Gema... ¡Vamos! 

-¡Comienza la estación de penitencia! ha dicho el presidente. Silencio precedido por un leve murmullo producido por el apagado de las luces. Las puertas se abren y todos en la calle pueden ver el rostro de la Madre. He de salir. ¡Cuidado! No tropieces en los escalones iniciales. Ya estoy fuera, giro y subo. No corras, despacio, paso cortito hasta la esquina de la calle de la Fuente. Allí he de esperar a que la imagen salga de su templo portada por los anderos cuyos primeros esfuerzos rompen los poros. Me los imagino, músculos en tensión, respiración entrecortada y pequeños gemidos hasta alcanzar la seguridad de la calle. 

Ha tocado la campanilla, ya han descansado. Inicio la bajada. Allí, entre la gente, hay un alumno... Concéntrate, no vas exhibiéndote, piensa por que estás aquí, medita y reza. 

Ya estamos en San Amador, ¿recuerdas?. El año pasado estuvimos rezando aquí la oración. Estuvo muy bien. La gente que nos observaba, se comportó excelentemente e incluso se incorporó al rezo. Espero que este año suceda lo mismo. La mayoría de la gente no lo sabe, pero será en la Cruz del Lloro, donde dicen que el pueblo lloró la muerte de los hermanos Carvajales. (En realidad se llama la cruz del rollo, donde se ajusticiaba a los criminales). ¡Vaya parecido! En un sitio así te empotraron en el suelo y te subieron un hombre. Desde entonces eres nuestra bandera, nuestro símbolo por excelencia. 

Ves, como siempre, al girar hacia la calle Huertas hay un pequeño vientecillo que apagará los cirios. Trabajo para los del centro... Claro que muchos ya lo saben y hacen cuenco con la mano intentando, sin mucho éxito, que la brisa, en su lucha con el fuego, alcance su objetivo... No veo a la Señora. Mala suerte - seguramente este año vamos más acompañándola. Sólo aquí y en los giros de la calle de la Estrella puedo verla, de reojo, pero por fin la veo. Este año, un poco antes, la otearé a lo lejos, bamboleándose y recortada en las paredes de los edificios por la sombra que la persigue sin alcanzarla jamás. 

¡Qué buena noche hace! El año pasado me costó sostenerte en algunos momentos, el viento, como un enemigo cruel, parecía como si quisiera arrebatarte de mis manos. Hogaño, como dicen los antiguos, vamos bien. No eres una pluma, pero vaya... 

Ya entramos en la calle San Francisco. Espera, voy a mirar el reloj. Es la una y cuarto. No sé cómo se las apaña Ramón para llegar a la Fuente Nueva a su hora, a veces pienso que vamos con premura, después me sorprendo y es que... el hermano capataz ¡tiene un vicio! Claro, se lo ha dado los años de experiencia.

 Se oye el murmullo creciente de la gente en la Fuente Nueva. Como siempre se callarán. Siempre se callan. Al paso de la comitiva la gente siempre guarda un respetuoso silencio. Bueno, a veces se oye algún grito que otro, pero eso son cosas de jóvenes, sin mala intención, quizás para atraer a su chica o una broma que arranca de sus labios una expresión, más de complicidad que de otra cosa.

¿Y Cristina? No está en la ventana, su abuela la habrá acostado... ¡Ah!, allí está, con su tío y su primo. ¿Ves?, esa es mi hija menor, la mayor va un poco más atrás, en la fila, Al fin ha conseguido salir en el cortejo. Está contenta, más por haber alcanzado la edad -creo yo- que por desfilar en la procesión. Ha alcanzado un estatus que antes no tenía, son pequeños avances pero señeros. Mi mujer va a mi lado, como siempre. A veces pienso que si no llevara un cirial se colgaría de mi brazo. O que si yo no te Ilevara, le pondría el brazo por encima de los hombros. 

…¿Por qué llevamos tanto tiempo parados? Como siempre me olvido que los anderos han de tomar un poco de agua y ¿cambiarán de hombro como antaño? Yo también estoy cansado, ya empiezo a abrazarme a ti. Te vuelves pesada. Imagina cuanto debías pesar para Aquel que te llevó camino del Calvario, no sólo porque pesase el madero sino porque en él iban representados los pecados del mundo. 

Bendita cruz purificadora pero tambiép purificada porque en ti lo clavaron y de El salió la salvación. Por ello la quemamos, porque el fuego representa a Cristo que todo lo purifica y de El sale la luz del mundo. Cristo, Luz de los hombres, reza el himno del Congreso Eucarístico de Sevilla. No quemamos el símbolo de nuestra salvación, no seríamos tan bestias. 

¿Oyes? Como siempre en esta calle, una saeta, una oración desgarradora cantada con maestría. La oímos lejana, pero esta vez el viento se ha aliado con nosotros. 

...Perdona que no haya seguido hablándote en este rato, la cuesta me ha fatigado un tanto y no tenía ni tiempo para pensar. Toda mi voluntad estaba puesta en mis músculos, pero ahora que reiniciamos el diálogo... ¿Qué te ha parecido el homenaje que la cofradía del Santo Entierro de Cristo ha hecho a nuestra Madre? Emotivo ¿eh? Julio es el director de la banda de cornetas y tam...

¡Qué cerca estamos ya! A pesar del cansancio no quiero terminar. La puerta está cerrada, esperaremos que vengan a abrirla. Desde lo alto de la escalinata te levanto como un triunfo. Mira cuanta fe depositada en cofrades, ¿no emociona? Aquí está ya... vayamos al crucero. Ya ha entrado, ya está depositada donde siempre. 

-Ha finalizado la estación de penitencia ha dicho el Hermano Mayor. Vamos por una flor de su canastilla, huelen a ella, huelen a... gloria. 

Bueno, tengo que dejarte. ¡Hasta el próximo año amiga! Pero, ten la seguridad que te recordaré y cuando venga al convento, a la salida, echaré un vistazo furtivo a las celosías, con la certeza de que en algún rincón, resguardada de la humedad y del polvo, tú también me echarás de menos.

Miguel Angel Cruz Villalobos

(Revista "Soledad", Nº 7, Marzo 2.000)  

Fotografía: José M. López Bueno 

En esta ocasión presentamos un artículo escrito por nuestro hermano Francisco Javier Martos Torres para la Revista Soledad en su número 4. Francisco Javier desgrana cada uno de los momentos previos al desfile de penitencia. Narra esos momentos tan especiales, nos dice como los vive, como los ve, como los siente.

LA REFLEXIÓN ES EL PRINCIPIO DEL CAMINO

Como todos los años, en la tarde-noche del Viernes Santo, unos tres o cuatro cofrades de la Seráfica Cofradía de María Santísima de la Soledad ultimamos en el silencio de la Iglesia de las Reverendas Madres Trinitarias, los retoques finales al trono de nuestra Imagen Titular.

 

 

Cuando terminamos, ya bastante tarde, le rezarnos una oración y nos quedamos mirándola durante unos instantes. Me imagino que cada uno pidiéndole algo, o bien rezándole particularmente una oración que sale del corazón.

 

Nos despedimos y al mismo tiempo nos citamos para las once de la noche. Cada uno coge su camino y se va al hogar para prepararse y volver con esa mezcla de ilusión, nerviosismo y sobre todo Fe, para el desfile Procesional de nuestra Cofradía. 

 

Al llegar a mi casa, mi mujer me pregunta qué tal ha quedado todo. Yo le respondo que muy bien. Cenamos, nos ponemos el traje de estatutos y vamos a despedirnos de nuestra hija, que se queda con sus abuelos hasta el día siguiente, y nos ponemos en marcha hacia la Iglesia con la esperanza de que llegue el año en que nuestra hija nos acompañe en este camino. Cuando llegamos siempre ha y algunos hermanos esperándonos, y señalando el reloj me recuerdan que, como todos los años, vamos algo retrasadillos. Les dejo la llave de la Iglesia y voy a aparcar el coche. Al volver me encuentro este sitio Sagrado tan bello como siempre, y sé que algunos minutos antes, las a res Trinitarias han estado allí, viendo cómo hemos preparado el paso y orando a su a re ara que el desfile vaya bien y no tengamos ningún percance.

 

Veo también a cada uno de los hermanos, en silencio, y de vez en cuando echamos una mirada a María, en fin, preparando las cosas para que el Desfile Procesional y la Hora Santa, que es como nosotros llamamos al acto que organizamos antes de empezar nuestro camino de penitencia.

 

Poco a poco empiezan a llegar el resto de hermanos. Unos se saludan, otros se sientan y con la mirada puesta en María, esperan a que comience la Hora Santa de este año. Y a las once se produce este hecho. Y todos en gran silencio, unos con la cabeza gacha, otros con la mirada perdida cualquiera sabe dónde, algunos con los ojos tapados, y todos escuchando atentamente las palabras que se nos exponen sobre María, sobre su Hijo, o sobre la Pasión.

 

Cuando termina el sacerdote o el hermano que ha tenido a bien ese año presentamos la reflexión, todo queda en el silencio más absoluto que jamás uno pueda imaginar Miras las caras de los que allí estamos y sólo ves reflexión, concentración y Fe. Todos están inmersos en sus pensamientos ya sean particulares o bien de lo que acabamos de escuchar. Quizás algunos echen de menos a alguien que ya no está allí con nosotros, pero que a buen seguro, si no está físicamente, sí que estará en espíritu. Y ese espíritu nos hará entrar más de lleno en nuestra penitencia y reflexión, que es la que luego nos acompañará en nuestro recorrido por las calles de Martos.

 

Pero de pronto el silencio se rompe. Hay que recordar las normas a seguir en nuestro desfile Procesional. Una vez dichas estas, cada uno se coloca en su sitio y esperamos que el campanario de nuestra Patrona Santa Marta de las doce de la noche. Y en ese preciso instante se apagan las luces de la calle. Se apagan las luces de la Iglesia. Solo queda una pequeñita para que los costaleros vean por donde van. Se apagan las voces de la calle. Se apagan nuestras propias voces. Suena el tambor. Suena la voz del capataz. Se encienden los cirios. Se enciende la LUZ DE MARIA en su SOLEDAD. Se cierra la puerta, suena la campana de iniciar el camino de penitencia y vuelve la reflexión con la que caminaré durante largo tiempo y que espero sea provechosa para mí y para todos mis semejantes.

 

Francisco Javier Martos Torres

(Revista "Soledad", Nº 4, Marzo 1.997)  

 

Fotografía: José M. López Bueno

Rescatamos del número 4 de la Revista Soledad un artículo escrito por nuestro hermano Jesús Ordoñez que nos habla de la injusticia, de la insolidaridad, de la violencia .... pero también nos habla de la esperanza, de la Resurección. 

SIEMPRE ES SEMANA SANTA

Entrada Triunfal, Prendimiento, Desamparo, Flagelación, Cautiverio, Oración, Amargura, Juicio, Nazareno, Dolor, Crucifixión, Agonía, Descendimiento, Angustia, Sepultura, Soledad, Resurrección.... Y nos queda la Esperanza. La Esperanza de volver a empezar; de esperar a otro año, a otra Primavera pasando por el Nacimiento y depositando en él nuestros mejores deseos; nuestros anhelos más íntimos, nuestras desazones... Con la esperanza de que, al compartirlos, se diluyan y nos sean más llevaderos. Pero, ¡ilusos!, ¿ya nos hemos olvidado del peso del madero?.

 Siempre es Semana Santa en el sentido de estar conmemorando la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor porque, ¿acaso no padece cada día? ¿Acaso es que no muere a cada momento?. En el sentido de estar viviendo a cada minuto el dolor y Soledad de la Madre porque, ¿acaso no mueren Hijos como víctimas de la injusticia, de la insolidaridad de cada cual? 

Hoy le hace padecer el olvido premeditado, la desidia insidiosa, la mentira con alevosía y lo hacemos nosotros, no personalmente, quizás, sino englobados en la masa que nos desdibuja y decolora. Amparados en el mal hacer social en que disolvemos nuestras responsa­bilidades más directas hacia el hermano.

 Le mata el proyectil endiablado, el explosivo del malhechor, el hambre de los acomodados. El no saber hacia dónde encauzar nuestras fuerzas; el egoísmo derrochador que nos invade. La bala de la ignorancia se dirige a quien intenta sacarnos de ella. El fusil del olvido cercena la vida del que nos clama nuestra atención. Y el hermano muere. Muere en ti, en mí, en cada uno de nosotros. Cristo muere cada día. Su Madre lo busca en cada momento, en cada paso del mundo. Siempre desde hace dos mil años y aún antes todavía. 

Parece caminar nuestro mundo hacia un fin de destrucción. Se les mina los pilares más importantes y se le hace tambalear de pies a cabeza cada vez que un niño muere o padece hambre por la mala distribución de alimentos. Es más fácil destruir los excedentes de producción que enviarlos a los países donde no tienen nada que llevarse a la boca. Se estremece hasta en sus estructuras más íntimas cada vez que un niño o niña es pervertido con unos fines oscuros, muy oscuros que harían sonrojar hasta las piedras. Cada vez que un joven es entregado a los brazos devoradores de la droga para que alguien se haga más rico y alcance más poder de control. Y Cristo padece y muere con ellos. Y con ellos, cada Madre sufre, llora, les duelen las entrañas y Sola, desesperada, intenta quizás buscar una explicación que no llega, un por qué que no halla.

Pero, como en toda Semana Santa, siempre hay Resurrección. También a cada paso. No es tan alardeada. No la repiten hasta la saciedad, pero se produce. En cada paso la Soledad se puede hacer menos densa, más sonora, más compartida. Es cuando encontramos personas dispuestas a dar la vida por luchar para que los más oprimidos consigan el reconocimiento de alguno de los derechos que todos proclaman como fundamentales. Es cuando nacen organizaciones capaces de abstraerse de todo poder y dominación para llegar al sitio adecuado, al momento crítico y estar con los que sufren cualquiera de las cosas que se pueden sufrir hoy. 

Es bueno que siempre sea Semana Santa porque estas criaturas siempre estarán más presentes y siempre se producirán Resurrecciones de personas que han dejado de pensar en sí mismas para dedicarse al hermano. Es bueno que se produzcan estos Nacimientos y sería mejor aún si sonaran con voces atronadoras y nos zarandearan con la fuerza del huracán a ver si así despertamos de una vez y, tras un giro planetario, llegara a producirse el Verdadero Nacimiento en el seno de nuestro corazón empedernido de sólo pensar para nosotros.

Jesús Ordoñez Díaz

(Revista "Soledad", Nº 4, Marzo 1.997)  

Fotografía: Jesús Ordoñez Díaz

 

Nuestro hermano Fr. José María López Valiente, hace una profunda reflexión en este artículo publicado en la Revista Soledad, nº 6. Sigue estando vigente, es actual. Os invitamos a reflexionar con el. 

LA ALEGRIA DE LO IMPOSIBLE: UTOPIA

Quién no ha soñado alguna vez en su vida, con un mundo ideal o una sociedad perfecta, donde todo sea justo y virtuoso? Creo que todos... Pues eso es una utopía. ¿Y por qué? Porque en la vida real es como un sueño; es un proyecto o programa, en el que todo está perfectamente determinado. Gobierno imaginario, donde todo sea justicia y virtuosidad, pero que en sí es irrealizable por imposible prácticamente, como en la obra de Tomás Moro. (1).

 Desde los orígenes de la creación, génesis de un despertar a la vida plena, el hombre, ha sido formado para el amor, para amar. Y desde el principio, el amor se ha visto asediado, acorralado, amenazado y atacado por la envidia y las aspiraciones egoístas del hombre, acompañadas del orgullo y la autosuficiencia personal...

 El amor, como don gratuito que es, es ante todo, una gracia, un don. Y desde el prisma de la gratuidad, se puede realizar plenamente la entrega generoso, oferente sin límites, donada en beneficio de otro, de los demás.

 Pero, cada cual, cada persona ha de aceptar su personalidad, su condición socioeconómica y laboral, su estado y destino, como algo inseparable de sí mismo. Y desde aquí, solamente desde aquí, trabajar en la búsqueda, realización y desarrollo de su integridad personal, en su entorno más allegado.

 Por otra parte, los acontecimientos de la vida que nos rodea, son condicionantes de nuestra vida y actividades. Nos van modelando, podando y conduciendo hacia un camino que obligatoriamente tenemos que recorrer en la búsqueda y seguimiento de nuestro propio destino, independientemente de los derroteros de la vida de los demás. Cada uno siguiendo su propio destino y predestinación.

 Por eso, amar, a veces se hace camino ascendente, cuesta arriba y subida a un estado anímico, donde quizás el amor no sea correspondido en su justa medida. Naciendo entonces la inconformidad, ingratitud de corazón, desconfianza, duda, sentimientos de lejanía para con la persona amada, el rechazo e incluso la apatía y el agnosticismo que, contribuyen a crear un estado de lucha sentimental interior, que enrarecen y menguan dicha relación interpersonal, creando entonces una imposibilidad real en dicha relación de realización.

Si bien, en el intento siempre queda el coraje de la lucha por ese amor imposible. La alegría moral de haber intentado al menos alcanzar la meta utópica de un amor irrealizable por imposible, sin que por eso caigamos en un desánimo resignado, siendo el paso del tiempo un juez prudente y justo, llevando todo a su sitio correspondiente, convirtiéndose, así, en el árbitro de nuestro destino.

Los caminos de la vida son como corrientes de agua. Son como los ríos, que cada uno, sigue su camino hasta su desembocadura en el mar.

En la vida, como los ríos, las personas se encuentran pero, cada cual, es heredero de su propio destino, razón de su existencia, y por más que se esfuercen en transformar o modificar las circunstancias que le acompañan, no lo lograrán, porque ella es así, y no como a cada uno le gustaría que fuese...

 Para finalizar este trabajo, como conclusión del mismo, hago alusión al pensamiento de su encabezamiento: El hombre ante lo imposible, sueña en su mente lo irrealizable para conseguir su fin inmediato. Mientras los milagros, la realidad de la vida, el trabajo callado de cada día, nos lleva más tiempo en la perseverancia para lograr la meta final.

 

Fr. José María López Valiente (o.f.m.) 

(Revista "Soledad", Nº 6, Marzo 1.999)

(1)Tomás Moro (1.478. 1.535). “La isla de la Utopía’

Fotografía: José M. López Bueno

En esta ocasión os ofrecemos un bellísimo artículo escrito por el sacerdote marteño y hermano de nuestra Cofradía Don Manuel Peña Garrido, éste hace una reflexión íntima sobre diferentes momentos de la estación de penitencia. Este artículo fue publicado en el año 1.995 en número 2 de la Revista Soledad.

 

Procesión de María Stma. de la Soledad:

Una emotiva experiencia religiosa

 

Las horas nos señalan el tiempo del trabajo y del descanso; de la alegría, de la espera, de la escucha y del diálogo; del esperado encuentro y de la fuerte llamada. Las horas... Doce de la noche es la hora del recuerdo para María, de la presencia sentida de la Virgen de la Soledad. Su desfile procesional en la madrugada del Sábado Santo, cuando se ha hecho un total silencio en la Ciudad, que ha acompañado a Cristo al sepulcro, es una profunda vivencia religiosa, es un tiempo de oración y de acción de gracias. Ocasión de renovar propósitos para hacer nueva la vida con los rasgos y el estilo de Cristo. 

 

Me impresiona la llegada de los Cofrades de María Santísima de la Soledad, como de puntillas, la seriedad, el hablar en voz que es susurro, la mirada detenida, a la Imagen de Maria, antes de cubrirse el rostro, como si cada Hermano quisiera guardar en sus pupilas el rostro y la figura de la Madre, de María, que transmite esperanza, que da paz. 

 

Doce de la noche... Campanadas de la torre de Santa Marta que suenan a llamada, ronco sonido de tambor que acompañará el recorrido y que invita a hacer camino a los que han elegido la noche para dejarse llenar de luz interior y que recordará a los que ya descansan, que María, paseando su dolor y soledad, está a la puerta de cada familia para ofrecerse como Madre. 

 

En la salida del templo de las Trinitarias no hay muchedumbre curiosa, sino un grupo de creyentes que, fieles devotos de Maria, testimonian su agradecimiento a la que nos corredimió. Son pocos los que contemplan este inicio de la procesión pero es denso de contenido este primer momento. Plaza de Santa Marta, a uno y otro lado, un grupo algo numeroso de fieles parece como querer arropar a los cofrades, decirles, prestarles un apoyo callado, pero alentador para el largo recorrido, pedirles un recuerdo en la soledad oracional del camino. 

 

Lentamente avanza la Virgen, llevada con el sentimiento de ser portadores de un tesoro, hacia el Barrio de San Amador. Se espera el paso de la Soledad por los hombres y mujeres de este barrio que guardia y custodia el Mártir y Santo Paisano Amador. Junto al Templo me emociona pensar en un diálogo de María y San Amador, ¿cómo vas Madre? ¿Cuánto dolor! Gracias María. Has perdido a tu Hijo y nosotros te hemos ganado como Madre. 

 

Y ahora el silencio se hace más profundo, el caminar es firme y ligero. Ventanas y balcones que se entreabren, hay caras de niños llenos de ternura que reflejan admiración, hay labios de madres que musitan una oración, que piden una bendición, que entienden el dolor de la Madre. 

 

El cortejo entra en el espacio abierto de la Fuente Nueva, arteria de comunicaciones y centro de gran movimiento de la ciudad, ahora y aquí la oscuridad de la noche parece no tener límites, porque el espacio sólo lo llena un pequeño grupo que contempla el paso de la comitiva que, casi todo, se incorpora a la procesión y que acompañará a la Virgen hasta el final.

 

 

 La madrugada avanza y el cansancio se hace notar, una saeta desgarra el aire frío en la calle Virgen de la Estrella, inicio de la subida hacia el Calvario. ¡Calvario! En la falda de la Peña. ¡Soledad y Cruz! Cruz iluminada, cruz fuego. Llegamos al Calvario, cansados en el cuerpo, pero con gozo en el corazón. Un gozo oculto por el paño que envuelve los rostros de los penitentes, pero que se siente en la cercanía de los cuerpos, apiñados enderredor del trono de María en su Soledad. Un gozo que se escapa en la luz de los cirios encendidos que sostienen los cofrades. 

 

También en María yo adivino una alegría inmensa, la rodeamos sus otros hijos, que queremos suplir al Hijo Mayor, Jesús. Desde la ata­laya del Calvario se contem­pla la ciudad y surge un compromiso de entrega a la causa de Cristo, para que no sea inútil el dolor de tan gran Madre y Mujer. Aquí, en el Calvario, la oración del sacerdote en nombre de todos se hace vibrante y cálida, como el calor y el fuego de las cruces que se consumen, habla el corazón: 

 

¡Madre de la Soledad! Míranos.

Míranos en la Soledad del mar de la Vida;

Estamos rodeados de olas de injusticia,

De odios, de maldad.

 

Ayúdanos a poner Amor, donde haya injusticia;

Paz donde haya odios;

Verdad donde se dé la mentira;

Donde exista respeto en profesar la Fé,

compromiso cristiano.

 

Por tu dolor sin testiqos,

Por tu llanto sin piedades,

Muestra de soledades enséñame a estar contiqo.

 

El último tramo del recorrido se hace con la alegría del peregrino que se acerca al descanso y con el corazón lleno de emotivas vivencias, que grabadas muy interiormente, marcarán el vivir del cofrade de la Soledad. 

 

Ya se abren las pesadas puertas del Monasterio de las Trinitarias y los hombres y mujeres, arrodillados en el duro suelo con sus ojos fijos en la Soledad, dicen su oración, quizás un piropo que alegra el corazón de la Madre que se siente acompañada en su Soledad. En el ambiente se respira una gran paz, hay silencio, se está como a la espera. El clavel blanco que se nos da es la señal. María, en su Soledad, nos grita: ¡Nunca!. él no podía morir del todo. La luz de la mañana estallará con la alegría de Cristo Resucitado. 

 

Gracias Madre de la Soledad, por que hoy es más grande mi esperanza.