A NUESTROS QUERIDOS “HERMANOS MAYORES”
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Celebrábamos ayer, 4 de Mayo de 2002, el sesenta aniversario de la fundación de la Archicofradía de la Celeste, Real y Militar Orden de Ntra. Sra. de la Merced de Santander. Hicimos coincidir este evento con la reinauguración oficial de la Capilla tras las obras de remodelación a las que ha sido recientemente sometida (la Misa dominical comenzó a celebrarse de nuevo el día de la Inmaculada Concepción –8 de Diciembre de 2001-) y la bendición de los locales que en su sótano, por permuta de la sacristía que veníamos disfrutando, nos ha construido la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria.
Lucía el templo sus mejores galas, que a algunos se les antojaban ostentación. ¿Es que puede considerarse ostentación dedicarle lo mejor de nuestro exiguo y humilde patrimonio a la casa de Dios y al retablo de la Virgen de la Merced, nuestra Madre?. Creo que no en tanto en cuanto no se convierta en un derroche innecesario y en un recargar por recargar. Pocas cosas sencillas, con gusto y bien elegidas son apropiadas para el culto, más que eso es ostentación. Así lo entiendo. Tal vez esté equivocada.
En el sótano la historia de la Cofradía en fotografías. El recuerdo de sus sesenta años de vida en documentos gráficos. Una mesa para trabajar, unos bancos para sentarse –los que se han salvado de los antiguos-, un armario precioso y “de toda la vida” (siempre le hemos conocido los que retomamos la hermandad allá por los años ochenta), un hermoso hueco para guardar hábitos y enseres y, en el aire, el recuerdo de los buenos momentos vividos, del trabajo por mantener y mejorar la Hermandad, de las catequesis, de los ensayos de los portadores del paso, de los de la banda, de los paquetes de juguetes para los hijos de los presos, de los de alimentos para su familias, de las reuniones...
Y la humedad. La humedad que persiste y nos persigue. Con todo creo que hemos de ser agradecidos y pensar que lo que tantas veces soñamos se ha hecho por fin realidad. ¿O es que acaso no está mejor ahora a pesar de los pesares?.
A las doce del mediodía comenzó la celebración de la Misa. Salimos los cofrades revestidos con nuestro hábito blanco. Los de la Junta de Gobierno ocupamos las sillas delanteras y los reclinatorios y aquí fue donde caí en la cuenta de lo que me ha hecho sentarme a escribir esta reseña. Hacía justamente diez años habíamos celebrado el cincuentenario. En aquélla ocasión la Eucaristía se celebró en la Parroquia de Santa Lucía, a la que pertenece jurisdiccionalmente nuestra querida Capilla. En los primeros bancos había otras personas. Ninguna de ellas estaba ayer. Sólo han pasado diez años. Entonces nosotros éramos jóvenes, no sabíamos de la vida ni la mitad de lo que hoy sabemos. Teníamos un entusiasmo muy distinto al de hoy (continuamos siendo entusiastas, pero hemos madurado y hemos aprendido a ser más posados, más ...).
A ti Ramón Gómez Blanco, a ti Ricardo Bárcena San Miguel, a ti José Serrano Cifrián, a ti Francisco Sánchez de Dios y a ti Gabino Llaca Álvarez (que, aunque enfermo, continúas aún entre nosotros), a vosotros a quienes no conocí pero nos precedisteis en este hermosa tarea de preservar la Cofradía y dar testimonio de nuestra fe, va dedicado este recuerdo. Vosotros sois los que faltabais, vosotros, los que tanto nos enseñasteis, los que tanto nos aguantasteis en nuestro juvenil entusiasmo, los que supisteis inculcarnos el amor a Dios y a su Stma. Madre en su advocación de Ntra. Sra. de la Merced, a vosotros, con todo el cariño del mundo, va dedicado este recuerdo. No me cabe ninguna duda de que Mon, Ricardo (“Barullo”), Pepe y Paco están en la Gloria porque fueron eso que se dice “buenas personas” y muchas veces se dice a la ligera, pero no respecto a ellos, que lo fueron realmente, y tampoco dudo de que Gabino, en su sufrimiento, se habrá acordado de nosotros muchas veces y habrá confiado en que supiéramos hacer las cosas lo mejor posible. Con vosotros, nuestros queridos “hermanos mayores” (no me refiero a los cargos porque ¿qué importancia tiene eso?), tenía yo esta deuda pendiente y quisiera saldarla hoy con este sentido homenaje en el que, no lo dudo ni un instante, me secundan todos los hermanos de la La Merced.
Los años continúan discurriendo, en este se han cumplido veinte de mi pertenencia a la Cofradía. Ahora tenemos unos cuantos la responsabilidad, mañana serán otros. Ojalá que los que nos sucedan puedan decir de nosotros que fuimos buenas personas, y lo sientan, como nosotros lo sentimos respecto a los que nos precedisteis. No lo digo por orgullo sino porque eso no significará otra cosa que no sea que nuestra Cofradía seguirá yendo a más y que su principal preocupación consistirá en lo que tiene que consistir: honrar a Dios y a su Madre y dar testimonio público de nuestra fe lo que, no lo olvidemos nunca, es nuestra obligación, lo que prometemos cuando nos hacemos cofrades formalmente, cuando libremente acatamos las Reglas y Estatutos de la Archicofradía. Por cierto, tiene razón Juan Ángel, nuestro capellán, cuando tantas veces nos dice, ayer la última, que hay que adecuar las fórmulas a los nuevos tiempos. No tengais miedo que la esencia no cambia porque cambien las formas.
Bueno, pues ahí queda el homenaje. No quería extenderme pero lo he hecho. Nunca he sabido abreviar y creo que será ya muy difícil que cambie.
A los cinco días de haber escrito esto, el día 10 de Mayo de 2002, fallecía Gabino. Que Dios le tenga también en su Gloria.
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Teresa Saro Baldor
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