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Nombre: HERMANDAD Y COFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS CAÍDO Y MARÍA SANTÍSIMA DEL BUEN FIN.

Residencia Canónica: Parroquia de San Francisco y San Rodrigo Mártir

Localidad: Cabra, Domicilio: C/ San Isidro, 2 C.P: 14940 Provincia: Córdoba

Dirección de correo electrónico: secretario@buenfin.es / hermanomayor@buenfin.es

Dirección página web: www.buenfin.es

Distintivo: (ver foto)

Hábito: Túnica roja, antifaz negro, fajin negro, guantes negros y alpargatas de esparto negro

Fecha de fundación: 1991

Fecha de aprobación de los estatutos vigentes: 1992

Fecha de las últimas elecciones de cargos de la Junta: Junio de 2001

Junta de Gobierno: Hermano Mayor, Vice-Hermano Mayor, Secretario, Vice-Secretario, Tesorero, Vice-Tesorero, Vocal de Cultos, Vocal de Evangelización, Vocal de Actividades Caritativas y Sociales, Vocal de Andas, Vocal de Juventud, Mayordomo, Jefa de Camareras.

Número de miembros:  

Actividades que realiza a lo largo del año:

1.- De culto: Rosario en honor a Nuestra Titular. Misa de Regla en Cuaresma. Misa de Hermandad del Miércoles Santo.

2.- Caritativas-Asistenciales: Recogida anual de medicamentos. Participación en la Bolsa de Caridad de la Agrupación General de Cofradías.

3.- Culturales: Cena de Hermandad. Organización de Actividades extraescolares en el Colegio “San José”.Colaboración con las Fiestas Medievales.

4.- De formación cristiana: Cursos de Formación Cofrade.

Publicaciones de la cofradía: Boletín Anual para los Hermanos

Resumen del Historial de la cofradía: Considerar “historia” un periodo de existencia que, a duras penas, supera la década puede resultar pretencioso. Sin embargo, cuando este decenio ha resultado tan trascendente en las personas que hemos compartido esta vivencia tan insólita e inusual como es una Cofradía de Semana Santa, bien merece la pena hacer ese ejercicio de memoria al que llamamos historia. Y resulta que la memoria es una herramienta que podemos ejercitar desde la voluntariedad con la intención de reflejar al detalle todo una existencia. Sin duda la finalidad de este repaso detallado no es otro que ofrecer, al “alejado” (permítame el Padre Hiniesta que utilice sus términos) unas coordenadas que le permitan entender nuestra Hermandad y permitir al “cercano” la posibilidad de regocijarse y volver a disfrutar cada uno de los acontecimientos que nos han llevado al día de hoy.

             Para entender el nacimiento de esta Cofradía hay que precisar en qué ambiente semana santero surge el Buen Fin. Nuestra localidad posee un importante movimiento cofrade con una historia dilatada y rica que se remonta varios siglos atrás. Este interés por las Hermandades no sólo se circunscribe a la celebración en la calle de los desfiles procesionales sino que toda la sociedad está impregnada de un profundo sentimiento religioso y cofrade, siendo las Cofradías auténticas instituciones de importante peso específico en la vida cotidiana de Cabra. A esto se añade un inmenso fervor mariano, en especial a la Patrona, María Santísima de la Sierra, que inunda a los egabrenses hasta extremos difícilmente descriptibles en palabras.

             En este ámbito de religiosidad, devoción y veneración mariana no es de extrañar que se enclave una de las Semanas Santas de más interés de nuestro país. Declarada de interés turístico nacional desde 1989, nuestra Semana Mayor contaba, allá por los inicios de la década de los noventa, con 26 Hermandades de Penitencia y una de Gloria asociadas en una Agrupación General de Hermandades y Cofradías de más de 40 años de existencia, más antigua que la de nuestra capital de provincia. Alguna de estas Hermandades ya procesionaban a más de uno de sus titulares con lo que, en aquella época, asistíamos en la calle, al desfile de casi una treintena de pasos que representaban la mayor parte de las escenas emblemáticas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y al Dolor de su Amada Madre.

             La pasión por esta forma de expresión cristiana hacía (y afortunadamente aún hoy hace) que los niños de nuestro pueblo se involucrasen en este mundo cofradiero desde bien pequeños, no sólo por la herencia dinástica familiar sino por su propio interés, realizando en el mes de mayo pequeñas representaciones a escala de las Hermandades coincidiendo con la Festividad de la Cruz. Así nos iniciamos muchos de los que hoy formamos el Buen Fin, con estas vivencias cofrades a escala en cuanto a tamaño y edad, no en cuanto a sentimientos y emociones.

             Apenas superada la mayoría de edad, un grupo de jóvenes egabrenses amantes de la Semana Santa se comenzaron a reunir en los albores de la década de los noventa para valorar la posibilidad de crear su propia Hermandad. Y ello respondía en parte a su demanda de ser, no sólo actores, sino también directores, de sus pasos cofrades. Cegados por la ilusión aceleraron los trámites ante la posibilidad, no tan remota, de tener el espacio en el que desarrollar su forma de entender y vivir las Cofradías.

             Y es así como el 1 de abril de 1991 se firma el acta fundacional de la Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído y María Santísima del Buen Fin. Ante la difusión local de la noticia surgieron voces contrarias desde los mismos mentideros cofrades que argumentaban que en una Semana Santa tan densa como la de Cabra, los jóvenes deberían incluirse en Hermandades ya existentes y no fundar otras nuevas. El tiempo demostró que la devoción no es algo obligatorio y que afortunadamente había sitio para otra Hermandad más y quién sabe si no será la última. A juicio de aquel grupo de chicos y chicas la tradición no lo justificaba todo y se creían en el derecho de tener su propio espacio sin tener que compartir otro con el cual no se sentían especialmente vinculados ni apreciados.

             Fueron raudos en la tramitación burocrática y en poco tiempo consiguieron que la Cofradía fuese erigida canónicamente siendo su sede social la Parroquia de San Francisco y San Rodrigo Mártir de Cabra. Mención destacada merece el Párroco de dicha feligresía y, a la sazón, Consiliario de la Hermandad desde entonces, Rvdo. D. Francisco Ramírez Chamizo. Como hombre de gran talante, y quizás por su familiaridad en el trato hacia la gente joven, puesto que también desempeñaba la tarea de profesor de enseñanza secundaria en nuestra localidad, D. Francisco supo reunir, en torno a sí y a su Parroquia, a este grupo de jóvenes cofrades y les ofreció todo su apoyo y su cariño, entendiendo que con su ayuda colaboraba al reclutamiento para la causa cristiana de un grupo especialmente sensible a las corrientes separatistas que la modernidad parece imprimir en la juventud.  Respaldados de manera tan importante, los primeros cofrades del Buen Fin se lanzaron a la tarea de redactar los Estatutos de la Hermandad que finalmente fueron aprobados por el Obispado de Córdoba el 12 de octubre de 1991, festividad de Nuestra Señora del Pilar. Pese a que fueron una de las primeras Hermandades de Cabra en tener sus Estatutos aprobados según el nuevo Estatuto Marco, parte de la Agrupación General de Hermandades se resistió, por defecto de forma en la solicitud, a permitirnos realizar la primera Estación de Penitencia al siguiente año.

             Ajenos a dicha negativa, los jóvenes del Buen Fin, encabezados por su primer Hermano Mayor, Francisco Toro, dieron el siguiente y trascendental paso. Aconsejados por su Consiliario encargaron en el otoño de 1991 la realización de una talla de Virgen Dolorosa a los talleres madrileños de Santarrufina. Dicha imagen fue recibida al inicio de la Cuaresma de 1992 y recibió la Bendición el 4 de abril de ese mismo año, unos días antes de la Semana Santa. Quizás aquella primera Junta de Gobierno se empecinó en la realización del Desfile Procesional que, finalmente, se hizo en circunstancias de precariedad notables. Puesto que persistía la negativa de la Agrupación, la Cofradía procesionó en la noche del Martes Santo como Hermandad filial de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora de la Paz. Se realizó la Estación de Penitencia por las calles de la Barriada Virgen de la Sierra donde ambas Hermandades compartían sede social, lejos de la Carrera Oficial por donde discurrían el resto de los desfiles procesionales. El patrimonio de la Cofradía del Buen Fin se limitaba a la ya mencionada Bendita Imagen de su Titular y al trono, palio, candelería y varales que habían sido adquiridos a otra Hermandad, todo este lote de escasa calidad artística y deteriorado estado de conservación. Sin embargo los que tuvimos el honor de realizar aquel desfile recordamos esos momentos como uno de los más intensos de nuestras vidas.

Como el gas de una bebida carbonatada, el ánimo de aquellos cofrades decreció un poco una vez conseguido el anhelado desfile, una vez destapado el corcho que les oprimía. Se había demostrado a mucha gente que fueron capaces de llevar a cabo su proyecto pero probablemente no llegaron a entender ellos mismos la importancia ni la trascendencia de lo que habían conseguido. Algunos de los fundadores comenzaron a disentir de la gestión que se estaba realizando y varios hermanos entraban y salían de la Junta de Gobierno con gran rapidez sin asumir cuotas razonables de responsabilidad ni trabajo. Esto llevó a que, al año siguiente, se repitieran casi las mismas condiciones en el Desfile. La Hermandad no parecía poder gestionar los recursos económicos necesarios ni consolidar el proyecto tan ilusionante que se había gestado durante tantas tardes de adolescencia. Así, el Martes Santo de 1993 se volvió a procesionar con la Hermandad de la Sentencia y Paz por las calles de la Barriada. En esta ocasión si se tenía el beneplácito para desfilar por Carrera Oficial pero la ya tumultuosa situación interna no lo permitió. Pasó la Semana Santa, el caluroso verano y el periodo vacacional empeoraron aún la situación y parecía que todo aquel inicio acabaría como vaticinaron algunos de los más viejos del lugar, en catástrofe.

Pero he aquí que con el otoño, contra las leyes de la natura, renació en algunos de los hermanos la ilusión y se empeñaron en no dar su brazo a torcer. Se realizó un profundo análisis de la situación y de las expectativas posibles del que se concluyó que la Hermandad no sólo era viable sino que seguía siendo un reto tremendamente atrayente. Estos cofrades realizaron esta “revolución” al margen de la Junta de Gobierno a la que obligaron a convocar una Asamblea General Extraordinaria en la que se tratase el futuro de la Hermandad. De aquella Asamblea celebrada el 6 de diciembre de 1993 en la Casa de la Juventud resultó un cambio radical en la Junta de Gobierno a la que accedieron en bloque esos hermanos que generaron y propiciaron la crisis, siendo el nuevo Hermano Mayor, Enrique Jiménez. En aquel momento desconocíamos, sin duda, la trascendencia de lo que acabábamos de realizar…

La Cofradía comenzó una profunda renovación surgida desde el entusiasmo y la enorme y desinteresada entrega de sus nuevos gestores. Los primeros pasos se encaminaron a sufragar la gran deuda económica que nos lastraba e impedía progresar. El nivel adquisitivo de un joven de veinte años no permitía la donación de capital propio de manera que, desde aquel renacimiento, se asumió que los ingresos debían nacer del trabajo colectivo en la organización de las más diversas actividades encaminadas a dicho fin. Otro de los siguientes y decisivos pasos fue el encargo de restauración de la Bendita Imagen de María Santísima del Buen Fin al imaginero egabrense Santiago Molina. La Imagen fue dotada de nueva encarnadura que dulcificó al extremo su rostro y fue inclinada hacia delante lo que le confería una mayor calidez y cercanía al devoto que la contemplaba.

Pero, sin lugar a dudas, la gestión que más claramente ha determinado el devenir de nuestra Hermandad fue la petición a la Congregación de RR. MM. Escolapias de Cabra para que el Buen Fin pudiera realizar su Estación de Penitencia desde la Capilla del Colegio San José que dicha Congregación rige desde hace más de cien años. Esta situación, ya repetida con anterioridad pero siempre con carácter eventual por otras Cofradías egabrenses, permitiría llevar a cabo la realización del Desfile Procesional por las calles de la Carrera Oficial en la noche del Miércoles Santo, tal y como rezaban nuestros Estatutos.

Esta solicitud se hizo en otras instancias eclesiásticas de nuestro pueblo con resultados muy desalentadores. Sin embargo, las Madres Escolapias nos acogieron con agrado y se mostraron complacidas en atender nuestra petición y ayudarnos en cuanto estuviese en su mano. Dignas de mención resultaron las decisiones a este respecto de Madre Rafi y Madre Isabel que, desde el primer momento, mostraron con claridad su predisposición a apoyarnos de manera absolutamente desinteresada e inmensamente generosa. El origen, por tanto, de nuestra Hermandad estuvo muy alejado del mundo escolapio, pero en aquella Navidad de 1993 se creó un vínculo que ha ido creciendo con el tiempo, superando cualquiera de las expectativas que ninguno de nosotros teníamos en esos momentos. Esta calurosa acogida despertó de manera súbita en algunos de los cofrades del Buen Fin la idea de la vinculación de la Hermandad al Colegio pero aquello parecía, por entonces, algo utópico.

Llegó la ansiada Cuaresma de 1994, la Hermandad se preparaba a conciencia para llevar todo nuestro apostolado público a la calle en las mejores condiciones. Los primeros resultados eran visibles y, ahora sí, eso no sólo nos satisfacía sino que nos empujaba a trabajar cada vez con más ganas. Caía la tarde de un soleado Miércoles Santo, los últimos rayos de luz se reflejaban en las paredes del patio del colegio, reinaba una tibieza que hacía arder la cera de manera pausada y serena; situación radicalmente opuesta a la que soportaban los corazones de aquellos jóvenes que se estremecían y temblaban desafiando los parámetros médicos del bienestar emocional. La puerta de madera crujió y se abrió de par en par. La multitud expectante selló sus bocas, tan sólo se oían los pájaros, las campanas de la Torre de la Parroquia de la Asunción y la voz de un, como no, joven capataz. Cada año se repite la escena, como en una espiral en la que el mundo y el tiempo se detuviesen; “aquí estamos de nuevo, emocionaros con nosotros…”. Cada año el estruendo del aplauso mezclado con las lágrimas me saca de ese instante en el que la realidad se desvanece. Y si emocionante fue la salida, más aún fue la llegada porque eran nuestras propias familias y amigos los que nos recibían y compartían con nosotros nuestra emoción. Fueron ellos los que nos esperaban, ellos y las Madres Escolapias que parecían también sorprendidas y emocionadas.

Y cada una de aquellas vivencias hacía crecer un fuego emergente, una entrega absoluta y un compromiso propio de otras épocas de la vida. El siguiente año significó la liquidación total de la deuda lo que ofrecía, al fin, la posibilidad de abordar nuevos proyectos. En este punto resultó absolutamente decisivo el apoyo que aquellos jóvenes recibimos de nuestras familias y, en especial de nuestras madres. Ellas supieron permanecer en ese segundo plano tan difícil y tan generoso, reportándonos confianza y asumiendo las muchas horas de dedicación de sus respectivos hijos en un proyecto que comenzaba a ser algo grande.

Aquel grupo al que, como os podéis imaginar, pertenece quién os cuenta estas palabras, tenía otro nexo común. Todos éramos jóvenes y dedicábamos nuestra vida en primer término al mundo estudiantil. Algunos habían sido antiguos alumnos de las escolapias, muchos coincidimos en los centros de enseñanza secundaria de nuestra localidad y bastantes comenzábamos a desarrollar nuestros estudios universitarios repartidos por la geografía andaluza. El hecho de coincidir en Cabra tan sólo los fines de semana no supuso obstáculo alguno sino que, al contrario, facilitó que se creasen lazos de amistad que se han ido transformando en hermandad sincera. Todo esto llevó al pueblo a conocernos como la “Cofradía de los Estudiantes” lo cual era además de apropiado, indiscutible. Sin que ellos significase en ningún caso que la Hermandad estuviese vetada a otros gremios o condiciones laborales. Y que mejor estancia para la Hermandad de los Estudiantes que un Colegio. La Junta de Gobierno al completó comenzó a advertir la idoneidad de aumentar los lazos de unión con el Colegio San José y con la Congregación de RR. MM. Escolapias que lo dirigía. Se comenzaron a organizar charlas y talleres en los que intentábamos acercar a los niños el amor por la Semana Santa. Además el montaje del Paso de Palio siempre se realizaba en el patio del Colegio la semana previa al Viernes de Dolores, última semana lectiva del trimestre académico en la que los niños tenían como hobby en el recreo rodear, curiosear, preguntar y sentir aquellos preparativos. Muchos de aquellos niños y niñas son ahora Hermanos del Buen Fin de pleno derecho, participan en la Estación de Penitencia y sienten la Cofradía como algo más que aprendieron y compartieron en su Colegio.

Los años sucesivos significaron un enriquecimiento exponencial en el patrimonio de la Cofradía de los Estudiantes. En 1995 se estrenaron las ánforas entrevarales labradas y bañadas en plata y en el año 1996 se estrenó el actual palio bajo el que procesiona Nuestra Venerada Titular. Las distintas Juntas de Gobierno se han esmerado en que el diseño de los enseres de la Hermandad sea completamente original y armonioso para dar un sentido estético al conjunto, digno y capaz de resaltar el brillo que María Santísima del Buen Fin desprende cuando es portada por sus costaleros por las calles de Cabra. En concreto el palio fue diseñado por un hermano de la Cofradía y realizado en los talleres del bordador cordobés Antonio Muñoz con el que se inicia una relación mercantil y de amistad que ha resultado decisiva a la hora de la realización de diversas actuaciones dentro del enriquecimiento patrimonial. El palio de terciopelo negro está rematado en galón y fleco de bellota cofradiero de oro. En el techo luce un Gloria en cuyo centro se encuentra un óleo que representa a la Madre de Dios de las Escuelas Pías, obra del pintor Nicasio Almadén. En el año 1997 se estrena el estandarte de la Hermandad, donado por nuestras madres y realizado en terciopelo negro con galón dorado y sobre vara labrada rematada con el escudo de la Hermandad. En el centro de dicho estandarte aparece un óleo con el Amado Rostro de Nuestra Titular, también obra de Nicasio Almadén.

Una vez concluida la Semana Santa de 1997, la Hermandad, según rezan sus Estatutos, se vio envuelta en un proceso electoral del que fue reelegido Enrique Jiménez como Hermano Mayor. Y este momento supuso la entrada en la Junta de Gobierno de nuevos hermanos de tremenda valía y constancia que han seguido trabajando por y para el Buen Fin de manera ardua. Este nuevo mandato se abrió con dos grandes proyectos: una nueva ampliación patrimonial a gran escala y la realización de los Solemnes Cultos en honor de María Santísima del Buen Fin en la Capilla de Capuchinos del Colegio San José de las RR. MM. Escolapias. El primero de ellos supuso el diseño y posterior adquisición de los doce varales de palio realizados en alpaca plateada en los talleres orfebres de los hermanos Lama de Córdoba, de forma atrevida y original llaman la atención de quien los observa. También se estrenó la corona imperial en metal, bañada en oro y plata y rematada con el escudo de la Hermandad, realizada en los mismos talleres. Por último se encargó y estrenó la Toca de Sobremanto bordada en oro fino y sobre diseño original por el cordobés Antonio Muñoz.

Toda esta ingente adquisición patrimonial de innegable calidad supuso un importante desembolso económico que se sufragó durante los siguientes tres años de  duro trabajo. Pero por encima de las ganancias patrimoniales, la Hermandad de los Estudiantes vivió uno de sus momentos más importantes con la celebración de los Solemnes Cultos, en la Cuaresma de 1998, en la Capilla de las RR. MM. Escolapias. El vínculo entre ambas entidades se acrecentaba y se comenzaba a respirar un aroma de fraternidad entre Cofradía y Colegio. Recordamos con emoción como un buen número de niños del Colegio acudió a la celebración de la Misa de Regla que, como es tradición en nuestra Hermandad, se realiza el cuarto sábado de Cuaresma. Aquellos niños comenzaron a manifestar de manera espontánea que aquella Imagen que con tanto cariño besaban en el Besamanos posterior a la Eucaristía, era la Virgen de las Escolapias, la Virgen de su Colegio. Y no hay nada más cándido y, a la vez, veraz e imparable que la idea de un niño. Desde la Hermandad se percibía que la Congregación de Escolapias también comenzaba a sentirse parte de nosotros mismos. Ese mismo año, por decisión de la Junta de Gobierno y siempre con el beneplácito de nuestro Consiliario, la Bendita Imagen de María Santísima del Buen Fin permaneció en el altar de la Capilla del Colegio durante la última semana de Cuaresma lo que coincide con la última semana lectiva del trimestre. En esos días los niños, acompañados por las Reverendas Madres, acudían a diario a la Capilla y entregaban sus plegarias a aquella imagen de Madre Joven a la que hicieron su intercesora divina.

En los años posteriores se ha ido repitiendo esta costumbre. La Cofradía organiza y celebra los Solemnes Cultos a María Santísima del Buen Fin en la Capilla del Colegio, teniendo lugar la Santa Misa de Regla el cuarto sábado de Cuaresma. Y la semana siguiente la Imagen queda en el altar para que los alumnos y la Congregación puedan disfrutar de su presencia. Otra celebración eucarística que se repite anualmente en el Colegio es la Misa de Hermandad que se realiza en la tarde del Miércoles Santo, justo antes de realizar la Estación de Penitencia. También es un momento sobrecogedor contemplar a la Hermandad y los niños del Colegio preparados para la realización del Desfile Procesional, vestidos con las túnicas de color rojo caldera, dando un inusitado calor a la Capilla y con la presencia en la misma del Paso de Palio. Todo un acontecimiento de sentir cristiano y cofrade protagonizado, en su gran mayoría, por menores de treinta años.

Una vez consolidadas todas estas iniciativas, la Hermandad volvió a verse envuelta en un proceso electoral, cumpliendo así lo establecido en los Estatutos que obligan a realizar una Asamblea General Extraordinaria de elecciones cada cuatro años. De modo que en el mes de mayo de 2001 se volvió a convocar el proceso que terminó con la elección de Isidoro Lama como nuevo y tercer Hermano Mayor de la Cofradía. Tras un periodo de ocho años en los que la anterior Junta de Gobierno había desarrollado un trabajo intenso, convenía renovar la misma, puesto que algunos de los antiguos miembros comenzaban a tener vínculos profesionales alejados de nuestro municipio y otros referían un desgaste lógico. Pero además, la Hermandad decidió que sus Juntas de Gobierno deberían seguir siendo jóvenes y así, un grupo de chicos que acababan de estrenar la mayoría de edad accedieron a los puestos directivos, conformando una Junta compensada en cuanto a experiencia y juventud cuya media de edad supera en poco los veinte años. Algunos de éstos eran aquellos niños que se acercaban a la Hermandad en sus primeros años y algunos de los que lo hicieron desde que la Cofradía mantienen el vínculo con las Escolapias.

En ese año 2001, la Cofradía organizó su décimo aniversario, momento que sirvió para echar la vista atrás, analizar lo pasado y sacar conclusiones para un futuro tan repleto y fascinante como el que aparecía al inicio de aquella década de los noventa, y cuyo proyecto fundamental es la realización de la talla de Nuestro Padre Jesús Caído. En esos diez años hemos vivido todo tipo de situaciones que, lejos de frenar nuestro ímpetu, han logrado afianzarnos como auténticos hermanos. Porque no todo ha sido júbilo y trabajo, han existido momentos de desesperanza, discusión, enfrentamiento abierto, discrepancia, dificultades económicas y, lo peor, pérdidas humanas cuyo valor sólo es imaginable por aquellos que desgraciadamente las hemos sufrido. De todas estas experiencias pasadas vuelve a surgir un nuevo impulso vivificador. En 2001 se monta una exposición patrimonial cuya joya es la nueva saya de terciopelo negro bordada en oro fino por Antonio Muñoz y que nuestra Titular estrenaría el Miércoles Santo de ese mismo año. Se comienza a editar y publicar un boletín por la Cofradía, de periodicidad anual, en el que tienen su propia parcela los alumnos del Colegio San José. Y se organizan ciclos de conferencias durante la Cuaresma para la difusión de diversas actividades que rodean al mundo cofrade.

Inundados por este nuevo estímulo, con el empuje de los más jóvenes de la Junta, el consejo de los más veteranos y el apoyo activo de los que fueron abandonando los cargos de Gobierno y nuestros amigos afines, nos volcamos en nueva inversión patrimonial de gran calado. En el otoño de 2001 se encargó la realización de los respiraderos en metal plateado con bordados en oro para el Paso de Palio, la candelería para dicho Paso y las jarritas delantera que adornan el frontal del mismo; así como la confección de los faldones en terciopelo negro y fleco dorado y el manto negro del mismo tejido para la realización de la Estación de Penitencia. Cuando, el pasado Miércoles Santo, nuestro Paso hizo acto de aparición por la estrecha puerta del patio del Colegio, la muchedumbre exclamó aún más emocionada de lo habitual y se deleitó ante la visión de un conjunto cuya confección ha costado tiempo, dinero y la adolescencia y primera juventud de muchos de los, ya no tan chavales, que procesionaban junto a Ella. Lejos de deslumbrarnos ante las riquezas materiales, para nosotros el auténtico Patrimonio del Buen Fin son precisamente todos esos jóvenes que han elegido libremente ser parte de la Hermandad colaborando de manera altruista y eficaz, entregando un periodo de su vida tan proclive a otros menesteres. Son tantos que prefiero no nombrarlos, convencido de que es otro tipo de agradecimiento el que les satisface.

Este 2002 también ha significado la consolidación del vínculo entre el Buen Fin y el Colegio de las Escolapias. Durante todo el curso académico, la Hermandad ha organizado y colaborado en múltiples actividades extraescolares, ofreciendo a los alumnos un recurso adicional, tanto para sus momentos de ocio, como para el desarrollo de sus intereses cofrades. Ambas entidades han manifestado de manera explícita su intención de afianzar de manera definitiva dicha unión y ser la una, parte indisoluble de la otra, siendo incuestionable el apoyo recibido en este sentido por Madre Mª Jesús y Madre Asunción.  En esta situación se está tramitando de manera formal que la Hermandad tenga su sede social en dicho Centro, que la Bendita Imagen de María Santísima del Buen Fin quede ubicada en la Capilla del Colegio donde recibirá culto público y que la Cofradía incorpore a sus títulos el de Hermandad y Cofradía Escolapia. Después de muchas idas y venidas, la Divina Providencia parece habernos hecho encontrar ese lugar en el que poder llevar a cabo nuestro Apostolado. Nos ha sido revelada una misión de apostolado público que, sin apartarse de ningún grupo de edad, se dirige de manera fehaciente al niño y al joven; convencidos de que podemos ofrecerles un camino de cristiandad y conocimiento, tal y como San José de Calasanz, Padre y Fundador de las Escuelas Pías, nos mostró hace tantos años. No nacimos vinculados al mundo escolapio pero ahora nos sentimos muy involucrados en sus propósitos y capaces de luchar por los mismos, ¿acaso no seremos bienvenidos?

Con este sentimiento acudimos al primer Congreso Nacional de Cofradías Penitenciales Escolapias celebrado en Logroño en noviembre de 2002. Con eterno espíritu de estudiantes, ávidos de conocimiento y de intercambio de experiencias, disfrutamos de lo vivido en aquellos días hasta el punto de ofrecernos como sede para la celebración del segundo Congreso Nacional en el 2003 en nuestra localidad.

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Diseño y realización:  Juan H.T. (Diciembre 2005)

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