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Tradicionalmente, se ha llamado Verónica a la piadosa mujer que en la calle de la Amargura, en el grupo de las que se lamentaban por la Pasión de Jesús, enjugó su rostro en un paño de varias dobleces. Etimológicamente, Verónica, significa "verdadera imagen", o sea, la Santa Faz, utilizándose la figura retórica llamada "metonímia", designando el afecto por la causa, al autor de la obra, como cuando decimos: esto es un Murillo o un Velázquez. Verónica es, en realidad, la portadora de la Verónica o Verdadera Imagen. Su verdadero nombre, se desconoce, aunque algunos opinan, que se pudo tratar de aquella mujer curada del flujo de sangre, al tocar los vestidos de Jesús. Desde los primeros siglos de la Iglesia, algunos santos Padres y Escritores sagrados, han hablado de tan piadosa mujer. San Metodio, Obispo de Tiro, en el siglo III y Pedro Suberto hacen referencia a la citada mujer. Escritores sagrados de relevante criterio, como el P. Luis de la Palma, Alfonso Salmerón, el eximio Suárez, los Bolandos, Accuma y en nuesros días Thiamer Thot, Vilariño, Proaska y un largo etc. se refieren a ella. En su honor se han levantado Monasterios y bajo su advocación se dedican Altares e Imágenes.

En la Basílica Vaticana, junto a la Cátedra Sagrada del Sumo Pontífice, se levanta majestuosa estatua de marmol blanco, de la Verónica, portadora en sus manos del Velo de la Santa Faz. A los pies de la estatua, leemos esta inscripción: "A fin de que la Imagen del Salvador, estampada en el Velo de la Verónica, no le faltara un lugar a tono con su mérito y excelencia, Urbano VIII, Pontífice Máximo, proyectó, edificó y ornamentó este Oratorio. Año 1625". En la Iglesia de Augusta, en Alemania, y en el Misal impreso en 1555, una de las Misas tiene por título "Missa de Vultu Sancto, seu Verónica". Dicha oración dice: "Oh Dios, que ha nosotros, señalados a la luz de vuestro Rostro, en memoria suya, a instancia de la Bienaventurada Verónica, quisiste dejar impresa tu Imagen en el sudario; os rogamos, nos concedas, por la Santa Cruz y por vuestra glorioso Pasión, que de tal suerte te veneramos, adoremos y honremos ahora, como por un espejo en enigma en la tierra, que merezcamos veros seguros y alegras, en el último día, cara a cara, cuando vengáis como Juez Universal. Que vives y reinas..."

Resumiendo lo dicho, aunque el Evangelio no hace mención expresa de la Verónica y de su actuación en la Pasión de Cristo, la deja entrever. Además, por testimonios de la Iglesia, a partir del siglo III, se rinde culto a la Santa Faz de Cristo, manifestada en el Lienzo de la Verónica. Y la Iglesia, con su práctica y documentos, admite y fomenta la devoción a la Santa Faz y la Verónica.

Por Don Federico Sala Seva.
Canónigo.

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