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Estudios de Género Artes curativas en manos femeninas, en la Prehistoria y en la Edad del Bronce de la Península Ibérica
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Texto y dibujos de Martín-Cano
Salud y bienestar en manos de madres prehomínidas y de madres humanas prehistóricas
Aunque las mujeres en occidente han estado alejadas de
las artes curativas de la medicina hasta hace poco, son numerosos los
investigadores que descubren que precisamente se deberían a
las más arcaicas curanderas de todos los continentes, los
cimientos del saber médico sobre los que descansó los
posteriores avances de la medicina (antes de que tras la
revolución patriarcal los varones trastocaran los papeles
sexuales, exaltasen el principio masculino, negasen a las mujeres
poder desempeñar sus antiguas profesiones y sólo les
asignase el papel reproductor y de apoyo).
Biológicamente han sido siempre las primates
hembras y las mujeres las responsables de alimentar, educar, cuidar y
mantener seguros a sus crías e hijos. Y dada esta exclusiva
tarea, serían nuestras directas antepasadas
prehomínidas y nuestras antepasadas humanas desde principios
de la cultura humana, las únicas que con su trato amoroso, se
encargarían de velar por la salud de sus hijos.
Así que es lógico pensar que las que se
preocupaban de cuidar dulcemente a sus hijos, terminasen por
descubrir por observación lo que les sentaba bien y mal.
Cuidar: serie de actos que tienen como objetivo el
mantenimiento de la vida de los seres vivos para permitir su
reproducción y perpetuación de la vida de grupo (...)
Se relaciona con la mujer porque es la que da vida (Silies,
2004).
Y
que agudizasen el ingenio para buscar empíricamente los
más básicos métodos especiales para sanarles sus
heridas y curarles sus enfermedades.
Pero debe ser reconocido que desde el comienzo de los
tiempos y durante muchos siglos, el cuidado de la salud de los
niños parece haber sido una preocupación exclusiva de
las madres y el reflejo de las líneas de pensamiento y de las
ideas y culturas que existieron en las distintas épocas.
(Puga, 2004).
De
manera similar: (Lanval) ... creía que el origen femenino de
la ciencia médica era indiscutible (y así lo creo yo
también (Espejo, 2003).
Además serían mujeres las depositarias
del saber médico acumulado por la observación de las
madres que habían vivido con anterioridad y las que lo
enseñarían a sus hijos. Pero tan sólo las hijas,
futuras madres de familia matricéntrica, como receptoras de la
transmisión oral y del saber internalizado de sus ancestros,
serían las únicas que harían aumentar el
conocimiento de la medicina con sus innovaciones y las que lo
donarían a las futuras generaciones que incorporarían
los subsiguientes desarrollos a través de los siglos.
Apoya esta hipótesis los datos que nos brindan
los estudios de primates, en donde se observa que son solamente las
madres las que con su ejemplo transmiten todas sus conductas a sus
hijos, incluidas las relacionadas con la salud (observado por primera
vez en chimpancés por la primatóloga Goodall en los
años noventa).
Los
machos primates, aparte de su participación en la
concepción de un hijo, no interviene en nada más. Por
lo tanto, serán las hijas, futuras madres, las que
enseñarán a su prole con su ejemplo, qué planta
medicinal buscar y comer cuando se sientan enfermos.
De
forma similar, los varones en los inicios de la cultura humana
desconocían su paternidad y no se preocupaban de "sus hijos" a
los que abandonaban a sus madres; y esa sería la principal
razón de que al igual que los primates machos, los varones no
transmitiesen cultura, ya que no habría ocasión de que
los infantes aprendiesen por observación de un "padre".
Las más arcaicas artes sanitarias femeninas serían profilácticas: higiénicas, de precaución, de protección y empleo de vegetales medicinales
Aunque no es fácil encontrar pruebas
manifiestas del ejercicio de la medicina en la Prehistoria se pueden
deducir de muchos restos legados por nuestros ancestros tras ser
analizados desde la Paleontología, la Paleoetnología,
la Arqueología, la Etnología...
Tenemos conocimiento de esta medicina primitiva a
través del estudio de la llamada paleopatología
(análisis de restos humanos muy antiguos con alteraciones no
naturales), de las insculturas y pinturas conservadas en cuevas, de
los elementos encontrados en excavaciones como instrumentos caseros y
quirúrgicos, y de las prácticas actuales de pueblos
primitivos. (Anónimo, 2005).
La lucha por la continuidad de la especie
Del análisis exhaustivo se deduce que en principio las artes curativas estuvieron dirigidas fundamentalmente a resolver los más frecuentes problemas de salud de las madres, dadoras de la vida y de sus hijos, puesto que la reproducción ha sido un asunto central en la vida de las sociedades humanas, ya que en ella reposaba la continuidad física de la especie.
Prueba de que nuestras ancestras de Iberia ya cuidaban
con esmero a sus hijos hace 300.000 años, es que en los
enterramientos de entonces de la Sierra de Atapuerca, Burgos aparecen
pocos cadáveres infantiles.
Una buen alimentación y profilaxis debía reducir la muerte de las crías (...) Por lo tanto para evitar la desaparición del grupo era extraordinariamente necesario garantizar el buen cuidado de las crías. (Carbonell, 1999: 193).
Desde el principio de los tiempos, serían
mujeres con un grado cercano de consanguinidad o afinidad, las
comadronas que establecerían redes de solidaridad y
asistirían a las embarazadas en el nacimiento del bebé;
ellas sabrían cómo cortar el ombligo al recién
nacido y cómo curarlo para evitar infecciones; con qué
remedios cuidar las diarreas, las enfermedades respiratorias, las
anginas, las calenturas, o las heridas de los infantes; o cómo
aliviarles el dolor cuando les crecían los dientes
dándoles a chupar ciertas raíces. También
ayudarían a pasar el puerperio a la recién parida y
sabrían qué alimentos hacerle consumir durante el
posparto en su tiempo de reposo para aumentar su secreción
láctea y para conservar su salud y así poderse dedicar
a sus hijos mientras crecían.
Medidas de protección
Las
principales medidas terapéuticas que adoptarían en
principio, serían higiénicas: del tipo de lavarse
después del parto y de lavar a su recién nacido. Bien
en las aguas frescas del río más próximo en
verano, o en las aguas de fuentes más cálidas en
invierno. Y asimismo recurrirían al lavado de sí mismas
durante la menstruación, para mayor bienestar personal y
evitar ciertas enfermedades propias.
También practicarían medidas de precaución para evitar contaminaciones, ya que pronto conocerían los efectos nocivos de comer frutos y plantas tóxicas o de comer alimentos corrompidos debidas al calor, o de beber aguas estancadas. Por lo que las cariñosas y vigilantes madres dictarían prohibiciones y tabúes para que sus hijos no probaran los frutos tóxicos, ni se acercaran a lugares donde había cadáveres putrefactos, ni tampoco a las aguas malolientes que les podían enfermar. Y especialmente pusieron especial cuidado: en arrojar los desechos de comidas lejos de los lugares donde estaban asentados; en procurar que los alimentos acumulados se conservaran en lugares frescos aún en condiciones extremas de calor; y sobre todo se preocuparon de sepultar los cadáveres humanos. Las más arcaicas evidencias de enterramientos humanos, han sido precisamente halladas en Atapuerca, obra del Homo antecesor, precedente del Homo neandertalensis y del Homo sapiens desde el Pleistoceno, en el año 300000 adne. En la Sima de los Huesos se han hallado acumulación sistemática de 32 cadáveres en el fondo de la sima de 12 metros, cadáveres asociada a ritual: ... seguramente el ceremonial funerario más antiguo conocido y probado empíricamente funerario (Eudald Carbonell, 1999: 193).
Y
adoptarían medidas de protección para resguardarse a
sí misma y a sus hijos del frío, trabajando gruesas
pieles para producir vestidos de abrigo, de los que se
despojarían en tiempos más cálidos. Está
documentada la actividad de producción de pieles para usar
como prendas de vestido por nuestros ancestros en Iberia, desde hace
350.000 años en la Gran Dolina (Carbonell, 1999: 194), y
(Carbonell y Rodríguez, 2000: 48). Y beberían y
comerían alimentos calientes o fríos para contrarrestar
los trastornos de salud debidos a las temperaturas, desde que
descubrieron las técnicas para hacer fuego.
Las plantas como aliadas
Y sobre todo, las madres encontrarían las principales propiedades terapéuticas de las plantas, sería la descubridora de la farmacología: La mujer habituada a la recolección, al contacto directo con las plantas (...) aprende a distinguir entre las meramente comestibles y aquellas susceptibles de transformarse en medicinales en ungüentos curativos, en elixires de vida o en afrodisíacos. (Bru, 1884: 22).
Las
mujeres más apreciadas serían las descubridoras de
hierbas, que al ser consumidas en infusiones, aliviaban los dolores
del parto, o los premenstruales, o los de cabeza, y los de muelas, de
garganta, de estómago; las innovadoras que experimentaban con
pétalos de rosas o con hojas de otros vegetales, que al ser
restregados, calmaban los ojos inflamados, o mitigaban los dolores de
torceduras o de golpes o quemaduras; las que investigaban con ciertas
semillas o con las sustancias que fluían de árboles,
quemándolas sobre carbones ardiendo para que desprendieran
humo, que al ser inhalado por la nariz, descongestionaba el pecho en
catarros, o entraba por los poros y curaban ciertas dolencias; o
descubrían que otras hierbas quemadas sobre la piel
cauterizaban heridas; o las que trataban plantas o frutos por
diferentes medios, como prensado, molido o maceración para
obtener esencias o aceites: de laurel, de mirto, de mirra..., que
usados como bálsamos se untaban y curaban heridas, llagas o
atajaban la fiebre, o apaciguaban padecimientos crónicos
artríticos. O conocían poderosas plantas
narcóticas con las que preparaban filtros mágicos con
los que infundían valor a los miedosos.
(En
todo el universo, evidencia que fueron mujeres las descubridoras de
las características medicinales de ciertas plantas, porque
para recordar sus descubrimientos sus nombres femeninos fueron
puestos a las plantas usadas para curar a la humanidad y a los
animales, y porque fueron honradas con culto particular. Así,
en nuestra cultura occidental, son ejemplos de plantas medicinales
con nombres femeninos: altea, ambrosía, artemisa, ascesis,
atropa, calipso, caria / nogal, celidonia /chelidonia, cidonia /
membrillo, dafne / laurel, dru / roble, escila, hecalis, helenium,
heracleum, iris, lamio, malva, matricaria / partenión, medeis,
melia, melisa, menta / hierbabuena, mirra, musa, ninfa, olea / oliva,
palladies arbor (de Atenea Pallas), panacea / panax,
panatenaicón, pityusa / pino, sabina, siderión /
verbena, valeriana, véneris, zea / maíz).
Con
el tiempo no sólo darían atención médica
a la infancia, sino también ayudarían a aliviar los
sufrimientos de sus madres que envejecían, de sus hermanos y
demás familiares a los que cuidarían en su hogar hasta
la muerte. Asistencia que extenderían a otros adultos
enfermos. Y cuando empezó la domesticación animal,
vigilarían la salud de sus animales, para no comerlo si
caían enfermos y así evitar que les transmitieran
enfermedades.
Hay pruebas de que en ciertas épocas aún no sabían enfrentarse a ciertas patologías. Por ejemplo, respecto a las fracturas de huesos, no las sabían inmovilizar ni entablillar hasta hace 30.000 años, cuando por fin aparecen las primeras fracturas encañadas (Silies, 2004). Mientras que posteriormente: existen restos de huesos que se rompieron y cicatrizaron bien y correctamente, por lo que nuestros antepasados más remotos sabían "tratar" estas dolencias de forma más o menos eficaz. (Díaz, 2002).
Mientras que los problemas dentales no los resolvieron hasta hace 8.000 años. Un ejemplo en la Prehistoria peninsular que lo evidencia, surge al analizar el cráneo 5 hallado en Atapuerca de un homínido adulto Homo heidelbergensis, al que se le ha llamado Miguelón. Se le había roto un diente que le produjo un flemón y una infección y: Si se hubiera arrancado a tiempo esta persona hubiera sobrevivido y en cambio murió con grandes dolores. (Díaz, 2002).
Existen restos de Homo sapiens que prueban que encontraron técnicas muy complicadas para enfrentarse a las patologías dentales: Ésta es la prueba más antigua hallada (8.000 años de antigüedad), los dientes encontrados poseen unas perforaciones perfectas para erradicar las caries, perforaciones realizadas con punteros de piedra finísimos. (Díaz, 2002).
Y en lo tocante a otros traumas, existen restos que prueban que los supieron solucionar, ya que el enfermo sobrevivió: La intervención de alguna persona en la curación de otra se ha encontrado en restos antiguos, como en el del famoso fósil de Shanidar (Irak), que tenía un brazo amputado, entre otras cosas. Sobrevivió varios años pero se desconocen las técnicas para curarlo, probablemente el sabio empleo de hierbas curativas para lavar y cauterizar la herida fue lo que evitó una infección mortal. (Díaz, 2002).
Nacimiento de ceremonias mágico-religiosas en manos de especialistas para curar en la Prehistoria
Lógicamente habría un tiempo en el que
la mayoría de las madres conocerían diversos
tratamientos curativos y tendrían un conocimiento general de
las propiedades medicinales de algunas plantas y frutos. Pero al
complicarse este saber, algunas decidirían especializarse y
dedicarse a ello en exclusiva.
A
la par, según pasó el tiempo, con la evolución
humana, hizo presencia el pensamiento religioso. Nuestros ancestros
debieron pensar que, al igual que los seres humanos dependían
de una madre que los nutría y protegía amorosamente,
también habría una Diosa Madre que animaba la
Naturaleza, que los nutría y protegía con ternura,
aunque había ocasiones en que dejaba de hacerlo. Por lo que
dedujeron que en esas ocasiones tendrían que invocarla y
obligarla a actuar según los deseos humanos para que cediera
más rápidamente y satisficiera sus necesidades.
Quizás recurrieron a la Madre Naturaleza para
que cuidara de su salud, cuando empezaron a padecer plagas, o
calamidades inexplicables que invalidaban a gran número de
sujetos; o cuando sufrían enfermedades infecciosas y
contagiosas que provocaban epidemias y mataban a demasiados sujetos
jóvenes que hasta entonces habían estado completamente
sanos. Dado que por sus propios medios no podrían hacer frente
a padecimientos en los que no veían los mecanismos naturales
de la enfermedad debieron creer que eran debidos al enfado de la
Madre Naturaleza, que furiosa, entraba en cólera por algo que
ellos habían hecho mal y la habían ofendido, por lo
circunstancialmente se volvía descuidada y dejaba de proteger
y velar por sus criaturas.
La invención de rituales
Por
lo que, para tratar de apaciguarla, inventarían el arte y los
rituales y demás actos sagrados de la religión
matriarcal del Paleolítico Superior, iniciado el proceso hace
35.000 años. Creerían que gracias a sus súplicas
dejaría de matar a todo aquel que se encontrara a su paso... Y
para conseguir su apoyo acompañaron sus peticiones con
ceremonias mágicas a manera de happening: danzas, sacrificios,
ofrendas y otros ritos, con las que se creía obligarían
a actuar a la Diosa Madre. Con los rituales pedirían a la
Madre Naturaleza que los volviera a proteger como una madre
cariñosa socorría a sus hijos: para que enviara
suficientes alimentos para nutrirlos, o para que cuidara de la
seguridad de su salud y de su bienestar.
A
partir de entonces, la medicina estuvo estrechamente ligada a la
religión y las mujeres adquirieron el estatus de vicaria de la
Diosa en la Tierra, la única que a su través
concedería favores. Por lo que cuando se entregaban a
prácticas mágicas que tendían a curar las
enfermedades bajo la advocación de la Diosa y acertaban en sus
curaciones, adquirirían un prestigio enorme.
Ritos mágicos
Queda constancia que en Iberia en época arcaica
realizaban ritos mágicos para pedir la salud por:
A:
Los hallazgos de la Arqueología Prehistórica: existen
reseñas artísticas de rituales sagrados presididos por
mujeres. Ejemplos las representadas en pinturas rupestres levantinas
ilustradas en lámina 1 de hace unos cinco mil años: 1.
Mujeres desnudas de la Cueva de la Saltadora, Barranco de la
Valltorta, Castellón y 2. Mujeres vestidas de la Cueva de los
Moros de Cogull, Lleida.

B:
También los arqueólogos han encontrado grandes
acumulaciones de imágenes religiosas. Los depósitos son
de esculturas en bulto redondo en diferentes tamaños, o son
pequeñas plaquetas grabadas en pizarra y en diferentes
materiales / exvotos, con representaciones femeninas o de animales
hembras embarazadas; o son de hembras animalísticas con su
prole; o tienen grabados signos vegetales, abstractos o
geométricos. En todos los casos representativas de la
más arcaica Divinidad adorada por el ser humano desde el
Paleolítico: la Madre Naturaleza, ya que:
Probablemente la misma evolución se operó entre todos los pueblos, pues, cosa curiosa, todos han dado a la diosa madre los mismos atributos ... ella es la vaca, la leona, la gata; es también la vegetación y como tal venerada en forma de árbol al que todas las religiones antiguas han conservado como «árbol de vida» (Pirenne, 1989: 39).
Del
Paleolítico Superior de Iberia destacan las excepcionales
5.612 plaquetas de piedra caliza halladas en la Cueva del
Parpalló, Gandía, la Safor, Valencia, que
comenzó a usarse hace 21.000 años. Es considerada un
Santuario a la Diosa en donde las adoradoras le ofrendaban las
imágenes para pedirle la salud y la fertilidad, o las dejaban
como una ofrenda votiva como acción de gracias por la
concesión de favores; mientras otros expertos deducen que
quizás fuesen cabañas de partos.
Fueron realizadas durante 15.000 años por
representantes del Homo sapiens sapiens. Algunas de las estatuillas
encontradas en este Santuario parecen haber sido rotas expresamente,
rotura que es interpretada por algunos historiadores para aliviar por
simpatía los dolores del parto. Posiblemente algunas las
realizaría la adoradora cuyo cráneo fue encontrado en
un nivel del Solutrense inferior (del año 21000 al 19000 adne,
conservado en el Museo de Prehistoria de Valencia).
A
partir de esta etapa, las vicarias de la Diosa, adoptarían un
tratamiento mixto para pedir la salud, que incluía tanto los
rituales sagrados mágicos de curación, y los
completarían con tratamientos terapéuticos. Lo
corroboraría el hecho de que tales ceremonias religiosas junto
con métodos empíricos, los conservaron curanderas de
manera secreta durante miles de años y lo estuvieron
practicando casi sin modificar hasta la Edad Media.
Es
el saber de las curanderas, parteras, mágicas, brujas del
Medioevo, mujeres sabias conocedoras y conservadoras de un saber
ancestral, que siguieron celebrando cultos mágicos bajo la
advocación de las Diosas ancestrales para curar, a la vez que
aplicaban medidas de higiénicas para evitar enfermedades y
hacían uso de las propiedades terapéuticas de hojas,
semillas, raíces, flores, tallos y frutos de plantas y
árboles, con los que siguieron fabricando medicamentos,
pócimas y bálsamos con métodos heredados de sus
ancestras.
De manera que hacían: (...) uso complementario de la magia, mediante símbolos, junto a las curas medicinales (...) Sabían que un inválido no se recuperaría con la sola ayuda de las medicinas -y tenían muchas medicinas-, sino que existían también importantes elementos psicológicos: la fe en la cura, la esperanza de recuperación, la confianza en la curandera, la médica bruja que luchaba contra el demonio de la enfermedad. Es bien sabido que la fe obra maravillas. (Göttner-Abendroth, 1986: 100).
Es
la misma fe que hace a los creyentes cristianos, aún en el
siglo XXI, dar un tratamiento mixto para pedir la salud del Papa: a
la vez que recibe los cuidados proporcionados por la medicina
científica en el hospital, los fieles rezan a su Dios con la
pretensión de incitar su intervención y les conceda
mágicamente la salud.
También lo evidencia el arte y la
religión de muchas culturas de principio de época
histórica y de pueblos primitivos, antes de que con la
revolución patriarcal los varones se apropiaran del culto y de
las demás profesiones femeninas y adoraran a Dioses
masculinos.
Pero aún a principios de época histórica: ... en un período en el que los celtas adoraban más a diosas que a dioses, y cuando el conocimiento -el arte de la curación, la agricultura, la inspiración- estaba en manos de mujeres más que en las de los hombres. (Macculloc: una de las principales autoridades en este campo, citado por Campbell en 1991: 488).
También lo evidencia los abundantes nombres femeninos que permanecen en las tradiciones de muchos pueblos, heredadas desde la Prehistoria, que nos informan de mujeres dedicadas a curar. Sólo las intermediarias del mismo sexo de la Diosa en la Tierra, participaban en rituales para propiciar sus favores como las: Astues, Buxas, Bruxas, Donas d'aigua, Encantarias, Filaderas, Fadas, Hadas, Magas, Meigas, Moras, Lainas, Lamias / Lamiak / Lamiñak / Lamianas, Lareiras, Lavanderas, Náyades, Ninfas, Remedieiras, Saludadoras, Xanas... : reminiscencias míticas de personajes más o menos divinos, más o menos mágicos o sobrenaturales, ..." ... "La mayoría se vieron transformadas en vírgenes y santas. (...) Su presencia la atisbamos siempre unida a algún elemento de la naturaleza: el árbol o el bosque pletórico de sabia y refugio de vida animal; el agua regeneradora, fertilizadora y sanadora; la cueva-útero y primordial hogar de hombres y bestias (Gutiérrez, 1999: 60).
Y
los monumentos arcaicos llamados Tumba de la Encantada, Choza de la
Hechicera, Cueva de la Menga, Coll de Fadas, Lamiarreta "Piedra de
las Lamias", Lamiñazulo "Pozo de las Lamias"...
Ceremonias mágico-religiosas y tratamientos: por agua, fuego y sustancias vegetales, en lugares de culto a la Madre Naturaleza en la Edad del Bronce
Tras considerar que había una Madre Naturaleza
responsable del cuidado, alimentación, bienestar y salud de
sus hijos, no extraña que nuestros ancestros terminaran por
diversificar en variadas personificaciones Divinas sus diferentes
responsabilidades, a las que invocar según sus funciones
específicas.
Al
final de la Prehistoria, durante el período de la Edad del
Bronce, que en la Península de Iberia empezó en el
año 2500 adne, entre los pueblos autóctonos y los
diferentes colonizadores que ocuparon el territorio aumentó
este sentimiento y surgieron abundantísimas Diosas con nombre
propios que concretizaban diferentes facetas de la Madre Naturaleza.
Diosas que personificaban:
Diosas personificadas
a). Las aguas de
ríos, de manantiales, de lagos, de pantanos, de pozos, de
ciénagas o de fuentes termales cuyas milagrosas aguas
procuraban la salud (en algunos casos porque poseían minerales
con auténticas propiedades curativas), o (se creían
que) procuraban la fertilidad.
Salud que trataban de conseguir los enfermos al bañarse ceremonialmente en las aguas sagradas para purificarse; o de allí recogían el agua empleada para sus ceremonias sagradas; o allí lavaban las imágenes representativas de la Diosa; o hacían ofrendas a las aguas sagradas arrojando elementos mágicos de diferentes tipos especialmente concebidos como objetos votivos o exvotos.
b). Los árboles
y plantas medicinales que crecían a las orillas del agua
milagrosa, por lo que (creían) le aportaba sus virtudes
mágicas.
Allí la Diosa era representada en forma de
árbol sagrado con el que se identificaba. Por lo que sus
representantes vicarias practicaban ceremonias alrededor de los
árboles; o en los bosques donde proliferaban y recolectaban
las plantas medicinales; y portaban en sus ceremonias y procesiones
de rogativas: arbolillos, barsomos, ramos de flores, o
fructíferos con yemas floríferas o de fruto, o varas
enramadas.
Ramos de flores cortados de árboles y plantas
sagradas que las suplicantes llevaban en las manos, como
símbolos de súplica con los que trataban de propiciar a
la Diosa. (De ellas proviene la creencia aún hoy día de
que los ramos de flores sean usados en nuestra sociedad como
talismán para hacer una súplica o como objeto
mágico para hacer sucumbir la voluntad contraria al pedir
perdón).
Y de las flores y otras partes de las plantas obtenían por destilación o por maceración esencias y otros productos elaborados con los que preparaban ungüentos y bálsamos para untar a los enfermos, con el significado de dar la salvación y también fabricaban lociones para ser quemadas en ceremonias propiciatorias de salud.
c). Y también
rindieron culto al fuego, y encendían hogueras,
lámparas, antorchas y luminarias en sus rituales. Hogueras y
antorchas que simbolizaban a la Diosa, ante cuyo fuego sagrado
realizaban las ceremonias.
De
ahí que se hayan encontrado en los Santuarios de culto a la
Diosa, tanto pebeteros en forma de cabeza femenina, como quemadores
cerámicos y en bronce, que se vincularían con
actividades rituales curativos, y asimismo badilas rituales muy
ornamentadas.
En
unos casos quemarían hierbas medicinales para que la
combustión de esos productos desinfectase y garantizase la
limpieza de los enfermos, o para que el humo les entrara por los
poros y los curase. Y en otros casos serían quemaperfumes para
quemar materiales aromáticos como incienso, mirra, thuja...
que desprendía humo fragante para ofrendar y darle las gracias
a la Diosa.
También se sabe por los restos hallados en
numerosos yacimientos de depósito votivos de Santuarios, que
confeccionaban hogueras rituales donde se quemaba la leña y la
madera preciosa recogida en los bosques sagrados y de árboles
sagrados.
Y
además se han hallado pozos con restos quemados de semillas,
frutos, o de madera valiosa, además objetos cerámicos o
metálicos rotos voluntariamente y quemados, junto a
carbón y cenizas, que serían como depósito
votivo para pedir la salud a la Madre Naturaleza. En el caso del pozo
de El Amarejo, Bonete, Albacete:
El
análisis del conjunto mostraba la presencia de material
parcialmente de lujo, poco frecuente (...); vinculación de la
mayoría de los objetos al mundo femenino, etc. Todo ello
convence a Broncano de que "nos encontramos ante uno de los casos
relativamente poco documentados dentro de la cultura ibérica
de un depósito votivo conteniendo ofrendas dedicadas a una
divinidad femenina". (Domínguez, 2003b).
El
ritual que sugiere el excavador consistiría primero en
encender en el pozo o en la terraza en la que se excava una pira
(encina, pino, fresno); mientras ardía la misma se
arrojarían las ofrendas sólidas (trigo, cebada,
bellotas, almendras) y líquidas (¿leche, cerveza,
perfumes, miel?) en sus correspondientes vasijas, que se
romperían al caer. El fuego se apagaría luego con agua,
tras lo que se enterraría lo depositado con adobes o piedra;
este relleno sería retirado las veces que fuese necesario para
desarrollar el rito correspondiente. (Domínguez,
2003b).
De
allí destaca el pebetero de Diosa Lámina 2.

Evidencias arqueológicas de Diosas adoradas en Santuarios o de sus representantes vicarias
Donde se muestra con mayor evidencia la
participación femenina en los ritos de curación es en
la multitud de esculturas femeninas halladas en los Santuarios
ibéricos, construidos junto a ríos y fuentes rodeados
de bosques sagrados a donde los enfermos iban en peregrinación
a pedir la salud, con diferentes enfermedades: de la piel,
pulmonares, de infertilidad...
Son
bien: Grandes Damas en piedra con vasijas en las manos o sentadas en
tronos, o son pequeñas figuritas en bronce llamadas exvotos. Y
reflejarían: a las representantes vicarias de las diferentes
Diosas adoradas por diferentes pueblos que habitaron la
Península Ibérica, o a las mismas Diosas: Ana,
Artemisa, Astarté, Ataecina, Vanda / Banda, Basa, Betis,
Ceres, Demeter, Ekhi, Fosforita, Iber, Ishtar, Lux Divina, Mari,
Roma, Tanit ...
Destacan las halladas en los Santuarios:
Como las 300 figuras femeninas talladas en piedra de
arenisca halladas en el Santuario del Cerro de los Santos,
Montealegre, cerca de Almansa, Albacete, vinculado al carácter
salutífero de las aguas. Varias representaciones del
año 300 adne se ilustran en (Lámina 3 dibujos 1, 2, 3,
4 y 5).

Las
250 esculturas femeninas en piedra del Santuario del Llano de la
Consolación de Albacete / Abula / Celtide.
Los
exvotos amontonados del Santuario de la colina de Cigarralejo,
Mula.
Las
esculturas del Santuario de la Luz, de Nuestra Señora de la
Luz en Verdolay, Murcia entre las que destaca la figurita en bronce
con cinturón del siglo III adne (Lámina 3 dibujo
6).
Las
estatuillas de terracota, la mayoría representaciones de Damas
ibéricas, bustos, pebeteros en formas de cabeza femenina y
muchos fragmentos de esculturas rotas del siglo III adne del
Santuario de La Serreta, Alcoy, Alicante. La más destacable es
la Diosa Madre con bebés a la que le falta la cabeza y
músicas ilustrada en (Lámina 3 dibujo 7).
Sin
duda, una de las terracotas más destacables de toda la serie,
aunque no procede del santuario, sino de una de las viviendas del
poblado, es la pequeña y compleja composición en la
que, según Llobregat, mostraría una
representación de la gran Diosa a la que tan solo falta la
cabeza de gran tamaño de ésta amamantando a dos
niños, y a su derecha e izquierda oferentes que tocan la doble
flauta, llevan palomas en las manos y van acompañados por
niños (Domínguez, 2003).
En
el Santuario ibérico del Castillo de Guardamar del Segura /
Alone, Alicante se han hallado 145 pebeteros del siglo III adne, de
los que es un ejemplo el ilustrado en (Lámina 3 dibujo
8).
Del
Santuario de Cástulo, Linares, hoy Cazlona, Jaén
procede la escultura de una oficianta de ceremonia sosteniendo una
flor, símbolo de súplica (Lámina 3 dibujo 9) y
la escultura iberorromana de bailarina con traje de volantes del
siglo VI adne (Lámina 3 dibujo 10).
Del
Santuario de Collado de los Jardines, Sierra Morena,
Despeñaperros antes de Santa Elena, Cáceres nos han
legado 2.000 esculturas femeninas en bronce, entre unas pocas
masculinas. Son ejemplos (Lámina 3 dibujos 11 y 12).
Del
Santuario Ibérico de La Aliseda a 5 Km. de Santa Elena,
Jaén con manantial de aguas medicinales, procede la figurita
con las manos extendidas mostrando bolas redondas / frutos del siglo
VI adne (Lámina 3 dibujo 13). Actualmente existe un balneario
en honor de la Virgen de la Cabeza.
Del
de Santiago de la Espada, Jaén, procede la figura alada y con
paloma que forma parte de la decoración de un pendiente, de
orfebrería muy delicada (Lámina 3 dibujo 14).
En
el Santuario de Castellar de Santisteban, Villacarrillo, Jaén,
se han hallado 2.500 esculturas femeninas en bronce, un ejemplo es la
escultura desnuda con incisión de vulva (Lámina 3
dibujo 15). Respecto a algunas figuras de Sacerdotes de la etapa
intermedia: Los exvotos de sacerdotes, una veintena en total, se
fechan en la segunda mitad del siglo siguiente. Sólo se
conocen tres ejemplares de sacerdotes procedentes de Castellar de
Santisteban que imitan los tipos de Despeñaperros.
(Blázquez, 1975: 154).
En
el Santuario tartéssico con fuente de aguas medicinales en el
Valle de Abdalaxis, Málaga se halló una terracota de
maternidad con bebé en brazos (Lámina 3 dibujo 16).
En
La Albufereta, Alicante se halló otra terracota de maternidad
con sombrero cónico del siglo III adne (Lámina 3 dibujo
17).
Evidencias míticas de Diosas del Agua
Los
ríos o fuentes donde se adoraba a la Diosa Madre
prehistórica permanecieron como lugares de curación
reconvertidas en balnearios desde época romana y recalificados
por otros pueblos posteriores como: los romanos Aquae, Baños
de, Caldas de, o los árabes Alhama de... (Díez de
Velasco, 2005). O fueron convertidos en lugares de culto cristiano en
el que construyeron iglesias y sustituyeron por una Virgen o un
santo, a donde iban los enfermos a curarse con las milagrosas
aguas.
En
Iberia se conocen los nombre de Diosas que presidían o
personificaban las aguas de los ríos o fuentes de propiedades
curativas, o los bosques y plantas que procuraban la salud:
La
Diosa Anat / Ana / Anae que dio nombre al río Ana al que los
árabes añadieron Guadi·"río" Wuad i Ana /
Guadiana.
Betis, dio nombre al río Guadalquivir. La
representaría la escultura femenina flanqueada por dos patos,
(Lámina 3 dibujo 18), llamada bronce Carriazo
(Blázquez, 1975: 32). También la representaría
la escultura femenina sentada en su trono calificada como "La Dama de
las Cabezas", Sevilla (Lámina 3 dibujo 19).
La
Diosa Bibracte curaba las enfermedades con sus milagrosas
aguas.
E
igual la Diosa Brigeacis adorada en Clunia, Burgos.
La
Diosa Cabarsul / Cabar Sul, curaba con las virtudes curativas de los
manantiales de aguas termales.
La
Diosa Celenos, le pedían curación a sus aguas en
Celenos, hoy Caldas del Rey. (En época romana se conservaba el
balneario Aquae Celenae).
Las
Diosas Coventina y Fortuna eran adoradas en lugares de aguas
curativas de Galicia; e igualmente la Diosa Carmenta.
La
Mater Deva / Diosa Madre relacionada con las aguas a las que
personifica y que da nombre al río cántabro Deva y a la
ciudad asturiana de Ribadedeva, Oviedo.
La
Diosa que da nombre al río Ebura / Iber (Ebro) en donde
crecía el eburo "tejo" en irlandés (Markale, 1989:
151), o la planta acuática sagrada, el berro,... que
representa uno de los tantos aspectos de la diosa madre, reina de las
zonas pantanosas. (Laviosa, 1955: 146).
La
Diosa lusitana y gallega Navia / Nabia del agua (asociada al
sánscrito navya "corriente de agua") da nombre a un río
que desemboca en el Miño: Nevis, actual Neiva.
Las
Ninfas representaban el manantial termal, no eran divinidades
curativas de índole general, sino que moraban en el agua y
eran la personificación de la misma. (Díez de Velasco,
2005). Es el caso de las Ninfas en toda la zona occidental de la
Península Ibérica, tras el nombre se encubre la antigua
divinidad del manantial a la que define el teónimo romano
(Díez de Velasco, 2005). Las Ninfas Xanas / Janas / Chanas /
Janat de las aguas y las fuentes adoradas en Asturias y
Cantabria.
La Diosa adorada en Turiaso, actual Tarazona, según Beltrán en (1989) quizás personificaba las aguas del río Queiles / Keies o el Chalybs u otras fuentes curativas.
La
ciudad de Astapa, posiblemente Puente Genil, deriva del nombre de la
Diosa Astarté (ast = agua, río, corriente y apa =
ciudad de manera similar a Astorga) ciudad de la Diosa del
Agua.
El
nombre de Nuestra Señora de los Remedios de Fuensanta,
Jaén oculta una Diosa celtibérica de las Fuentes de
Aguas medicinales (existen varias Fuensantas más en las
provincias de Oviedo, Burgos, Murcia y Barcelona).
Un
Santuario en Teixido, La Coruña erigido en honor de la Diosa
Demeter, se convierte en la ermita cristiana de san
Andrés.
Y
otro consagrado a la Diosa Ibérica del Agua, se cristianiza en
el de santa Eulalia de Bóveda, Lugo.
Port-Vendrés / Portus Veneris, lugar situado en
un promontorio consagrado a la Diosa Venus, se dedicó a san
Telmo.
Y
la Virgen María de Montserrat sustituyó a la Diosa
Venus de los bosques sagrados y las fuentes, de las 40 que
surgían en el Monte Sagrado.
La
Diosa Madre Tierra Mari, adorada por los vascos, se asimila a la
Virgen María y su representación del árbol de
Guernica se aprovechó para emplazar a Nuestra Señora de
la Antigua. También fue sustituida por Nuestra Señora
de Aránzazu.
BIBLIOGRAFÍA
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Investigación de Luis Robles corrobora tesis de Martín-Cano (46) Rubén E. López Mendiola. En Foro Terraeantiqvae (185) Análisis marxista al tema de género por Stalina (75) En Foro de Cultura Arcaica tras Simposiso sexo (54) Ante actitudes de fanáticos de ARP (= arpíos) (53) |
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Plagiadores en Internet de artículos de Martín-Cano:
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