Estudios de Géneros
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RECOLECTORAS, DANZANTES Y CAZADORAS PINTADAS EN ESCENAS ARTÍSTICAS PREHISTÓRICAS LEVANTINAS
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Texto y dibujos de Martín-Cano
ANDROCENTRISMO EN LA INTERPRETACIÓN DE FIGURAS ARTÍSTICAS DE LA PREHISTORIA
Ciertos
postulados y afirmaciones erróneas de las antiguas autoridades
del mundo de la arqueología, han venido minando los antiguos
manuales de arqueología ibéricos y desafortunadamente,
siguen siendo aceptados por algunos historiadores, que los toman como
un "Evangelio que cuenta la verdad absoluta", sin tener en cuenta su
invalidez, por trasnochados, cuando algunos de sus postulados estaban
condicionados por la percepción del mundo de su momento
histórico.
De manera, que
a pesar de los grandes cambios sobrevenidos en el conocimiento del
mundo de la Prehistoria, defendidos y aceptados por la comunidad
científica en general, que muestran el papel privilegiado y
protagonista que tuvo lo femenino en el desarrollo cultural humano,
algunos catedráticos y estudiosos de la Prehistoria en
España, desconocedores de los nuevos avances
científicos o influenciados por los valores antiguamente
vigentes, siguen describiendo en los manuales ibéricos
actuales, muchas figuras representadas en pinturas
prehistóricas levantinas, que podían ser consideradas
femeninas, como masculinas.
Pero
afortunadamente empiezan a corregirse los estereotipos y se aceptan
los nuevos descubrimientos antropológicos.
De forma que
mientras era calificada en Historia de España del Instituto
Gallach, Edición de 1987 por Pericot como "hombre" la figura
de "Recolectora de Miel" pintada en rojo (en un gran panel de una
"escena de caza" con animales y figuras humanas con arco y flechas,
que no he dibujado) de la Cueva de Bicorp de Valencia (Lám. 1,
a) datada en el V milenio adne, ya es calificada como "mujer" por
Llull y Sanahuja en la Edición de la Historia de
España. de 1994 (con una diferencia de sólo siete
años).
Recolectora que
pone de manifiesto el importante papel femenino en la sociedad
prehistórica. En palabras de Llull y Sanahuja (1994,
17): "En la sociedad
paleolítica, las mujeres tuvieron un importante papel en la
alimentación del grupo, puesto que, al parecer, fueron ellas
las que lo abastecieron de productos procedentes de la
recolección..."
"Sally Linton, en 1971, es la primera
antropóloga, que basándose en la inexistencia de
evidencias de caza, propone un modelo contrapuesto al anterior, el
modelo recolector. Son las homínidas las que recolectaron, las
que inventaron los primeros instrumentos (palos cavadores y
contenedores para transportar los productos vegetales y las
crías) y las que, en principio, compartieron la comida con sus
crías."
Un ejemplo
artístico prehistórico que muestran figuras con rasgos
característicos que las definen obviamente como femeninas:
cuerpo triangular, cintura de avispa y piernas gordas (aunque sin
mamas) y sin embargo consideradas masculinas en numerosos manuales
ibéricos, es la pintura de "Tres Mujeres Danzantes" de la
Cueva de la Saltadora, Barranco de la Valltorta, Castellón
(Lám. 1, b) datada en el V milenio adne.
Han sido
descritas por Menéndez Pidal en (1947, 450), citando a las
autoridades Obermaier y Wernert, como: "Tres hombres, al parecer danzando,
..." Sin embargo eran descritas por
Kuhn en (1957, 89) (historiador que no había bebido en las
mismas fuentes "científicas") como "TRES MUJERES (Valltorta)".
O sea que las
figuras artísticas que presentan características que
las definen obviamente como femeninas, han sido consideradas
masculinas en numerosísimos manuales "científicos"
ibéricos, basándose exclusivamente en el hecho de no
tener representadas las mamas (convención usada por nuestros
ancestros de la Prehistoria, para indicar que la
representación femenina no es real, sino que tiene
carácter simbólico y en ese caso no alude a la
función nutritiva).
Estas figuras
artísticas, consideradas masculinas, presentan los mismos
atributos que presentan gran parte de las figuraciones
prehistóricas levantinas, las cuales según afirma
Barandiarán (1990, 145): (son de) "...tipología de
«cestosomáticos» (figuras muy alargadas, de torso
triangular y piernas robustas y largas),
«paquípodos» (representaciones cortas de
proporciones muy gruesas) ..."
definiciones que enumera exactamente los rasgos estereotipados que
definen tipológicamente el cuerpo femenino y que él
infiere son atributos masculinos.
Barandarián, al igual que las antiguas
autoridades, tiene la creencia generalizada de que "la mujer estaba escasamente representada en el arte
prehistórico levantino", y
dado que existe sin embargo numerosísimas obras de arte
levantinas con tales atributos, infiere machistamente que son de sexo
masculino.
Basada en
similares consideraciones machistas, acerca del papel femenino en la
Prehistoria, es la afirmación de Blasco (1992, 23):
"Los protagonistas de estas escenas
cinegéticas son, claramente, figuras masculinas que, en muchas
ocasiones, tiene marcado el sexo, a veces exageradamente acusado, y
en el caso de las figuras asexuadas parece lógico
identificarlas también con hombres, ya que sus atuendos, la
potencia de la musculatura de sus piernas y otros detalles son
iguales a los de las figuras masculinas." Y similar consideración machista infiere
Clottes (1995, 62): "Estas dos
interpretaciones no son incompatibles: en general, los hombres son
los que cazan."
Los que se
manifiestan de esta manera, sólo muestran que se sienten
legitimados para pensar, que la mujer nunca haya sido capaz de cazar
o realizar cualquier labor penosa (conclusión falsa que
incluso ha dejado de ser el estereotipo sexual de la realidad
circundante actual), tras manipular machistamente las manifestaciones
artísticas prehistóricas que los contradicen. O
desechar los ejemplos míticos de cazadoras, en todas las
mitologías de principios de época histórica, que
las ejemplifican. O repulsar los nuevos descubrimientos
antropológicos y los de la conducta de primates que aportan,
en contra de las creencias estereotipadas, que las hembras tienen un
importante papel en su sociedad y que participan en la caza en grupos
(técnica tradicional compartida por los primeros humanos)
(estudios realizados en diferentes especies primates en la
década de los 60s por Goodall, Galdikas, Fossey, Strum y en la
de los 70s por Thompson-Handler,... basados en la
consideración de que la conducta humana se deriva de la de
nuestros antepasados animales, aceptada la teoría de Darwin
sobre la evolución humana a partir de los primitivos
protohomínidos).
De manera que,
algunos historiadores, han logrado imponer en el mundo
arqueológico español, desafortunadamente, el
androcentrismo (en palabras de Victoria Sau: enfoque unilateral que
toma al varón / hombre como medida de todas las cosas). Y no
aceptan las teorías sobre el importante papel femenino en la
Prehistoria. Y han divulgado la idea de que la caza era ejecutada
exclusivamente por los varones, distorsionando la
participación femenina, cuando en el Paleolítico la
caza aún cubría las necesidades alimenticias de la
sociedad y era la mujer quien proporcionaba el alimento a sus hijos:
la mujer cazaba. E igual creencia tenía Childe y otros
eminentes historiadores, como la antropóloga Sally Linton
(1979, 44) que defiende que "toda la
banda viajaba y cazaba junta". Y
Julien (1986, 30) confirma: "Para N.
Tanner, no sería «el hombre cazador» sino «la
mujer cazadora» quien sería responsable de la emergencia
humana."
Y
teoría, confirmada además, por diferentes
manifestaciones plásticas de muchos lugares distintos,
halladas tanto al aire libre como en cuevas y abrigos pocos
profundos, que presentan a cazadoras con arco y flechas, que
atestiguan de modo inequívoco, que las mujeres cazaban en la
Prehistoria, en todo el universo.
Entre ellas,
las pinturas rupestres de estilo capsiense de cazadora de Damaraland
de Rodesia / Zimbabwe (Lám. 2, a) datada en el IV milenio adne
y la cazadora de Bramberg pintada en el Santuario de Maack, Namibia
datada entre los años 1000 al 650 adne (Lám. 2,
b).
Son ejemplos de
forma análoga, las cazadoras con arco y flechas pintadas en
escenas prehistóricas en el levante español:
La cazadora del
Barranco de los Gascones, Calapatá del término de
Cretas, Teruel (Lám. 3, a).
La cazadora de
la Cueva Freixet, del Perelló, Tarragona (Lám. 3,
b).
La cazadora del
Abrigo de la Vacada, Santolea, Teruel (Lám. 3, c).
La cazadora
pintada en rojo de la Cueva del Civil / Coves de Ribasals del
Barranco de Valltorta, Castellón (Lám. 3, d)
(está rodeada de gran número de cazadoras de rasgos
similares en posturas diferentes que no he dibujado).
La cazadora de
la Cueva de los Caballos (Lám. 3, e) [existe calco del panel
completo de Benitez Mellado y según refiere Beltrán
(1968) actualmente está arrancada].
La cazadora
desplazándose a zancadas con flechas pintada en rojo de Els
Secans, Mazaleón, Teruel (Lám. 4, a).
La cazadora en
postura similar de la Cueva del Tío Garroso de Alacón,
Teruel (Lám. 4, b) (alrededor otras cazadoras, cazador
fálico y animales no dibujados).
La cazadora de
la Cueva Remigia, La Gasulla en Ares del Maestre, Castellón,
datada en el V milenio adne (Lám. 4, c).
Las cazadoras
del Val del Charco de Agua Amarga, Valdealgorfa, Teruel (Lám.
5, a) (forma parte de un gran panel no dibujado).
La cazadora de
la Cueva de Obón, Teruel (Lám. 5, b).
Las cazadoras
ibéricas, al igual que las africanas, tienen semejante
melenita, atuendo y rodilleras, aunque sin mamas, ausencia origen de
que sean considerados "arqueros", por parte de muchos autores de los
manuales ibéricos. Aunque es peor el error que cometió
Vives, otra autoridad en el mundo de la arqueología
española, al considerar masculinas, varias figuras con grandes
mamas, grabadas en monedas levantinas ibero-romanas. Y considera
"Tipo del jinete", "jinete con lanza" tanto la "Amazona con Palma" de
una moneda de Tarragona (Lám. 6, a) como la "Amazona con
Lanza" (Lám. 6, b) de la ciudad levantina denominada con el
nombre inscrito en la moneda.
REPRESENTACIONES ARTÍSTICAS DE CARÁCTER METAFÓRICO, NO REFLEJOS DE LA VIDA COTIDIANA
En realidad las
pinturas de "escenas de caza" cuyas protagonistas son cazadoras o
recolectoras, tanto africanas como levantinas, son del
neolítico, época en la que la economía estaba ya
basada en el cultivo vegetal, pero en el caso de las protagonistas
cazadoras, representarían por un lado:
- Ser herederas
de la mujer en su arcaica existencia real, cuando en principio la
mujer cazadora era quien proporcionaba el alimento a sus hijos y
cuando en el Paleolítico la caza aún cubría las
necesidades alimenticias de la sociedad.
- Pero dado que
las figuras artísticas de cazadoras en "escenas de caza",
fueron realizadas por pueblos que se alimentaban de la agricultura,
demuestran que las protagonistas tendrían carácter
simbólico y metafórico y no reflejan escenas de la
"vida cotidiana", ya que la tarea más habitual en el
neolítico era la relacionada con la agricultura. Y por
consiguiente las "escenas de caza" no perseguían
mágicamente asegurar la caza, deducción corroborada por
el hecho de que los animales representados, no eran los que les
servían de alimento (extrapolando los resultados de los
estudios realizados por Leroi-Gourhan, hace más de cuarenta
años en otras regiones, de los restos de comidas dejados por
lo autores de las pinturas en "escenas de caza"
análogas).
En realidad la obras de arte de cazadoras, además de reflejar a la mujer en su arcaica existencia real, representarían mitos, tendrían contenidos religiosos y simbólicos. Y por tanto las cazadoras en "escenas de caza" serían en realidad, protagonistas de las mitologías históricas, reflejadas en escenas artísticas simbólicas.
En estos casos, las obras de arte prehistóricas levantinas, no se diferenciarían de las obras de arte de otros regiones primitivas, cuyas motivaciones eran simbólicas. En palabras de Clottes (1995, 64): "En los casos de los aborígenes australianos, de los indios de América y de los bosquimanos de África del Sur, el arte rupestre tiene objetivos religiosos o mágicos; el artista comunica mitos y leyendas. El arte prehistórico estaba asociado probablemente a ritos..."
No nos ha
quedado constancia de mitos de principios de la época
histórica levantina, heredados de la Prehistoria,
protagonizados por cazadoras. Pero conocemos los similares de muchos
lugares distintos, protagonizados por Diosas / heroínas
cazadoras, denominadas: Annika, Arduina, Artemisa, Atalanta,
Attart-Sem, Basa Grande, Bendis, Britomartis, Calisto, Cirene,
Devana, Diana, Eucaris, Hécate, Hippe, Kalgama, Mielikki,
Minerva (Podarga, Lafria, Venatriz,... ), Mixcoac, Phiala, Procris,
Skadhi, Zenobia, Zewana,... que pone de relieve la persistencia de la
antiguas instituciones matriarcales en todo el universo.
MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS DE CARÁCTER ASTRONÓMICO
Y tampoco las
obras de arte prehistóricas levantinas, se
diferenciarían de las obras de arte de otros regiones
primitivas, cuyo significado era astronómico. Leemos en Haynes
(1997, 72) refiriéndose a una pintura del pueblo Yirrkala de
Oceanía de una "escena de caza" animalística, en la que
aparece un tiburón persiguiendo a una raya (Lám. 7,
a): "A tribal bark painting
representing the Southern Cross and its Pointer Stars, Alpha and Beta
Centauri. This depiction from Yirrkala shows the stars of the
Southern Cross (a stingray) being chased by the Pointers (a
shark)." (Siendo tanto la figura del
tiburón, identificado con la constelación Centauro,
como la de la raya, identificada con la constelación de la
Cruz del Sur, figuras animalísticas personificaciones de sus
Divinidades).
Curiosamente
encima de las figuras aparecen una serie de dibujos radiales que
forman determinado dibujo: justamente las configuraciones de
estrellas de las constelaciones de Centauro y de la Cruz del Sur
(caso artístico que no es el único que refleja tanto la
situación estelar de forma explícita y la
representación simbólica). Hemos representado en
(Lám. 7, b) la configuración real de estrellas.
En este caso la
constelación Centauro sucede a la Cruz del Sur, constelaciones
en sucesión, que junto con otros hechos astronómicos,
tiene lugar en determinado día del calendario del pueblo
Yirrkala, bien en su reaparición matutina o en su ocaso
crepuscular y anunciadores de fenómenos estacionales y de
diferentes etapas del crecimiento de la vegetación, al igual
que otros hechos astronómicos anuncian la recolección u
otra tarea agrícola.
Añade
Haynes en (1997, 73): "Like many
primitive cultures, the Aborigines saw the heliacal risings of bright
stars or constellations as indicators of seasonal events."...
"Arturus appearing in the dawn sky prompted the Aborigines of Arnhem
Land to begin harvesting spikerush for fish traps and baskets."
(O sea que la reaparición
matutina / levantamiento heliaco de la estrella Arturo anuncia la
recolección de determinado vegetal y de la misma manera el
ocaso crepuscular de otras estrellas o constelaciones, anuncia otras
etapas de la vegetación).
Y añade
Haynes en (1997, 74): "Without any
technological means of controlling their environment, the Australian
Aborigines depended completely on the cycles of the natural world for
survival. Not surprisingly, their interest in the stars was not in
extraordinary occurrences, such as supernovae or comets, but in
regular patterns. Aboriginal legends have "humanized" cosmic
phenomena by associating them with the behavior and motivation of the
tribal group."
De manera que
la finalidad de las pinturas de "escenas de caza" de los
aborígenes australianos era controlar y asegurar el alimento y
por tanto la supervivencia, en función del crecimiento de la
vegetación a lo largo del año: tiempo de siembra, de
recolección, ... dependiente de los fenómenos
cíclicos, en coincidencia con las constelaciones
cíclicas e igual finalidad tendrían las
levantinas.
Y mientras la
figura del tiburón-constelación Cruz del Sur, que
persigue una raya-constelación Centauro, reflejada en la
"escena de caza" artística, plasma una leyenda de la
mitología de Oceanía, protagonizada por animales, con
las que pretendían invocar a las Divinidades que animaban las
diferentes constelaciones, que ocupaban diferentes posiciones en
días señalados de su calendario, para que enviara los
fenómenos favorecedores del crecimiento de la
vegetación, en coincidencia con los diferentes hechos
astronómicos cíclicos plasmados. Y por tanto la "escena
de caza" era propiciatoria de la Fertilidad de la cosecha. De manera
similar en el Levante español, los protagonistas en "escenas
de caza", también representarían a sus Divinidades,
siendo protagonistas de la mitología arcaica, reflejada en
obras de arte y corresponderían a personificaciones Divinas /
máscaras, con la que ejercían diferentes funciones /
enviaban diferentes fenómenos, coincidentes con ciertos hechos
astronómicos, sucedidos en días de fiesta del
calendario astronómico arcaico.
Y según
mis estudios, las cazadoras ilustradas en los dibujos de mi
exposición, se identifican con la Divinidad que animaba la
constelación Orión y el animal con la Divinidad que
animaba la constelación Híadas "Lluviosas". Y por tanto
las diferentes "escena de caza" ilustradas, serían
propiciatorias de las lluvias antes de la primavera, en coincidencia
con el ocaso de las constelaciones que plasman.
CONCLUSIÓN
En fin, dado
que gran parte de las figuras representadas con armas como arcos y
flechas, pintadas en escenas simbólicas levantinas
prehistóricas, han sido consideradas masculinas en numerosos
manuales ibéricos por condicionamientos machistas, y sin
embargo deberían ser consideradas protagonistas femeninas:
Diosas / heroínas de las mitologías históricas,
acorde con el hecho de que aún a principio de época
histórica en Iberia, lo femenino predominaba en el mundo
sobrenatural y en el culto, acorde también con la evidencia
arqueológica de que las más arcaicas manifestaciones
escultóricas halladas en Iberia son prioritariamente
femeninas, estando las figuras masculinas casi ausentes hasta el
siglo IV adne, y acorde asimismo con el hecho de que las mujeres
arcaicas usaban armas, según afirma Valdellano (1989, 236):
"A su vez las mujeres llevaban
cuchillos y puñales, puesto que aparecen en los ajuares
funerarios...", es llegada la hora
del abandono del androcentrismo y sexismo y del abandono de las
descripciones manipuladoras.
Hora es de
analizar los documentos y no las opiniones estereotipadas existentes.
Hora es de revalorizar y recuperar el importante papel ancestral
femenino. De proclamar que nunca ha sido cierta la idea imaginada por
influyentes historiadores que proyectaban sobre la Prehistoria de
"los varones como seres superiores que subordinaban a las mujeres,
consideradas seres maltratados y sumisos". Como apunta Fisher (1982,
110): "Tres tratados más, todos
de científicos sociales influyentes, remitieron el parentesco
primitivo a la mujer, a la madre. Estos estudios no atribuían,
sin embargo, ningún estatus social generoso a las mujeres
primitivas. Como la mayoría de estos pensadores
concebían a los hombre y mujeres prehistóricos como
individuos similares a los que veían a su alrededor de la
Inglaterra victoriana, se imaginaron a sus ancestros masculinos como
los patriarcas agresivos, dominantes, militantes y autoritarios de
aquellas familias matrilineales. Y describieron a las hembras como
seres sumisos, débiles, inactivos..."
Hoy día
no puede seguir aceptándose estos modos machistas ni se debe
actuar con inhibición frente a tales atentados. Basta ya de
amparar legalmente un código de modos y hábitos
machistas.
Los
protagonistas de las pinturas prehistóricas levantinas, tanto
varones y mujeres, deben adaptarse a los avances de la ciencia.
Sigamos
considerando como "... figuras
masculinas (las) que, en muchas ocasiones, tiene marcado el sexo, a
veces exageradamente acusado." Es
decir las itifálicas.
Y empecemos a
considerar, por justicia y respeto a la ciencia, tengan mamas o no,
como figuras femeninas las abundantísimas "... figuras asexuadas", "...tipología de
«cestosomáticos» (figuras muy alargadas, de torso
triangular y piernas robustas y largas),
«paquípodos» (representaciones cortas de
proporciones muy gruesas) ..."
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