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Estudios de Género
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Francisca Martín-Cano Abreu
No tiene
sentido que se siga dando validez a las falsas deducciones de algunos
antropólogos, arqueólogos y divulgadores de la ciencia
prehistórica, sobre las relaciones entre los sexos en las
sociedades antiguas, ya que infirieron hechos aventurados sin el
suficiente apoyo.
Afirmaban
que las mujeres, desde el principio de los tiempos de la cultura
humana, habían jugado un papel subordinado y dependiente del
varón en lo sexual y lo económico. Y lo
defendían, a pesar de que no existía ninguna prueba
científica que sostuviera tal idea, a no ser el hecho de que,
en el momento histórico en que hicieron sus conjeturas, las
mujeres que ellos conocían, estaban subordinadas y eran
mantenidas por varones trabajadores y sustentadores de su familia.
Dado que creían que la causa de su sumisión era
genética, consideraron legítimo proyectar su realidad
para el resto de las mujeres de todos los continentes y para la Edad
de Piedra: todas, al igual que las de su entorno, dependerían
para su sustento y el de su prole de un varón con el que
estaría unida en una relación de pareja
monógama.
Y
también, lamentablemente especularon, y afirmaron con
rotundidad fuera de toda duda razonable, que nuestras ancestras en
algún momento de la evolución, habían conseguido
que un cazador les hiciera la vida más fácil, al
cambiar sexo por carne, gracias a que se habían vuelto
receptivas sexualmente recién paridas. Por lo que frente al
derecho sexual del «esposo cazador» que le
«pagaba» con carne de caza, tendrían la misma
sexualidad dependiente que las esposas que tenían en su
entorno: aquéllas serían igual que las suyas, con una
vida sexual como valor de cambio. Y se mantendrían puras,
acartonadas y pasivas en el coito, sin deseo voluptuoso, como un
objeto que sólo proporcionaba la ocasión para el placer
del que las sustentaba.
Jones y Pay,
hablando del sesgo habitual en que se construye el conocimiento,
afirman en (1999, 328): ... la bibliografía arqueológica
está impregnada de suposiciones, afirmaciones y puntos de
vista sobre el género que derivan más de experiencias
contemporáneas que del análisis científico. El
modelo evolutivo del hombre-cazador: incluye un conjunto de
suposiciones sobre hombres y mujeres -sus actividades, capacidades,
relaciones interpersonales, posición social, valor relativo, y
su contribución a la evolución humana- que resumen el
problema del androcentrismo. En esencia, el sistema de género
que muestra el modelo presenta un parecido asombroso con los
estereotipos de género contemporáneos.
No
sólo parece que los roles de género no han cambiado
desde la Prehistoria, sino que el valor de la experiencia de la mujer
en el pasado se considera similar al del presente.
Desafortunadamente, durante demasiado tiempo, los divulgadores de la
ciencia prehistórica pusieron todo su talento narrativo a
recrear la Prehistoria y construyeron un pasado sobre las relaciones
varón-mujer con prejuicios igualmente machistas, confundidos
por creencias que poseían una larga tradición en la
Arqueología y en la Antropología. Y se atrevieron a
divulgar la idea de que la mujer prehistórica era arrastrada
por los cabellos y violada por parejas prepotentes. No consideraron
absurdo tal razonamiento. Era lo normal después de estar tanto
tiempo bajo la influencia de interpretaciones
«científicas» de sesgo patriarcal. Debieron de creer
que tales ideas androcéntricas estaban acreditadas con pruebas
genéticas, científicas o artísticas, cuando en
realidad sólo eran las presunciones infundadas de algunos
investigadores, fuertemente condicionados en los valores
machistas.
Lo que
hoy conocemos como ciencia es el producto de la historia anterior, de
la historia de la humanidad durante algunos miles de años;
pero resulta evidente que no es la ciencia como verdad excluyente y
definitiva, no es la única posible, no es neutral ni
está por encima de esa humanidad conflictiva que le dio forma
específica.(...) Afirmamos que la ciencia se ha construido
desde el poder y que el poder ha puesto la ciencia a su servicio y
afirmamos también que se ha construido de espaldas a la mujer
y a menudo en contra de ella. (Durán, 2002).
Así
que, no tiene nada de extraño, que en las sociedades
occidentales del siglo XXI, muchas personas, propias y
extrañas a la comunidad científica, las sigan creyendo
como «verdades científicas e inamovibles», ante las
cuales no hacen mucha mella los nuevos descubrimientos de la
Etología y de la Antropología de Género.
(Ésta última surgida para compensar los estudios de la
Antropología a secas, pretendidamente
«científica», aunque no totalmente objetiva, ya que
sus estudios fueron elaborados por antropólogos, condicionados
hasta hace poco, exclusivamente en valores sexistas).
Los
recientes hallazgos, aportan pruebas científicas que muestran
fácilmente la debilidad de los argumentos de quienes defienden
la existencia de la monogamia heterosexual eterna y la
subordinación femenina genética. Pero, a pesar de que
tales descubrimientos, ayudan y a dan sustento a las feministas y a
quienes defienden la igualdad entre los sexos, las nuevas ideas se
estrellan contra una muralla de piedra.
Muralla
sustentada en presunciones, prejuicios y estereotipos sobre la
desigualdad y superioridad de unos sobre otras. Y defendida por
algunas autoridades «científicas» que durante
muchísimo tiempo han ejercido el poder en el mundo oficial
académico de muchas disciplinas. Además, tales ideas
fanáticas las han trasmitido a todos los campos del
pensamiento occidental y las han logrado imponer en las mentes de
gran parte del resto de los nuevos
«científicos».
Por lo que,
no son muchos los que quieran prestar la mínima
atención a los descubrimientos que «importunan» a
las autoridades «científicas» androcéntricas,
que son las tienen el mando y de los que dependen.
Por ejemplo,
muchas feministas académicas no se atreven a despojar a las
autoridades de sus prejuicios abiertamente para no perder sus
puestos, o se muestran reacias a contradecirlos, ya que son seres
adaptativos, y lógicamente actúan según la
historia de refuerzos.
Otros
académicos, no desafían a las autoridades, bien porque
se identifican con las ideas implementadas por quienes gozan de
prestigio, por lo que lógicamente piensan que personas tan
eximias no iban a mentirles. En otros casos, aunque no se
identifiquen con esas ideas, son timoratos, y no se atreven a
cuestionar la autoridad, porque quieren formar parte del universo
poderoso academicista, así que se pliegan a sus falsas
ideas.
En cualquier
caso, no todos los que forman el mundo académico: de la
Arqueología, de la Antropología, de la
Sociología..., pueden soportar la inconfortabilidad de ser
marginada por no compartir las creencias o seguir las consignas del
poder, ya que se necesita dedicar mucho tiempo, esfuerzo y tal vez
riesgo personal en la lucha necesaria para ello.
Y
además, en el mundo oficial de diversas disciplinas
«científicas», las autoridades que lo integran
siguen sin prestar la mínima atención a los avances de
las ciencias. Incluso algunos de ellos se dedican con maneras
autoritarias a frustrar con críticas, las monografías y
artículos escritos por quienes sí que los tienen en
cuenta.
Bien los
descalifican como no científicos, a pesar de su sólida
base científica, porque aportan pruebas que contradicen sus
afirmaciones y cuestionan los paradigmas defendidos por ellos. Su
cerrazón es la lógica ante las ideas innovadoras que
rebaten sus dudosas afirmaciones. Por lo que oponen gran resistencia
a su acreditación: para evitar que se modifique el status quo
vigente; y para evitar perder los privilegios adquiridos. Saben que
si las apoyaran, dejarían de vender los libros que forman
parte de los manuales curriculares y que han sido escritos desde la
visión antigua; también dejarían de ser
invitados a los Congresos de sus disciplinas; dejarían de ser
citados en los trabajos académicos; dejarían de
monopolizar el poder, tanto en Museos como en Departamentos
universitarios; y el «derecho» a conceder a dedo
importantes cargos, tanto a sus hijos como a los alumnos aduladores y
sumisos...
O los
desconsideran tachándolos de subjetivos, amparándose en
que incluyen el punto de vista feminista, en nombre de una falsa
objetividad que no tiene, según parece, los que defienden la
visión machista. Porque: Las ideologías masculinas se crean a partir de
la subjetividad masculina: no son objetivas, ni están libres
de valores, ni son las únicas ideologías
«humanas». El feminismo exige que reconozcamos en toda su
extensión su falta de validez para las mujeres, su
distorsión, androcentrismo, y que comencemos a pensar y
expresar ese reconocimiento (Rich, 1980, p. 207). (Jones y Pay, 1999: 323).
Queda
claro, por tanto, que la interpretación arqueológica se
ha visto condicionada por un conjunto de asunciones implícitas
sobre el género y que el papel de las mujeres en el pasado no
ha recibido una atención explícita. La
interpretación y presentación androcéntrica del
pasado está estructurada, a la vez que estructura, por la
esfera ideológica y simbólica de nuestra sociedad, en
tanto que el pasado duplica y legitima las normas y valores
actuales. (Gero,
1999: 36).
Todas
estas cosas son mitos que se fomentan porque en realidad el feminismo
es una ideología totalmente igualitaria que ataca estructuras
que privilegian a unos para discriminar a otras, y eso hace que no
sea querido. (Mª
Isabel Menéndez, 2004).
Si todos los
interesados en la Antropología, la Arqueología, la
Sociología... tuvieran una educación más
liberal, o no tuvieran miedo de perder algo con ello,
reconocerían los nuevos hallazgos etológicos,
antropológicos, arqueológicos, sociológicos,
etnohistóricos...
No obstante,
desafortunadamente, la mentalidad machista, con su poder devastador,
se ha asentado demasiado profundamente en el mundo académico
de esas disciplinas y quizás algunos descubrimientos o las
revisiones de las antiguas interpretaciones sesgadas, hayan llegado
demasiado tarde.
De todas
formas, se necesita muchísimo más esfuerzo que el
existe en la actualidad, para tirar la fortaleza de presunciones
machistas levantada durante tanto tiempo en tantas disciplinas
académicas.
BIBLIOGRAFÍA CITADA:
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