Eduardo decide abandonar la casa paterna en busca de la libertad con el único deseo de una independencia alejada de las fantasías frustradas que azotaron su juventud. Su nuevo trabajo va a ser el trampolín hacia una vida adulta totalmente opuesta a la rancia vara progenitora. Y es que Eduardo, a sus 37 años, es lo que más anhela: Ganarse la vida de verdad.

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