"Zurita" en en Universo Filosófico
de Leopoldo Alas "Clarín"

(Extracto del Artículo El universo filosófico de La Regenta

Miguel Angel de la Cruz Vives
Catedrático de Filosofía
I.E.S. Arquitecto Peridis
Leganés (Madrid))


...
En 1883, publica Clarín un cuento en el que mientras unos ven un "ajuste de cuentas" con el krausismo, otros lo niegan fehacientemente. Me refiero a
Zurita, incluido en el volumen Pipá, que cuenta la historia de don Aquiles Zurita, tímido estudiante provinciano que llega a Madrid para sacudirse el polvo de la provincia y queda deslumbrado por el krausismo. La juventud de Zurita se consume en la vana espera de la revelación del Ser en la Unidad, desdeñando cuantas emboscadas eróticas traman varias señoras a su yo finito, pues a lo que aspira no es sino a disolverse en lo Infinito, siendo uno con el Todo. El desengañado Zurita verá al positivismo campar por sus respectos incluso entre las filas de los krausistas y acabará como catedrático de Instituto en un apartado pueblo de marineros, donde será recordado a la postre no por sus hazañas filosóficas sino por su pericia gastronómica tocante al pescado.
La patética aventura de Zurita resulta bajo la pluma de Clarín una sátira mordaz y cruel: el personaje no inspira piedad sino burla. Es imprescindible para situar la evolución ideológica de Clarín este cuento, sobre cuyo significado se han dado opiniones contrapuestas. Así, mientras Luis Saavedra opina que
"es, posiblemente, el ataque más mordaz, la obra de ficción más desdeñosa para con el krausismo, que salió de una pluma liberal de la época"9, Antonio Ramos-Gascón es de la opinión contraria:
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No se ridiculiza al krausismo en esta estupenda narración; se dirige la sátira contra unos personajes que, en reducidos círculos, debieron abundar en el Madrid de los años setenta... En el mundo ideológico de sus años de estudiante en Madrid proyecta Clarín la historia de esta "cándida avecilla" con nombre de Zurita, personaje que apenas tiene nada de autobiográfico. Llena la narración de situaciones y anécdotas vividas o presenciadas por el autor, no es que Clarín se asome con sarcasmo a la historia de sus propias inquietudes en la primera juventud, sino que las utiliza como marco para estudiar el comportamiento de un humorístico ser que, inmerso en un medio similar, no acierta a captar y trascender lo que Alas entendió y superó10.
Creo que Ramos-Gascón se equivoca al suponer a Leopoldo Alas apegado al krausismo toda su vida, al menos en su parte doctrinal. El cuento referido tiene pasajes que claramente indican el alejamiento de Clarín de la metafísica krausista. Pero tampoco creo que deba entenderse la obra simplemente como una sátira de los krausistas. El tono con el que parodia los postulados metafísicos de Sanz del Río y su lenguaje abstruso es ciertamente sangriento. Pero, sin embargo, hay un comedimiento evidente cuando Salmerón y Giner de los Ríos son aludidos en el cuento. Clarín reconoce la valía de ambos aunque no comparta totalmente sus ideas. El krausismo, de hecho, ha decaído en esta época desde que el positivismo le planteara batalla y el propio Salmerón acabará militando en sus filas. En este sentido, el cuento no hace sino levantar acta de la evolución ideológica del liberalismo español.
Sátira la hay, sin duda, de los krausistas; pero también, ciertamente, de los positivistas:
Discutiendo tímidamente en los pasillos con un paladín de los hechos, con un enemigo de toda conciencia a priori, Zurita, que sabía más lógica que el otro, le puso en un apuro, pero el de los hechos le aplastó con este argumento:
-¿Qué me dice usted a mí, santo varón, a mí, que he comido tres veces con Claudio Bernard, y le di una vez una toalla a Vulpian, y fui condiscípulo de un hijo del secretario particular de Littré?11
La sátira está dirigida en un caso y otro más que hacia la propia doctrina, hacia los abundantes contemporáneos de Clarín (y nuestros) que abrazan una doctrina sin entenderla. Las referencias que aparecen en
La Regenta a distintas corrientes ideológicas son de corte similar:
Una mujer casada peca menos que una soltera cometiendo una falta, porque, es claro, la casada... no se compromete.
-¡Esta es la moral positiva! -decía el marquesito muy serio cuando alguien le oponía cualquier argumento- Sí, señor, ésta es la moral moderna, la científica; y eso que se llama el Positivismo no predica otra cosa; lo inmoral es lo que hace daño positivo a alguien. ¿Qué daño se le hace a un marido que no lo sabe?
Creía Paco que así hablaba la filosofía de última novedad, que él consideraba excelente para tales aplicaciones, aunque, como buen conservador, no la quería en las Universidades.
¿Por qué? Porque el saber esas cosas no es para chicos.12
La burla no va dirigida a las doctrinas sino a los personajes. Clarín que no fue ni positivista ni krausista ortodoxo adopta un distanciamiento respecto al contenido doctrinal y se ríe mordazmente de tanto zoquete que se pavonea de profesar lo que no comprende.
Hay, además, en
Zurita otro extremo que merece la pena destacarse: el cambio que se produce en la anatomía y en las costumbres del personaje cuando cambia de doctrina. Así, don Cipriano, que introduce a Zurita en el krausismo, y que es un hombre "cejijunto, taciturno y poco limpio", que vive solitario y sin un céntimo en una miserable pensión, tras su conversión al positivismo casa con mujer rica, bautiza a su hijo y vestido de "levita muy limpia y flamante" va a ver torear al Gallo. El mismo Zurita adelgaza y empalidece mientras "esperaba encontrar a Dios en la conciencia, siendo uno con Él y bajo Él", que no se preocupa de lo que come, sufrirá una transformación no menos singular al convertirse en un gourmet. Cambios fisiológicos similares encontramos en La Regenta.
En cualquier caso, Clarín va a interesarse por el positivismo a través del naturalismo precisamente en los años en los que escribe
La Regenta...



Texto extraído de  http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/regenta.html


© Miguel Angel de la Cruz Vives 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid




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