HERNÁN LARA ZAVALA

Primavera

Parece que el señor era pueta. Pueta y profesor por que trabajaba en la luniversidá. Italiano. Diunos cuarentaitantosaños.Viudo. Su esposa murió en un accidente, fíjese. Un choque. El se salvó porque no nuiba con ellos. No, no fue aquí, fue en ¿cómo dicen? Colorado, o no sé qué. Estados Unidos, creo. De cuatro quiban con el coche  sólo se salvó Corina questaba todavía rechamaquita. También murió la cuñada del señor, su hermana de la señora, y pobre, también su hijo, el sobrinito del señor. No sé si usté llegó a ver la cicatriz  que la niña traia en la pierna. Fue desdentonces, cuando ellapenas tenía dos años. ¿Aquí? Al principio vivían ellos dos solos sin nadien que les ayudara. Pero era harto trabajo paél: hacía el desayuno, la llevaba a lescuela, siba a trabajar, luego la comida. Una lata. Cuando yo la conocí ella yera mayorcita: tenía comunos diez años. A mi me recomendó la dueña del edificio. Pa qué le digo que no me hallé luego luego. Me levantaba a hacer el desayuno, arreglaba la casa, cocinaba, lavaba y en las tardes cuidabalaniña. La escuincla estaba retebién chula: tenía unos ojotes verdes así de grandotes y el pelo chino y güerillo. Crecidita pa su edad. El señor decía que se parecía mucho a la mamá quesquera degipt. Es de que se conocieron por allá, por la tierra della y pos por allá también se casron. Y es quel señor era bien patadeperro. Le gustaba andar de un lado paotro. Antes dirse me dijo que llevaba quince años sin ver su tierra, ¿usted cree?.
Si, la Corina estaba chula. Aunque luego era medio malhora, no crea. Les levantaba las enaguas a las amigas del señor para verles los calzones. Les hacia pasar unas penas. A veces hasta conmigo se protaba canija. Le gustaba darme clases ditaliano y me ponía unas regañadas porque yo no podía hablar comuella que pa qué le cuento. Claro, luego era retetierna. Aunque me hacía hacer muinas me quería. Como no tenía mamá el día de las madres yo lacompañe a lescuela y me regalunacajita de madera quella barnizó y pintó con sus propias manitas. Y hasta me dijo que leandaba pa que su papá se volviera a casar. Pobrecilla,quería una mamá.
¿Que le cuente dél? Pos... era callado y más bien serio. Alto él. Un amigo suyo, el señor Sergio, que también erataliano, le decía que tenía una nasso mundano o algo así y los dos se reiban harto cada vez que don Sergio le decía eso. Y es que mi patrón era narigudo. Le gsutaba cada cosa: lavena con sal, los pepinos con llogur y el espaguetti quesque al diente quera así como medio crudón. Al principio meandaba andaleando: todo tiene su tiempo pastar en la lumbre. me decía. Hasta que me compró unos desos relojitos con su campanita pa que yo pudiera guisar.
Pero cuando estaba de beunas se volvía reguasón. Hacía comoque siba a trabajar parirse a luniversidá y se despedía de Corina, risirisa, le decía quiba sin zapatos y él se pegaba en la frente, alzaba  las cejas retechispa y regresaba a ponérselos.
¿Novia? Ya parece... ¿No le digo quera rebien tímido? Fíjese, habia una muchacha, una tal Delia, que lehablabaileablaba todo el santo día. Al principio el señor le contestaba pero ya después se negaba. Y es quella era diun rogona. Ah y no crea también le gustaba a la dueña del edificio, la que me recomendó con ellos. Que luinvitaba a cenar, que le prestaba su calentador por que el departamento era más bien frío, que sacaba a la niña a pasiar, ¡uy! diun amable que ¡digo! Peruél era más rejego. A veces subía a cenar con ella pero tan luego acababa se retachaba posqué.
La verdá es que en la casa se la pasaba leilei. Ahí de vez en vez venía el señor Sergio y se sentaba en la sala  platiquiplatica de puetas y tomitomi. Yo les preparaba la cena y miba acostar a la niña. El señor se paraba de la mesa, volvía a la sala y se ponía a recitar manotiando y decía quiba como un puerco por el mundo y que la panza diuna señora era común zócalo con solecito y que sus chiches eran como dos iglesitas ondél deso pedía su lismona y no sé qué tantos cochinadas más.
¿Qué quién más quería con él? Uy le sobraban, fíjese. Había otra que se llamaba Maru. Venía a cada rato: que a comer, que de visita, que a tomarse un cafecito. Luego por eso el señor que me decía, oiga, dice, va a venir la señorita Maru, dice, no me vaya a dejar solo con ella. Tons yo me bajaba el burro y me ponía a planchar en la cocina. Yo nomás veía que la seño se paraba a espiar si ya me habiaido. Pero yo no me movía deahí pos qué. A veces me quedaba hasta bien noche: planchaba las camisas del señor, la ropa de la niña y luego hasta mis trapos pero yo no miba hasta que siba la señorita Maru. Ya, diarito.
Que yo me acuerde nomás una persona le gustaba: la vecina del seis, que vivía en el departamento denfrente. Eruna señora joven, macisita ella, grandotota sin ser caballona, del norte creo, desas que se ríen con los ojitos. Lástima ques casada, le decía yo al señor. No le aunque, me respondía él, no le aunque. El señor le puso un apodo pa que Corina, quera medio pinga, no supiera de quién hablábamos. La primavera. Oiga me decía cuando la niña no estaba o cuando estaba distraída, ¿no ha visto a la primavera? Y yo nomás vía cómo se le iluminaban los ojitos.
¿Que por qué le puso primavera? La mera verdá no sé. Que se me hace que porque  se vestía así como muy florida. El señor siempre la andaba chuliando. Esa primavera me ha hecho reverdecer, decía. Oiga Jovita, ¿usté cree que la Primavera voltearía a ver a un narigón como yo? No crea, a veces también el señor era medio mustio.
¡Entrél y la Primavera? Pos si viera que la verdá nunca supe bien. Al principio se encontraban en las escaleras y el señor la saludaba muy serio, comueraél. Y a veces, cuandiba yo sola y me encontraba a la Primavera  ella me preguntaba así, medio de guasa, qué cuenta tu patrón, dice, a poco a ti te platica de puetas. Pos luego, contestaba yo.
¿Su amistá? Déjeme ver... Ah, sí el día del cumpleaños de la niña quera el dieciseís de junio. El señor queleorganiza una fiesta. Invitaron a una bola de chamaquitos: los de lescuela, los del parque y hasta algunos papases. Como teníamos poquitas sillas no había dónde sentar a la gente, sobre todo a los señores, ya ve que los niños se acomodan ahí onde caiga. En eso que se oye el timbre yimagínese: era la Primavera para prestarnos sus sillas del comedor.
El señor lueguito la vio y se le iluminó la cara. La ayudó con las sillas y linvitó a pasar y esa tarde estuvieron güirugüiri. Luego menteré, por otra   de las vecinas, que la Primavera había dicho que mi patrón era muy simpático, que le caiba, aunque le parecía un poco bohemio, usté sabe, por aquello de quera pueta. ¿El? Uyy, nihabla. A cada rato me decía que su corazón había vuelto a cantar, ¿cómo iba?... quesquel invierno de sus desdichas se habíacabado. Voooy.
Desdeldía de la fiesta platicaban harto. El señor se pasaba las tardes en la casa y a veces, cuando Corina y yo retachábamos del parque, cuando ya estaba pardeando encontrábamos a la Primavera tomando café con él. sólo un pueta puede ver la luz de tus ojos, oí que decía mi patrón, y ella, medio chiviada, sólo le contestaba locuras, miesposo nopina lo mismo, yo no sirvo pa nada, ni sé cocinar. Y ella se atacaba de risa.
Una vez la Primavera y su esposo los invitaron a cenar a él y  a la niña. Él dijo que tenía un compromiso. Pero nuera cierto. Lo que pasaba es quel licenciado, el marido de la Primavera le caiba retebiengordo. Y cuando yo decía el licenciado, el señor de la Primavera, mi patrón senojaba y decía, nues su señor, dice, ella nues de nadien, menos diunlicenciadillo. Yaa ¿Usté cree?
¿Como sospechosas? No... aunque quien quita ora que lo dice... A veces ella llegaba con su lista del super a platicar. Corina la quería mucho y siempre se sentaba junto de ella y lenseñaba sus cuadernos y sus juguetes. Hasta que mi patrón me llamaba: hazle un favor a la señora, dice, vayan tú y Corina a hacerle la compra a la Comercial. Yahí nos tiene a la niña y a mí yendo por el mandadode la Primavera paquellos pudieran quedarse solitos. Al chico rato volvíamos cargadas con la compra y bien cansadas. Ora que lo pienso como que se me acuerda que la cama nuestaba como yo la tendía. Onde que a lo mejor no sabré hacer espagueti al diente pero tender una cama... aunque tampoco hay que ser malpensados, ¿no?
Bueno y todo esto a usté qué. ¿Ah, el licenciado? Bueno. . . No, sobre todo hablaban, platicaban. Ella venía mucho a la casa hastundía que el licenciado vino a hablar con mi patrón. Deje en paz a mi esposa, alcancé a oír desde la cocina, no le llene la cabeza dihumo, dice, ya tenemos bastantes problemas paque usté se meta en lo que nole.
Yusté quién es pahablarmeasí, que le contesta mi patrón. Soy un ejecutivo, dice el licenciado. Todos tenemos defectos, dice mi patrón ya enojado, dice, usté será licenciado pero yo soy pueta y pareso nuhay escuela.
Al oír los gritos que sale la Corina de su cuarto bien espantada. Vayan un rato al parque, dice el señor, tengo que hablar aquí con el licenciado. Los dos estaban rojos de coraje. ¿Que si discutieron? Puequipior. Pero no sé porque nosotras nos salimos y cuando regresamos encontramos a mi patrón serio y pensativo.
Al poquito tiempo la Primavera y el licenciado se cambiaron de casa. Yo no soy quién pa decírselo ni usté pa saberlo pero luego del pleito mí patrón alcanzó a hablar solo una vez más con ella. Luego ya ni la mentaba, ni siquiera por su apodo aunque la niña le preguntaba harto por ella. Después que se cambió de casa nunca la volvimos a ver. ¿El señor? Tampoco. A veces cuando yo contestaba el teléfono como que me afiguraba que era su voz pero siempre decía quequivocado. . . pero a mí clarito ma latía querella pero como al señor no le gustaba contestar. . .
Lo demás ya lo sabe: se volvió con la niña pa su tierra, con sus agüelos. Y a todo esto paqué tanta pregunta. ¿Cuál divorcio? ¡No la! ¿Usté también es licenciado? Ah chirrión, a ver si no la metí. No, él no se despidió más que del señor Sergio y de la dueña del edificio porque no le quedaba de otra, imagínese, si lo andaba juchiliando todo el día. Ni de Delia, ni de la señorita Maru. Ya parece que siba despedir de la Primavera.



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