INTUICIONES Y SUEÑOS.
Entre los primeros podría clasificarse el que tuvo Calpurnia, esposa de Julio César, la víspera de los famosos Idus de Marzo del año 44 a.C. Según relataría más tarde el historiador romano Tácito, Calpurnia soñó que el tejado de su casa se derrumbaba estrepitosamente, que se abría la puerta por sí sola y que sostenía de pronto en sus brazos el cuerpo sin vida de su esposo, cosido a puñaladas. Al día siguiente Julio Cesar muere apuñalado.
En el año 1788 en casa de la duquesa de Gramont, el sueño premonitorio lo tuvo una persona con los ojos bien abiertos, y nunca más en la vida le sucedió algo semejante. Guillermo de Malesherbes, ministro de Luis XVI, brindó por el futuro de Francia y de todos los presentes. Un poeta llamado Jacques Cazotte, que había permanecido callado, lo interrumpió para declarar que no habría futuro para el ministro, pues moriría en seis años exactamente. La duquesa de Condorcet creyó que Cazotte estaba bromeando, pero el profeta espontáneo se apresuró a informarle que también ella moriría en 1794. Lograría burlar al verdugo, porque se envenenaría. A otro testigo de la curiosa profecía, el conde de Chanfort, le diría Cazarotte que a pesar de que intentaría cortarse las venas, viviría hasta una edad avanzada. Terminaría diciendo el poeta que también morirían a manos del verdugo el astrónomo J. S. Bailly y hasta el rey de Francia. Un escritor llamado Jean de la Harpe, enemigo personal de Cazotte, quien sobrevivió a la matanza, tendría más tarde ocasión de confirmar cuanto se dijo en aquella tarde de verano de 1788.
La noche del 22 de julio de 1813, siendo Napoleón Bonaparte emperador de los franceses, la duquesa de Abrantes tuvo una espantosa pesadilla.Vio a su esposo, el general Andoques Junot, cojeando visiblemente en torno a la cama. Despertó gritando. La semana siguiente llegó a ella la noticia de que el duque se había lanzado al espacio desde una ventana del palacio de Iliria, víctima de un repentino ataque de locura causado por la presión a la que había sido sometido en los últimos meses.
Un estudiante de derecho llamado Jean Bertaux paseaba en 1876 por la feria de Neuilly, en las afueras de París, en compañía de su amigo. Entraron en la barraca de una gitana. La mujer se concentró y tuvo una visión. Declaró que Bertaux haría fortuna pero que moriría al frente de un ejército, por culpa de una nave voladora. Hacer fortuna, no resulta difícil, pero ¿morir por culpa de un artefacto que no existe? Bertaux era un joven muy ambicioso. Logró convertirse, al paso de los años, en Ministro de la Guerra. En 1906 asistió a la partida de los aviones de la carrera Paris-Madrid. Un avión perdió el control y se precipitó hacia la tribuna oficial para evitar un choque contra un pelotón de caballería. El señor Ministro de la Guerra perdió la cabeza por culpa de la hélice del avión.
Edward Samson trabajaba en agosto de 1883 en la redacción del Boston Globe. Una noche que estaba de guardia en la sala de redacción despertó bañado en sudor. Había oído en sueños horrorosos lamentos y un ruido como de truenos, que no parecían tener fin. Tomó asiento ante su escritorio y, casi sin darse cuenta, comenzó a escribir la historia de un volcán que lanzaba lava y cenizas, mientras los aterrorizados nativos de una isla corrían hacia la orilla del mar, en busca de refugio. Terminó su relato sobre el volcán de la isla de Pralape y dejó las hojas sobre la mesa. Después se fue a su casa, terminada la guardia. A la mañana siguiente vio el artículo el jefe de redacción, lo leyó y lo mandó a la Associated Press. El artículo apareció publicado en varios periódicos del país. Aquel día era el 29 de agosto. Como nada sucedió, el jefe pidió a Samson su renuncia . El periódico tuvo que disculparse con sus lectores. Pero por la tarde comenzaron a llegar olas gigantescas a la costa de California, así como indicios de que algo grande estaba pasando en algún lugar del Océano Pacífico. Las primeras noticias dignas de crédito arribaron de Australia, donde hubo que lamentar terribles marejadas y fuertes vientos. A la misma hora en que Samson tenía un sueño, cierto volcán conocido como Krakatoa, que se encontraba entre Java y Sumatra, hizo erupción de manera violenta y destructiva. El hombre que despidió a Samson se dio cuenta de que, después de todo, el periodista no había cometido ningún error. Ignoraba de qué manera obtuvo la información. Y si tenía alguna duda en cuanto a que Samson dijo o no la verdad, tuvo que darle la razón al enterarse más tarde de que Pralape fue el nombre que tuvo la isla de Krakatoa en tiempos pasados.
La mañana del 13 de junio de 1886, el Dr. Bernhard Aloysius von Gudden, profesor de siquiatría en la Universidad de Munich, se sintió indispuesto a la hora del desayuno. Declaró a su esposa y al príncipe de Aulenburg-Hertefeld, que lo acompañaban, que su malestar se debía al horrible sueño que tuvo la víspera. Se encontraba en un lago y luchaba contra un hombre que parecía furioso. AL llegar la tarde de aquel mismo 13 de junio, Luis II de Baviera paseaba por las orillas del lago Sternberg en compañía de su amigo el Dr. von Gudden. de pronto se lanzó al agua, sin quitarse la ropa. En opinión de los médicos, Luis jamás estuvo en sus cabales, pero en aquella ocasión demostró además que era sumamente peligroso. El siquiatra fue tras él para salvarlo. Siguió una lucha feroz y poco más tarde sacaban del agua los dos cuerpos. Ahogados.
El pintor inglés Jhon Millais confió en cierta ocasión a su amigo el poeta Robert Browning que cada vez que se ponía a pintar tenía una extraña visión. Aparecía en la tela una fecha que no tardaba en desvanecerse: era el día 13 del año 1896. Faltaba el mes. El pintor murió el día 13 Julio del año 1896.
Un caso semejante protagonizaría el profesor Edwin Reed, director del Museo de Historia Natural en la ciudad de Concepción, Chile- Soñó que paseaba por un panteón y que se detenía frente a una lápida en la cual veía su propio nombre y una fecha: 7 de noviembre de 1910. El profesor no se inquietó, porque gozaba de excelente salud. Sin embargo, la profecía se cumplió el día señalado en el sueño.
La señora Hilda Worth, de 45 años, despertó la noche del 21 de setiembre de 1934 en su casa de Birmingham a causa de una pesadilla. Se la contó a su esposo Alfred a la hora del desayuno. Tenía que ver con 30 hombres atrapados en una mina. Uno de ellos era muy alto, con una venda en la frente. Un joven abrió una caja y sacó una fotografía que mostró a sus compañeros. Era la de su esposa. A otro hombre le faltaba un dedo en la mano izquierda, a pesar de lo cual tocaba la armónica con gran dominio. La señora Worth escuchó una espantosa explosión y una nube de polvo envolvió a los hombres. Fue tan fuerte la impresión, que la mujer pasó varios días sobresaltada, víctima de constantes desvanecimientos. Finalmente, se entero que dos días después de su primer desmayo, es decir, el 23, se produjo una explosión de grisú, acompañada de fuertes hundimientos, en la mina Gresford, situada en Derbingshire. La mujer quiso viajar al lugar de la tragedia, para conocer a los familiares de la víctimas, que fueron 263 en total. Habló con la esposa de quien tropezó en su casa el mismo día del drama y tuvo que vendarse la frente. Su nombre era Bill Thompson. A unos pasos vivía la viuda Hawks, casada desde hacía tres semanas con Paul, el joven que guardaba la foto de su esposa en la caja de herramientas. Y hubo también un tal Bill Doubt, a quien le faltaba un dedo en la mano izquierda. Su viuda informaría a la cada vez más perpleja visitante que Bill poseía un talento especial para tocar la armónica Aquel sueño de 1934 fue el primero y último que tuvo la señora Worth hasta su muerte, que tuvo lugar en 1954.
Rosa Schodl despertó la noche del 13 de noviembre de 1941, al oír un crujido. Acababa de tener la impresión de que había alguien afuera y que había dejado una camilla sobre la nieve. En ella reposaba su hijo, estaba segura. Llamó a su nuera y le contó la pesadilla. Días más tarde llegó una carta del frente ruso. Leopoldo había sido herido por la metralla de un obús y tuvieron que dejar su cuerpo en una camilla, sobre la nieve, mientras los enfermos corrían a protegerse de la lluvia de acero. El joven soldado pronunció dos veces el nombre de su madre y murió.
El 10 de marzo de 1950 un grupo numeroso de personas en Beatrice, Nebraska se había citado al coro de la iglesia para las siete de la tarde. Pero nadie se presentó para el ensayo a la hora señalada. El pastor había tenido que esperar a su esposa, que planchaba el vestido de su hija. Dos personas sufrieron problemas con el automóvil y no llegaron a tiempo. A una niña se le hizo tarde porque no terminaba sus tareas escolares. Hubo quien olvidó la cita por culpa de un programa de radio. Una mamá se quedó dormida después de la comida. Todos los miembros del coro tuvieron una disculpa perfecta válida para no llegar a las siete en punto, a esa hora una explosión destruyó la iglesia. Según la ley de probabilidades, un caso como el de Beatrice, Nebraska, sucede una vez cada cuatro mil millones.
Aberfan, localidad minera situada en el País de Gales, mañana del 21 de octubre de 1965 una montaña de desperdicios se deslizó sobre las casas del pueblo, sepultando una docena de edificios además de la escuela del pueblo. El saldo de la tragedia fue de 143 personas muertas, la mayor parte niños. John Artur Taylor, quien vivía en el Lacanshire, despertó la noche del 20 de octubre y vio en sueños la palabra "Aberfan" escrita con letras de fuego sobre fondo negro. La mañana siguiente hizo un comentario con su familia. La palabra Aberfan no le decía nada. Antes de que transcurriese un día más, tendría que cambiar de opinión. Por su parte el señor Alexander Venn, de Combe Martin, en Devonshire pintor, 20 de octubre ese día solo pensaba en carbón y niebla. Terminó pintando una cabeza desconocida, de color negro, en el centro de la tela.
El 10 de abril de 1973, un avión británico se estrelló contra una montaña cerca de la ciudad suiza de Basilea y murieron 146 damas vecinas de Axbridge, cerca de Bristol, en Inglaterra. Pertenecían a un club de señoras que habían rentado un avión para ir de compras a Suiza. Una tal Mrs.Marian Warren no estaba entre las víctimas, porque había soñado que el avión se precipitaba contra una montaña nevada. Vio los cuerpos destrozados de sus amigas. Les contó su sueño e insistió en que abandonasen el viaje. Pero nadie le hizo caso.
PARTE I»RELATOS PARTE II»CASUALIDAD PARTE IV»ANECDOTAS