En nuestra vida cotidiana utilizamos habitualmente el calendario para
llevar el registro del tiempo. Esta forma de marcar el paso del tiempo adolece de un
defecto: es difícil comparar cuantos días han transcurrido entre dos acontecimientos,
por ejemplo el descubrimiento de America y la última Navidad. Se deben considerar
cuántos años los separan y cuáles fueron bisiestos; cuántos meses y cuáles (cuántos
febreros), cuántos días, etc... para finalmente llegar a saber cuantos días separan dos
fechas. Cuando por fin llega uno a un resultado es mejor repetir la cuenta para comprobar
si salió bien.
Los astrónomos evitan este problema al contar los días en una forma secuencial: los
días julianos. En 1582, Joseph Justus Scaliger inventó el concepto de día juliano. Los
días julianos cubren un ciclo de 7980 años contados a partir del 1 de Enero del año
4713 antes de Cristo y que terminará el 31 de Diciembre de 3267. Este ciclo sale de
multiplicar tres ciclos menores: uno de 28 años denominado solar, otro de 19 años que
incorpora las fases lunares y uno de 15 años denominado de indicción. Los días julianos
empiezan al mediodía del meridiano de Greenwich, esto es a la 1 de la tarde en horario de
Invierno y a las 2 en Verano horario de España. El día juliano también es útil para
prevenir confusiones al comparar eventos ocurridos antes de las distintas reformas que ha
tenido el calendario que empleamos hoy en día.