Lago de Sanabria

Lago de Sanabria

El Lago de Sanabria, es el lago de origen glaciar mayor de Europa. Altitud: 990 m. Longitud Máxima: 3.178 m. Anchura Máxima: 1.590 m.  Profundidad Máxima: 51 m. Profundidad Media: 35 m.  Perímetro: 9.350 m. Superficie de 3.187.500 m². Volumen 108.254.000 m³. En 1932 la administración lo declara Lugar de Dominio Público. Fue declarado sitio de interés nacional el 7 de Noviembre de 1946. En 1978 para tratar de preservarlo se establece el Parque Natural del Lago de Sanabria. El lago dista 13 kilómetros de Puebla de Sanabria. Es un paisaje de aguas limpias que cambian de color según la hora del día y la estación del año. En verano se puede ver a la gente practicando deportes náuticos y tomando algo en sus chiringuitos, un ambiente que sorprende en pleno interior de la península, entre montañas silenciosas y unos paisajes tallados por las glaciaciones. La temperatura del agua en verano es de unos 23 ºC. En el año 2002 visitaron el parque Natural del Lago de Sanabria, 721.232 personas. El día de mayor afluencia fue el 17 de agosto, 11.515 visitantes. En el año 2003 entraron en el Parque más de 763.637 visitantes. El día de mayor numero de visitas fue el 15 de agosto, 12.994 personas.

Historia del Lago de Sanabria

El Lago de Sanabria, con sus más de cien millones de metros cúbicos albergados en su cuenco, y unos aprovechamientos piscícolas, energéticos y recreativos envidiables, ha sido desde antiguo un patrimonio natural disputado por el hombre. La historia del Lago de Sanabria ha sido una sempiterna disputa desde hace, al menos, diez siglos. Al poco de llegar los monjes al monasterio de San Martín de Castañeda, la adquisición de las pesquerías ocupó sus desvelos para completar con el pescado la dieta de los productos hortícolas y ganaderos a la que tan bien dados son los hombres que consagran su vida a la famosa regla del orat et laborat. Los monjes del monasterio de San Martín de Castañeda compraron el Lago en el año 897 a sus propietarios, los señores Avolo. Vistos los enredos, y el afán de los moradores de Galende y otros pueblos de disputar la propiedad del Lago que atesora considerables recursos naturales, la comunidad religiosa de San Martín de Castañeda buscó desde el primer instante el privilegio y el reconocimiento real de sus posesiones, lográndolo en el año 940, con Ramiro III. La propiedad del Lago de Sanabria permaneció en poder del monasterio de San Martín, manteniendo continuas disputas con los lugareños para hacerse con las truchas y demás especies, hasta que llego la ley desamortizadora de Mendizábal. En el año 1843 la Junta de Ventas adjudicó el Lago de Sanabria, más otras dos lagunas pertenecientes al monasterio y otras fincas repartidas por la provincia de Zamora, a Manuel de Villachica, que adquirió todo ello por un total de 127.530 reales de vellón.

La historia siguió su curso y en el año 1874, a la muerte del padre, el Lago fue heredado por su hijo Luis de Villachica y Recoba, quien solicitó y obtuvo la inscripción en el Registro de la Propiedad de Puebla en el año 1887, posteriormente, en el año 1920, pasó a manos de la única heredera, Victoriana de Villachica y Mugoitio-Beña, de ahí que en la cartografía del Lago en algunos documentos aparece denominado con el nombre de Lago de Villachica. Los pobladores de Galende en el mes de octubre de 1930 pidieron que se instruyese un expediente para averiguar si existía en la Dirección General de Propiedades antecedentes justificadores de la venta por parte del Estado del cauce y masa líquida del Lago, según recoge el expediente judicial formalizado en el Juzgado de Instrucción número quince de Madrid conservado en el Archivo General de la Administración. Este movimiento social movió al Estado a dar, de nuevo, otro paso para recuperar, sin pagarlo, lo que había vendido con la desamortización, el Ministerio de Obras Públicas dictó el 12 de mayo de 1932 la Orden por la que declara de Dominio Público las aguas del Lago de San Martín de Castañeda. Nada más tener conocimiento de los pasos del Gobierno de la República, Villachica recurre a los servicios del abogado-procurador Manuel Pintado y Carballo que promovió un recurso contencioso-administrativo contra la citada orden. En su escrito de 16 de septiembre de 1932 el representante legal desaprueba las formas esgrimidas señalando que lo cierto es, que en un expediente administrativo, sin oír a mi parte, y sin esperar al ejercicio de la oportuna acción ante dichos Tribunales, se hace ya determinado pronunciamiento jurídico a favor del Estado. La Administración sufre un verdadero enredo documental en sus trastiendas, y cuando trata de averiguar los antecedentes saltan los problemas por las dificultades que conlleva hallar y revisar legajos y facturas que certifiquen la compra. Villachica defiende la propiedad con uñas y dientes, y el letrado de Villachica, al tiempo que se afana por dejar constancia de los pagos a la Caja Nacional, considera la Orden del Gobierno respecto al Lago como un caso donde la Administración se desentiende totalmente de la legislación que tiene que obedecer y, violando derechos que está obligada a respetar y amparar, dicta resoluciones como la impugnada. Aún va más lejos en sus afirmaciones y apunta que ni los fundamentos en que pretende apoyarse, ni la propia tramitación del expediente a que pone remate la Orden recurrida obedecen ciertamente a la legislación aplicable, sino que son la más rotunda negación y olvido de ellas. Manuel Pintado trata por todas las razones de echar por tierra la Orden por la que el Estado ventilaba el bucólico escenario a su representada. Hace saber, además, que el Lago nunca fue de dominio público porque siempre le faltó la condición necesaria para serle aplicable tan calificación jurídica, ya que siempre fue propiedad patrimonial de la comunidad que lo disfrutaba hasta el momento de la desamortización (el Monasterio de San Martín de Castañeda), y apunta que el Estado quedó en poder del Lago no a título de dominio público sino de bienes en venta, y como tal fue vendido al abuelo de Victoriana Villachica. Recalca Pintado Carballo el uso privado del Lago, que nunca estuvo adscrito a una finalidad ni uso público, sino que, por el contrario, de inmemorial perteneció al patrimonio privado. Para Villachica y su representante legal es de una absoluta incongruencia, contraria a toda lógica jurídica, pretender aplicar un concepto como el de Dominio Público a unos bienes que jamás estuvieron dentro de él y que, por voluntad del propio Estado, fue mantenido en la corriente patrimonial privada percibiendo el precio de venta correspondiente. El Ministerio de Obras Públicas cuenta con el informe de un ingeniero, que lo elaboró por encargo del jefe de División Hidráulica del Duero, según el cual todo el Lago se halla situado en monte del Estado y en terrenos comunales de los ayuntamientos de Ribadelago, Vigo, Galende, Pedrazales y San Martín. Precisa el ingeniero en su trabajo que las aguas del Lago son de Dominio Público y no pueden ser del privado, y que la inscripción provisional hecha en el registro de aprovechamientos debe considerarse nula, ya que no se trata de un verdadero lago en la acepción legal de la palabra, por que sus aguas están alimentadas continuamente por el río Tera en su curso anterior, y el desagüe es también continuo del mismo río en su curso inferior. Añade que es un ensanchamiento del río, que necesita rellenar una gran depresión natural del terreno producida indudablemente por un accidente geológico. El ingeniero remata en su informe para la defensa del Estado, que las aguas del río Tera siguen su curso natural antes y después del Lago y no es lógico suponer que pierdan su carácter de Dominio Público al cubrir el ensanche del cauce. El Lago de San Martín de Castañeda no es otra cosa que un río que se ensancha. Estas afirmaciones del técnico sorprenden al letrado de Villachica que no puede menos que entrar a comentar y decir que la donosa teoría, revolucionadora de toda la geografía nacional y extranjera, que niega carácter de Lago al que es objeto de pleito porque en él entra y sale el río Tera, como si en España y en el mundo no fueses frecuentes esos casos de lagos y lagunas. Como ejemplo pone el Lago Lemán. La Fiscalía informa al Tribunal Supremo que la inscripción en el Registro central de aprovechamientos de aguas públicas que alega Victoriana de Villachica no tiene ningún valor porque las inscripciones no otorgan al usuario más derecho que los que arranquen del título en que se funden. Asimismo, para la Fiscalía tampoco enerva el derecho del Estado la inscripción de la posesión en el Registro de la Propiedad puesto que el articulado de la Ley Hipotecaria de 1909 previene que las inscripciones mencionadas son sin perjuicio de tercero de mejor derecho. Estos desprecios a los registros efectuados por Villachica causan una sensación «dolorosa» en la recurrente que ve sus más claros y legítimos derechos tratados con ligereza. Critica el letrado a la Administración por no encontrar documentos en sus Archivos, según afirma, no porque no existieran sino por haber desaparecido, un defecto o negligencia de la Administración que se vuelve contra el administrado.

La Fiscalía por su parte suplica a la Sala que declare procedente la excepción de incompetencia, y si a ello hubiere lugar, que absuelva de la demanda a la Administración general del Estado, confirmando la Orden del Ministerio de Obras Públicas de 12 de mayo de 1932. Finalmente el Estado obtiene la propiedad del Lago.

Leyenda del Lago de Sanabria

Hace muchos años, en el lugar que hoy ocupa el lago de Sanabria existía un pueblo llamado Valverde de Lucerna, rodeado de tierras fértiles y productivas, la gente del lugar era egoísta, y de actitud poco solidaria y caritativa.

La noche previa a la fiesta de San Juan, una noche lluviosa con truenos y relámpagos, una sombra se mueve lentamente en dirección al pueblo, el relámpago ilumina su vieja capa de lino, se apoya en un bastón del que cuelgan dos conchas, es alto, de barba larga y abundante cabello. Calado hasta los huesos llama a la puerta de una casa.

-¿Quien llama a estas horas?. Le contestan desde el interior

-Un peregrino que busca refugio y alimento para pasar la noche. Contesta

-¿Eres un peregrino?..Pues continua tu camino

El hombre sigue caminando y tropieza por tres veces cayendo y volviéndose a levantar, insiste en otra de las casas, negándose el inquilino a abrir su casa y darle cobijo.

En la ultima casa lo intenta de nuevo

¡Por favor dejadme entrar!

-Déjanos en paz y vete por donde has venido.

Cansado, hambriento y aterido de frío decide abandonar el pueblo, a la salida del pueblo en un altozano ve un horno de leña, donde se encontraban unas mujeres cociendo pan, les pregunta si puede entrar, a lo que ellas acceden. Una vez que se hubo secado al calor del horno, las mujeres hacen un pequeño panecillo para dárselo, lo introducen en el horno y cuando intentan sacarlo comprueban que ha crecido tanto que no pueden sacarlo por la boca del horno. Van probando con trozos cada vez mas pequeños hasta que finalmente uno sale y se lo dan al misterioso peregrino. Este dirigiéndose a las mujeres les dijo:

-Gracias por socorrerme realmente solo vosotras sois dignas de ser salvadas en este pueblo, seguir en el horno y no salgáis esta noche. Voy a castigar a este pueblo, que no se acuerda cuando están con el estomago lleno y calentándose a la lumbre de los que pasan hambre y frío.

El hombre se despide de las mujeres recordándoles que se queden en el horno, una vez que ha llegado a las afueras del pueblo pronuncia esta frase, "Aquí clavo mi bastón, aquí brote un gargallón".

En el lugar donde clava el bastón empieza a brotar un gran caudal de agua, a las pocas horas el pueblo de Valverde de lucerna queda totalmente inundado.

Al día siguiente, el sol ilumina el valle un gran lago cubre lo que antes era el pueblo, solamente una pequeña isla en el lugar donde estaba el horno de leña sobresale del agua.
* Pulsar en la imagen para agrandar.

Días más tarde un vecino con la ayuda de una pareja de bueyes Redondo y Bragado intenta sacar del fondo del lago las dos campanas de la iglesia, consigue sacar una, pero la otra permanece en el fondo del lago.

El día de San Juan (24 de Junio), las personas que son caritativas y generosas, se dice que oyen el tañido de la campana que reposa en el fondo del lago.

El origen de esta leyenda esta basado en  la historia de un personaje divino (Jesús ) que solicita hospitalidad en un pueblo pecaminoso, y sólo consigue hallarla en casa del vecino más pobre. A continuación, el pueblo queda sumergido por las aguas y sólo se salva el vecino hospitalario. Tal es el origen de las leyendas de: los Lagos de Enol, del Lago de Sanabria, del lago de Isoba, y de muchos otros, en la cornisa cantábrica y en Francia.


El Lago de Sanabria - 9 de Enero 1959

Vega de TeraEn la década de los años 40, con el fin de satisfacer las crecientes demandas de energía eléctrica en las grandes ciudades como Madrid donde las restricciones eran frecuentes, (se cortaba el suministro eléctrico en las casas a partir de las 12 de la noche hasta el amanecer), la empresa Unión Fenosa inicio un proyecto para construir un dique en la desembocadura del Lago. Surge entonces una gran oposición por parte de los pueblos afectados, el proyecto se olvida y se traslada a la presa Vega de Tera. El proyecto se concreta en 1953, la construcción de la presa se inicia en junio de 1954 y finaliza en noviembre de 1956. Es  inaugurada por el general Franco en septiembre de 1956, cuando las obras aún no han concluido. Un total de 1.300 hombres trabajaron en Vega de Tera por un salario de 9 pesetas día los peones, en condiciones extremas.

El día 9 de enero de 1959 cayeron abundantes lluvias torrenciales sobre toda la comarca de Sanabria. Alrededor de la medianoche cuando los habitantes de Ribadelago dormían en una noche fría, el termómetro marcó -18º bajo cero, se produce el desbordamiento del embalse y revienta la presa de Vega de Tera abriendo una brecha de 140 metros en su estructura  y liberando unos 8 millones de m³ de agua arrasando todo lo que encuentra a su paso, al llegar al pueblo de Ribadelago en algunas zonas el nivel del agua alcanzo los 9 metros de altura durante 14 minutos.
Niña SupervivienteEl lago de Sanabria absorbió el agua evitando una catástrofe mayor en los pueblos cercanos al río. De los 549 habitantes del pueblo 144 fueron arrastrados por el agua, solamente 28 fueron recuperados y dados oficialmente por muertos.116 cuerpos en su mayoría niños jamás se recuperaron. Al oír el ruido del agua  algunos se salvaron subiéndose a la torre de la iglesia, otros en los tejados, en los negrillos (Olmos) y en los montes cercanos. Varias personas perdieron la vida al tratar de recuperar sus efectos personales. El escritor Alberto Vázquez-Figueroa participo activamente en el rescate de los cadáveres, en algunas de sus obras hace referencia a este suceso, en el  libro Sultana Roja reseña: A la mañana siguiente abandone Orense para dirigirme directamente al lago de Sanabria y sentarme a almorzar en su orilla. Hacia tiempo que quería visitar el lugar del que tanto hablaba Sebastián, que siendo soldado había sido enviado a Ribadelago para participar en el rescate de docenas de víctimas a las que la muerte sorprendió en pleno sueño. Y en el libro Anaconda escribe: El siglo Xx, con sus máquinas y su técnica, ha trastocado por completo los conceptos. ¿Qué podía existir más seguro, pacífico y tranquilo que una pequeña aldea campesina a orillas del lago Sanabria en el mes de enero de 1959, cuando ni guerras, ni terremotos, ni tempestades azotaban el mundo?
Sin embargo, fue allí en Ribadelago, donde tuve mi primer encuentro con la muerte y la tragedia, y pasarían muchos años hasta el terremoto de Perú antes de que volviera a tropezarme con un espectáculo tan alucinante.
Ribadelago: una aldea que duerme, una técnica mal aplicada y una presa que se viene abajo arrastrando al pueblo y a todos sus habitantes a las heladas aguas del lago Sanabria.
La noticia conmovió a España y al mundo, aunque no fuera ni la primera ni la última de idénticas características. En Ribadelago tan sólo algo era ligeramente distinto: los muertos no podían ser recuperados porque se hallaban aprisionados en el fondo de un lago.
Días de espera de los parientes aguardando que el agua devolviera a sus víctimas, pero éstas no volvían, retenidas en el fondo por cables, autos, carretas, vigas, postes de teléfono...
Al fin se pidió la colaboración de submarinistas voluntarios, y allí nos presentamos los viejos compañeros del "Cruz del Sur"; los hermanos Manglano, Padrol, De la Cueva, Ribera... y los del CRIS: Vidal, Admetlla...
Fue, quizás, una de las más tristes y desagradables experiencias de mi vida sumergirnos en un agua a punto de congelación sin trajes de inmersión apropiados, con una visibilidad nula a causa del barro y los detritos, tanteando acá y allá a la búsqueda de cadáveres que se deshacían al tocarlos.
Por absurdas razones de índole política, el mando de la operación no había ido a parar a manos de Padrol, Admetlla, o Vidal, submarinistas de experiencia, sino a las de un dentista, ex alumno mío del "Cruz del Sur", donde había obtenido un carnet de tercera clase, que a punto estuvo de aumentar la cuenta de los cadáveres de Ribadelago con algunos de nosotros, a causa de un absoluto desconocimiento de las más elementales reglas de la inmersión.
Al pobre Manolo de la Cueva tuvieron que sacarlo inconsciente y a punto de ahogarse, y todo acabó como suelen acabar estas cosas: marchándose cada cual a su casa, asqueado y resentido.
Fue ése, quizás, el final de mi vida como submarinista en activo, y coincidió, también, con el final de mi vida como estudiante.

El 60 por ciento de las viviendas fueron destruidas, desapareciendo también el 75% de los animales. Las pérdidas económicas totales se cifraron entonces en más de 87 millones de pesetas, según el informe utilizado en el juicio que se celebró años después en el que no se incluían los costes de limpieza de todos los escombros y reparación de tierras. Tras conocerse la tragedia, llegaron a recaudarse 12 millones de pesetas en donativos, incluso desde Nueva Zelanda, a los que se sumó 1 millón de la recaudación del partido de fútbol jugado por el Real Madrid contra el Fortuna de Dusseldorf Alemán, un millón aportado por el Banco de España y 1,7 millones de pesetas aportados por la Iglesia. La antigua Maternidad provincial de Zamora se habilito como almacén de especies, ropas y enseres. El estado pagó una indemnización de 95.000 pesetas por hombre fallecido, 80.000 pesetas por mujer y 25.000 pesetas por niño. Ribadelago fue adoptado por Franco y se encomendó la reconstrucción del pueblo al Ministerio de la Vivienda. Tras varias deliberaciones y debates entre los vecinos sobre el nuevo emplazamiento, surgió el nuevo Ribadelago de Franco, construido entre los años 1959 y 1962 en una zona más sombría que la original y apartada de los pastizales y tierras de cultivo pero más seguro ante otras posibles catástrofes.

Se nombra perito al ingeniero Eduardo T. Miret, en su informe inacabado (fallece el día 21-6-1961) apunta varias causas como posible rotura de la presa; deficiente construcción en los materiales empleados, distintos comportamientos de contracción a muy bajas temperaturas del hormigón y el granito, fisuras en la presa, grandes precipitaciones de agua y nieve el día 8 y 9,  los encargados de abrir la compuerta no pueden acceder a ella por el mal tiempo  solamente se abre 25 cm. en la tarde del día 8. etc. El juicio sobre la tragedia de Ribadelago se celebró los días 11,12,13,14 y 15 de marzo de 1963 en Zamora. La empresa Hidroeléctrica Moncabril (años mas tarde fue absorbida por Unión Fenosa) fue condenada a pagar 19.378.732 pts. Al fallecer familias enteras y emigrar muchos vecinos parte de las indemnizaciones jamás se pagaron. La conclusión fue que los materiales con los que estaba construida, granito y hormigón debido a la presión y las bajas temperaturas unido a las fuertes precipitaciones provocaron la rotura de la Presa de Vega de Tera. Los tribunales de Justicia condenaron al entonces director gerente de la empresa, a dos ingenieros y a un perito como responsables directos de las obras a un año de prisión menor por un delito de imprudencia temeraria. Recurrieron la sentencia condenatoria, el recurso fue admitido y  fueron indultados.


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