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En los primeros años de sacerdocio el Padre Usera ejerció la tarea pastoral en Sanabria. En el año 1834-35 reside en el Monasterio de San Martín de Castañeda. En 1837 es nombrado cura ecónomo de Pedralba de la Pradería, además de Pedralba desempeña su labor en los anejos: Parada de la Sierra y Riohonor de Castilla.
Decreto Sobre Virtudes del Venerable Siervo de Dios Jerónimo Mariano Usera y Alarcón El 28 de junio de 1998, el Santo Padre, Juan Pablo II promulgó en la Sala Clementina del Vaticano el decreto de virtudes heroicas del Venerable Siervo de Dios Jerónimo Mariano Usera y Alarcón. Asistieron al acto la madre superiora, Sor Carmen Díaz y otras religiosas del Amor de Dios. Al presente se está finalizando la examinación del Proceso de Milagro en Roma. A continuación ofrecemos el texto oficial del decreto sobre virtudes heroicas. "Todo lo puedo en aquel que me conforta" (Filp 4, 13) De Dios que es apoyo de los justos (cf. Sal 36, 13), el sacerdote Jerónimo Usera sacó la caridad y la fuerza para entregarse plenamente al servicio del Evangelio, y con el mismo ánimo afrontó los trabajos, incomodidades y privaciones en la edificación del reino de Cristo. Este insigne ministro de la Iglesia nació en Madrid el día 15 de septiembre de 1810, y al día siguiente, junto con una hermana gemela, recibió el bautismo y le fue puesto el nombre de Mariano. Sus padres, Marcelo Fulgencio Usera Pérez y Bernarda Antonia Alarcón Castillejo, se contaban entre los españoles nobles, pero no eran ricos. Cuando llegó a la edad de catorce años, el Siervo de Dios que en su familia había recibido una sólida educación cristiana, ingresó en el Monasterio de Osera, en la provincia de Orense, de la Orden Cisterciense, y tomó el nombre de Jerónimo. Terminado el noviciado hizo la profesión monástica y, concluidos los estudios filosóficos y teológicos, fue ordenado sacerdote el día 20 de septiembre de 1834. Poco después, su vida monástica se vio bruscamente interrumpida a causa de la supresión de los monasterios por el Gobierno de España. Desde el año 1837 hasta 1840 se entregó con fervor al servicio pastoral en la parroquia del pueblo de Pedralba de la Pradería, provincia de Zamora. Después, se trasladó a Madrid a su casa familiar. Además de predicador de la Palabra de Dios, desempeñó otros cargos, como el de Profesor de Griego y, por mandato de la Reina, el de preceptor de dos africanos de Guinea. Este servicio le ayudó a madurar la vocación misionera, y en el año 1845 embarcó para la isla de Fernando Poo, situada en el Golfo de Guinea. Pero al año siguiente tuvo que regresar a la patria por enfermedad. Después recibió el cargo de Gobernador de la diócesis de Santiago de Cuba donde desplegó un apostolado múltiple desde el año 1849 hasta 1853 fue predicador, revisor eclesiástico, reorganizó el templo y la cofradía de la Virgen [de la Caridad] del Cobre; también fue profesor de disciplinas teológicas, rector del Seminario, fundador de la institución de la Doctrina Cristiana, canónigo penitenciario y vicario general. En el año 1853 fue nombrado deán de la santa Iglesia Catedral de San Juan de Puerto Rico donde, con su celo habitual, se dedicó a la pastoral parroquial y en algún caso asumió el cargo de vicario general sustituto, encontrándose envuelto en una situación compleja y penosa, que fue para él causa de pesadumbre y de acusación injusta. Libre de los cargos de gobierno, continuó trabajando con espíritu de sacrificio por el reino de Dios, para educar y cuidar de las niñas de las Antillas. El nuevo Instituto dio los primeros pasos bajo el cuidado y dirección del Fundador, y el día 27 de abril de 1864 fue aprobado por el Obispo de Zamora. En este mismo año, el Siervo de Dios, ya nombrado deán de la Santa Iglesia Catedral de San Cristóbal de La Habana, marchó a Cuba, donde permaneció hasta su muerte. Desde lejos, a través del intercambio de cartas, dirigió su obra y la formación de las religiosas, las cuales abrieron una casa en Cuba en el año 1871, que se sostenía de la caridad del mismo Siervo de Dios, que en aquellos años se ocupó en múltiples obras religiosas y sociales, sobresaliendo en la fidelidad a la Iglesia, en el afecto para con los pobres, los esclavos, los enfermos, en la promoción humana y cristiana de la mujer, y en la educación y defensa de los niños. Debido al tipo de obras que sostenía, contrajo una deuda y vivió en una extrema pobreza, pero soportó todo con ánimo fuerte y buscando la gloria de Dios y el bien de las almas, a las que distribuyó con largueza los bienes de la Redención. Su fe iluminó siempre su vida interior y la sostuvo, y lo mismo el apostolado, la esperanza y la caridad para con Dios y el prójimo. Cultivó la íntima unión con Dios e impulsó, a través de la celebración de la misa, la predicación, la devoción a la Eucaristía y a la Virgen María, la fidelidad a su vocación, y la obediencia a sus Superiores. Las mismas obras de Apostolado fueron para él una excelente vía para avanzar en el camino de la santidad. Brilló en él la confianza en la Providencia, especialmente en las dificultades y las situaciones adversas que toleró pacientemente, dominó su carácter impetuoso y fuerte, y fue hombre sabio y prudente en sus palabras, en sus propuestas y consejos, en las obras y en las razones para avanzar en la imitación de Cristo y en la obediencia a la voluntad de Dios. Practicó la justicia, la sinceridad, la firmeza en sus decisiones; defendió los derechos de Dios, de la Iglesia y de los pobres. Fue desprendido de los bienes terrenos, fue humilde, moderado, disciplinado, casto y amante de la soledad. Caminó hasta el fin con Dios, que le llevó a las mansiones eternas el día 17 de mayo de 1891. La fama de santidad en la que resplandeció en la vida también perduró después de su muerte, especialmente en su familia y en la Congregación de Hermanas del Amor de Dios. Éstas, se preocuparon en el año 1925 de trasladar sus restos a España desde Cuba. La Causa de Beatificación y Canonización fue introducida por el Obispo de Zamora; en los años 1981-1982 instruyó el proceso de conocimiento que fue aprobado por la Congregación para las Causas de los Santos en decreto promulgado el 24 de febrero de 1995. El 17 de marzo de 1997 se celebró la sesión de los Consultores históricos; después se inquirió, según costumbre, si el siervo de Dios había cultivado las virtudes en grado heroico. El 16 de febrero de 1999, se reunió el Congreso especial de Teólogos Consultores, con resultado favorable. Los Padres Cardenales, por lo tanto, y los Obispos, en sesión ordinaria del día 18 de mayo de este mismo año, siendo Ponente de la Causa el Excmo. Señor Aloisio Barbarito, Arzobispo titular de Florencia, declararon que el sacerdote Jerónimo Mariano Usera y Alarcón, observó las virtudes teologales, las virtudes cardinales y las anexas a ellas como corresponde a todo héroe. Oración al Padre Usera Señor, tú que has derramado en Jerónimo Usera un don especial de amor gratuito, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos; y concédenos, por su intercesión, la gracia que hoy te pedimos. Para comunicación de gracias, donativos, noticias,
preguntas o sugerencias, pueden dirigirse a: Religiosas del Amor de Dios -
Causa de canonización del Padre Usera - C/ Asura, 90 C.P. 28.043 - Madrid -
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