CUCURRIL (MACROLEPIOTA PROCERA)
Aunque no se trata de una seta de constitución maciza, alcanza dimensiones que están entre las más grandes que se pueden encontrar en las setas de pie y sombrero. Se han encontrado ejemplares que tenían un diámetro de 40 cm. Por término medio no supera 25-30 cm. El pie es, en proporción, más largo. Es un seta comestible; sin embargo, sólo es posible utilizar el sombrero porque el pie es fibroso y consistente. Es corriente el uso gastronómico del sombrero asado, o bien sazonado con sal y ajo, para freírlo en aceite. Carne abundante y blanda en el sombrero, muy fibrosa en el pie, de olor suave y afrutado, y de sabor parecido al de las avellanas.
Hongo saprotrófico que vive en toda clase de bosques, en claros y márgenes de bosque herbosos, en suelos húmedos y con abundante hojarasca. Fructifica desde la primavera hasta el otoño, aisladamente o en grupos numerosos. Es muy común; Se encuentra en prados y monte bajo.
Es comestible, apto para hacer a la brasa o rebozado. Hay que desechar el pie por ser demasiado fibroso. Cuando el sombrero aún está cerrado, puede rellenarse de carne y puede hacerse al horno, con mantequilla y queso rallado.
FAISAN (BOLETUS EDULIS)
Puede alcanzar peso y dimensiones notables. En general el sombrero puede medir de 7 a 19 cm. de diámetro. Los Faisanes y sus similares se consideran setas comestibles por excelencia. En sanabria es una seta abundante en los meses de otoño. Puede prepararse de muchas maneras aconsejadas por una amplia literatura culinaria. Es una de las setas más propicias para ser cortada en finas rodajas y dejarlas secar o conservarlas en aceite o bien en tarros de cristal herméticamente cerrados al baño maría.
Hongo que vive en bosques, asociado básicamente con abedules, robles y castaños, en suelos secos y silícicos. Fructifica, de forma precoz, a principios de otoño. Se encuentra en los prados, donde es más común, y en la media montaña.
Tiene una carne consistente que permite cortarlo en láminas y secarlo. También se puede moler y utilizar para condimentar los más variados guisos. Los boletus, una vez lavados y limpios, cortados en láminas, se rehogan en una sartén con aceite, ajo y sal.