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A
proposito de los hechos ocurridos el viernes 16 y a proposito de conmemorarse
el 14 de julio un nuevo aniversario de la toma de la Bastilla, podrian
recordarse algunos aspectos que, sin duda complaceran a algunos que soñaron
con algo semejante.
Dice
Stefan Sweig en su biografia de Maria Antonieta:
"La toma de la Bastilla es para Luis XVI un bofeton en la mejilla
derecha, y a la mañana siguiente, con humildad cristiana, presenta
ya la izquierda.
En lugar de enojarse, en vez de censurar y castigar, le promete a la Asamblea
Nacional retirar, fuera de Paris, las tropas que acaso estarian aun dispuestas
a combatir en favor suyo, renegando con ello de los defensores que han
caido al servicio de su causa.
Como no se atreve a pronunciar ninguna palabra severa contra los asesinos
del gobernador de la Bastilla, reconoce con ello el terror como justo
poder politico para gobernar Grancia, y arredrandose el, legaliza la sublevacion.
(...) Luis XVI toma la escarapela que el pueblo ha elegido por emblema
de su lucha contra la autoridad real, sin advertir que la muchedumbre
no lo aclama a el, sino a su propia fuerza, que ha sometido al soberano.
El 14 de julio, Luis XVI perdio la Bastilla; el 17 se desprendio ademas
de toda su dignidad, inclinandose tan profundamente delante de sus adversarios,
que la corona rodo por el suelo desde su cabeza..."
Bastaria
con reemplazar algunos nombres o, simplemente reemplazar "democracia"
por "rey" para hallar algunas similitudes y, acaso, mismas consecuencias,
que resultarian interesantes, a mas de ejemplificadoras.
Ningun
castigo pesa o amenaza a quienes van desde la simple ocupacion de espacios
publicos y privados hasta la quema de edificios con gente adentro.
Por
el contrario, se los tolera y, de esta forma, legitima y protege.
Por
muy noble y aceptable que parezca la no intervencion del Estado en semejantes
situaciones, no menos preocupacion sugiere la situacion de los "reprimidos":
funcionarios, simples empleados y peatones que deben enfrentarse con grupos
que, exaltados, recorren libremente las calles armados de garrotes, cadenas
y bombas molotov sin que nadie los proteja y sin hablar ya a esta altura
de la garantia de sus derechos o indemnizaciones por daños o lucro
cesante.
Si
los funcionarios han decidido tomar esta actitud, seria conveniente entonces
que reglamentara mediante alguna especie de "patente de corso"
estas 'actividades'.
De
esta forma podria otorgar a los distintos grupos, comandos o brigadas
distintas areas y objetivos para no crear conflicto entre ellas.
Asi, por ejemplo, unos tendrian la prioridad sobre espacios o edificios
publicos, otros sobre comercios o empresas, otros sobre instituciones
y asi podrian dedicarse libremente a apalear gente o destrozar autos...
en principio, ya se podra luego incinerar edificios achicharrando gente
adentro o pasar de los garrotazos a las decapitaciones o mutilaciones
a discrecion; abrasar bibliotecas, museos o fastidiosos medios de comunicacion
o viviendas de declarados 'enemigos' de alguna causa.
¿Y
ahora quien podra defendernos? podriamos decir como el Chapulin Colorado
de la infancia perdida.
¿Quien defendera a los ciudadanos de la (descontrolada) represion
de sus iguales?
¿Un Estado que no confia ni en si mismo?
¿Funcionarios que se esconden asustados en sus oficinas?
La
Argentina cuenta con un presidente que no confia ni en su propia estructura
judicial: No ha denunciado ni las extorsiones ni amenazas contra su vida
que dice haber sufrido. Ni denuncia los integrantes de los complots y
conspiraciones que debe padecer.
Por el contrario, se resiste a 'judicializar' estos temas que deben, precisamente,
judicializarse en aras de la supervivencia de la democracia, la Constitucion
y la forma republicana de gobierno.
Tambien
se resiste a la 'judicializacion' de la protesta, aunque implique la arbitraria
'despenalizacion' de los delitos erigiendose en manipulador interprete
de leyes.
La
Argentina cuenta con un presidente que no confia ni en sus politicas economicas,
negandose a regresar fondos depositados en el exterior y desalentando
asi, inversiones propias y ajenas.
Negando, en fin, la creacion de fuentes de trabajo y produccion.
Si
gozamos de un presidente tan extraño, que desconfia de sus propios
poderes y brazos, el poder judicial, politica economica y fuerzas armadas
(que deben protegerlo y protegernos) tambien debemos abandonar la esperanza
de que los altos funcionarios esten presentes en las circunstancias mas
dificiles.
Ni
el Jefe de Gobierno se hizo presente durante estos graves acontecimientos
ni ningun otro funcionario.
Cobarde y egoistamente abandonaron a sus propios empleados a merced de
una muchedumbre desquiciada.
Ni
siquiera tuvieron el valor de presentarse y dialogar.
Para eso se les paga, para eso se los mantiene, para eso se les forma.
¿El capitan de un barco se esconde en su camarote durante un motin
o tormenta? ¿El maquinista de un tren descontrolado se esconde
en el ultimo vagon?
Se
les brinda el voto para que aparezcan, enfrenten y resuelvan precisamente
en los momentos en que mas se los necesita, no solo para admirar sus bien
confeccionados trajes en cocteles y palcos.
No
es una situacion nueva. Durante los sucesos de diciembre de 2001 el mismo
Ibarra y la casta de impresentables estaba refugiada a seguro en sus casas
mientras se aplastaba a gente y se incendiaba la plaza: su plaza y su
gente.
Ninguno se preocupo por ellos y si, por sus propios intereses.
Preocupa
esta 'legitimizacion' de la violencia, pues, ¿cuantos grupos de
cuantas tendencias se creeran con derecho a -representando 'al pueblo'-
aplastar la democracia ejerciendo aquella?
Hasta
las tribus mas primitivas poseen sus codigos y costumbres, sus jefes,
consejos y brujos; por eso sorprende este camino hacia el no-Estado.
De
todos modos, se nos parece que estos hechos y los que indudablemente sobrevendran
en el futuro estan destinados hacia un -todavia- umbroso objetivo que
solo esta claro en las inescrutables mentes de quienes dirigen el pais.
Si
Luis XVI hubiera actuado, podria -quizas- haber salvado la monarquia (y
su cabeza).
La 'revolucion' junto a sus ideas reformistas era ya un hecho irreversible
y se podria haber evolucionado hacia una monarquia constitucional.
Empero,
se legitimo el terror y la Revolucion quedo en manos de desquiciados reaccionarios
de cada lado devorando a campesinos, artesanos, obreros, prostitutas y
lavanderas, y hasta sus propios creadores, pues gran parte de los privilegiados
ya habia huido antes.
La romantica 'Revolucion' se convirtio en una esponja de sangre que exprimio
luego otro tirano como Napoleon.
Pero
por aqui y por ahora, no existen luises ni napoleones, ¿o si?
Diario
Accion, 16 de julio de 2004 |