| "No,
no y no. La gente aca es rara, es muy rara. Mira, mi viejo era militar
y vivi durante mucho tiempo en pueblos distintos, pero nunca en uno
como este" decia hace años una militante radical a su
pareja (justicialista) nacido y criado en General Rodriguez y al grupo
de gente que estabamos con ella.
Por
cierto, es comun que el habitante de una localidad determinada piense
que disfruta (o padece) caracteristicas en su gente que lo hacen particular;
aunque esto en realidad, sea nada mas que una impresion: la gente
-en principio- es igual en todas partes.
El
17 de septiembre a las 11 de la noche fallecio una amiga personal,
con quien habiamos compartido tareas de trabajo hace muchos años
atras y con quien, desde entonces, compartiamos una gran amistad.
Su nombre era Dora Jordana.
La
presencia de 'Dorita' era comun en las calles, sitios publicos y conferencias
de prensa. Con sus jovenes 62 años, iba y venia de aca para
alla, estando al tanto de todo y presente en todo lugar que la vinculara
a su labor cotidiana.
Canchera
y macanuda, el encontrarla y compartir un cafe con ella era parte
de un grato y reconfortante ritual, contagiando siempre su buen humor
y con la que podia hablarse con comodidad y confianza.
Porque
'Dorita' siempre estaba de buen humor. Radicada desde hacia años
en esta ciudad, poco, muy poco era lo que se sabia de su vida pasada,
apenas dejaba vislumbrar las alegrias vividas y para nada sus desdichas
y amarguras; sus momentos dificiles, que debieron ser muchos, los
reservaba solo para ella sin dejarlos trascender.
Amiga
de todos, jamas la escuchamos hablar mal o peyorativamente de alguien,
aunque tuviera (y muchas) razones para hacerlo. Los reproches que
podria haber dirigido a alguien, eran silenciados con un suspiro resignado.
La vida, el trato con la gente, la calle y la sabiduria acumulada
a lo largo de los años le habia enseñado aquella filosofia,
comprension y aceptacion particular del que pocas personas disfrutan.
Ducha
conocedora de la politica y politicos locales, jamas aprovecho en
su provecho esta cercania; jamas se refrego -como si lo hacen muchos-
al politico de moda y mucho menos se enredo en intrigas, extorsiones
u oscuros arreglos, tan comunes cuando se trata de ambientes del poder,
aunque sea en el modesto nivel de General Rodriguez.
Muchas
veces maltratada, sabe Dios cuantas humillaciones debio tolerar Dora
Jordana de sus propios pares, acaso envidiosos de una gloriosa libertad
y conducta mantenida diestra y firmemente. Dora no era dueña
de ningun medio ni tenia dinero y muchos no la tomaban muy en serio,
aunque no hubiera motivos para ello. Ella era perfectamente consciente
de ello y continuaba su trabajo, sin molestar ni fastidiar a nadie,
afrontando las situaciones con entereza y humildad. Jamas se la escucho
hablar mal de sus colegas, jamas se le conocio alguna zancadilla,
o haber tramado algun hecho que los perjudicara, cosa de la que pocos,
muy pocos pueden ufanarse.
Dora
Jordana tendria sus defectos, por cierto, pero ellos jamas se reflejaron
en su labor o trato con los demas. Vital, dueña de una energia
envidiable, contagiando alegria y buen humor, positiva y amiga de
todos, la acompañaron hasta su destino final, despues de muchos
años de convivir con los rodriguenses, apenas media docena
de personas, de los cuales la mitad eran sus familiares residentes
en Buenos Aires.
Cierto
es que fueron muchas las personas que la visitaron durante su breve
convalecencia y pocas, pero de gran valor espiritual las que se acercaron
a su desolado velatorio.
Los
dedos de una mano sobran para contar a los "colegas" que
se acercaron a despedirla. Y ninguna mano nos servira para contar
a la multitud de politicos justicialistas con los que trato durante
tantos años.
Y aqui cabe un elogio y agradecimiento especial para el resto de los
concejales de las otras fuerzas politicas; para Adriana Sieff, secretaria
de Accion Social, quien se ocupo personalmente del dificil trance
de Dora, tambien para el director del Hospital Vicente Lopez y Planes,
Dr. Schapira; el intendente municipal, quien envio una cruz y especialmente
a Elio Campolucci, propietario de Canal 6 quien la cuido y asistio
constantemente con afecto y ternura.
Dora
Jordana fue siempre una presencia querible en General Rodriguez y,
sin embargo, muchos estuvieron ausentes cuando ella mas los necesitaba,
y mas aun cuando ya no. Muchos de los cuales le debian -incalculables-
favores, a Dora, que jamas les debio ninguno.
Fue
un velatorio desolador, en el que no se hizo presente ningun representante
de las tantas instituciones a las que ella apoyo durante tanto tiempo
con su presencia y difusion; en el que practicamente no se hizo presente
ningun colega, que tantas veces contaron con su consulta y ayuda.
Ninguna solidaridad, ningun sentimiento logro conmover a la gente
de esta ciudad, a la que Dora conocia de a cientos.
Pero...
por algo habra pasado, se preguntara el lector, "algo habra (o
no) hecho" para que Dora Jordana muriera tan sola.
Sin dinero ni poder, sin ser un figuron publico cuya muerte sirviera
de vacio exhibicionismo social, la suya propia sorprendio por lo inesperada
y repentina.
Sin
embargo, nada debe sorprendernos. Nada debe desconcertarnos.
Durante la jornada contra la violencia efectuada en todo el pais durante
los primeros dias de septiembre, esta sociedad asistio a la misma
con una frialdad, desinteres e indiferencia escalofriantes.
Mientras
todo un pais vibraba y se emocionaba en aplausos y demostraciones,
General Rodriguez continuaba su chata rutina sumergida en un silencio
mortal.
La
invitacion fue aceptada y realizada pudorosamente en los establecimientos
escolares, puertas adentro.
Ningun breve acto en la plaza central, ninguna asistencia especial,
ninguna palabra pudo ser escuchada, compartida.
Mientras
en el resto del pais, las instituciones invitaban y programaban pequeños
actos, en General Rodriguez ninguna emprendio ni plego a la propuesta
que en muchos sitios fue lanzada, por ejemplo, por entes solidarios
y camaras de comercio.
¿Que hubiera pasado si algunos colegios hubieran enviado alumnos
para que expresaran algun deseo de paz; si, como paso en muchos lugares,
hubiera habido coros o recitados de poemas; si nuestros politicos
y funcionarios se hubieran dado la mano entre ellos en presencia de
la gente? General Rodriguez desecho una digna postal que hubiera conmovido
su historia.
Nada
ni nadie. El pavoroso silencio y ausencias rodriguenses ahogaron el
clamor y lo aislaron de millones de personas que al unisono proclamaban
una consigna por la paz y unidad. Exactamente durante la misma semana
en que la boca de un octogenario habia sido sofocada para asesinarlo
y robarle; en la misma semana en la que la casa del mismo intendente
habia sido desvalijada y amenazada la vida de su familia; sin contar,
claro, los robos, asaltos, apuñalados y hurtos habituales.
En
realidad, resulta todo un merito -y un alivio- que mucha gente no
se haya acercado hasta Dora, quien, al parecer, nos ha gastado a ultimo
momento su postrer broma: demostrarnos que estamos asi, porque asi
somos.
Quienes
esto escriben tuvieron el honor, a falta de otras manos, de sostener
su feretro y de ser practicamente las unicas personas que estuvieron
junto a ella hasta lo ultimo.
Y seremos nosotros, los que en la proxima conferencia de prensa propondremos,
ante politicos, funcionarios y "colegas" un minuto de silencio
en homenaje a Dora. Un minuto de silencio por ella. Y por todos nosotros.
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