Ante
el escándalo desatado por la distribución de zapatillas
con el slogan y firma del gobernador, Ruckauf respondió que de
ninguna manera se trataba de publicidad alguna y que simplemente se hacía
de esa manera para evitar la reventa. Jamás se refirió a
la naturaleza del acto, desde todo punto de vista repugnante, ni admitió
que podría haberse implementado de otra forma. Realmente, creer
que no se trató de una publicidad cuando sólo faltaba en
la prenda su sonriente imagen, es difícil de creer.
De todos modos su insistencia en rechazar las imputaciones ante, por ejemplo,
el periodista Mariano Grondona ("con una mano en el corazón")
desconcertaba al televidente por dudar si se estaba frente a un caso de
megacinismo o bien, ante un cándido cuadro naif sin malsanas intenciones.
Este
escándalo fue, afortunadamente para el gobernador, eclipsado
en cuestión de horas por las nuevas y polémicas medidas
económicas y, aparentemente, no tendrían entre sí
ninguna relación.
La sociedad
argentina suele ser olvidadiza y complaciente frente a ciertas actitudes
de políticos y funcionarios que en ocasiones descubren su psicología,
modo de pensar y actuar y en muchos casos sus reales intenciones y pensamientos.
Una sociedad seria no perdonaría a un candidato a presidente
tales actitudes, sospechando que las mismas constituyen toda una proyección
de su (real) política futura. Una actitud como esta sería
no solo cuestionada sino también imprimiría en su autor
una mácula que haría peligrar sus aspiraciones; mucho
peor, cuando el propio autor insiste en estar de acuerdo con su actitud
Una
sociedad seria hubiera cuestionado severamente a quien, durante la campaña
era mostrada recorriendo conmovida villas miserias y abrazando chicos
desnutridos, pero a quien no le tembló el pulso -una vez en el
gobierno- para acomodar a su profesor de tenis con un sueldo mensual
de 5.600 pesos. Al carajo los chicos desnutridos. "Como en la sociedad,
en política hay muchos sinverguenzas" dice la señora
más adusta, incorruptible y justa del Frepaso. (G. Fernández
Meijide 13 de febrero de 2001).
A una
sociedad seria ni se le ocurriría tener en cuenta a tales políticos
y funcionarios. "Si no salimos adelante somos unos inútiles"
expresó el ex vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez
el 2 de julio de 2000 quien meses más tarde renunció a
su cargo desatando una crisis institucional nunca vista. ¿El
licenciado Alvarez en definitiva, es un inútil?.
A una
sociedad seria ni se le ocurriría tener en cuenta a un candidato
a presidente que, a pesar de su torrente de promesas cuando fue candidato
a Jefe de la Ciudad de Buenos Aires, de revisar la administración
anterior jamás cumplió con lo dicho. Además, esta
persona, ¿sería capaz de dirigir y 'arreglar' un país
cuando no pudo arreglar dos calles que se inundaban de la ciudad que
administraba?.
Y mucho
peor, una sociedad seria jamás hubiera perdonado a quien, presentándose
como un dechado de virtudes, tuviera trabajando en su quinta a un ñoqui
de la legislatura. ¿Qué dignidad y seriedad podemos esperar
de quien debe tener actitudes ejemplificadoras hacia la sociedad?
En los
primeros días de marzo, desde la municipalidad de General Rodríguez
se dictó la orden de revocar la custodia personal que un funcionario
de la provincia perteneciente al área de Seguridad se había
provisto a si mismo. Un patrullero velaba noche y día por la
integridad física del funcionario en detrimento de la comunidad.
Si las balas podían perforar cotidianamente los cuerpos de aquellos
sobre cuyas vidas este funcionario tiene la responsabilidad de asegurar,
el mismo se había asegurado el privilegio de defender la suya
y la de su familia a costa de la vida de aquellos. Quizás algún
día este funcionario ascienda en su carrera política,
y quizás algún día sea "responsable"
de muchas más vidas. Ya sabemos a qué atenernos.
Existen
actitudes de los candidatos a través de los cuales detectamos
su (y la nuestra propia) proyección en el futuro. En estos días,
de tanta turbación, existe la íntima convicción;
el pálpito de que ya sabíamos exactamente qué ocurriría
pero no deseábamos, esperanzados, ocurriese.
Y sin
embargo la opinión pública, complaciente, justificadora
y disculpadora, accede y acepta los discursos y actitudes de estas personas
que solo intentan impactar e influenciar verosimilitud propagandística
más allá de la verdad o no que éstas impliquen.
Zapatillas
y ñoquis, declaraciones y antecedentes -que en su momento no
se tuvieron en cuenta o se disculparon- explican a las claras el porqué
de nuestras quejas de hoy día y explican y enseñan que
la complacencia tarde o temprano se paga y muy caro y claro, nosotros
somos quienes nos hacemos cargo y no aquellos sinverguenzas que son
siempre los otros, según la Sra. Fernández Meijide.
Diario
Accion, Marzo de 2001
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