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Cuarto Domingo de Cuaresma:
LA
BONDAD DEL PADRE.
La parábola del Hijo pródigo es la
más bella historia de amor. Hay que leerla, contemplarla y guardar
esa foto del Padre en la cartera, cerca del corazón.
Escribía Charles Péguy: "Todas las
parábolas son hermosas, todas las parábolas son grandes. Pero con
ésta, millares y millares de hombres han llorado."
El protagonista de esta parábola no
es el hijo sino el Padre. Podríamos titularla así: Parábola del
Padre bueno, a quien le traiciona el corazón.
Las parábolas de la Misericordia
abundan en gestos exagerados: No es normal que una mujer
pierda la noche buscando una moneda de escaso valor. Menos normal
que un pastor deje en peligro 99 ovejas por ir a buscar una. Y la
anormalidad llega al delirio cuando un padre entrega en vida la
herencia al hijo caprichoso y, cuando vuelve después de haberlo
perdido todo con una vida desordenada, no le echa en cara sus
pecados sino que corre a buscar al hijo, le besa, le abraza y
empuja a la fiesta a semejante calavera.
Todas esas
exageraciones tienen una finalidad: decirnos a las claras que
así de exagerado, así de loco, así de escandaloso es
el amor del Padre.
El Padre podría haber adoptado alguna
postura más razonable: podía haberle concedido al hijo lo que pedía:
entrar en casa como un obrero más, pero no como hijo. Podía haberle
perdonado dándole una nueva oportunidad, pero con una amonestación:
Si vuelves a irte de nuevo, lo siento, pero aquí no vengas. Incluso
podría haberle dicho: Mira hijo, eres joven y te comprendo. Se te
han cruzado los cables. Yo te perdono todo. Ha sido un paréntesis en
tu vida. Para mí eres el mismo de antes. Hubiera sido un buen padre.
Pero, lo que de ningún modo hubiera imaginado el hijo es que, por
el mero hecho de volver, le cubriera de besos, matara el becerro
cebado y organizara aquella fiesta. Ninguno de nosotros hubiera
hecho lo mismo, pero Dios sí. Este es el verdadero Dios revelado por
Jesús, el único que sabe cómo es el corazón de Dios ya que ha vivido
siempre volcado, gravitando junto a Él (Jn. 1,1). Ante esta bella e
impresionante imagen de Dios, revisemos, adaptemos y, en algunos
casos, desterremos para siempre tantas caricaturas que, a lo largo
de los siglos, hemos hecho de Dios, hasta desfigurar por completo su
verdadero rostro.
Raúl.
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Tercer Domingo de Cuaresma.
COMENTARIO AL EVANGELIO
(Lc.
13, 1-9)
Este evangelio se
encuentra dentro de la narración del viaje a Jerusalén donde Jesús
se va a encontrar con la muerte más ignominiosa: la muerte en Cruz.
Este camino de la Cruz debe seguirlo todo cristiano, todo aquel que
quiere ser discípulo de Jesús. Como esto resulta difícil, de ahí que
sea necesaria la conversión.
Jesús es informado del asesinato de unos
galileos por soldados romanos. Existía entonces, en efecto, la
creencia generalizada de que determinadas desgracias personales eran
consecuencia de un pecado precedente. Contando con esa creencia hace
Jesús la siguiente pregunta: ¿Creéis que, por haber sufrido tal
suerte, esos galileos eran más pecadores que el resto de galileos?
Jesús afirma enérgicamente: ¡Os digo que
no!
Ahora el Señor nos puede hacer la misma
pregunta: ¿Y creéis que los soldados que mueren en la guerra son
peores que nosotros que vemos los efectos de la guerra por la T.V
sin ningún riesgo y desde la comodidad de nuestros hogares? ¡Os
digo que no! ¿Y los enfermos terminales que avanzan
inexorablemente hacia la muerte , ¿son peores que nosotros que
disfrutamos de buena salud? ¡Os digo que
no!
Que quede claro que la enfermedad y la muerte no son castigos de
Dios. Que quede claro no estamos más cerca de Dios cuando las cosas
nos salen bien y que estamos lejos de Él cuando nos salen mal.
En el evangelio de San Lucas la higuera que no da fruto no recibe un
castigo. El evangelista la convierte en una parábola de la paciencia
y misericordia de Dios. Todos tenemos necesidad de conversión; todos
tenemos que ajustar nuestra vida al evangelio; todos tenemos que
afinar las cuerdas de la vida para que toquen el canto que agrada al
Padre: el canto del amor.
“Cuando estén afinadas, Maestro mío,
todas
las cuerdas de mi vida,
cada vez que Tú las toques
cantarán amor”. (R. Tagore)
Raúl.
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Segundo Domingo de
Cuaresma:
LA TRANSFIGURACIÓN
San
Lucas ha querido poner el tema de la Transfiguración en un contexto
de oración: “Jesús se llevó a Pedro, Juan y Santiago a lo alto
de una montaña para orar”. La montaña ha sido el lugar
preferido por Dios para sus manifestaciones. En una montaña Dios
entregó a Moisés las Tablas de la Ley. En otra montaña, según Mateo,
Jesús nos ofreció la joya preciosa de las Bienaventuranzas. Y es
ahora en una montaña donde Jesús se transfigura.
En el valle, donde
vivimos nosotros, nos ahoga el ruido, el ajetreo, las prisas. Nos
asfixia la contaminación. Nos vemos envueltos en los egoísmos, las
envidias, los odios, nuestros viejos pecados. Y necesitamos subir a
la montaña de Dios para respirar el aire puro del Espíritu. Respirar
la verdad, el amor, la justicia, la paz.
“Y mientras oraba,
el aspecto de su rostro cambió”.
La oración nos cambia,
nos transforma, nos hace ver las cosas de una manera nueva,
distinta. S. Pedro quería hacer tres tiendas de campaña, las
tres iguales: una para Moisés, otra para Elías y otra para
Jesús. San Pedro compara a Jesús con los grandes personajes del A.T.
¡Qué equivocado estaba!. El mejor comentario lo hace el mismo
evangelista cuando dice:”No sabía lo que decía”. Y
ciertamente, igualar a Jesús con Moisés y Elías es no tener ni idea
de lo que es Jesús. Jesús, además de hombre, es el Señor. Es Dios.
Tampoco nosotros tenemos idea de Jesús cuando, en la práctica, lo
comparamos con el dios-placer; dios-poder; dios-dinero;
dios-prestigio; dios-comodidad.
"Una voz grita
desde la nube:”Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”.Cuando sonó
la voz, se encontró Jesús solo.
He ahí el efecto, el
verdadero fruto de la oración: encontrarnos con Jesús solo.
Sólo a Él hay que escuchar. Sólo a Él hay que servir. Y, como dice
el Papa Benedicto, sólo a Él hay que mirar. “Mirarán al que
atravesaron”. (Jn. 19,37). Él dio la vida por nosotros. Nos
amó a nosotros más que a Él. Por eso decía Jesús:”El que pone la
mano en el arado y mira atrás no sirve para el Reino de Dios” (Lc.
9,62). El que sigue a Jesús ya no puede mirar atrás. Una vez que
Jesús está delante de nuestros ojos, ¿qué me pueden ya ofrecer los
que quedan atrás?
¿Qué mirarán los ojos
que vieron de su rostro la hermosura
que no les sea enojos?
(Fray Luis de
León).
Raúl.
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Primer Domingo de Cuaresma.
LAS TENTACIONES DE JESÚS.
Lucas. 4,1-13
La clave para
entender las tentaciones de Jesús está en la frase que se repite:
"Si eres Hijo de Dios".
Todos sabemos lo que
significa “ser hijo de papá”. Es el niño de padre rico y que,
caprichosamente, consigue de éste todo lo que quiere. La gran
tentación para Jesús fue el ser hijo de Papá-Dios. Él podía jugar
con ventajas….
“Si eres
Hijo de Dios puedes convertir las piedras en pan”.
Jesús piensa que los hombres se ganan el pan “con el sudor de su
rostro” y, como no quiere privilegios, rechaza la tentación. Quiere
ser como los demás. ¡Cuánto nos cuesta ser como los demás!...
“Si eres
Hijo de Dios tírate de aquí abajo”
Y Jesús piensa: si un hombre cualquiera
se tira del alero del templo abajo, se rompe la cabeza. Y como yo
quiero ser “igual que los demás” (Filipenses. 2,7) y no me quiero
romper la cabeza, no me tiro. No quiero tentar a Dios viviendo de
milagros. Porque yo no me avergüenzo de ser hombre y me encanta
poder llamar a todos los hombres: “mis hermanos”. (Hebreos 2,12).
!Cuánto nos cuesta dejar privilegios!...
“El diablo le mostró
en un instante todos los reinos del mundo…y le dijo: Si te
arrodillas delante de mí, todo será tuyo”.
Esta tentación es
demasiado burda. Las dos anteriores tienen una lógica y se apoyan en
la misma Escritura. ¿Quién le ha dicho al diablo que el mundo es
suyo? ¿Dónde tiene el título de propiedad? Ya, desde el tiempo de
Orígenes, (s.III) se viene dando otra interpretación. Hoy podría ser
ésta. Existen dos Reinos: el del Bien y el del Mal. El Diablo está
en su reino, en el del mal. Y tiene un gran éxito. Para eso usa
estos medios: miente, engaña, azuza pasiones…etc.
Y le propone a Jesús:
Si quieres triunfar en tu Reino, por supuesto que no vas a emplear
mis medios. Pero ¿no podrías cambiar de táctica? ¿Acaso no podrías
salvar a los hombres sin complicarte tanto la vida? ¿O es que no
podrías salvar a todos muriendo tranquilamente en tu cama? ¿Acaso
no eres Hijo de Dios? ¿Por qué te empeñas en morir en un
Cruz?... Esta palabra horroriza a los hombres. ¡Te vas a quedar
solo! El diablo quiere disuadir a Jesús de morir en Cruz. Y eso
sí que fue auténtica tentación para Jesús. Y sigue siendo para todos
nosotros...
Raúl..
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