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Ambar... En su habitual recorrido por la ciudad, nuestra combi se detiene ante la luz roja de un semáforo ubicado en una de las sucias esquinas de la céntrica Av. Abancay.
En el kiosko de al lado, un hombre de mediana edad ojea los titulares del día. Tiene sobrepeso y bigote. Estrena lentes oscuros de imitación. Su camisa blanca, recién planchada, no solo revela un abultado vientre, sino también algunos pequeños remiendos por entre las costuras.
Viste un pantalón beige que probablemente cerró con no poco esfuerzo. Muerde un mondadientes, el mismo que sostiene obsesivamente con unos rechonchos deditos enfundados en toscos anillos de metal. Se divierte "cireando" a las empleadas domésticas que han salido a hacer sus compras de última hora. Ninguna le hace caso. Antes que la luz del semáforo cambie a verde, el tipo sube a la combi abriéndose paso a empellones. Algunas señoras le recriminan su prepotencia. Apesta a colonia barata. Se ubica en el último asiento del vehículo, a la vez que lanza un vulgar suspiro.
Sonríe, o al menos eso parece. Saca un diario chicha del bolsillo trasero y lo abre en la página central. Los estrafalarios artículos impresos en fondos multicolores iluminan su rostro. No lee los textos, primero prefiere verles el culo a las vedettes. Tal vez leerá después, si es que hay ganas. Este blog está pensado precisamente para gente como él... (aunque nunca se sabe, puede que te guste a ti también). |