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Sin duda que la historia del combate entre hombres se remonta a los albores de la humanidad. Difícil se hace precisar si primero fue la lucha con armas o sin ellas. Lo que aparece contrastado es que todos los pueblos han desarrollado formas peculiares de lucha, y que estas se reducen a un hecho constatado:
Uso del propio cuerpo para defenderse. Apoyo en utensilios, más o menos sofisticados.
En Japón los combates públicos entre hombres sin armas datan del año 230 a. de C., con bastante relevancia social, apareciendo frecuentemente entre las ceremonias de la corte imperial. Indudablemente, con el tiempo, comenzó la búsqueda del perfeccionamiento técnico en esas dos direcciones. Y así fueron desarrollándose formas de lucha, más o menos sofisticadas, que, bajo diferentes nombres, han llegado a nuestros tiempos. En la actualidad y gracias a los medios de difusión, el interés del público por las formas de lucha orientales, prima sobre las del propio país. En la actualidad, al día de hoy, muy poco tienen que ver estos métodos con las antiguas formas de combate. Tienen poco sentido y nula razón de ser los métodos que pregonan la destrucción del individuo; muy por el contrario, privan los que ayudan a formar y desarrollar el carácter del practicante facultándolo con un plan interno de autocontrol, capaz de unificar su cuerpo y espíritu en busca de un resultado eficaz a la hora de la verdad. De otra forma, ¿de que sirve pasarse miles de horas de entrenamiento, con y sin armas?
"Las Artes Marciales no son un espectáculo ni un teatro. Esto no es el verdadero Budo. El secreto de las Artes Marciales--decía siempre el Honorable Maestro Zen, Kodo Sawaki--es que no hay victoria ni derrota. ¡ No se puede vencer ni ser vencido !"
(Extracto del libro NIHON TAI-JITSU ICHIBAN RYU- de Dossío Shihan)
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