ISLAS CIES
Las Islas Cíes ( 42º 15´ Latitud Norte y 8º 54´Longitud Oeste ) se encuentran situadas en la entrada de la ría de Vigo constituyendo una barrera natural de protección para la misma. Esta característica es la que hace del Puerto de Vigo uno de los más seguros del mundo.
El conjunto está formado por tres islas, Monteagudo, Faro y San Martiño. La situada en el norte, Monteagudo, y la del medio, isla de O Faro, se encuentran unidas por una barra arenosa y un puente. Esto da lugar a que en la bajamar se forme una especie de lago marino rico en flora y fauna singular.
A la belleza natural de las islas hay que añadir la existencia de colonias de aves marinas, animales terrestres, flora en vías de extinción y dunas, además de diversos restos arqueológicos.
Todo esto da lugar a que en el año 1980 sean declaradas Parque Natural consiguiéndose de esta manera su protección para beneficio y disfrute de sus visitantes.
Las islas forman una pared rocosa vertical hacia el mar abierto en contraste con las suaves pendientes de la zona opuesta. Las playas se caracterizan por una arena blanca y extremadamente fina bañada por aguas transparentes. En el acantilado existen enormes cavernas marinas que constituyen un refugio para las aves marinas. Algunas sobrepasan los treinta metros de profundidad y quince metros de altura.
HISTORIA
La historia de las islas se remonta a la antigüedad, de hecho, algunos autores las identifican como las Islas Casitérides nombradas por Herodoto. Ptolomeo se refiere a ellas como Islas de los Dioses. Plinio, por su parte, se refiere a ellas como Siccas. En su día pertenecieron a Tuy y posteriormente a Bayona, de ahí que, en un pasado, también se las conociera por las Bayonas.
Los estudios arqueológicos llevados a cabo sacaron a la luz restos de cerámica castreña y romana. Y es que en su día (año 58 antes de J.C.) fueron visitadas por el emperador romano Julio Cesar que a bordo de un trirreme persiguió y luchó contra los herminios, pobladores de la Sierra da Estela (Portugal). En su resistencia a la dominación romana se fueron desplazando al norte de Portugal hasta refugiarse finalmente en las islas Cíes. Los romanos se vieron obligados a mantener una enorme flota en el puerto de Erizana (actual Bayona). Finalmente, el aislamiento, que no los romanos, los doblegó. En los siglos XVI, XVII y XVIII fueron atacadas en varias ocasiones por los piratas, lo que ocasionó el abandono de sus habitantes. En el siglo XIX se construyó un cuartel de carabineros y dos fábricas de salazones. Alrededor de unas treinta familias, vecinas de las cercanías, se ubicaron en las islas con objeto de dedicarse a la agricultura, pesca y ganadería. Pero las dificultades del aislamiento les hizo abandonar su empresa.