Los celtas del noroeste
Para todos es un lugar común considerar a Galicia como el pueblo celta de orígenes más puros de la península. Sin embargo, la arqueología no ha podido aportar pruebas suficientes de la presencia de pueblos de orígen celta en el ángulo noroeste de la península con anterioridad a las primeras noticias dadas por los geógrafos e historiadores griegos y romanos.
Como ya hemos visto, es a partir del siglo VI a. de C. cuando podemos hablar en la península de una cultura propiamente celta que se manifiesta principalmente en la meseta y en la conocida como área celtibérica, donde alcanza su mayor esplendor con la llegada de la edad del hierro.
Este hito supone el hallazgo y explotación de la riqueza minera del área del Moncayo y zonas próximas, lo que origina una ruptura con las estructuras sociales típicas de la edad del bronce, provocando el desarraigo de numerosos grupos, que emigran hacia el oeste. Estas migraciones serán las que a la postre darán a todo el noroeste penínsular su carácter céltico.
La doctora G. López Monteagudo nos dice: "Diodoro designa como celtíberos a todos los habitantes de la meseta, lo que coincide con la afirmación de Plinio de que la Celtiberia llegaba hasta el Atlántico. Teniendo en cuenta que estas fuentes son tardías, puede suponerse que la situación que describen era debida a la expansión de los pueblos celtibéricos del extremo oriental de la Meseta sobre otros grupos indoeuropeos que habitaban el resto de esta amplia región.", y también: "Estrabón cita unos keltoí en las cercanías del cabo Nerión, llamado por Mela Promontorium Celticum, que habían llegado hasta alli en compañía de unos turduli y que eran parientes de otros keltikoí que vivían junto al Anas. Según Garcia y Bellido, estos celtici habían salido de la región oriental de la Meseta en dirección a Lusitania, en donde encontramos otros celtici en la desembocadura del Guadiana; desde aquí habían reemprendido el camino hacia Galicia, en donde parte de ellos se fundieron con otros celtici que vivían dispersos en la región galaica."(La región galaica abarcaba toda la zona comprendida al norte del Duero y al oeste de la linea que forman el Sella en Asturias y el Esla en León, no sólo la Galicia actual)
Estas migraciones producen en su contacto con los pueblos de origen indoeuropeo que predominan en la zona del noroeste peninsular, una nueva cultura mezcla de ambas. Se trata de la llamada Cultura Castreña, que se desarrolla durante la edad de hierro, pero que hunde sus orígenes en la del bronce, cuando todavía no se atestigua la presencia celta en la zona. Se trata de una cultura en la que los elementos célticos son incuestionables, pero que presenta rasgos y costumbres peculiares que no encajan con lo que sabemos de los celtas y que debemos atribuir a un primitivo aporte indoeuropeo, seguramente ligur o ilirio, o de ambos.
La cultura castreña
La presencia de castros es común a todo el área celta de la Península. Sin embargo, los castros del Noroeste presentan particularidades respecto a los de la Meseta. Mientras en Castilla la forma es cudrangular aqui es redonda u oval, tanto en el castro como en las casas. Mientras en la Meseta algunos alcanzan la categoría de oppida, en el noroeste su tamaño es siempre reducido y además son mucho más frecuentes y próximos entre sí. Así Manuel Bendala nos dice: "En las fases más antiguas los castros se organizan interiormente en casas redondeadas y aisladas, una vieja tradicón que nos remite a tiempos prehistóricos; constituyen un paradigma, no sólo de escaso aprovechamiento del espacio ocupado, sino de individualidad, ausencia de coordinación y de jerarquías sociales, quizá el mejor contrapunto a la idea del asentamiento planificado y sujeto a un plan que aplica una determinada autoridad comunitaria. Este tipo de casas se mantiene de forma muy conservadora en la que se considera cultura castreña por antonomasia, la «castrexa» del noroeste, propia de los galaicos y pueblos limítrofes, fundamentalmente los astures de las inmediaciones.".
Podemos definir la cultura castreña como aquella que se desarrolla entre los siglos VI a. de C. y V de nuestra era, aunque unde sus raices en la Edad del Bronce, en tierras de la antigua Gallaecia romana, y cuyo elemento más característico es el castro.
Los castros
Los castros deben su orígen a las invasiones de los Sefes. Los nativos, pacíficos, que hasta el momento vivían en el llano y en las vegas de los ríos, trasladan sus viviendas a sitios más inexpugnables y de fácil defensa, amurallándose.