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Aunque
el verdadero origen del queso es desconocido, su existencia se menciona
ya en los tiempos bíblicos, cuando se consumía en
forma de "tajadas de leche" y, como requesón, en
la época de Homero.
En la mayoría de las lenguas, la palabra queso deriva de
la palabra caseína, del latín "caseus",
cuyo significado origina carere suerum (que carece de suero raíz),
y que le da el nombre al español queso, al portugués
queijo, al inglés cheese, al holandés kass, al alemán
kasse, etc.
Los términos en francés fromage y en italiano formaggio,
se cree que derivan del griego "formos", que era la canasta
de mimbre donde se le quitaba el suero a la cuajada.
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Si bien es cierto que han
transcurrido muchos siglos de elaboración artesanal de quesos
hasta la moderna producción industrial, lo que no ha cambiado
es el proceso básico de su elaboración: la leche, dejada
durante cierto tiempo al aire libre, es contaminada por vías
naturales, se coagula y fermenta. Las múltiples variedades
de quesos con que se cuenta hoy se consiguen no sólo utilizando,
como antaño, diferentes clases de leche -por ejemplo, de vaca,
de oveja o de cabra y combinaciones de éstas- sino también
manipulando la acción de los microbios con mayor conocimiento
y precisión que antiguamente.
Pero también hay quesos que no se obtienen por fermentación
sino por el simple sistema de prensado para extraerles el suero que
contienen. Estos quesos son de bajo contenido graso y los únicos
que tienen vitamina C.
El valor nutritivo de los quesos es incuestionable, pero se tiene
hoy mayor conciencia de sus componentes y, en consecuencia, de los
tipos y cantidades que conviene consumir para obtener una dieta sana
y equilibrada. La cantidad de grasas varía según el
tipo de leche con que haya sido elaborado, si se trata de leche entera
o de leche parcial o completamente desnatada. Tampoco es alto el contenido
de proteínas, pero sí lo es el de calorías, por
lo cual su consumo suele excluirse de los regímenes de adelgazamiento
y de las dietas especiales para combatir la obesidad. Otros componentes
de los quesos son el calcio y el fósforo, en diferentes proporciones,
nutrientes apreciados para el buen funcionamiento orgánico.
De la amplísima variedad de quesos presente en el mercado occidental,
la mayoría se procesa en forma industrial. La ventaja que ofrece
este sistema de elaboración estriba, sobre todo, en los precios,
que son más reducidos que los de los quesos elaborados artesanalmente,
aunque éstos siguen siendo más sabrosos.
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