El corte de los quesos. Ante una variedad de quesos, un problema
que se puede plantear es cómo cortarlos. Algo que no sucede
con otros productos. En primer lugar hay que tener los utensilios
adecuados para cada tipo de queso. Por ejemplo, el queso Roquefort
se debe cortar con una guillotina o un cuchillo caliente, lo cual
evitará que se “desmigue”.
Las claves para un buen corte son la forma, la textura y el sabor
del queso: el de tetilla se debe cortar en rodajas, los quesos redondos
en cuñas y los del tipo Cabrales en tacos. Siempre hay que
tener en cuenta que el sabor determina el grosor del corte.
En buena compañía. Se
puede servir los ahumados con una gran diversidad de panes aunque
los más convenientes son los de semilla e inglés,
ambos tostados. Estos panes se untarán con mantequilla servida
en un bol con hielos. Otros productos adecuados son las ensaladas
verdes con pepinillo y huevo cocido o las alcaparras. En cuanto
al vino, el más adecuado es uno blanco ligero.
Los panes y las galletas saladas no son los únicos acompañantes
de los quesos, sino que también frutos secos y fruta, como
manzanas y uvas. En cuanto al vino, se debe elegir en función
del sabor del queso pero quizás lo más interesante
sería acompañarlo con caldos de la misma procedencia
que el queso.
Acompañar los Quesos. Cuando
quiera preparar una bandeja de quesos lúcida y variada, debe
tener muy en cuenta el acompañamiento de la misma. En primer
lugar es fundamental el pan: hogazas caseras; olvídese de
los panes condimentados. Las nueces, las almendras y las avellanas
frescas enteras son los frutos secos favoritos de los europeos para
acompañar este rico alimento. También puede colocar
en la bandeja alguna fruta, y las más adecuadas para tal
fin son las peras, las manzanas y los higos si son frescas; si prefiere
frutos secos, apueste por los higos, las ciruelas y las pasas. Los
Quesos Azules con un poco de miel silvestre realzan su sabor.
Conservar la tabla de quesos. El queso
no es un producto que se considere difícil de conservar.
Pero siempre hay que tener en cuenta una serie de consejos para
aumentar la vida de este delicioso producto. En primer lugar, hay
que tener en cuenta que todos los quesos no se conservan igual.
Los quesos menos curados se conservan peor, mientras que los más
curados aguantan más. Este tipo de productos siempre debe
ser guardado en una lugar fresco y seco, como puede ser el frigorífico,
utilizando para ello diferentes tupperwares. Hay que tener en cuenta
que si comparten el mismo recipiente pueden adquirir el sabor de
los demás.
Otra opción es la de envolverlos en plástico. El problema
es que si éste está muy apretado puede favorecer la
aparición de moho. La peor opción es envolverlo en
papel ya que suele resecar el queso. Otra opción no recomendable
es la de la congelación. Además, siempre se debe evitar
quitar la corteza ya que contribuye a una conservación más
natural.
Cuando el moho ha hecho acto de presencia, no hay que pensar que
el queso deja de ser comestible. En este caso lo que se debe hacer
es quitar todas aquellas partes que tengan el mínimo rastro
de moho, el resto sigue siendo comestible.
A la hora de servir, hay que tener en cuenta que se debe sacar unos
minutos antes del frigorífico. De esta forma recuperara la
temperatura ambiente favoreciendo una mejor degustación.
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