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Edgar
Allan Poe
A
principios del siglo XIX, una compañía teatral que simultaneaba
las obras de Shakespeare con comedias ligeras y actuaciones de
magia, recaló en Boston. Una de sus integrantes, Elizabeth Arnol,
descendiente de actores ingleses y casada con David Poe,
norteamericano de origen irlandés, dio a luz a un niño que
llamó Edgar el 19 de enero de 1809.
El
padre desapareció, no se sabe si literalmente o como consecuencia
de la tuberculosis, a poco del nacimiento de éste su segundo
hijo. La madre, también tuberculosa, dejó a su primogénito al
cuidado de unos parientes mientras seguía su ruta artística con
el recién nacido.
En
Norfolk dio a luz nuevamente una niña, Rosalie, que vino a
compartir las dificultades de su familia. Vencida por la
enfermedad, Elizabeth sobrevivió en Richmond gracias a la caridad
de algunas damas, que adoptaron a los niños cuando ella,
finalmente, murió. Edgar no había cumplido aún los tres años.
John
Allan, un modesto comerciante procedente de Escocia, logró sin
saberlo la inmortalidad para su apellido cuando se lo prestó,
casi sin su consentimiento, al niño que su mujer trajo a casa.
Frances
Allan le dio al niño todo su cariño. El matrimonio no había
dado niños y ella le crió como si lo hubiera engendrado. El
padre, en cambio, no quiso nunca adoptarlo legalmente, pero con el
tiempo llegó a encariñarse bastante con él. John Allan había
tenido varios hijos fuera de su relación con Frances y costear
sus gastos y los de Edgar era suficiente para no querer
comprometerse legalmente.
En
su infancia, Edgar Allan Poe inventaba ascendencias fantásticas
que mostraban ya su peculiar pensamiento, como la que lo
emparentaba con el general Benedict Arnold, uno de los traidores
más legendarios en la historia de su país.
A
los cuatro años, el niño deleitaba a las visitas con apasionadas
recitaciones de largos poemas de Walter Scott y otros autores de
moda. Su educación fue cuidadosa y típicamente sureña. De los
negros aprendió el valor del ritmo, que haría mágica su
poesía, y las leyendas del mar que escuchaba en los relatos
truculentos de los marinos que negociaban con su padre.
La
principal ocupación de su nuevo padre era el comercio de tabaco,
pero al joven Edgar le interesó más otra de sus variadas
actividades: la representación de revistas británicas. En ellas
absorbió desde muy pronto los restos de la literatura británica
del siglo XVIII. La pedantería, el goticismo y la erudición de
aquellos textos serían llevados por él a los más altos niveles
de perfeccionamiento cultivando el género característico de
aquellas publicaciones: los cuentos de terror.
En
1815 embarcó hacia el Viejo Continente con sus padres, que
pretendían visitar a sus parientes y cimentar algunas relaciones
comerciales. Se establecieron algún tiempo en Irvine, Escocia, y
en Londres. Allí continuó su aprendizaje del mundo real,
absorbiendo escenas, lugares y sentimientos que aflorarían
después en sus relatos.
Su
estancia durante cinco años en exigentes colegios ingleses, donde
la educación física adquiere una importancia desconocida en
Richmond, le aportó a su regreso en 1820 una capacidad física
superior a las de sus compañeros, que pronto le hicieron su
cabecilla.
Sin
embargo, no se dejó dominar por esta popularidad y a sus juegos
añadió sus aficiones, como estudiar las flores, dibujar, o
desaparecer misteriosamente durante horas. Esta soledad fue el
único testigo de sus primeros poemas, que en sus escapadas
escribía cuidadosamente y escondía como un tesoro.
Destacado
estudiante, pero acomplejado interiormente por sus carencias
familiares, intentaba compensar su complejo de inferioridad con
una exacerbada competitividad que le llevaba a realizar proezas
como nadar seis millas contra corriente en el río James. Era
también una forma de emular a Byron, su mayor modelo literario,
cuyo estilo guiaba sus propias composiciones poéticas.
Su
hermana Rosalie, adoptada por otra familia local, se ocupaba de
hacer llegar algunas de estas obras a sus amores de adolescencia.
Pero fue Mrs. Stanard, joven madre de un compañero suyo, quien le
hizo comprender la naturaleza de sus sentimientos, los que
habrían de acompañarle toda su vida.
Una
forma de amar platónica, idealizada, en la que su sentir secreto
ardía con el convencimiento de que amaba una ilusión, un ideal.
Haber podido conquistarlo habría supuesto el descubrimiento de la
humanidad de esa persona, y la decepción más absoluta. Mucho
más dolorosa que el amor no correspondido.
Cuando
ella enfermó y murió, en 1824, habiendo perdido la razón como
las heroínas de tantos de sus relatos, Poe sufrió amargamente y
tan en silencio como había amado. La tradición le muestra
visitando su tumba en la noche, destrozado. Duro, seco y con el
tiempo tiránico, John Allan heredó de un tío una considerable
fortuna. Pero su naturaleza era tan inflexible como la de Edgar, y
sus caracteres opuestos acabaron por chocar de forma irreparable.
La intención del protector de hacer de él un abogado o un
comerciante no encontraron el menor interés en Edgar, convencido
de que al no ser reconocido no recibiría ninguna herencia de
Allan.
La
recriminación de Edgar a su padrastro por el daño que sus
infidelidades conyugales causaban a Frances, obtuvo de éste una
hiriente respuesta sobre la verdadera paternidad de Natalie. Por
si fuera poco, John Allan se opuso a la relación de Edgar con la
hermosa Sarah Elmira Royster, escudándose en la necesidad de que
ingresara en la Universidad de Virginia y enaltecido por su
recién adquirida fortuna.
El
acuerdo entre John Allan y el padre de la chica significó una
solución novelesca: la interceptación de las cartas que el
enamorado escribía a Elmira y el olvido que forzaron en ella
justificándolo por el presunto olvido del joven. Una última
carta, confiada al cochero que en febrero de 1826 le llevaría a
Charlottesville, fue el penúltimo episodio de una historia que no
acabaría hasta muchos años después.
Es
probable que John Allan aprovechara la estancia de Edgar en la
Universidad para desentenderse de la carga que él parecía
suponer para su fortuna. Redujo al máximo la asignación
económica del joven impidiéndole mantener el ritmo de vida de
sus condiscípulos, que era precisamente para la que había sido
educado.
La
Universidad de Virginia era, por entonces, un lugar donde se
desarrollaba una agitada vida social, incluyendo el juego, la
bebida, los duelos y otras excentricidades sureñas de moda. La
falta de respuesta de la que aún consideraba su novia y las
dificultades económicas a que se veía sometido exaltaron aún
más su carácter, incapaz de ningún término medio.
Preocupado
únicamente de sus inquietudes intelectuales, empezó a tener
contacto habitual con el alcohol, omnipresente entonces en
Virginia. Un solo vaso de ron, que él bebía de un trago,
impulsivamente, bastaba para conducirlo a la hiperlucidez de la
intoxicación etílica, que lo convertía en un pensador y
conversador brillante. La hipersensibilidad de Poe al alcohol es
algo sobradamente conocido, y en virtud de la cual el segundo vaso
le sumía en la más absoluta borrachera, de la que despertaba
dolorosamente y tardaba días en recuperarse.
Académicamente,
no tenía rival. Su dominio de las lenguas clásicas era absoluto,
su inteligencia le permitía incluso estudiar mientras escuchaba
una conversación y leía vorazmente sobre historia, naturaleza,
matemáticas, astronomía y mucha literatura.
Al
final del curso de 1826, las deudas acumuladas por sus invariables
pérdidas en el juego sumaban una buena cantidad, que entonces
podía llevar a cualquiera a la cárcel, y John Allan se negó a
pagarlas. Por este motivo, Edgar tuvo que abandonar la Universidad
definitivamente.
Descubierto
el engaño de su relación con Elmira, el ambiente en casa de los
Allan apenas resistió unos meses antes de estallar de nuevo. John
Allan impuso a Edgar la obligación de estudiar Leyes o alguna
otra carrera profesional, a lo que se negó después de meditarlo
durante toda la noche.
Una
monumental pelea terminó con un portazo del joven al marcharse y,
después de vagar hasta el amanecer, con la escritura de una carta
pidiendo su baúl y algún dinero para mantenerse hasta encontrar
un trabajo. Ante la falta de respuesta de John Allan, la madre le
envió lo pedido y con ello se embarcó hacia Boston.
En
1827 publicó su primer libro, "Tamerlán y otros
poemas", gracias a su amistad con un impresor, pero la
inexperiencia que demostraba lo convirtió en un fracaso. Para
sobrevivir tuvo que enrolarse, con el seudónimo Edgar A. Perry,
en el ejército como soldado raso y hasta 1827 estuvo destinado al
fuerte Moltrie, en La Carolina.
A
los dos años había hecho suficientes méritos para ser ascendido
a sargento mayor, pero su decisión de dedicarse a la literatura
le parecía incompatible con el tedio de su compañía. Necesitaba
tiempo, bibliotecas, experiencias estimulantes. Entonces se
propuso recuperar el favor de John Allan para que le facilitara un
traslado.
Su
carta no obtuvo respuesta, pero pronto fue desplazado a Virginia,
cerca de su casa, lo que le permitió visitar a su querida madre,
Frances Allan. Fingió una retirada de sus intenciones literarias,
pidiendo a Allan su apoyo para ingresar en West Point.
Todavía
en el cuartel, una carta de su padrastro avisándole del
empeoramiento de la salud de Frances no llegó a tiempo, y ella
murió pidiendo todavía ver a su lado a Edgar. El dolor para el
joven fue terrible, y los criados tuvieron que recogerle cuando
perdió el conocimiento frente a la tumba.
Por
fin, la recomendación de un entonces exitoso escritor, John Neal,
le valió la publicación de "Al Aaraaf" conjuntamente
con su "Tamerlán" anterior. De regreso en casa de John
Allan, esperó el difícil ingreso en la Academia Militar de nuevo
enfrentado con él, porque veía publicados los poemas del joven
pese a haberse negado a sufragarlos.
En
Junio de 1830 ingresó en West Point, sometido a la disyuntiva de
una carrera que le era penosa a cambio de sobrellevar sus
necesidades físicas más fundamentales. Las habilidades físicas
de la adolescencia habían dejado paso a la herencia de una salud
precaria que hizo muy sufrido el entrenamiento de los cadetes.
Además,
tuvo que suplir con truculentas historias inventadas de viajes y
aventuras el desprestigio que le suponía la falta de dinero, ya
que John Allan mantenía la postura que le había impuesto en la
Universidad. Pese a todo, se refugió en sí mismo, meditando en
silencio las bases de la que habría de ser su futura poética.
Un
nuevo matrimonio de John Allan acabó con todas sus esperanzas de
protección, ya que además la nueva señora de la casa era hostil
hacia su hijo adoptivo, sin siquiera conocerlo. Ya seguro de que
no le servía de nada el esfuerzo de West Point, y de que razones
administrativas le impedían, como había planeado, terminar el
curso en seis meses, resolvió la única salida posible de la
academia sin violar el juramento de ingreso: hacerse expulsar.
Pero
antes se sirvió de un coronel para conseguir que los cadetes
costearan la publicación de su nuevo libro, una colección de
versos compuestos durante su estancia en West Point. No fue, como
esperaban, una serie de sátiras sobre la vida militar, sino
"Israfel", "A Helena" y "Lenore".
Luego, una serie de faltas a clase y a los oficios religiosos
lograron una rápida expulsión.
Una
carta a un acreedor en que acusaba a su tutor de tacañería y de
ser un borracho, llegó a manos de éste y dio lugar a un cruce de
misivas hirientes y ofensivas en que ambos descargaron todo su
resentimiento y que significó la definitiva ruptura de
relaciones.
Al
año siguiente de publicar su tercer libro, Poemas (1831), se
trasladó a Baltimore, donde vivió con su tía y una sobrina de
11 años, Virginia Clemm. En 1832, su cuento "Manuscrito
encontrado en una botella" ganó un concurso patrocinado por
el Baltimore Saturday Visitor. De 1835 a 1837 fue redactor de
Southern Baltimore Messenger. En 1836 se casó con su joven
sobrina y durante la década siguiente, gran parte de la cual fue
desgraciada a causa de la larga enfermedad de Virginia, Poe
trabajó como redactor para varias revistas en Filadelfia y Nueva
York. En 1847 falleció su mujer y él mismo cayó enfermo.
El
3 de octubre se celebraba en la ciudad unos comicios. Poe como un
vagabundo más, se acercó a esta población para recibir el
dinero que la chusma de borrachines recibían a cuenta de ciertos
partidos por depositar un voto a su favor. El dinero que
posiblemente necesitase el autor para emborracharse no lo llegó a
cobrar nunca. Fue hallado semiconsciente tirado en la calle.
Llevaba puestas ropas harapientas que ni siquiera eran suyas. Fue
ingresado en el hospital y cuatro días más tarde falleció en
medio de terribles delirios e incesantes imágenes de terror que
acosaban su mente agotada. Su desastrosa adicción al alcohol y
las drogas, contribuyeron a su temprana muerte en Baltimore, el 7
de octubre de 1849.
Edgar
Allan Poe vivió una vida tortuosa marcada por el dolor, dolor que
nacía de su alma melancólica y depresiva y que intentó calmar
mediante las drogas y el alcohol. Por su puesto no solo no lo
consiguió, sino que logró perderse para siempre en algún paraje
escalofriante de los nacidos de su mente. Murió con tan solo 40
años y dejó páginas y páginas de horror, impregnadas en su
sudor alcohólico y su sangre envenenada.
Algunas
obras del autor:
El
Gato Negro
El
Barril de Amontillado
William
Wilson
Ligeia
Corazón
Delator
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Narraciones
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