¡En mi Nombre, NO!
Blanca Martínez
Tras casi dos años de gobierno socialista, pocas cosas están tan claras como el hecho de que ZP anunciará, más tarde o más temprano, un proceso negociador con la banda terrorista ETA. Independientemente de mi opinión sobre la conveniencia y oportunidad de dicho proceso, sólo el hecho de que ETA sea consciente de las ansias de ZP por sentarse a dialogar con ellos, constituye la mayor irresponsabilidad que un gobernante ha podido cometer en materia antiterrorista. Las primeras negociaciones que se entablan con ETA en democracia las protagonizó el gobierno de UCD, negociaciones que concluyeron con el abandono de la violencia de ETA Político Militar VII asamblea en el año 1982. Hasta ese año, según fuentes ministeriales, ETA había matado a 373 personas, y desde el año 83 hasta nuestros días, el número de asesinados se eleva a 444. Bajo la presidencia de Felipe González se produjeron las famosas conversaciones de Argel. Tras años de contactos previos y varios meses de reuniones, el 7 de abril de 1989 ETA colocó un paquete bomba en Irún hiriendo a una persona, el 8 de abril estallaron 7 artefactos explosivos en la línea férrea Pamplona-Vitoria, el 11 de abril, ante estos hechos, el gobierno dio por finalizadas las conversaciones, y el 12 de abril ETA asesinó en Getxo a un guardia civil. El 19 de mayo de 1999 se produjo la única reunión entre representantes del gobierno de Aznar y miembros de ETA, como resultado de la tregua que inició ETA en septiembre de 1998. En dicha reunión, ETA no muestra intención alguna de abandonar definitivamente las armas, tras lo que, en noviembre del mismo año, ETA anuncia el fin de la tregua. Si algo deberíamos haber aprendido durante estos más de 30 años de atentados es que los primeros que no creen en los procesos de negociación son los propios terroristas, y que dichos procesos o han sido ignorados por las facciones más radicales, que han seguido atentando, o han sido utilizados para reorganizarse y rearmarse. Pocos han sido los que han confiado en las posibilidades reales de que el diálogo con los etarras llevara al final del terrorismo, el mismísimo Felipe González reconoció tiempo después de las conversaciones de Argel que él nunca pensó que aquello concluyera con ningún acuerdo. Quizá haya quien piense que ZP peca de ingenuo, y que cree sinceramente en sus posibilidades de acabar con ETA. Ni yo, que de todos es sabido no tengo una gran opinión de este individuo, le creo tan necio. ZP no espera terminar con el terrorismo, ni cree que eso esté a su alcance. Como siempre, ZP se mueve exclusivamente por intereses electorales, y lo único que pretende es poder presentarse en las próximas elecciones como el héroe que lo consiguió, las muertes posteriores ya se afrontarán cuando llegue el momento, todo vale por seguir siendo Presidente. Y para ello se arrastra tras los terroristas rogándoles que anuncien una tregua, llegando incluso a anunciarla él mismo con teórica prudencia, lo que además de patético resulta totalmente incoherente, si tenemos en cuenta que es el propio gobierno quien lleva meses intentando convencernos de que de hecho ya estamos en tregua. La llamada "tregua tácita", que ha sido reiteradamente defendida por miembros del gobierno y del PSOE, argumentando que afortunadamente, pese a que ETA sigue cometiendo atentados, no se han producido víctimas mortales, lo que a muchos nos lleva a preguntarnos qué concepto tiene esta gente de lo que es violencia. Parece claro según sus intenciones y declaraciones que ni las explosiones de bombas, ni las extorsiones a empresarios, ni el hecho de que cientos de personas se vean obligadas a tener guardaespaldas, son actividades que entrañen violencia desde el punto de vista de ZP, ante el estupor de propios y extraños. Hasta ETA se lo ha intentado aclarar en su último comunicado, reivindicando los últimos atentados cometidos, que explica por la negativa a pagar el impuesto revolucionario de las personas afectadas, y exponiéndole de forma precisa las condiciones que impone "Paz a cambio de autodeterminación". Hace tiempo escribí que teníamos un gobierno instaurado en la mentira, gracias a ella llegó al poder, y en ella se apoya para conservarlo. Una de las mayores deslealtades que han cometido ZP y sus compañeros fue el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, firmado el mismo año que miembros del PSE mantenían contactos con ETA. Nada queda en ese pacto que el PSOE no haya incumplido desde el mismo momento de su firma. Su lectura completa resulta una vergonzante demostración de hasta que punto se puede mentir, pero hay un párrafo especialmente triste y sangriento: "Las víctimas del terrorismo constituyen nuestra principal preocupación. (...) Su colaboración con la sociedad española en la batalla contra el terrorismo sigue siendo necesaria ya que nadie mejor que las víctimas para defender los valores de convivencia y respeto mutuo que quieren destruir aquellos que les han infligido tal sufrimiento." Esto lo firmó, y según él, lo impulso personalmente, quien no pudo (o no quiso) asistir al congreso de las víctimas del terrorismo recientemente celebrado, quien acaba de decir que las víctimas del terrorismo tienen su compresión desde el punto de vista humano, pero nada más, y quien hace escasos días ha dicho a la madre de Irene Villa, "a mi abuelo también lo mataron". Si toda esta procesión de mentiras y miserias protagonizadas por ZP en pro de poder presentar en las próximas elecciones la frase "yo he acabado con ETA" está repleta de indecencia, el trato que se está dando a las víctimas del terrorismo es lo más ruin y mezquino que hemos vivido en toda nuestra aun joven democracia. Aquellos quienes han sufrido el ataque directo de los asesinos, a quienes se les prometió que jamás se encontrarían solos, que la justicia actuaría, que su sufrimiento no sería en balde, aquellos que nos han demostrado creer en la sociedad y en el estado de derecho, y nos han dado verdaderas lecciones de serenidad, moderación y confianza en las instituciones de la democracia, no sólo se ven ahora desasistidos por su gobierno, su gobierno, sus representantes les están despreciando, acorralando, amordazando, y traicionando, ya ni el derecho a hablar se les reconoce sin que el Presidente del Gobierno de España les conteste con una bofetada moral. ZP es Presidente gracias a que unos terroristas asesinaron a 192 personas, y pretende ser reelegido pisoteando la memoria de casi 1000 españoles asesinados por ETA, e insultando con sus actos y desprecios a todas las víctimas del terrorismo. Esa es la medalla que podrá presentar en las próximas elecciones, la de haber podido elegir entre la decencia y la barbarie, y haberse quedado con lo segundo. Si finalmente consigue, tras la enorme cantidad de rogativas, que los asesinos le concedan el "privilegio" de sentarse a negociar, más tarde o más temprano ETA le presentará nuevos cheques que ZP deberá pagar. ZP vivirá en La Moncloa, y ETA nos gobernará, ese será el gran logro por el que ZP pase a la historia, mientras que las víctimas del terrorismo pasarán por haber sabido mantener lo único que ni ETA ni ZP les podrán robar nunca, su dignidad. La sociedad española aun está a tiempo de decidir como quiere que ETA y ZP pasen a la historia, los ciudadanos aun pueden decidir cómo quieren que nuestra sociedad escriba la historia. Blancamp@eleconservador.com |