EL ÁRBOL DE LA VIDA Y LA SABIDURÍA


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   Capítulo 3: Camino hacia la batalla.

Recorrieron los kilómetros como si el viento les llevara, iban a una 
velocidad increíble, los árboles pasaban rápido ante sus ojos, como si 
fuesen simples manchas difusas de un cuadro mal pintado, cabalgaron 
durante un tiempo bastante largo, Shyal se encontraba cansada pero decidió 
continuar sin parar, o por lo menos hasta que Kywer, su caballo no 
pudiese más. Los árboles movían por el viento, sus gruesas ramas. Las hojas 
caídas a sus pies crujían con las pisadas del caballo. Pasó una hora 
entera y él caballo parecía incansable, sus pisadas ligeras a penas 
tocaban el suelo y corría veloz. Pasó otra medía hora y llegaron a el lago 
helado y otra vez  el hielo crujió y una parte se rompió, pero ellos 
estaban fuera de allí, y no cayeron por la velocidad a la que iban. Una 
nube se movió ligeramente y dejo escapar una tenue luz, un pequeño rayo 
del sol, pero poco después volvió a cubrirlo. Las nubes se volvieron más 
negras y unas gotas empezaron a caer del cielo, Kywer intentó correr 
más veloz todavía para llegar pronto a la casa, la tormenta podía ser 
peligrosa. Shyal se colocó la fina capucha, para resguardarse de la 
lluvia. En estos tiempos de invierno las lluvias y el frío era lo más común, 
pero Shyal no llegaba a acostumbrarse, a pesar de que llevaba viviendo 
ciento veintisiete años, y siempre en aquel bosque o  en sus 
alrededores. A su caballo kywer lo había encontrado solo cuando a penas tenía 
unos meses y todo parecía indicar que a su madre la habían matado, desde 
entonces lo cuido todo lo bien que supo y se hicieron grandes amigos que 
compartían todas sus aventuras y sabía que podía confiar en él, porque 
siempre le salvaría de cualquier peligro y nunca le había fallado.
En medio de la llovizna apareció la silueta de una paloma gris con la 
cabeza verde, esta fue directamente hacía ellos y se posó en la cabeza 
de Kywer, este paro la marcha y Shyal cogió con delicadeza a la paloma, 
mientras desenrollaba un pergamino que portaba en la pata. El camino 
venía de la batalla y decía:

	“Shyal, la batalla se esta volviendo en nuestra contra, si has 
encontrado lo que fuiste a buscar, ven de prisa, necesitamos un milagro de los 
grandes Dioses para ganar y eso es lo que tu has ido a buscar, corre si 
no quieres que nuestras vidas acaben.
				Thull ` Ar 
			Comandante de las tropas elfas”

Shyal guardó el pergamino entre sus ropajes y tapó a la paloma mientras 
animaba a su caballo a cabalgar más rápido. La paloma se acurruco 
mientras emitía suaves y profundos sonidos de satisfacción.
A lo lejos se empezó a vislumbrar la casa, escondida entre la 
vegetación del bosque. Galoparon durante media hora angustiados y por fin se 
encontraron frente a la puerta de la casa.
Shyal se bajó veloz y entró en su casa, la paloma se quedó esperando en 
la entrada, Shyal  con trazos rápidos escribió:
	
	Thull`Ar  e encontrado lo que buscaba, me dirigiré pronto y veloz a la 
batalla, con lo que traigo ganaremos...
				Shyal
			Hija de bosque Shafulk”  

Corriendo ató el trozo de pergamino a la pata de la paloma y la animó a 
que llevara el mensaje de esperanza para su pueblo, esta salió veloz y 
pronto se la perdió de vista.
Shyal machacó con sumo cuidado la hoja y recogió todos los fragmentos 
que colocó en el frasco. Cerró este, cogió más provisiones, se armó con 
una espada de hoja fina y resistente y con un arco con sus respectivas 
flechas luego se cambió la capa.
La lluvia no cesaba, caía poco agua pero continuamente.
Shyal salió recubierta en su capa verde y llamó a Kywer el cual acudió 
veloz para continuar el camino.
Dejaron el bosque pronto a tras y cabalgaron por una pradera de altas 
hierbas verdes pero a la vez heladas por la escarcha. La lluvia empezó a 
trasformarse en pequeños copos de nieve, el frió era helador, todo el 
agua se convertía en hielo, una suave brisa llegaba desde el Oeste, 
donde las grandes aguas se encuentran. Shyal solo había estado una vez a 
las orillas del gran Mar, allí se enamoró de sus cristalinas aguas, su 
suave murmullo, de sus fantásticas criaturas. Recordó el lamento de las  
blancas gaviotas, sus vuelos llevados por el viento, mientras surcaban 
las aguas como pequeñas almas perdidas en el universo. Deseó poder 
verlo todo otra vez, pero debía de llegar a la batalla cuanto antes, 
quizás, si todo esto acababa iría de nuevo.


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