LA HECHICERA DE SOULIN
Biblioteca pública "El Tintal"
Todos observaban llenos de terror a la terrible bestia que se abría paso entre las chozas destruyendo cuanto se interponia en su camino. Se trataba de un gigantesco dragon de mas de 20 metros de altura, su cuerpo estaba cubierto por una gruesa y brillante serie de escamas plateadas que ningun arma humana podría corromper. Aquel monstruo se regocijaba al quemar la aldea con sus incandecentes llamaradas que salian disparadas por su boca con una precisión pasmosa.
-Apartate pronto!!!- El grito provenia de unos cuantos aldeanos que aun continuaban en aquel lugar que mas semejaba un infierno. Se dirijian a una pequeña niña de unos 11 o 12 años que acababa de aparecer allí y que parecía interponerse en el camino de furia y destrucción que la bestia dejaba a su paso. Aquella niña, vestída con una larga capa de color marrón, un vestido que se abria a la altura de los muslos dejando al descubierto una pantaloneta negra y unas botas cortas, se plantaba ante el imponente ser con una mirada entre curiosa y desafiante.
Finalmente, el dragón clavó su mirada en la insignificante criatura que se encontraba a solo unos pasos de él; sus ojos irradiaron un tenue brillo y con un rugido lanzó una fuerte llamarada contra la chica que en el acto quedó envuelta por la roja rafaga.Enseguida se escuchó tronar la malefica risa de la bestia que se deleitaba ante la expresión de espanto que se dibujaba en el rostro de los aldeanos.
De repente, un poderoso haz de luz cruzó la espesa capa de humo que lo cubria todo y un chorro de caliente sangre se deslizó por el pecho del asombrado dragón que al instante cayó al suelo con gran estrépito no sin antes ver la sonrisa de su diminuta oponente: el hada mas joven y mas poderosa de Soulin, la hechicera llamada Rivendille.
I. LA VOZ DEL VIENTO
El sol se ponia en lo alto del cielo azulado y la suave brisa alborotaba el rubio cabello de la chica. Atras, en la lejania, quedaba un pueblo destruido fisicamente pero con un renovado espiritu de esperanza que la muerte de la bestia, que los atormentaba hacia tanto tiempo, les habia traido. Rivendille estaba muy contenta ya que el colmillo que había adquirido del dragon plateado le permitiría dirijirse, finalmente, a Caer Lenn o "La Ciudad Leprechaun", un lugar ciertamente peligroso pero era el único indicio que le habian dado para cumplir su ritual de progresion en el monasterio Banshee.
A medida que se abria paso entre el verde follaje, recordaba los pasos claves que debia realizar para poder comunicarse con la madre tierra...
Lo primero era encontrar un arbol lo suficientemente antiguo ya que era bien sabido por las hechiceras que esos eran los que mas sabiduria guardaban en su interior. Rivendille no tardó mucho en hallar lo que buscaba: ante ella se presentaba un gigantesco arbol con un tronco tan grueso que tuvo que dar casi 100 pasos para rodearlo por completo. Este emanaba un fresco olor y se encontraba recubierto por una espesa capa de musgo que no era del todo verde debido a las multip´les florecillas de color amarillo que salpícaban el verde manto que cubria el muerdago. Luego de un breve ritual de purificacion, Rivendille se dispuso a concentrarse lo mas profundamente posible y al poco tiempo comenzó a escuchar una voz cada vez menos difusa; se trataba de la voz del viento,un sonido que se producia cuando la suave brisa acariciaba las multiples ramas del imponente arbol traduciendose en palabras dulces y nostalgicas.
-Al norte... siempre al norte...- le indicaba la voz como una melodia de extraordinaria belleza.Rivendille seguía absorta en un profundo trance, deleitanndose con los conocimientos y la información que aquel arbolle ofrecia. Se trataba sin duda de un arbol muy antiguo y de seguro sus raices se extendia varios metros por el subsuelo conectandose con los arboles y plantas mas jovenes del bosque por lo que no habia practicamente nada que ocurriera en aquellos parajes sin que el anciano arbol lo supiera de inmediato.
Fue así que, de repente, la voz tranquila que la niña oia embelesada, se torno amarga y angustiosa:
-...Se acercan...se acercan a ti...debes huir pronto, pequeña-
-¿Quienes? ¿Quienes se acercan?- Le preguntó Rivendille al muerdago usando el pensamiento.
-...Los jinetes... los del rostro tenebroso...los seres sin memoria...-
Respondió la voz cada vez mas grave.
Eso era todo lo que necesitaba saber Rivendille; los Jinetes sin Memoria eran de las peores criaturas que un viajero podía encontrar.Se trataba de tres sujetos vestidos con largas capas oscuras, cabello plateado y montados en horrendos corceles cuyos dientes puntiagudos y sus pezuñas ponsoñosas causaban terror y traian la muerte mas temible que alguien pudiese imaginar. Pero ers preferible perecer entre las mandibulas de aquellos caballos que caer en manos de sus jinetes; seres totalmente insensibles a los sentimientos humanos que se saciaban con los recuerdos de otros seres hasta dejarlos absolutamente vacios por dentro, zombies sin memoria que vagaban por las ciudades sin mas remedio que aguantar las burlas de los niños y los golpes de los aldeanos aprovechados que no faltaban en ninguna parte.
Si, era preciso escapar cuanto antes...pero aquellos seres eran demasiado veloces y de empezar a correr seguramentesería capturada en poco tiempo; de hecho, ya se podian escuchar los cascos chocando contra la hierba y el sonido de las ramas que se rompian ante el poderio de las bestias. Rivendille se lanzo de espaldas hacia el arbol con el que hace poco habia dialogado, su fresco aroma se sentía ahora con mas fuerza pero ni aquello le permitia a la pequeña niña tranquilizar los fuertes latidos de su corazón. De seguro aquellos seres ya la estaban buscando pues se decia que cada jinete tenia su propia habilidad: uno escuchaba a varios Km, otro olia cualquier cosa )especialmente humanos) a grandes distancias y el otro veia a travez de cualquier cosa, pero Rivendille se tranquilizó un poco al recordar que aquel bosque estaba hechizado y por lo tanto el poder de las criaturas malignas disminuia considerablemente.
"CRACK"...el sonido de unas ramas rotas sonaba a tan solo unos pasos delante de Rivendille; tras unos arbustos de gran tamaño debian estar los Jinetes sin Memoria y en un par de segundos emergerian de entre la espesura y encontrarian a la indefensa hechicera que nunca había enfrentado criaturas tan misteriosas y terrorificas.
En seguida, los arbustos cedieron ante las pezuñas de tres enormes caballos de aspecto fiero y ojos completamente rojos y sobre ellos se perfiló claramente eol rostro de cada jinete...solo que aquellos seres no tenian rostro, eran unas formas grisaceas que apenas asumian la forma de una cabeza gracias a la huesuda fisonomia que tenian y frente a ellos: lo que tanto habian anhelado poseer...
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