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Durante las horas siguientes a
la ofensiva soviética, el general Von
Paulus y su Estado Mayor discutieron la amarga situación
en la que se había quedado el VI Ejército. Hitler había
ordenado a Paulus que asumiera
el control de las tropas del 4.º ejército Panzer que se
encontraban al sur de Stalingrado y de los restos de los ejércitos
rumanos. El plan principal que tenían el mando del VI Ejército
era el de un ataque al sur de Stalingrado y que las tropas atrapadas,
huyeran hacia zona segura en el Don, aunque esta retirada significaría
que más de 10.000 heridos y el grueso de las armas pesadas y
vehículos tendrían que ser dejados atrás debido
a la falta de combustible y de caballos. Sin embargo, Hitler se negó
en redondo a cualquier retirada, había encontrado la solución.
El Mariscal de Campo Erich Von
Manstein dirigiría un cuerpo de ejército de rescate;
pero Manstein y el grueso de
sus tropas se encontraban combatiendo en Leningrado ¿que pasaría
con el VI Ejército mientras Manstein
se desplazaba a la zona y tomaba medidas?
Los
oficiales de intendencia de Paulus
habían señalado que para mantener al VI Ejército
se necesitarían 700 toneladas de material díarias que
deberían ser transportadas por la Luftwaffe. Goering, Mariscal
de Reich y Jefe de la Luftwaffe, reunió a sus oficiales de transporte
y les dijo que serían necesarias 500 toneladas diarias, replicaron
que lo máximo serían 350 toneladas y sólamente
durante un corto período de tiempo. Sin embargo, esta última
estimación ignoraba el estado del tiempo, las posibles averias
de los aviones o los ataques de la aviación enemiga. Goering,
necesitado de ganar puntos tras el fiasco de la batalla de Inglaterra,
aseguró a Hitler que la Luftwaff podría mantener al VI
Ejército en Stalingrado. El día 24 de noviembre, Hitler
ordenaba a Paulus que las posiciones
en el Volga debían ser defendidas cualesquiera fueran las consecuencias,
la "fortaleza Stalingrado" hacia su aparición.
Ese 24 de noviembre, Manstein
llegaba al cuartel general del grupo de ejércitos B, donde el
general Von Weichs informó a Manstein
de la gravedad de la situación, que pese a los 240 km que separaban
a las tropas de Paulus de las
líneas alemanas.Los soviéticos no eran conscientes en
ese momento del tamaño del ejército atrapado en Stalingrado,
algunas estimaciones calculaban que había en torno a 86.000 hombres.
Sin embargo, la cifra que más se acerca sería la de 290.000
hombres entre alemanes, aliados y hiwis (soldados soviéticos
unidos a los alemanes).
En los primeros días de
diciembre, el ejército Rojo realizó varios ataques con
el objetivo de debilitar y dividir al VI Ejército. Las tropas
de Paulus, con una grave carencia
de combustible y municiones, no estaban preparadas para el combate defensivo
y aunque sufrieron muchas perdidas, el Mando Soviético tuvo que
reconocer que los sitiados no estaban derrotados. La moral del VI ejército
se mantuvo muy sólida durante la primera parte de diciembre,
a pesar de las duras condiciones de vida. Las raciones fueron reducidas
pero los oficiales se encargaron de asegurar a la tropa que la situación
sería temporal ya que la Luftwaffe les aprovisionaría
y el general Von Manstein les
sacaría del cerco.
Los oficiales de la Luftwaffe destinados
en el area de Stalingrado eran conscientes de la realidad. Era totalmente
imposible realizar los 300 vuelos diarios que las tropas atrapadas en
Stalingrado necesitaban para su aprovisionamiento, y esto sin contar
que los pilotos soviéticos habían mejorado mucho y que
las baterias antiareas soviéticas eran una dura prueba para los
aviones de aprovisionamiento alemanes. El aerodromo de Pitomnik al oeste
de Stalingrado, se convirtió en el principal punto por el que
se aprovisionaba al VI ejército, en torno a él se amontonaban
material, heridos, combustible, etc, así que pronto se convirtió
en el principal objetivo de la aviación soviética.
La
tropa comenzó a sufrir por el hambre, aunque la mayoría
no eran conscientes del problema de aprovisionamiento que tenía
el VI Ejército. Durante la primera semana de diciembre los vuelos
no llegaron ni a treinta diarios, cuando Hitler había prometido
cien aviones. El puente aereo no llegó a las 300 toneladas diarias
prometidas, tan solo 350 toneladas llegaron esa semana y sólamente
14 eran alimentos dirigidos a 275.000 hombres; la mayoría de
la carga era combustible del que gran parte iba dirigido a los cazas
estacionados en Pitomnik que debían proteger a los aviones de
carga. Conforme pasaba el tiempo la situación se fue haciendo
aún más dramática, debido fundamentalmente a las
perdidas de aviones por acción de los soviéticos. Las
raciones se fueron reduciendo cada vez más.
Mientras tanto, el mando de la
Stavka se preparaba para rematar la faena y destruir al ejército
alemán del Cáucaso. La operación Saturno consistía
en una ofensiva desde los frentes del sudoeste y de Voronezh, sobrepasando
al 8.º ejército italiano que defendía esa zona, ya
avanzar hacia el sur hasta Rostov. Tomada la ciudad de Rostov, toda
la posición alemana de la zona del Don, así como los ejércitos
de la zona del Cáucaso quedarían comprometida. Pero antes
había otra preocupación en las cabezas de Stalin y Zhukov,
¿qué pasaba con Manstein
y el nuevo cuerpo de ejércitos creado en el Don?

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