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    CORO EUSKERIA  

 

 

 
 

ANTONIN DVORAK (1841-1904)

por ESTHER GARCÍA GARCÍA

 

De origen checo, este fue unos de los compositores europeos más relevantes del siglo XIX, y junto a B. Smetana, la figura más representativa de la escuela nacional checa.

Nació en un pueblo cercano a Praga y ya de niño aprendió a tocar el violín, el piano y el órgano, y más tarde llegó a formar parte de la Orquesta Nacional de Praga. Aunque su primer éxito lo obtuvo en 1873 con el estreno de Himmnus (Los herederos de la montaña blanca), la fama internacional no llegaría hasta la publicación en ese mismo año de la primera colección de danzas eslavas.

Entre 1892 y 1895 fue director del National Conservatory of Music de Nueva York, lugar donde adquirió gran afición por los espirituales negros y la música propia del país. Así, dos de sus obras más famosas, la sinfonía nº 9 (conocida como Sinfonía del Nuevo Mundo) y el cuarteto en fa mayor (o cuarteto americano) nos remiten en cierta manera a estas influencias americanas.

Sus primeras obras se vieron influenciadas por compositores de la talla de F. Schubert, L. Van Beethoven y R. Wagner o incluso J. Brahms, pero también estudió la música folclórica checa y eslovaca, reflejando en sus obras más maduras un profundo sentimiento nacionalista.

Su producción musical incluye sinfonías, colecciones de danzas eslavas, óperas, poemas sinfónicos, música de cámara, oratorios, cantatas, misas... entre ellas se ha de destacar el Concierto para Violonchelo en si menor opus 104 por ser una de las obras más espléndidas del repertorio romántico.

Murió el 1 de mayo de 1904 en Praga; el día de su funeral fue declarado jornada de luto en toda de la región de Bohemia.

  

“STABAT MATER” Op. 58

Realmente Dvorak es más conocido por su música instrumental, sin embargo, su música vocal apoya sin ninguna duda su reputación internacional.

El Stabat Mater deriva de un poema latino medieval que describe la pena de Maria por la crucifixión de su hijo. Este texto es totalmente apropiado dadas las circunstancias personales de Dvorak: comenzó la composición en 1875 tras la muerte de su hija Josefa, con tan solo dos años de edad. Más tarde deja la obra  de lado hasta 1877, momento en el que ocurren otras dos desgracias, la muerte de otros dos niños de once meses y tres años. Finalizó la composición el trece de noviembre de dicho año.

De esta situación surge un trabajo de gran profundidad: la pena que Dvorak  siente impregna toda la obra, pero la maestría del compositor evita que al escucharla nos sintamos abrumados...

La obertura (de gran magnificencia) comienza de una manera muy reservada, con una única nota que se va desarrollando lentamente hasta convertirse en una melodía descendente llena de sentimiento. La orquesta va ganando fuerza, aumentando la intensidad para después dejar al coro que entre de una manera reservada. Así, el movimiento se desarrolla en torno a los temas ya introducidos por la obertura. El resultado: jamás la orquestación y la inventiva de Dvorak han estado tan claramente cargados de sentimientos. El eje de unión de toda la obra es la emoción y el sentimiento.

En los siguientes movimientos nos encontramos variaciones de humor, pero recordando de vez en cuando la sensación trágica planteada en la obertura; son dúos de gran belleza para los solistas, himnos para el coro y solos que nos transportan a la época de Haendel (como el “Inflamatus et accensus”). El momento más sublime es el número “Quando corpus morietur”, que recuerda a la obertura y su sentimiento para  evocar más tarde la gloria del paraíso en re mayor.

  

ESTHER GARCÍA GARCÍA

Marzo de 2004

 

 

 

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Última modificación:
18 de marzo de 2004

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