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ACTIVIDADES |

Y bien, una vez que el visitante se ha instalado
cómodamente en la casa rural, cabe preguntarse: ¿qué
hacer? Siempre es buena opción encender la chimenea
y disfrutar de la confortable paz hogareña. Pero si se
prefiere algo menos sedentario, desde la casa Molino
de papel hay miles de sitios interesantes donde ir. Para
los que gustan de lo cultural, Cuenca (a seis Km.) nos
ofrece sus museos (arte abstracto, diocesano, de
Cuenca o de las ciencias) o la posibilidad de alguna
función de música o teatro en el auditorio (Semana de
música religiosa).

También es posible aventurarse por los alrededores
de la ciudad donde se descubren espectaculares
paisajes, como la hoz del río Huécar, o la del Júcar,
o la carretera del cerro del Socorro, desde donde se
domina toda la ciudad y se
encuentra la gigante

escultura del corazón de Jesús.
No menos
interesantes son las excursiones a
parajes de la sierra conquense que ya forman
parte de la leyenda turística de la provincia: la
Ciudad Encantada, el nacimiento del río Cuervo y
las Torcas. Son impresionantes ejemplos de la
belleza de la acción de la naturaleza, pero no los
únicos que Cuenca posee; las lagunas de Cañada,
los callejones, las lagunas del Tobar... son lugares
que dejarán al viajero de corazón aventurero la
sensación de haber visitado una tierra salvaje,
anclada, quién sabe, en la prehistoria.

Para el visitante que busque el sabor de las
tradiciones o la algarabía de las fiestas, en Cuenca
se pueden encontrar interesantes celebraciones
a lo largo de todo el año. La más importante de
todas es, sin duda, la Semana Santa, declarada de
interés turístico internacional, que se vive en el
incomparable marco de la ciudad vieja. De gran
participación popular, posee una imaginería
de gran belleza. Otras fiestas son las patronales,
con desfiles de carrozas, corridas de toros,
festivales y feria y la de san Mateo, que se celebra
con vaquilla
s
enmaromadas.
Y,
a la hora de reponer fuerzas,
nada
mejor que
degustar cualquiera de los platos típicos de la
gastronomía conquense, platos fuertes y de gran
poder calórico que indican claramente su origen
rural y pastoril, la calidad de sus materia primas
y el respeto a las tradiciones: el cordero al
horno, los zarajos, el morteruelo, el ajoarriero,
la trucha (muy abundante en sus ríos) al horno o
a la plancha, las migas ruleras, el salmorejo o el
pisto harán las delicias del gourmet más
exigente; y todo ello regado con los mejores vinos
de la provincia. De postre, un poco del famoso
alajú o de queso manchego, acompañado con
resolí, serán el broche de oro a una estupenda
comida.
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© Jose Antonio Esteban Usano