A lo largo del año pasado Antonio Galindo escribió una serie de artículos ya casi míticos. Lo que en su momento era actualidad ahora ha quedado como documento histórico, y no podíamos dejarlo fuera de nuestro número 0. Que lo disfruten.

 

BREVICIDADES                                                  Antonio Galindo

 

 

¿Sabían que el ministro filipino de nosequé se apellida Recto?  Yo no digo nada.

 

 

Por fin los italianos aceptan eso de la Euro-orden. Quieren dejar de ser la vergüenza de la Unión Europea... o al menos salvar un poco la imagen, ya saben que en eso son especia-listas.  Así que Berlusconi, al que sus adeptos llaman “Il Cavaliere” (¡¿?!),  dice que firmarán, pero antes necesitan “hacer una adaptación de su legislación, incluida la Cons-titución de la República”.  Ya me imagino esa adaptación :  “Podrán ser extraditados a Italia desde cualquier otro estado miembro de la Unión todos aquellos ciudadanos italianos , incluidos cargos públicos, que estén implicados en casos de corrupción.  Se exceptúa a aquellos cuyo apellido termine en la letra I “.

 

Y es que “leggislare è come fare una pizza”.

 

 

Y siguiendo con inadaptados que se quieren adaptar :  como los rusos han entrado en el Consejo de Europa tienen que dejar de ejecutar a la peña, al menos judicialmente.  Así que en enero la Duma votará si se abole la pena de muerte (¿se dice abole o abuele? ¿O es abolece?).  Como el propio Vladimiro Putín (pronúnciese a lo Carlos Herrera : con retintín y acento en “-tín”) la califica de asesinato legal, pues se abolirá (o abolecerá) y punto, aunque el 80% de los ruski la siga apoyando. Me encanta este tío. Y es que a veces la democracia es liderar, y no dejarse llevar.  Toda una lección para George “Texecutioner” Bush.   

   

 

Joder, es que no lo puedo evitar :  el Recto ese de Filipinas , ¿de qué será ministro?

 

 

Zapaterín :  que te crees que los demás somos tan ingenuos como tú. Cuánta razón tenía Pedro J. al retratarte como pájaro bobo en su Editorial tras un debate sobre el Estado de la cosa (además con una sonrisa tipo “Bizcochito” el de Ally McBeal cuando está desquiciado o ve una tía buena). Lo de Marruecos no tiene nombre.  Y sí tiene apellido :  el tuyo.  Haz caso al refranero.   De todas formas gracias por sugerirme el nombre de esta sección.            

 

 

Los españoles somos los cachondos de Europa. La única campaña publicitaria que nos haría entender el euro sería haciendo un spot con el chiste ese de las 69 pesetas y el acóplese como pueda.  Además, como estos anuncios del Ministerio los hacen con muñecos de trapo, no sería tan difícil de rodar. 

 

 

The Philippine Inquirer :  “El Ministro de Justicia, Erwin O. Recto, aprueba el matrimonio entre homosexuales”.

 

 

BREVICIDADES2

Contra el Imperio del Bien                                                                          Antonio Galindo

 

 

Supongo que las personas que mueren a causa del Alzheimer no ven su vida pasar en un segundo. O a lo mejor les sale un capítulo de los Teletubbies.

 

No os riáis :  lo primero que pagué en euros (3 de enero, 19:30 h.) fue un corte de pelo. He dicho que no os riáis.

 

Al parecer en la República Democrática del Congo (antiguo Zaire) hay una ciudad de goma.  Por lo que dicen en los informativos tiene habitantes de goma, un campo de refugiados de goma, un aeropuerto de goma... se lo juro, no paran de decirlo. También afirman en el telediario que últimamente ha entrado en erupción su volcán.  La población de goma ha empezado a huir de tan peculiar ciudad, imagino que los adultos llevando consigo sus neumáticos y sus preservativos, y los niños sus patitos (de goma). Se conoce que la lava y la goma no son muy compatibles.

 

Lo peor de una brevicidad como la anterior es que Carmina Ordóñez o la Chábeli podrían haber dicho esta parida totalmente en serio, sin trucos tipo universo paralelo ni nada por el estilo. Bueno, para acallar los gritos de las féminas feministas escribiré que también lo podrían decir Carlos Lozano o Enriquito Iglesias, osea. ¿Habéis visto cuánto da de sí el ser hijo de Julio Iglesias?

 

¿Y habéis hecho ya un sinpa en euros?

 

La creatividad está hoy en día en la publicidad, eso nadie lo discute. Estas últimas semanas tengo un claro favorito. Esa geografía galaico-toscana de Cangas del Po, inventada para un  anuncio del cupón de la ONCE, con su correspondiente paisanaje de pensionistas raperos que hacen el chorizo de la tierra y accionan una ubre bovina con una “pera” de la luz de esas antiguas... sólo por estas cosas merece la pena que las películas duren en la tele 1,9 veces su metraje original. También están cumpliendo los anuncios con una función, supuestamente no pretendida en principio, como es la de poner de moda canciones chachi piruli... siempre que sea en versión original, claro, porque (y aquí está el plato de la balanza con problemas de sobrepeso) cuando perpetran versiones como la que hacen de “Our House”, de los Madness, en cierto anuncio de hornos eléctricos... “con Bosch / tú cocinarás mejor / con Bosch / qué placer es cocinar”, ¿no es un delito propio de Luis Cobos?

 

He notado que desde el 1 de enero muchos viejos (y no tan viejos) dicen “eruos”. En cuanto a mis abuelas, ni salen a la calle.

 

Anticiparse es de sabios, u hombre anticipado vale por dos y no necesariamente está muy gordo, o algo así, no sé, el caso es que anticiparse está muy bien o, como dicen los niños de las series americanas, “es de ganadores”... Pues bien, eso es lo que debería ir haciendo la gente de Batasuna :  como periódicamente hay que cambiarle el nombre a la koalizioa para evitar ilegalizaciones se me ocurrió una propuesta cuando alguien compró para la juerga de Nochevieja un bote que llevaba el rótulo en castellano, catalán, gallego y euskera, como todos los productos marca “Consumer”, los del Eroski. Resulta que Koko arraspatua es como los vascos llaman en la intimidad al sencillo y socorrido coco rallado. Ya saben : a las próximas elecciones concurrirá Kokoak Arraspatuak (el plural), ¿vale?. Así, además, los vascos se quitarán de encima esa fama de gente demasiado seria. “Compadre, cómpreme un coco...” (José Mª Íñigo).

 

Por cierto, eso de “apología” significa “estudio de Apolo”, ¿no? Ahora va a resultar que los batasunos, perdón, los Kokoarraspatuak, comparten inquietudes eruditas con Terenci Moix.

 

Dicen que el que juega mucho con las palabras es porque en realidad no tiene nada que decir.

 

He dicho que no os riáis.

 

 

 

BREVICIDADES 33 1/3

argo ,  Más Duro ,  Sin Cortes                                                                         Antonio Galindo  

Es definitivo. De toda la banda de enanos, mangantes y asesinos con los que me ha tocado compartir tan lindo apellido me quedo con el personaje que José Luis López Vázquez interpreta en la estupenda “Atraco a las tres”, de José Mª Forqué. Ya saben, es la España de los “25 años de paz” y los empleados de un banco deciden que ya está bien de ver pasar tantas veces a Isabel y Fernando por delante de las narices. Galindo, por él y por todos sus compañeros, da la idea. La cosa se planea con las clásicas medias en la cabeza, nada de caretas de Reagan o de Felipe González (los anacronismos no me hacen gracia y los impresentables menos).  Por una vez tocaba contar billetes sin los manguitos puestos. “Atraco a las tres” venía a ser como el reverso de aquella otra española de la misma época en la que un tío se encuentra un millón de pesetas en la basura y coge y se pone a buscar al dueño para devolvérselo, el muy pringao.  Ver.

 

 

Un atentado joven. Parafraseando / intertextualizando a Faemino y Cansado, así podríamos titular una crónica sobre lo que el euskofascio redentor le hizo el 19 de febrero a Eduardo Madina, 26 años, Secretario institucional de las Juventudes Socialistas del País Vasco. Varios representantes de las Juventudes de ciertos partidos intentaban hacer ver a “los mayores” de sus propias formaciones que lo que los jóvenes estaban haciendo y diciendo a raíz del atentado era lo que molaba, que fueran tomando ejemplo. Francamente, no sé a qué se referían, porque la primera declaración joven que oí fue la de un representante de los cachorros de Eusko Alkartasuna, que vino a eructar su sorpresa ante el hecho de que hubieran atentado “contra una persona que se había manifestado claramente a favor del diálogo”. Dejo al gusto del lector el acompañamiento gráfico y sonoro de esta última palabra.

 

 

Un domingo cualquiera por la mañana, asumido ya por completo mi papel de José Luis López Vázquez, después de “mi café con leche y mi ABC”, voy a comer a casa de mis padres, como siempre. Es 24 de febrero y hace ya tres semanas que echo en falta mis gafas de sol. ¿Alguien de vosotros las ha visto?  Lo digo en serio.

 

 

Otro llamamiento a la solidaridad, igualmente en serio. No sé si esto me pasa sólo a mí, en cuyo caso ya puedo ir reservando hora en el psiquiatra, o bien es un problema común :  odio a Lina Morgan. No soy persona que albergue sentimientos negativos, y aún estos no me causan sarpullidos ni otras reacciones alérgicas, menos mal. Tampoco suele tener consecuencias demasiado negativas para los objetos de mis odios. Pero, de verdad, no la soporto. Es superior a mis fuerzas.  Lo peor es que lo sufro en silencio, ante la incomprensión general, incluso de aquellos que por edad y formación podrían estar en mi misma circunstancia odiativa.  En serio, ¿no hay nadie que pueda mostrarme su solidaridad?  ¿Nadie siente lo mismo?  No intento racionalizar este sentimiento, sé que eso sería pedir demasiado; me conformaría con un poco de terapia de grupo, no sé, un pequeño brainstorm un par de tardes por semana para encontrar puntos en común entre nuestros respectivos odios a Lina Morgan ; compartir chistes y parodias sobre esta tía sería muy de agradecer, os lo juro. Llegado el caso y ante la posibilidad, ciertamente fundada, de que concluyamos que tenemos razón, se trataría de sacar ideas sobre cómo acabar con ella, cómo volar el Teatro La Latina, no sé ; ...podríamos incluso constituir una Fundación. Existe la Fundación Pinochet, incluso la Fundació F.C. Barcelona , así que lo nuestro no sería realmente innoble, al menos en comparación. Gracias.

 

 

Al finalizar la serie Brevicidades, al menos en esta revista, toca hacer, con honda emoción, balance de lo que aquí os he expuesto, como si fuera tan importante. Seamos realistas: sólo espero que os haya divertido puntualmente, informado a veces, crispado y aburrido casi siempre. Por si hace falta que siga con mi falsa modestia añadiré que “lo mío no tiene ningún mérito”, que para esto no hace falta ningún esfuerzo creativo, que no es más que otro exponente de esa forma de entretener que podría llamarse “humor evocativo”, a saber, me basta en ocasiones con mencionar unos cuantos de nuestros “iconos mediáticos” para, de una forma parasitaria, escribir algo supuestamente ocurrente, sin riesgo de tener bloqueos de escritor (esto último por la sencilla razón de que para tener bloqueos de escritor hace falta ser escritor).  Pero bueno, mejor es hacer estas cosas que estar por ahí delinquiendo, ¿no, cuñao?. Pues eso.

 

 

 

¡ARBUSHTO!                                                                Antonio Galindo

 

 

Les presento mi palabro a modo de traducción de un apellido ilustre en la vida norteamericana. Ilustre (resulta, cuñao, que están lejanamente emparentados con los Windsor y los Spencer) y con presencia. Con demasiada presencia.

 

El palabro del título debe pronunciarse como si se estornudase con cara de asco; el timbre de voz no ha de ser aflautado, sino más bien ronco y cavernoso.  Mi sugerencia es adornarlo con un eructo estilo hooligan o, mejor aún, estilo Barney, o Homer Simpson, o cualquier otro parro-quiano de Moe´s (labios vibrátiles, mirada perdida). Se logrará así una comunión ideal entre significante y significado, en aras de una expresividad de la cual los encorsetamientos y convenciones del lenguaje al uso nos dejan ayunos.

 

El siguiente paso: ilustrar al lector con algunos hechos sobre la simpática saga Bush. Allá vamos.

 

Papá Bush, George Herbert Walker, fue el primer jefe que tuvo Colin Págüel. El patricio que volvió a imponer los croissants en lugar de los donuts en los desayunos de la Casa Blanca nació en Boston, pero con el tiempo desgraciadamente se texanizó. Hizo la guerra con cierta eficacia contra Saddam y sin embargo, al contrario que este, no tuvo la categoría suficiente como para salir en South Park, the movie, ni como para ser reelegido. Su vice era un tío con un C.I. de un dígito que se llamaba Dan Quayle, que con motivo de una gira por lo que los yanquis llaman Latinoamérica soltó que se alegraba de hacer este viaje porque “así puedo practicar mi latín”. Sic.

 

De mamá Bush no sería muy piadoso decir que es paradigma de sex appeal e invitación a la lujuria, o que está bárbara y tal y cual, así que no lo diré. De todos modos no sería lo peor: no le

gustan Los Simpson.

 

George W., el orgullo de papuchi y mamuchi, llegó a la Presidencia tras unas elecciones que ejem, en fin. Venía de ser gobernador de la civilizada Texas, donde se hizo acreedor de una lista de alias que daría (dará, amigos) para un artículo entero. Yo me atrevería a añadir el de “El practicante”,  por cómo le gusta poner hipodérmicas: 135 pobres desgraciados acabaron sus días en Huntsville, el Auschwitz texano. A estas alturas, ante el título La matanza de Texas ya no pensamos en la película. Cuando Georgie era candidato a la Presidencia le hicieron una entrevista en la tele y el periodista le puso a prueba sobre sus conocimientos de política internacional, ya saben, quién es el presidente de Chiquitistán, quién el primer ministro de Eslovaquia,... en fin, que hubo cuatro que no se sabía (de un total de cuatro). En septiembre de 2.001 tuvo que aprender a hostias que el presidente de Pakistán se llama Pervez Musharraf. Al abrir su página oficial en internet me preguntaban (me daban cuatro posibles respuestas, como en el 50x15) que qué significaba la W del segundo nombre de George, como si me importase.

 

Cuando llegan estas entrañables festividades de Reyes Magos y todo eso pienso en lo compun-gido que debió sentirse hace ahora dos años Jeb Bush, gobernador de Florida, otro adalid de los derechos humanos. El juguete que le habían puesto en el 99, de madera de roble y a 2.000 voltios, se lo quitaron justo un año después porque un juez negro y malo del Supremo de Florida (el anti-Baltasar de esta historia) había difundido por internet las fotos de un tal Allen Davis recién frito, todavía sentado en el invento y con la camisa perdida de sangre. Los del Supremo decidieron (Jeb no pudo oponerse) que la que entonces esperaba a nuestro primo Joaquín Joe Martínez había funcionado mal demasiadas veces y no era de fiar; había que pasarse a la inyección letal. Pobrecito Jeb, buhuhuhuuu.

 

Pero, ¿hay alguien que se salve en esta family?, se preguntará el lector. Pues sí, amiguitos: las pequeñas Barbara y Laura, hijas de George W., ya han sido detenidas un par de veces, e incluso juzgadas y multadas, por ponerse pedos antes de los 21. Aún hay lugar para la esperanza.

 

“Haga usted como yo: no se meta en política” (Franco).

 

 

 

 Celebration                                    Antonio Galindo

 

Si se coge la parte estrictamente ridícula del asunto, el fenómeno tiene algo de una de esas versiones de Mike Flowers Pops, aunque quizá tiene más de música de ascensor o de clínica dental. O de saeta repentizada de rodillas por Sara Montiel, esa saeta que se le clava a uno. Tampoco faltan componentes de las predicciones de Carlos Jesús / Micael sobre trece millones de naves procedentes de Raticulín y de Ganímedes que invadirán la Tierra. Y de sesión de karaoke en el extrarradio con primos a los que sólo ves en los tanatorios y alguna Navidad, o con los jefes de tu amigo que se casa dentro de una semana. Participa, cómo no, de características de “Confianza ciega” y “Gran Hermano”. 

 

Aunque el fenómeno ha generado ya un total de 18 cedés, que yo haya contado, hay un número limitado de canciones de la factoría que sean inequívocamente reconocibles por el sano, sensato y afortunado profano. Lo demás puede pasar, ya digo, por “I just called to say I love you” según la centralita de cualquier empresa o “El gato que está triste y azul” de cassette de gasolinera a 2,95 euros. Si son en inglés, el acento es concretamente de Sabadell o de Las Alpujarras. Mis amigos y yo, cuando tenemos la desgracia de caer en algún garito donde pongan alguna de las inequívocas, encendemos un mechero y lo mecemos por encima de nuestras cabezas con gesto de emoción mientras nos sentimos seguros a tu lado. Y seguros, además, de que los verdaderos emocionados no nos van a hostiar porque ni siquiera se dan cuenta de la coña, en mitad del paroxismo en el que están siempre, olvidando que “cada vez pierden uno o dos tonos”.

 

Lo único que le hace superar aquel “Gente Joven” de nuestras infancias comunioneras y transicionales es que aquí no se utiliza esa absurda expresión (“música ligera”).

 

Antes he mencionado a Mike Flowers. Hemos quedado en que, para compararlo con el fenómeno en cuestión, había que privarlo de todo elemento que no fuera puramente ridículo, ¿no?  Su “Bowie Medley” es bastante bueno, su “Light my fire”, versionando a The Doors, es desternillante (a propósito, ¿qué será un “ternillo”?). Esta última canción sigue siendo música californiana de los sesenta, vale, pero sin el toque Berkeley-LSD de protesta por Vietnam, peace and love, final de la inocencia americana, choque generacional, Dustin Hoffman recién graduado, etc. Más bien de película de Doris Day y Rock Hudson. Pero la cima de la obra de esta especie de Austin Powers cantante, de este intérprete ideal de la canción de “Vacaciones en el mar”, es la versión cocktail music que hace del “Wonderwall” de Oasis. Para colmo la suya salió casi a la vez que la original. Se debe prestar especial atención a los coros femeninos (paraapapaaa...) y al inconfundible y elegante sonido del xilófono.

 

Oyéndolo, uno se imagina a sí mismo en los años sesenta, en la terraza de un restaurante de lujo de la Riviera francesa, bajo un sol cálido del final de la primavera, joven, rico, despreocupado, con las Ray-Ban y el Fred Perry. Un yate con tres bellas señoritas de origen desconocido e intenciones indiferentes espera en el puerto deportivo. Promesas de un crucero inolvidable. ¿Demasiado anuncio de Martini? Yo tenía que escribir algo sobre “Operación Triunfo”, pero me gusta terminar hablando de cosas agradables.

 

 

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