Éxitos
indie y Canciones con Final Sorpresa
por forteano
Va
a sacar nuevo disco el único grupo realmente independiente que de verdad ha
triunfado en España. Por supuesto, hablo de Camela. En principio despreciados
por las discográficas y los medios, consiguieron abrirse paso mediante el boca
a boca hasta llegar al éxito masivo del que hoy en día gozan. Un grupo que se
lo debe todo a la ya casi extinta cinta de toda la vida, comprada en
mercadillos y gasolineras.
Recuerdo
haber mirado con curiosidad carteles de Camela antes de saber de ellos y pensar
que serían el clásico grupo verbenero que animaría las fiestas de los diversos
pueblos y pedanías, sin ni tan siquiera intuir su grandeza. Cuando por fin los
oí quedé impresionado por su sonido impactante, que hace que uno espere en
cualquier momento escuchar el balido de una cabra haciendo los coros, y
cautivado por el reto que supone para el oído no entrenado distinguir entre dos
voces agudas quién es el personaje masculino y cual el femenino. En su anterior
trabajo (amor.com), tanto con un sonido más rico y cuidado como con el nombre
del álbum nos demuestran que están a la altura de los tiempos que corren y son
tan modernos como el que más.
Por
el fondo y la forma de sus canciones, recuerdan a un dúo que, pese a tener
mucho menos talento, eran terriblemente populares en mi sufrida infancia. Estoy
hablando de Pimpinela. Ellos, antes que Camela, optaron para sus canciones por
una estructura en forma de conversación entre una pareja. De este tipo de
canción mi favorita es la de Cat Stevens (ahora Yusuf Islam) llamada Father
& Son. Aquí no se trata de una pareja, sino de un padre y su hijo, y la
gracia radica en que es el mismo Cat el que cambia la voz según interpreta al
padre conservador o a su rebelde hijo. En España actualmente el mejor dúo de
esta categoría es sin duda Focomelos (sí, los de la Play Station).
Volviendo
a Pimpinela, supongo que todos ustedes conocen a este dúo argentino que da
mucha grima, en el que una pareja de hermanos carentes del menor atractivo
protagonizan infinidad de historias de celos, infidelidades, amor y desamor... ninguna
de ellas sobre un incesto, por lo que sé.
Hay
una canción de ellos, empero, que me gusta y mucho. En esta no están solos sino
que les acompaña el gran Dyango y pertenece a un tipo de canciones que siempre
han sido mi debilidad: Las Canciones con Final Sorpresa.
Por
si algún despistado no conoce la canción, les explicaré de qué trata. En
principio el papel de Dyango nos inspira simpatía y compasión. Dos amigos suyos
eran pareja y ahora lo han dejado... con lo cual le toca el desagradable papel
de intermediario entre los dos. El pobre Dyango tiene que explicarle al
cargante exnovio, que al parecer es amigo suyo, que no le de más la brasa a la
chica, que está con otro y no quiere saber nada más de él.
Pero desde muy pronto uno empieza a sospechar. Porque de
manera absurda Dyango se empeña en justificar a la tía y su nuevo ligue en
lugar de decir lo que diría cualquier amigo, es decir, vamos a emborracharnos
para que te olvides de esa zorra. Mientras el pobre Pimpinelo (vale, se llama Joaquín
Roberto) le pide una y otra vez de
manera lamentable que la convenza.
Al final la cosa acaba como nos temíamos. Dyango,
bien porque se siente culpable o porque ya no se aguanta más la risa, acaba confesando. Dice, el
muy cínico: "Ése hombre (refiriéndose al que se está beneficiando a la
novia del otro, claro) es tu amigo y te quiere, porque ese hombre...ese hombre
SOY YO". Y claro, a todos se nos pone la piel de gallina. Y, sí, aunque en
este caso concreto resulte poco creíble, es sabido que a todo el mundo le
gustan las novias de sus amigos. Puede que incluso aunque esta sea como la de
Pimpinela.
Y aunque el
triángulo amoroso sea el tema más típico del mundo uno no puede evitar
preguntarse si Julian Barnes los había escuchado (y entendido) cuando escribió
"Hablando del asunto", novela que, al igual que esta canción, tiene
una continuación que trata sobre lo que ocurre unos años después con los mismos
tres protagonistas.
Al
parecer lo de colaborar con otro cantante de gran talla les gustó, y quisieron
repetir la experiencia. A lo largo de los años, en todo un ejemplo de
coherencia artística, formaron nuevos tríos grabando canciones con personajes
tan bizarros como Maradona o el negro de corrupción en Miami.
Pero
estoy divagando. Volviendo al tema de las canciones con final sorpresa no puedo
evitar hablar de mi favorita. Es una vieja canción que aunque es de Cecilia
cuenta con múltiples versiones. Entre ellas una penosa de Víctor Manuel y Pablo
Milanés, y mi favorita, la del gran Manzanita (que suele hacer versiones que
mejoran el original, como la de Je l'aime à mourir de Cabrel).
Esta
otra canción con final sorpresa nos describe un matrimonio mayor, en el que al
marido se le describe como ”el mismo demonio, un hombre con mal genio y que
nunca fue tierno”. La mujer, sin embargo, lleva años recibiendo de un admirador
secreto poemas y, cada 9 de noviembre, un ramito de violetas. ¿Por qué el 9 de
noviembre concretamente? Si alguien lo sabe por favor que me lo diga. Por
supuesto, le oculta al marido la existencia de ese pretendiente, mientras
fantasea con su aspecto. Lo imagina como un hombre "más bien de pelo cano,
con sonrisa amable y ternura en las manos". ¿En quién está pensando la
buena mujer? ¿en Richard Gere? ¿en Javier Nart? Participando del suspense de la
canción, yo también me preguntaba –la primera vez que escuché la canción,
claro- cómo sería. ¿Se parecería a lo que ella imaginaba o sería muy diferente?
¿una broma cruel, tal vez... o un jovenzuelo que hubiera visto demasiadas veces
Harold y Maude (es decir, un gerontófilo)?
Al final se descubre que el que le mandaba las flores y toda la pesca
era...¡su propio marido!
Y
uno, tras reponerse de la sorpresa inicial, no puede menos que quitarse el
sombrero ante la maquiavélica genialidad de ese hombre. Imagino que con los
hijos llevando ya una vida independiente y teniendo en cuenta las ideas
subversivas que le meten a las mujeres en la tele, este hombre probablemente
empezaba a temerse que su mujer lo abandonara, quedándose sin nadie que
aguantara su mal humor y le planchara las camisas. Para que las cosas siguieran
igual se le ocurrió inventar un amante secreto que la hiciera estar feliz e
ilusionada y que además se sintiera culpable por su fantasía de infidelidad y
fuera aún más servicial.
Y como en las películas con giro final inesperado, cada vez que escuchas
estas canciones descubres cosas nuevas que se te habían escapado la primera
vez, un aliciente más aparte de disfrutar de la poesía de las letras, con la
música y la melodía.
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