Perros
Peligrosos por forteano
Aunque siempre
se ha dicho que la noticia no es que un perro muerda a un hombre sino lo
contrario, en los periódicos y programas de televisión es frecuente ver
“noticias” de gente que ha sido mordida. Mordida, claro, por perros peligrosos.
Pero no se preocupen, el gobierno ha sacado en marzo de 2002 un real decreto
para controlar a estos perros tan malísimos.
Siempre hemos sabido qué perros eran los que daban miedo. Cuando
yo era niño eran los dobermann (que curiosamente no han sido incluidos en la
lista de las 8 razas a controlar), e incluso había una leyenda urbana muy
extendida que decía que en un momento dado les pasaba algo en el cerebro y se
volvían locos. Hay hasta una película de los 70 titulada “Solo matan a su
dueño”.
Posteriormente la raza que se
puso de moda fue el rottweiler, y más recientemente el pit bull.
Antes de que se empezaran a
ver rottweilers por la calle ya sabíamos de ellos porque según se decía habían
sido prohibidos en Inglaterra –estos ingleses, siempre tomándonos la delantera-
y sobre todo por La Profecía. Esa película significa mucho para mí pues fue la
primera “de miedo” que me permitieron ver (al fin y al cabo no contenía las
blasfemias y babas asquerosas de El Exorcista ni la sangre, tetas y culos de
Viernes 13, las otras dos películas que triunfaban en los primeros años del
video-club). Con La Profecía aprendimos muchas cosas, no solo lo satánicos que
era los rottweiler, sino el sentido del 666 (¡es el número de la bestia!), a
mirarnos atentamente en las fotos por si salíamos con el cuello cortado o algo,
y que el Carmina Burana era música de mucho miedo y no alegres y más bien
procaces cantos de taberna.
De modo que a finales de los
80 más o menos la gente empezó a tener rottweilers, y la verdad es que
resultaron ser unos perros nobles, bonitos y cariñosos, con lo que no es raro
que haya tantísima gente enamorada de estos animales. El problema es que el
macarra o matón de turno difícilmente se comprará un caniche sino uno de estos
perros fuertes y que intimidan, y procuran hacerlos lo más agresivos posible.
Pero probablemente la cosa no hubiera pasado a mayores si en 1999 uno de estos
perros no hubiera mordido al hijo de Ana Obregón y el sr Lequio. Supongo que
recordarán el caso; la buena mujer fue con su hijo a un chalet que estaba en
venta. Aunque no contestaban al timbre la brillante bióloga decidió entrar en
esa propiedad privada sin tener permiso, para encontrarse con un rottweiler que
vigilaba la casa y mordió al niño en el brazo. Lo evidente es que si el perro
en cuestión hubiera sido realmente agresivo ninguno de los dos habría salido
vivo de la casa. Por supuesto, el juez falló a favor de la Obregón y ha sido
indemnizada con dos millones de pesetas, que según sus propias palabras “iba a
dar a una ONG, pero lo voy a poner en una cuenta a nombre de mi hijo”.
Las declaraciones de la
Obregón en su momento (“esa es una raza a exterminar” “hay razas de perros
genéticamente agresivos”, etc.) y la consiguiente repercusión en los medios de
comunicación no cayó en saco roto y ese mismo año el gobierno sacó la ley
50/1999 sobre perros potencialmente peligrosos, que ha quedado recientemente
regulada por el Real Decreto 287/2002.
En definitiva, los perros
considerados potencialmente peligrosos son los que han atacado a personas u
otros animales en el pasado (lo único que encuentro razonable de la ley, aunque
habría que añadir como salvedad que no existiera previa provocación y por
supuesto los casos de allanamiento de morada); los pertenecientes a ocho razas
en concreto (Pit Bull Terrier,
Staffordshire Bull Terrier, American Staffordshire Terrier, Rottweiler, Dogo
Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu y Akita Inu), sus cruces y, en
general, los animales morfológicamente similares. También, al parecer (aunque
admito que esta parte no la termino de entender, el artículo 2, apartado b),
todos los perros de más de 20 kilos (esto es, todo lo que sea más grande que un
cocker).
A partir de ahora, tener
legalmente un perro considerado potencialmente peligroso supone numerosos
gastos y molestias. Hay que obtener un certificado físico y psicológico,
certificar mediante documento que se carecen de antecedentes penales, contratar
un seguro de responsabilidad civil por valor de 120.000 Euros, y pagar una tasa
de 50 euros.
Y estos perros –da igual lo
buenos e inofensivos que sean, discriminados por su raza- tienen que pasear
siempre atados con una cadena de menos de 2 metros de longitud y siempre con
bozal. Estos dos detalles no solo implican incomodidad para el animal y su
propietario sino que puede ocasionar en algún caso problemas de salud (como
saben, los perros no sudan y eliminan el calor mediante el aliento, lo cual
puede quedar parcialmente dificultado por el bozal, pudiendo provocar la muerte
por golpe de calor bajo circunstancias extremas), además de dejarle totalmente
indefenso ante posibles ataques (de un perro agresivo pero “no peligroso” según
la ley, por ejemplo).
Por supuesto, la nueva ley ya
está dando resultados. No solo los perros y sus dueños son mirados con recelo,
sino que los abandonos de perros de las “razas malditas” se ha multiplicado,
así como su sacrificio. Pues mucha gente está teniendo problemas con vecinos
(no queremos esos perros cerca, ¡pensad en los niños!, etc.) y es legal asesinar
a los perros sin ninguna razón siempre y cuando se haga de manera humanitaria
por parte de un veterinario.
Y amparadas en esta ley
aparecen las ordenanzas municipales de cada municipio que en muchas ocasiones
alcanzan cotas demenciales. Por poner solo un ejemplo, el ayuntamiento de San
Javier (Murcia), del que depende La Manga, ha legislado que estos perros
potencialmente peligrosos no pueden estar en parques y jardines ni en la
proximidad de colegios, centros deportivos o
lugares públicos con afluencia de gente (sic) de 7 de la mañana a 10 de
la noche, y en ningún caso podrán acercarse a personas a menos de un metro. Así
que no se está lo bastante seguro con estos perros por la calle aunque tengan
que llevar cadena corta y bozal... durante 17 horas al día han de estar o bien
encerrados en casa o si quieren pasear ir al campo. Y en las pocas horas
nocturnas en las que no hay toque de queda perruno hay que ir evitando a la
gente, los conozcas o no, si vas paseando con ese monstruo.
Pero la persecución a los
perros no se limita a esta ley absurda y racista. En mayo de 2002 se podía leer
en el periódico La Verdad de
Murcia una noticia sorprendente. El ayuntamiento ha destinado
a policías de paisano a vigilar en los parques a la gente que pasea a su perro
y no recoge las heces, para así multarle. Una iniciativa innovadora, pero no
olviden que Murcia hace muchísimos años que tiene leyes antibotellón (o
botelleo como se dice aquí), lo que me ha hecho correr delante de los
municipales muchas más veces que mis padres lo hicieron de los grises en sus
tiempos. Yo personalmente no solo nunca llevo bolsa de esas sino que cuando
paseo a mi perro por el parque muchas veces voy tomando un bote de cerveza, que
aquí hace mucho calor.
Hay partes de la ciudad a las
que no van los repartidores de telepizza por ser demasiado inseguras, pero hay
que tener policías de paisano vigilando las mierdas de perro.
Aparte de que siempre me ha parecido una idea muy particular de lo
que es “limpio” el meter la sustancia más biodegradable del mundo en una bolsa
de plástico.
Y por otro lado tampoco he
visto nunca a los policía de la patrulla a caballo con su bolsa.
Teniendo en cuenta que los
perros y sus dueños son los mayoritarios y más fieles usuarios de los parques
(mañana, tarde y noche, de lunes a domingo, haga calor o frío, llueva o nieve)
es increíble lo perseguidos que están y no se les concede un porcentaje de
terreno razonable para que estén tranquilos.
Parafraseando las
gastadísimas palabras de Bertolt Brech:
Primero fueron a por los
perros, pero como no tengo perro me dio igual.
Luego fueron a por los gatos,
pero como me da alergia, pues mira, mejor.
Ahora vienen a por mi. Y ya
no hay quien les ladre.
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