POBRES... PERO HONRADOS por Gurb
Es 13 de enero, creo que lunes, no recuerdo. Es muy temprano. Me acabo de levantar, pero el café no consigue despejarme, así que, como terapia infalible, sintonizo la COPE en la radio... Una larga experiencia de años me ha enseñado que no hay mejor forma de activar las neuronas que someterlas a una fuerte agresión externa.
En efecto, y confirmando la bondad de
mi método, el ínclito Jiménez Losantos (De profesión, duro) abre
fuego con vehemencia:
“En este país hay pobres, pero el que es pobre se puede acoger a las casas de beneficencia y de caridad, pero el que roba es porque es un ladrón”.
En principio, y debido sin duda a mi aturdimiento, pienso
que están hablando de Winona Ryder, pero enseguida salgo de mi error y descubro
que están jugando a ser tertulianos de los de verdad, de esos que en apenas dos
frases desvelan el significado de nuestra existencia, mostrando a los paganos
las claves ocultas de aquello que acontece en este teatrillo que solemos llamar
mundo.
Completamente impresionado, y con las
palabras de Jiménez Losantos aún resonando en mis oídos, corro a por el
diccionario para confirmar mi sospecha de que he sido testigo auditivo
de una frase histórica. Ahora comprendo lo que sintieron en la NASA cuando
escucharon aquello de los pasos importantes para la humanidad o no sé qué...
Pero vamos, una menudencia vulgar comparado con esto.
Ladrón, -a: adj. y s. 1. Que roba./ s.m. 2. Dispositivo con el que se
toma corriente eléctrica de un mismo punto de la conducción para más de una
lámpara o aparato.
La increíble coincidencia entre el juicio jimenezlosantiano y la
definición del diccionario (nótese cómo en todo momento nos referimos a la
primera acepción, aunque no es descartable que Jiménez Losantos conociese
también la segunda) me sume en un momento de placer infinito, una comunión
mística con las ondas hertzianas que me envuelven, bailando a mi alrededor como
alegres ninfas que anuncian la llegada de una Nueva Verdad. Las paredes de mi
habitación azul empiezan a ondularse, se retuercen como papel mojado, y el
rostro de Murphy, mi gato, se va desfigurando poco a poco hasta adoptar la
apariencia de... el Gurú!! Los tenues rayos de sol que pasan a través de la
persiana van a parar directamente al aparato de radio, y su luz baña de oro las
palabras de los nuevos apóstoles de la COPE... En pleno éxtasis decido meterme
en la ducha (porque no todo en esta vida es contemplación, y uno también tiene
sus obligaciones, no te jode).
Al salir del baño me invade una extraña sensación. Sé que he madrugado,
pero apenas recuerdo qué he hecho desde que me levanté. Al entrar en mi cuarto
descubro la COPE puesta en la radio. Bueno, no es tan raro. Lo que de verdad me
extraña, y no encuentro explicación, es encontrarme a Murphy metido en el
nacimiento que hay en la entrada de casa. Resulta gracioso ver al gato
durmiendo en el pesebre, flanqueado por el buey y la mula, pero nunca le había
dado por comportarse así... Algo no encaja.
De pronto, siento una fuerte punzada en
el oído. El dolor me traspasa y la cabeza parece que me vaya a estallar. Hay
algo que pugna por llegar hasta el cerebro, la intensidad de los pinchazos va
en aumento, noto las palabras deslizándose como hormiguitas hasta alcanzar la
superficie de la corteza cerebral y, subitamente, todo estalla en mi interior,
como una gran burbuja que ha llegado a su límite, y una frase empieza a tomar
forma de manera nítida... En este país hay pobres...
Acabo de tomar una decisión: NO VOLVERÉ
A SALIR LOS DOMINGOS.