La Publicidad por forteano

 

      Uno se acerca a la televisión con la sana intención de aprender algo sobre nuestro país y sus habitantes; de verme reflejado, en definitiva. Sin embargo, los resultados son decepcionantes. Las series de ficción nos dan una imagen tan realista como la de quinceañeros que se van a vivir por su cuenta y montan sus propios negocios; en los programas de debate o entretenimiento, lo único q nos queda claro es q la gente echa mucho de menos la insigne figura del tonto del pueblo; en cuanto a los informativos... bueno, los telediarios son para echarles de comer aparte, sobre ellos hablaré otro día.

 

      Pero la publicidad sí nos da una imagen bastante fidedigna de cómo somos. Un ejemplo: se puede llegar a la sorprendente conclusión de que a los españoles nos gusta mucho el fútbol viendo la gran cantidad de anuncios sobre fútbol y futbolistas que se emiten (y no solo porque el mundial aún resulte relativamente reciente). Hay uno bastante representativo. Trata sobre un equipo de brasileñas jugando al fútbol playa con unos pantaloncitos minúsculos, supongo que lo habrán visto. Digo que es representativo porque, de hecho, si lo que bebiera la futbolista en lugar de ser un refresco raro fuera una cervecita ese anuncio conseguiría aglutinar de forma ejemplar los tres intereses principales del varón español medio.

 

      La publicidad y el marketing también nos dan información sobre las cosas que nos molestan y las que no. Por ejemplo, en España normalmente a nadie le ofende que le consideren un cara dura o alguien con mucho morro, nos resulta incluso simpático; sin embargo otras cosas sí nos resultan muy ofensivas. Por eso el Volkswagen Jetta tuvo bastante éxito pero al Mitsubisi Pajero tuvieron que cambiarle el nombre por Montero. Aún así, se ven algunos Pajero de importación. Y uno no puede evitar preguntarse si de verdad le habrá salido tan barato el coche, si realmente puede merecerle la pena por ahorrarse algo de dinero o lo que sea ir por ahí con un Pajero.

 

      Y, ya que sale el tema, comentemos algo de la publicidad en Internet (pues por más que me pese esto implica básicamente hablar de pornografía). Si alguna vez han visitado alguna web porno habrán podido comprobar que en estas páginas hay 3 tipos de publicidad que predominan de forma llamativa. Como imagino que nunca han perdido el tiempo viendo estas cosas y no saben de lo que les hablo, paso a enumerarles la publicidad que refleja los intereses y necesidades de la gente que ve porno por Internet:

 

     1.- Más porno. Porque es bien sabido que la pornografía causa adicción y el consumidor de porno nunca tiene suficiente.

 

      2. - Programas que eliminan todo rastro soobre las webs visitadas. Porque todos sabemos las cosas que tiene Windows, lo indiscreto que es. No importa las veces que borres el historial, el cache y todo lo que se le ocurra, en cuanto otro coja el ordenador le saldrá una foto de Jenna Jameson haciendo cualquier disparate. Y, francamente,  uno no quiere que los compañeros de trabajo se enteren de que no solo usamos Internet para mandar chistes por correo electrónico.

 

      3.- Distintos métodos científicamente probados para aumentar el tamaño del pene. Porque por muy importante que resulte acceder de forma compulsiva a más pornografía y que nuestros familiares y compañeros no descubran lo guarros que somos hay algo que resulta aún más preocupante. Y es que al comparar a los freaks fotografiados con gran angular que tenemos en pantalla con lo que el sufrido usuario medio tiene entre manos pues mira, entran los agobios. Pero ahí está la bendita publicidad comprendiendo nuestras aflicciones y ofreciéndonos productos para ponerles remedio. En este caso de diversos modos, para poder elegir según las inclinaciones de cada cual, desde manuales con extraños ejercicios peneanos a aún más sorprendentes medicamentos cuya composición química no me atrevo a aventurar. Pero que sin duda deben de ser buenos, porque siempre sale la foto de un tío con bata blanca y fonendo recomendándolas.

 

      En realidad preocuparse así por ese tema resulta tan absurdo como sentirse bajito viendo un partido de baloncesto, pero la cuestión es que ocurre. ¿Que cómo lo sé? Por la publicidad, claro.

 

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