Signos por Trahn
Ayer tuve clase de algo
llamado Semántica. Para los no puestos en cuestiones filológicas, o para los
que no entienden los polisílabos, diré que la Semántica no tiene que ver en
absoluto con lo que están pensando. Es interesante, pero se lo dice alguien que
también considera interesantes los prospectos de medicamentos antihistamínicos
(tú, el de los polisílabos, no hagas como que lo has entendido).
En todo caso, estaba yo en clase de Semántica, esperando a que apareciese la
profesora y ocupada mientras tanto en examinar detenidamente el estuche de mi
compañera de pupitre. Amarillo pollito. Agatha Ruiz de la Prada. Un frasquito
de typex. Dos rotuladores, uno rosa, uno verde. No me digan que no apetece
conocer a alguien que lleva eso encima.
Bueno, llegó la profesora, y con ella llegó también no el escándalo (no está
tan buena, ni lleva las bragas por fuera de los pantalones, como una tía que
salió hace unos días en los conciertos de Radio 3), sino un muchacho
desconocido, que se sentó cara a nosotros y de espaldas a la pizarra. La
profesora empezó a hablar y el tío empezó a mover las manos, mirándome. Yo me
sorprendí inicialmente (no demasiado, porque una noche, en un bar, un anciano
movió las orejas y me dijo: "te gusta, eh?", y después de eso ya nada
fue lo mismo), pero luego me di cuenta que estaba interpretando la clase para
el chico sordo que se sentaba a mi otro lado. A un lado la fan de Agatha Ruiz
de la Prada, al otro un sordo... esas clases prometen. Bueno, igual no era
sordo, y él y su amiguete sólo querían hacerse unas risas, pero vamos a suponer
que sí lo es.
La clase fue mucho más interesante
de lo que suelen serlo, sobre todo cuando la profesora pidió a una alumna que
contase la última peli que había ido a ver al cine. Háganse una idea de cómo se
dice en lenguaje de signos "Al Pacino", "Robin Williams" y
"Alaska". [Inciso: Por si mis lectores no lo saben, al buscar en el
ENCARTA la palabra "bisexual", ésta aparece ilustrada con una foto de
Al Pacino. No sé por qué. No sé si él tiene noticias de tan bella
circunstancia. Fin del inciso].
Volviendo al asunto que nos ocupaba, en cuando sonó el timbre del descanso salí
al trote detrás del intérprete, para preguntarle cómo demonios había traducido
"paradigmático", "campo semántico", "valor
lingüístico" y "Robin Williams". La conversación no tiene mayor
interés, pero me trajo a la memoria una bella anécdota que quiero compartir con
ustedes, amigos y desconocidos lectores.
Hace unos años yo intentaba ir a
clase lo menos posible, y lo conseguía sin dificultad. Frecuentaba un bello
café poblado de ociosos estudiantes de filología e historia, maricas de la
peluquería cercana (y cuando digo "maricas", tienen ustedes que
imaginar a un tipo parecido a Robert Taylor en Ivanhoe, sólo que vestido de
rojo, subido a unas plataformas y paseando un caniche), hermosas lesbianas, y
seguramente más gente en la que no me fijaba, porque no respondían a ninguno de
los arquetipos anteriormente citados.
Una de tantas mañanas de parchís y
cotilleo, apareció por el café eso que se llama una conocida de una conocida,
que se sentó alegremente en nuestra mesa sin pedir permiso ni mostrar el
bollocarnet. Se ve que no lo tenía, porque a los cinco minutos estaba contando
su agitada vida amorosa, de la que extraigo hoy esta anécdota para regocijo de
ustedes.
La muchacha conoció a un muchacho
sordo en una discoteca (muy revelador, verdad?). Hablaron, o algo parecido. En
todo caso, alguna comunicación tuvo que haber, o bien él hizo gala de un
movimiento de cu-cu que para sí quisiera Jennifer López, porque el caso es que
acabaron saliendo. Ella aprendió el lenguaje de los signos en apenas tres meses
(y naturalmente, mientras nos contaba esto, todos nos apresuramos a preguntar
cómo se decía en signos "marica", "bollera",
"bisexual" y "piérdete"). Pero héte aquí que la relación
empezó a resentirse, y no diremos que fue la falta de comunicación por no hacer
un chiste fácil más. Se resintió y punto. Ella empezó a verse y a fornicar con otro
muchacho, suponemos que oyente, porque si no lo de esta muchacha ya sería
vicio. Bien, el sordo se fue a un congreso de ídem, ella se quedó en casa, y a
la media hora de haber partido el legal, ella hizo entrar al ilegal y se dieron
a feroz coyunda. Pero ay, el sordo era sordo, no gilipollas, y en cuanto hubo
cronometrado más o menos tres cuartos de hora, volvió raudo a la casa y abrió
la puerta. El que fornicaba con la muchacha apenas tuvo tiempo de coger su ropa
y salir por la ventana (y sí, vivían en una planta baja). La chica recompuso su
aspecto, se arropó en la cama e intentó que todo pareciese una escena cotidiana
y doméstica de siesta o similar. No sé si los sordos, como se dice de los
ciegos, desarrollan más otros sentidos para compensar, pero el caso es que el
sordo olfateó el aire y no tuvo la menor duda de que allí había habido
fornicio. Levantó airadamente a la muchacha de la cama, examinó las sábanas, y
le dijo: ¿DE QUIÉN ES ESTE SEMEN? Naturalmente, en lenguaje de signos.
Lo que ocurrió después:
-La que contaba no pudo seguir contandoo, porque todos los presentes se doblaban
de risa.
-Mientras unos se reían, otros espurreaaban de café la mesa y otros practicaban
para poder decir: "maricón, de quién es este semen? piérdete", llegó
un chico a la mesa. Se parecía levemente a Bruno, el pianista de la serie Fama.
Besó a la narradora, le hizo unos signos con las manos y fue a pagar lo que
había tomado ella.
-La narradora se cercioró de que él no podía oírla (ya me entienden) y nos
dijo: "Otro día os cuento la discusión que tuvimos cuando le pillé
haciéndose señas con otra sorda de la asociación, y él dijo que hablaban de
Crónicas Marcianas".
Eso es todo.
Tengan cuidado ahí fuera.
Trahn.
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