El Sentido de la vista por forteano
Estoy perdiendo agudeza visual de tanto
derrochar mi tiempo ante el monitor del ordenador. Es algo que me resulta cada
vez más evidente, mi progresiva pérdida de visión, de modo que antes o después
tendré que resignarme a graduarme la vista y probablemente acabe llevando gafas
(lo de meterme cosas en los ojos, lentillas o lo que sea, queda descartado. Yo,
gafas). La elección del modelo es un asunto delicado que no se puede tomar a la
ligera y en el que, francamente, prefiero no entrar ahora. Aunque me pregunto
si acabaré con gafas de pasta, flequillo y fan de Vacaciones.
El sentido de la vista es básico para mí
aunque no se puede negar que en ocasiones es ciertamente traicionero. Como ese
amigo que te es muy querido y con el que te llevas bien aunque en el fondo
sepas que es un cabroncete. El sentido del olfato, por el contrario, es ese
tipo buenazo al que nadie presta mucha atención.
Y digo este porque el olfato es a priori el
menos importante de los sentido; y aunque disfrutar de algo que huele bien es
estupendo en la práctica nos vemos agredidos con demasiado frecuencia a olores
apestosos (imaginen ustedes mismos el equivalente visual a esos olores que
apenas te dejan respirar, que te provocan arcadas... y que solo hay que viajar
por nuestras carreteras para encontrarlos). Pero el olfato nos trata con una
sensibilidad y delicadeza que a la vista le es ajena. Cuando detecta un olor
desagradable lo que hace el olfato es avisarnos de que estamos ante algo malo o
potencialmente peligrosa. Nos dice: Vete de aquí, puede resultar tóxico, este
lugar es insalubre, no te comas eso que probablemente te enfermará, deja de
hablar con ese experto en cine oriental, por Dios ni se te ocurra meter la
lengua ahí, etc. De modo que te previene por tu bien. Pero si no eres lo
bastante sensato como para hacerle caso, tras un tiempo prudencial el sentido
del olfato se encoge de hombros y decide que él ha hecho lo que ha podido, y
que si tú has decidido ignorarle pues es absurdo y cruel seguir atormentándote
con tan desagradable sensación. Así uno acaban no percibiendo el mal olor. Una
forma de proceder sin duda noble.
Sin embargo, y para nuestra desgracia, el
sentido de la vista no funciona así. Por poner un ejemplo claro, en la penumbra
de la noche o en la tenue luz de los bares, tu vista te dice que la chica con
la que estás hablando y que parece bastante accesible es atractiva y
deseable... hasta aquí bien, me parece una actitud cabal. El problema es al día
siguiente. Con la despiadada luz de la mañana –y con la complicidad de la
habitual migraña- tu vista cambia y se vuelve cruelmente clara y analítica,
regodeándose en cada detalle poco afortunado, aumentando sin compasión
cualquier posible defecto físico. En definitiva, que no solo no te previene la
noche antes sino que en lugar de mantener la fantasía a posteriori, cuando ya
no hay remedio posible, se vuelve aún más lúcida de lo habitual.
De ahí lo embarazoso que con cierta frecuencia resulta el
desayuno para las dos partes.
Volver a un Fanzine que
Fascine