VOLUNTARIOS por Gurb
El pasado 13 de Noviembre, nefasto día, trajo consigo una nueva desgracia ecológica a las costas de nuestro país. Galicia, España, el mundo entero se rasga hoy las negras vestiduras y guarda un minuto de silencio en el velatorio de las playas. Sin embargo, este acontecimiento ha tenido su reverso de esperanza. A partir de ahora, ya no será el verde el color que represente tan positivo sentimiento, sino el blanco, el blanco que, como en las pelis de siempre, ha encarnado la lucha del bien frente a las oscuras fuerzas negras del chapapote.
Los medios de comunicación se han lanzado a ensalzar la desinteresada colaboración de miles de jóvenes en las tareas de limpieza. El conflicto ya tenía su héroe, un héroe colectivo y anónimo: la juventud. El relato informativo ya no trata a los jóvenes como borrachos indolentes, eternos inmaduros que nunca saldrán de las faldas de mamá. No. Los monos blancos les infunden pureza, y esos mismos jóvenes perezosos, cómodos y egoístas se convierten, por obra y gracia de la mágica pluma de los reporteros, en un ejemplo de solidaridad y compromiso.
¿Es posible esta dualidad dentro de un
mismo colectivo? ¿Somos los jóvenes capaces de lo mejor y de lo peor, como el
Dr. Jekyll y Mr. Hyde? ¿O será que olvidan que hay una gran parte de la
juventud que
ejerce
el voluntariado durante todo el año? Y no estoy hablando del fenómeno de las
ONG´s, no. Me estoy refiriendo al mercado laboral, ese territorio pirata que
nos convierte en voluntarios diariamente, y en el que además se nos priva del
halo romántico y el reconocimiento social. La masificación del sistema
universitario español lleva a una situación abusiva en la que las empresas
ofrecen contratos en prácticas y becas temporales sin remuneración ninguna.
Como verdaderos voluntarios, sí señor. Y es que parece que trabajo hay, y gente
con ganas de moverse, de ejercer su profesión y desarrollar sus capacidades,
también. Lo que escasea de forma preocupante son empresas dispuestas a pagar a
los jóvenes por ese TRABAJO. Sí, sí, he dicho trabajo, que encima resulta que
hay que darles las gracias porque están “completando nuestra formación” y
brindándonos una oportunidad... y de paso hacemos el trabajo como auténticos
voluntarios, sólo que sin el mono de la santidad. Eso sí, rodeados de chapapote
por todos lados, ya que las empresas prestige navegan libremente por las
tormentosas aguas de nuestras ilusiones.