El
Jaguar
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El jaguar es el felino más famoso de toda América
y se le conoce desde que los primeros europeos llegaron al Nuevo
Mundo. Aparentemente, más que ágil parece robusto,
a causa de su aspecto pesado y rollizo. Su peso oscila entre los
70 y los 130 kg.
El pelo de este animal es corto, espeso, suave y brillante, pero
es más largo sobre la garganta, en la parte inferior del
cuello, el pecho y el vientre. El color puede variar notablemente:
el fundamental es el amarillo rojizo en casi todos los individuos
y presenta a su vez zonas blancas en la región ventral, en
la extremidad del hocico y sobre la cara interna del pabellón
auricular. Por lo general la hembra tiene un color característico,
más pálido que el del macho. Los jaguares negros son
muy raros, y sobre su pelaje oscuro apenas se distinguen las manchas.
Vive casi siempre en las orillas frondosas de los ríos y
se detiene en los límites de los bosques próximos
a lagunas y pantanos, donde la hierba y los juncos alcanzan más
de dos metros de altura. Se le ve raramente en las llanuras abiertas
y desnudas, que atraviesa tan sólo cuando se traslada de
un lugar a otro. Si le sorprende la salida del sol se detiene en
parajes de hierba alta y entre los matorrales más espesos,
donde pasa el día durmiendo y reposando. Para sus rapiñas
prefiere las horas crepusculares o las noches claras. No caza nunca
de día, pero tampoco en noches muy cerradas.
El jaguar es un animal peligroso en todos los aspectos. Su andar
y sus movimientos parecen pesados y lentos, pero cuando es necesario
se torna ligerísimo y extraordinariamente ágil; posee
una fuerza excepcional, análoga a la del tigre y el león.
Su alimento preferido son los grandes vertebrados, aunque no desdeña
animales menores, como ratas y agutíes. Persigue entre los
juncos a las aves de ribera, y es muy hábil para atrapar
los peces que se hallan en aguas poco profundas. Parece ser que
no retrocede ni siquiera ante los grandes caimanes y las serpientes.
El jaguar es el peor enemigo de la tortuga de Arrau, a la que acecha
en las playas, en los lugares donde pone los huevos. Cuando la ataca,
la vuelve de espaldas para inmovilizarla, y después la abre
utilizando las uñas como un bisturí. Como no se la
come del todo, los indígenas aprovechan frecuentemente lo
que queda de ella.
El jaguar persigue su presa por el agua o por el suelo, pero no
se atreve a subir tras ella a los árboles, aunque trepa muy
bien cuando se sabe perseguido.
Cuando le encuentra por primera vez, el jaguar evita al hombre,
o bien lo observa con curiosidad, aunque desde cierta distancia;
sólo muy raramente, en circunstancias del todo excepcionales,
este animal se vuelve antropófago.
Este felino vive siempre en una determinada zona, mientras encuentra
en ella comida y no se siente perseguido. Pero en cuanto la comida
empieza a escasear, no duda en trasladarse a otra región.
Siempre se desplaza de noche, y como es un excelente nadador atraviesa
con facilidad los ríos más anchos.
La hembra suele dar a luz dos pequeños, a veces tres. Los
nacimientos se producen en los lugares más impenetrables
del bosque o en cualquier hueco excavado entre las raíces
de los grandes árboles. En los días que siguen al
parto la madre no se separa de las crías, y si teme algún
ataque las traslada a otro lugar, tomándolos con la boca.
Cuida a sus pequeños celosamente, los defiende con ardor
y se dice que persigue al enemigo que ha osado amenazarlos. Después
de cinco o seis semanas, los pequeños jaguares siguen a la
madre en las cacerías, al principio permaneciendo escondidos
en cualquier arbusto, y después compartiendo con ella las
emboscadas. Cuando alcanzan el tamaño de un perro de caza
la madre los abandona a su destino. Los jóvenes se distinguen
de los adultos en el color del pelo, aunque sólo hasta la
edad de siete meses; después son iguales a ellos.
Los jaguares se pueden tener en una casa sin demasiado peligro;
pero es necesario capturarlos jóvenes. Juegan a gusto con
los perros y los gatos y, sobre todo con las bolas de madera. Se
mueven con extraordinaria ligereza y agilidad. No tardan en reconocer
a su guardián y manifiestan un vivo placer cuando lo ven.
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