El
León
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El león se distingue fácilmente de los demás
felinos. Sus características principales son: cuerpo robustísimo,
recubierto de pelo corto, liso y de color uniforme; hocico ancho,
ojos relativamente pequeños, pelaje espléndido en
el macho y borla terminal en la cola.
El cuerpo de este carnívoro es robusto y membrudo, como el
de todos sus afines: la parte anterior está más desarrollada
que la posterior, a causa de la amplitud del pecho y la estrechez
de los ijares. La cabeza grande, grande y casi cuadrangular, acaba
en un hocico ancho y truncado; los ojos, de tamaño mediano,
con pupila redonda, tienen una extraordinaria viveza; las extremidades
son gruesas y muy robustas y más desarrolladas que las de
cualquier otro felino; la larga cola acaba en una punta córnea,
cubierta por una borla lanosa. El pelo, liso y corto, es de un bello
color amarillo rojizo o castaño rojizo; en varias partes
del cuerpo, de forma irregular, los pelos acaban en puntas negras
o son completamente negros y de ahí deriva el color mezclado,
característico de este felino. La cabeza y el cuello del
macho están rodeados por una espesa crin (melena), formada
por pelos largos y lisos que caen formando una especie de madeja;
en la parte delantera alcanzan hasta el inicio de las patas y por
detrás llegan hasta la mitad del lomo y de los flancos.
El recién nacido está cubierto de pelos lanosos y
grisáceos, con un dibujo en la cabeza, patas, flancos, lomo
y cola parecido al del leopardo. La leona se parece a los individuos
jóvenes y se distingue netamente del macho por su pelaje
uniforme que, como máximo, se alarga un poco en la parte
anterior del cuerpo.
El león vive aisladamente y sólo se une a su hembra
en la época del celo. En cambio, en algunas regiones, a veces
los leones se reúnen en manadas para efectuar rapiñas
o cacerías.
Al león no le gusta vivir en las selvas vírgenes muy
extensas; prefiere más bien los lugares abiertos, es decir,
las llanuras herbosas sembradas de matorrales y los bosques de arboles
de pequeño tamaño, o las estepas áridas y secas
y las regiones desiertas y desoladas, tanto en la montaña
como en la llanura. Elige como madriguera cualquier hondonada del
terreno, situada en los lugares más protegidos. Durante sus
migraciones, en cambio, descansa donde le sorprende el amanecer.
El efecto que el rugido del león produce sobre los otros
animales es indescriptible: la hiena, en cuanto lo oye, deja inmediatamente
de aullar, aunque sea sólo por un momento; también
el leopardo enmudece; en cambio los monos acrecientan sus murmullos
y, sin perder tiempo, trepan a las ramas más elevadas de
los árboles; los antílopes huyen precipitadamente
hacia los bosques; el camello tiembla, rehusa obedecer a su conductor,
tira al suelo carga y jinete y se da a la fuga; el caballo se encabrita
y retrocede asustado, imitado por el perro, que lloriquea corriendo
tras su dueño. Incluso el hombre, cuando por primera vez
oye la voz del león rompiendo el silencio nocturno de la
selva, nota que en él se despiertan insólitos temores.
Este félido ataca al hombre muy raras veces, sólo
en casos excepcionales. En el Sudán, donde viven en gran
número, no se sabe de ningún hombre que haya sido
devorado por ellos.
En la época del celo, diez o doce machos siguen a una sola
hembra y combaten incansablemente entre sí para conseguirla.
Sin embargo, cuando la hembra ha hecho su elección, los otros
machos se van y ambos "cónyuges" viven juntos.
Quince o dieciséis semanas después del apareamiento.
la leona pare de una a seis crías, por término medio
dos o tres. En general, la madre trata a los pequeños con
gran ternura, y es un bello espectáculo ver a una leona rodeada
de su prole.
Los leones capturados de pequeños y sujetos a un trato racional
se domestican fácilmente.
En otros tiempos el león abundaba en toda Africa, y en Asia
meridional hasta la India. Con el paso del tiempo, este terrible
enemigo de los rebaños se vio obligado a retirarse, ya que
el hombre avanzaba y le perseguía encarnizadamente, hasta
conseguir exterminarlo en varias localidades.
Actualmente este carnívoro ha desaparecido completamente
en Africa septentrional y en la región del cabo. En el resto
de Africa está disperso en forma discontinua, en el sentido
de que su número varía mucho de una zona a otra: se
le encuentra en Sudán, Kenia y Tanzania; al Oeste, hasta
el Congo, y en gran parte de Africa oriental, al sur del Sahara,
hasta el Senegal y Gambia. También se le encuentra en Chad,
en la República Centroafricana, desde donde se extiende a
toda Africa centromeridional, excepto el extremo sur.
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