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CUANDO por la mañana
temprano
mis pasos soñolientos se desperdigaban
entre los baldosines del parque.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando estabas allí en
la casa
recomponiendo la noche de los jeroglíficos que nos
separaban.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando el espeso
anochecer era un pájaro de gelatina
y mis pasos perdidos eran cometas que no te encontraban.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando de los colegios
corrían los chaveas
y esparcían sus relinchos de estaciones
sobre el nácar implacable de las ciudades.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando Allende agonizaba
cantando sobre el mármol de los cráneos.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando el grillo de los
sarcófagos
chirriaba cantinelas del Kerouac de azúcar
entre los jazz estremecidos.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando los dioses
estaban en las universidades
los demonios bailaban en los Vietnams
y los indios yacían en el horizonte.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando el amor era el
resplandor de las metralletas
y los hombres rociaban dinamita
sobre el vientre de las mujeres.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Cuando los terremotos
inyectaron su batidora sobre los cerebros
y los alacranes escupieron sus planetas
sobre el cemento de nuestros ojos.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.
Fernando Bellido
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