Espera
La voz de
mis ojos es gris.
Se viste de transparencia de agua y de corales
y se esconde en tu ausencia.
Te espera.
Esa voz es
intención serena, que huye a la resignación
de una
[partida eterna,
es locura de cruzar la trinchera y contagiarte
los labios
[de vida. ¿Vives? ¡Sí..!
Voz que te
busca en tu último recuerdo
con flores color de sangre y miedo.
Amor de ráfagas
en un rincón que no conozco.
Amor de espera, de viudez que me llama,
de muerte en guerra.
Espera.
Porque no
hay cuerpo ni lápida.
porque la esperanza es esta voz en penumbra
con almendras amargas.
Puerto
Volví a tus
brazos como todas las tardes
después de descubrir el universo de las
calles,
[siempre nuevo,
en un amanecer.
Son el
destino habitual cuando me declaro disidente
[de lo monótono,
eclipsada en el cauce de tu verbo.
Regreso al
horizonte de tus brazos, a donde se esconde
[el sol, la paz de las olas.
A ellos me entrego
con mi espectro de voces,
todas las dualidades de mi ser.
Tus brazos
me conocen,
me definen sin titubeos en la respiración de
muchos abrazos,
en la libertad ondeante de la partida y la
espera.
Desde ellos
miro valiente la noche en sus
[incertidumbres de amor,
hasta sumirme en un sueño diáfano en el que
ellos
siguen siendo mi orilla al volver.
Mi orilla mítica
sin monstruos de arena.
Urbana
Soy, en
esencia, señales y sonidos
que se describen en permanencias y recorridos
por esquinas disímiles y felices,
en líneas rectas y curvas
y mi nombre es el de todos,
con letras y números.
Es mi
palabra itinerante
en los espacios históricos y anacrónicos de
la ciudad
tras la memoria y la inmediatez
para armarme la vida
como una huella nómada en todas las versiones
posibles
de identificarme en las aceras y los puentes
donde mi humanidad pueda verterse, como las
otras,
en los decires y los haceres
que la llaman.
Soy en ella
con los ojos y los pies,
con las pupilas que la guardan
en ese catálogo de la experiencia común de
circular
[como sangre,
de construir los encuentros y encontrarme,
de buscar lugares y tragaluces en las voces,
de vivirla sin miedo desde y hasta el hecho
de ser urbano incidente con piel y nervios,
repartidos en las sillas de los buses y los
semáforos,
en los artífices y consecuencias de silencios
y gritos.
Es ser, sin más señas, un ente de discursos
y textos propios
en el lienzo elucidante de las calles...:
Urbana.
Azar
Nos
encontramos las pupilas para hablar
de la luna que está cerca y de la posibilidad
de retar
[a los espejos.
Fuimos en tu
boca los poetas sin gastarse
que sueñan en blanco y negro y en otros
colores
al mismo tiempo.
Fuimos en
mis ojos preguntas, más preguntas.
Fuimos el día
que pasó dejando pedazos de piel
[en la calle,
fuimos anónimos,
inacabados,
volubles,
desconocidos, robándose el fuego.
Nos
encontramos,
fluimos,
fuimos ángeles y demonios relativos,
Fuimos,
dentro del cuerpo, los extraños que se besan
bajo la trama de la noche
con avidez, con hambre,
Fluimos, con
la rapidez del tiempo mismo,
beso, humedad encontrada, piel que se toca
Prevenidos.
el hilo no debe enredarse,
se enreda.
La memoria recuerda.
Fuimos los
poemas de otros que sienten en papel,
los nuestros,
Fuimos la hoja de una noche que se desnudó
en una ruta no planeada, perfecta,
inventariada letra a letra.
Fuimos,
fluimos, nos encontramos a tramos,
noche adentro,
inventados,
solubles,
vividos,
humanos.
Silvia Visbal
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| Periodista
y escritora colombiana (Barranquilla,
1976). Escribe narrativa y poesía
desde temprana edad. Se graduó de
periodista en 1988. Ha participado en
recitales de poesía joven en su
ciudad y en la actualidad prepara un
libro con poemas inéditos. |
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http://www.letralia.com/116/letras09.htm
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