Arte y literatura

"Todo lo que haces es encaminarte derecho a la tumba, un rostro cubre el esqueleto por un tiempo. Extiende esa cubierta del cráneo y sonríe." - Jack Kerouac

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Gracias.

Un cordial saludo.

(F. Bellido. Granada, Junio-2008).

 

 

 

 

...Cruzar en diagonal por encima del tiempo. Agarrar la hora al vuelo. Medirle el tiempo a los recuerdos. Creer en el hoy, el aún, el todavía. La lucha es a muerte por la vida. Estar en guerra contra el dolor y el olvido.

Pablo Mora

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Creer en la vida

 

 

Pablo Mora*

 

A 16 años del 4 de Febrero, mientras Venezuela se enrumba hacia un futuro mejor, y con sus ideales de convocatoria y rebeldía, hace que el mundo entero marche hoy unido por la paz.

 

Sumidos en las tremebundas cárcavas del cósmico pavor, esclavos de las crujientes angustias de la humanidad, en convivencia con parejos avatares, asidos a un común dolor, hemos de constituirnos  a partir de una vida social acumulada. Antes que fundirnos en una fe única, una doctrina única, explorar la posibilidad de un consenso que, partiendo de la devastación horripilante, conduzca a la concreción del proyecto en el que la danza de la vida signe la esperanza, el renacer de una humanidad nueva, donde conciencia y fraternidad apuntalen todo progreso, todo porvenir, altibajo, desafío, logro, rejoneo.

“Convencidos de que al horror hay que salirle al  paso,  hay que desmantelarlo,  sajarlo, y que hay que hacerlo ya, ahora mismo, organizada, precipitada, impostergablemente, fundando una sociedad de hermanos, en nuestra casa, en el trabajo,  en la calle, en el país y el continente,  en el planeta que se quiebra… abrirle pasos a los tiempos de amor que inundarán el corazón del hombre el día en que aprenda al fin a mirarse en las pupilas infinitas de su propio asombro.”

Fraguar una conciencia colectiva, fincar nuestra vivencialidad, convivialidad, en las relaciones inter subjetivas provenientes de nuestras cocreaciones y sociocreaciones, puesto que podremos conocernos partiendo del otro y de los otros, hasta tener que ser otro para ser sí mismo. La libertad individual, la capacidad o potencialidad de nuestras “creaciones” solo llegan a plasmarse a través de nuestras vivencias mutuas, compartidas, ya que el hombre, como la “verdad”, se hace y crece en comunión con los otros seres humanos.

Rescatar la dignidad de la palabravida, en solidaridad creciente. Lejos de una egocracia fatua, insustancial, intrascendente, enrumbarnos hacia una egococreación con miras a alcanzar la máxima sociocreación que el momento nos demande. Buscar nuestro amanecer en la obra común. Decidirnos por el fortalecimiento de una corporeidad psicosocial tal que sea capaz  de construir el cuerpo real del hormigón histórico, donde tengan vida  por  igual el silencio del bosque, el sueño de la máquina, el estupor del viento, el ingente alarido de los pobres, los aullidos de Dios sobre el planeta.

Acercarnos al dolor del día. Servirle a la vida, rescatarla, liberarla, ejercer la vida. Lidiarla al alimón, al quiebro, al cuarteo. Perseverar en la defensa del pan, la libertad, la deliberancia, la disidencia o convergencia. Que entre todos hagamos nuestra casa. Nuestro fogón. Nuestra alegría. Que no sean solo sombra nuestros días. Agregarle algo al mundo si queremos que valga nuestro paso.

La mayor dimensión por el hombre conocida: la vida. La orden del día, la consigna entonces: fraguar, festejar la vida, apuntalar, enarbolar la vida, debatir la vida, entusiasmar la vida, celebrar la vida. Oír la vida. Creer en la vida. Al lado de la vida de por vida. Por cada llanto, levantar un camino. Por cada acoso, encender una esperanza. Por cada muerte, una lumbre. Una luz, por cada oscuridad.  pablumbre@hotmail.com

 

 

*Poeta, Profesor Titular, Jubilado, UNET

 

 

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26-12-2007
 
Biodiversidad: el paraíso perdido

 
Joel Sangronis Padrón
 

¿A que cosas llamas soledad?
¿Por ventura no está la tierra
poblada por diversas criaturas
vivas, lo mismo que el aire?....
También ellas tienen su especial
Comprensión, no despreciable.

 

 

 
John Milton - “El paraíso perdido”

 

No soy un ecologista fanático; no antepongo un supuesto “mundo natural” al mundo humano. Milito en la corriente del pensamiento ecológico conocida como ecología social o socioecológica, corriente esta que incluye a los desajustes socioeconómicos humanos como uno de los principales problemas ambientales; una corriente que supera la trampa epistemológica del reduccionismo biologicista en que caen la mayoría de las tendencias ecológicas y ambientales contemporáneas, trampa que arrebata o desconoce los contenidos políticos y socioeconómicos inherentes a toda propuesta ecológica.

Entiendo que la lucha por la defensa del ambiente está indisolublemente ligada a la lucha contra la explotación y la depredación capitalista; entiendo que no puede existir una sociedad sustentable dentro de la lógica del capital, y que la lucha por la defensa del entorno incluye indefectiblemente la lucha por la defensa del ser humano, tan agredido, tan alienado, tan cosificado y mercantilizado por la sociedad capitalista que su propia existencia ha perdido sentido; sin embargo, cada cierto tiempo mientras hago caminatas por los bosques del parque nacional Burro Negro, o por las montañas de la serranía del Paujil en el centro occidente de Venezuela, o camino en soledad frente al mar caribe, me complazco en imaginar como sería hoy el ecosistema terrestre si por algún azar evolutivo hace 2 millones de años el género Homínido no hubiera producido la rama del Homo Sapiens. Alejado del ruido de los hombres, envuelto por los sonidos de la naturaleza no antropizada, sueño despierto con un mundo que fue, y que ya no es ni volverá a ser.

Liberados mi mente y mi espíritu de las limitaciones del cuerpo y de la razón vuelo a través de un mundo maravilloso y ancestral, con imágenes que me son familiares y extrañas a la vez: veo una tierra llena de bosques, miles, millones de kilómetros cuadrados de una cúpula vegetal que se extiende en cada continente casi desde la orilla del mar hasta las mas altas montañas. ¡Una masa boscosa colosal! Como consecuencia de ella el aire es limpio y de una pureza indescriptible. En mi recorrido el cielo está inundado de bandadas de aves de todo tipo y colorido: sobre los cielos de Norteamérica miles de millones de palomas migratorias (hoy extintas) sobrevuelan los bosques de pinos, robles, abetos, arces y encinas. Acá en Venezuela, el firmamento de los cielos llaneros se puebla con decenas de miles de garza, loros, corocoras y ciento de especies que colorean la luz solar con tonos caleidoscópicos.

En las praderas norteamericanas mas de 80 millones de Bisontes hacen retemblar la tierra al huir de las manadas de lobos y de los Smylodon (Tigres dientes de sable) que los persiguen; cerca de ellos, majestuosas manadas de mamuts pacen en las frías praderas. Los océanos hierven de vida. Más de 400 mil Ballenas azules y cientos de miles de otras especies de Ballenas inundan con sus cantos la inmensidad del mar.

Las aguas oceánicas del todo el mundo rebosan pletóricas de vida; incontables y descomunales cardúmenes de Sardinas, Anchoas, Atunes, Bacalaos, Salmones y ciento de especies mas, incluyendo a sus depredadores, hacen que sea difícil recordar los desiertos en que el hombre ha convertido hoy a los mares.

En Europa los extensos rebaños de Úros, de Jabalíes, de Corzos, Renos, de Alces Gigantes, de Bisontes, de Rinocerontes lanudos, de Mamuts y muchas otras especies, vagan por entre sus bosques y llanuras, acechados por Lobos, Tigres siberianos y por Leones y Osos de las cavernas al norte y por Tigres caspianos y manadas de Leones del Atlas al sur.

El norte de África es un vergel que en nada se asemeja a las desérticas imágenes que hoy nos resultan comunes. La gran megafauna Africana (Elefantes, Jirafas, Ñues, Leones, Hipopótamos, Rinocerontes, etc…) hoy confinadas a pequeños espacios del África Oriental, llena con su presencia cada espacio disponible desde el Delta del Nilo en el Oriente, hasta las riberas del Atlántico en Occidente. El desierto del Sahara tiene una décima parte del tamaño que posee hoy, y cada año que pasa tiende a reducirse frente al avance inexorable de lo verde.

Las llanuras del creciente fértil, en el actual Irak, no son el desierto radioactivo en que los bárbaros y criminales invasores lo han convertido hoy; son pantanos y marismas de una gran belleza y amplio despliegue de vida, por algo las cosmogonías Judeocristianas y Musulmanas ubicaron allí el jardín del Edén .

La India y las islas del Asia suroriental son monumentos a la biodiversidad y a la hermosura; aun hoy, luego de milenios de devastación humana, la singularidad de sus parajes impacta y sobrecoge.

Los territorios de lo que hoy es China exhiben paisaje magnificentes, con grandes manadas de Elefantes y Rinocerontes, con decenas de miles de Tigres, Pandas y Osos, con sus Baiji (Delfines) saltando entre las aguas del Yang Tse.

La vida estalla en grandeza y biodiversidad por dondequiera que me lleva mi imaginario viaje. Me sorprendo al mirar cara a cara aves gigantes: Moas en Nueva Zelanda, Aves Elefantes en Madagascar, Alcas gigantes en la costa canadiense y Dodos en Mauricio.

En Australia la diversidad y complejidad de los marsupiales es asombrosa: incontables Canguros Gigantes, Diprodontes, Tilacinos (Lobos de Tasmania) y Leones Marsupiales.

El clima de la tierra sin haber sufrido milenios de deforestación e incendios provocados por el hombre y sin gases producto de la combustión de hidrocarburos es más frío que el actual.

Lo que a mis ojos y a mi espíritu se muestra es el verdadero Jardín del Edén, y según creo, nosotros los seres humanos no fuimos los destinatarios de este paraíso, por el contrario, estoy totalmente convencido de que en realidad los humanos fuimos y somos la serpiente que trajo la muerte y el pecado a este Edén llamado tierra. Ojala que aun haya tiempo para que la evolución del espíritu humano nos conduzca en un cercano futuro a asumir la culpa de nuestros actos como especie y comencemos la búsqueda que nos regresen al paraíso perdido.


* Joel Sangronis Padrón es Profesor UNERMB

 

http://www.rebelion.org/seccion.php?id=3

 

 

 

 

       

 

 

 

Sea la luz


Pablo Mora



 

Sucedió y es cierto que los valles dormidos despertaron y los ríos penetraron el corazón del valle y los de las montañas y hablaron los ríos el océano brotó de una de las apasionadas conversaciones entre el río y la montaña y de agua se poblaron las tierras el caldo prioritario calentó las calderas del tiempo y grano a grano se desliza la vida primera candela de conciencia sonidos y silencios sumidero del espacio por allí escapa el verbo su invención es casi inmortal y si no hay viento es necesario crearlo entonces verbo hace viento sucede que viento no muere y viaja y se anima y nacen todas las cosas los animales enjambres de cosas para el verbo carne fuego sangre agua luz sonidos metal músculo cerebro sueño creación universo

Sea la luz para la aldea el alba un día sea inevitable nada fijo todo flujo repentino reordenamiento interactivo selección natural nueva entidad irreversibilidad acontecimiento posibilidad orden a través de la fluctuación interacción conocimiento tácito en lo más hondo la verdad cada palabra en las demás en un hombre todos los hombres formando el universo desde una misma butaca viviendo la vida homología fundamental fluir de la energía lo repentino y nuevo el contacto locura circular a la intemperie compleja realidad del universo áreas comprometidas disponibles para un futuro no programado distorsiones de cualidad trama encantada al azar al margen de la conciencia

Nadie escoge adivina termina adivinando ver lo que todos ven y nadie piensa recuperar recuerdos palabras expresiones ideas sucesos imágenes cantos galerones melodías escudriñar activamente los dispositivos abiertos semiabiertos reconocibles (in)imaginables tocar el cerebro como se toca el piano expresar las ideas con palabras y oraciones adecuadas lejos de todo guirigay sampablera baturrillo papiamento levantarse temprano a saludar el alba recuperar el hilván con que zurzamos el espacio de la caída donde vida sea arte arte vida fija la mirada en el libreto asomarnos al canto de los árboles escuchar el aplauso de los pájaros

Acabar con el vértigo la urgencia acabar con la guerra que nos cruza con la noche que nos cruza con el hambre que nos cruza paridora de soles cruce el alba de la sombra a la pena de la pena al sollozo del sollozo al sueño  del sueño a la nada  de la nada a la vida  de la vida a la muerte de la muerte al misterio  en este barro todavía acabar con la crisis que nos triza con el caos que nos acosa con el caso del ocaso con el saco de la cosa con el asco del ocaso que te acosa con la tisis que nos crispa acosar al caos al ocaso de las cosas pasto sea de demonios el asco de los dioses sea la luz para la aldea el alba un día sea inevitable la fuerza del grito la sombra del silencio la palabra de pie como el rocío noche esclarecida de azul mañana que la fe vislumbra todo ocaso va viene se repliega caos cosa caso asco saco acaso acoso

Grabar el sueño entre los árboles desentrañar los secretos al asombro estar en el centro de la vida de por vida tener mucha imaginación para ver la realidad asumir absurdos enigmas laberintos y zozobras perpetuar la gloria del mundo en un grano de maíz mantener la espada en la trocha que corresponda abrir compartir la luz al mismo tiempo que la noche oscura encender lámparas en el túnel de la infamia enloquecida empuñar las manceras del arado en el lugar apropiado en el momento apropiado y en la circunstancia apropiada

 

 

 

 

«Vivir peligrosamente. En la violencia de la paz»

 

 

 

  

 

 

«He intentado escribir el paraíso.

 ¿Qué es el paraíso?

No os mováis

Dejad hablar al viento

Ese es el paraíso.

Que los seres humanos perdonen lo que he hecho»

(Ezra Pound)



Yo tomo las palabras del poeta. Que quienes lean este latido de vida perdonen lo que he hecho. Y que los periodistas actuales o futuros tomen el guante. Para escribir el paraíso y hacer escuchar la música del viento.

Cristina Castello

 

 

 

 

  

«Vivir peligrosamente. En la violencia de la paz»


Por Cristina Castello

 



A la memoria de Anna Politkovskaïa,
asesinada en Moscú el 07/10/06,
y de todos los periodistas desaparecidos
con un ramo de semillas en la boca:
La pasión por la verdad.



 

 

«Gajes del oficio»




-Cristina, no intentes más la entrevista con «Carlitos».
-¿Cómo que no? Si estoy tras ella desde hace dos meses, y para hacerla busqué muchísima información, y... ¡vos sabés…!
-¡Claro que lo sé...!
-¿Entonces?
-No quiere recibirte, pero lo entrevistará Renée (Sallas), no te preocupes.
-Bueno, pero… ¿qué pasó?
-Dijo que nos concede una entrevista exclusiva, a condición de que no la hagas vos. ¡Pero vamos, Cris... deberías estar orgullosa! Sos un hito en el periodismo y él te cierra la puerta.
-¿Qué estás diciendo? No entiendo.
-Que el señor Presidente de la Nación Argentina te tiene miedo y se niega a que lo entrevistes. No sabe cómo contestar tus preguntas.


Este fue mi diálogo telefónico con Jorge de Luján Gutiérrez, director de la revista
«Gente», donde yo trabajaba. La fecha: la segunda mitad de julio de 1989.
«Carlitos» no era -no es- otro que Carlos Menem, quien era presidente de la Argentina desde el 8 de julio de aquel año.
Quien informó de la decisión presidencial fue el entonces jefe de la SIDE (Secretaría de Informaciones del Estado), Juan Bautista «Tata» Yofre.

 





«… Mostrar la multitud y cada hombre en detalle/con eso que lo anima y que lo desespera. /Bajo su vida de hombre todo lo que él alumbra/Su esperanza y su sangre/Su historia y su dolor». (Paul Éluard, de «Poème pour tous»).
La poesía siempre alumbra. Con este fragmento empezaba yo mis clases de periodismo; y la primera lectura que entregaba a los alumnos, con la excusa de que hicieran con ella algún trabajo, era «Cartas a un joven poeta», de Rainer Maria Rilke. Quería –quiero- encender hogueras inextinguibles en cada ser cuyo camino confluya con el mío.

Se dice que en la profesión soy implacable. Es cierto. Nunca trabajé por la fama, ni para ser una «star», ni por cantidades de dinero que jamás se ganan, salvo si se vende el alma. No me conformo con «esto» que llaman «realidad», y rechazo lo que existe por la certidumbre de lo que poco vi pero cuya existencia presiento.
Tengo hambre y sed de Verdad.
Hacer periodismo es tirar semillas. Y la siembra requiere fiereza y ternura para defender la vida como experiencia creadora; la tarea del hombre es la belleza y ella exige develar: quitar las máscaras. Todas.

Empecé a estudiar periodismo porque quería escribir. Me equivoqué. Había terminado la escuela secundaria tres meses después de cumplir quince años, había leído muchos libros y escrito muchos poemas. Sabía demasiado y no sabía nada: mi «erudición» no era sino teoría. Sabía de lecturas y de mi intensidad para vivir a corazón y a cielo abiertos. Apasionadamente. Pero ignoraba mi ser, mi sed y mi destino de poeta. No «me» sabía en mi raíz y no supe escuchar la voz de mi esencia; la que vivió en mí desde que anidé en el vientre del amor, la poesía y la abnegación. En el de Rosita «Chiquita» Batmalle, mi mamá. Sin embargo, tenía clara conciencia de la otra fuerza que nutre y absorbe mi vida: darme a «mis» demás.

En mi primer año como estudiante empecé a trabajar en un semanario, y terminé la carrera con las más altas calificaciones y diploma de honor.
Entonces llegó el primer abismo. El que nos acontece frente a una etapa que termina y otra que comienza, frente a ese preguntarse: «¿Y ahora, qué?».
El abismo duró un instante. Porque ese sino y signo de darme a «mis» demás se sumó a mi pluma de poeta, de la cual renegaba, y me entregué a la profesión con fervor y mística de sembradora.
Me lancé a hostigar imposibles. A tratar de contribuir a «cambiar la vida» (Rimbaud). Y persisto. Escribí kilómetros de palabras en los medios gráficos de más venta y más conocidos de Argentina, donde nací: hacía los artículos de la portada; mi voz, mi palabra e imagen –mi mensaje- se multiplicaron por la radio y la televisión; y disparé una lluvia de semillas en el alma y en el conocimiento de mis discípulos de «La entrevista periodística». «Y los árboles y la noche no se mueven sino desde los nidos» (Giuseppe Ungaretti). Enseñar es nacer nidos. Amé a mis alumnos. Los amé, los amo. Y recibí mucho de ellos en nuestra historia hecha de rigor periodístico y de complicidades, de risas, planteos «metafísicos», dolores y dichas compartidos: la vida.

Fui censurada, amordazada, amenazada de muerte y perseguida. Por haber nacido en Argentina, durante el período 1976/83 padecí el horror por tantos seres exterminados; el espanto ante 30.000 «desaparecidos» (masacrados), por los militares genocidas, declarados después por la Justicia culpables de «crímenes de lesa humanidad».
Sin militancia en ningún partido político y ajena a todo «ismo», sin ese abrigo (y esclavitud) que puede dar el hecho de «pertenecer», estaba ciertamente a la intemperie. Mientras tanto, andaba por la vida y por las cárceles –cuando se podía entrar- en visita a los pobrecitos seres clausurados, blandiendo una ética de las ideas que deviniera en ética de la conducta. Era casi una adolescente pero vivía sola -amo la libertad- y pasé noches tendida en el piso de mi departamento, viendo por debajo de la puerta pies que se movían con levedad y permanencia: eran de los represores y me estaban intimidando; pasé mañanas de interrogatorios policíacos en mi propia casa; sufrí «requisas» -término de la jerga policial-militar, en este caso referido a la inspección humillante del cuerpo, para descubrir si se ocultaba algo- cuando visitaba las cárceles, por puro amor a la vida, por donarme a mi prójimo.
Pasé, pasé… pasé tantas cosas…
Yo no podía integrar el staff de ningún medio como periodista, pues «servicios de Inteligencia» me habían «prohibido». Sólo me permitían ser free-lance, esto es perder el sueño frente al teclado y ganar casi nada de dinero.

En estos días de fin de 2006 siguen las amenazas… pero más aisladamente. En realidad, nunca hubo tregua. Tienen mal gusto los enemigos de la vida. En 1987, el día que desde la clínica donde había estado internada a causa de un serio accidente de circulación, me llevaban provisoriamente a mi casa, para seguir una convalecencia de dos años, esta «gente» se hizo escuchar. Los enfermeros acababan de «depositarme» en mi cama… ¡por fin la mía!, hasta la siguiente internación, y la otra y la otra, y las otras operaciones. «Sos boleta, Nena, sos boleta, periodista», me amenazaron de muerte. La prensa argentina pensó que mi accidente había sido un atentado.

Por gracia, superé por completo lo de aquel accidente. Mi cuerpo no registra ninguna señal, y mi ser interior no abriga resentimientos; habrá alguna huella o miedo oculto, sí, pero también el agradecimiento por estar viva y entera… ¿Por qué si a otros les pasa, no iba a ocurrirme a mí? La dialéctica de la vida y la muerte está en nosotros, pero soy muy sensible a la caricia divina. Me salvó mi material de resistencia espiritual y la poesía.
«Entonces no paré. Entonces anduve, aún con el dolor de frío. Anduve y vi que allí estaba volando, que allí volvía -otra vez- la primavera» (Pablo Neruda). Y mi compromiso en la profesión se hizo más fuerte aún. Nunca di un paso al costado. Jamás cometí una incoherencia, nunca me «vendí», aunque las «ofertas» para tratar de corromperme no fueron pocas. Pero no es un mérito, sino un compromiso.
Hasta hoy pago los precios. Los pago, sí. Y duelen, sí. Y traen problemas, sí. Pero soy ignorante: no sé claudicar. Y en mi trayectoria hay angustias, pero –también- alegrías, triunfos, satisfacciones y, sobre todo, la sensación del deber cumplido: de la palabra pronunciada a tiempo.

De la universidad me quedó la huella indeleble de mi maestro, Pablo Ponzano –poeta, periodista, escritor- de quien aprendí también la importancia de dejar un surco, de pasar la antorcha. « ¿Trabajamos como» o «somos» periodistas? », nos preguntábamos. «Somos» personas y «trabajamos» -cuando tenemos trabajo- como periodistas. Pero trabajar como periodista es Ser Humano. Es -o debería ser- respetar la sacralidad de la vida. Es estudio e investigación, responsabilidad y entrega. Es –o debería ser- amor en acto, para intentar desde la comunicación que la existencia sea plenitud y no vacío.
El periodismo es -o debería ser- coraje. Y cuando digo «coraje» no hablo de ausencia de miedo sino de dignidad frente al peligro.

El abismo. Aquel abismo. Y en este instante, otro brota a mis pies. «¿Y ahora, qué?». ¿Y ahora cómo escribo que el buen periodismo no existe en el mundo, salvo excepciones? ¿Cómo franqueo este precipicio? Con la verdad: para poder burlar la realidad, hay que conocerla.
¿De qué periodismo hablamos? En noviembre de 2006 el Congreso de Estados Unidos votó por legalizar la tortura y otras atrocidades similares, mientras la discusión en los medios masivos giraba alrededor de ciertas alusiones sexuales de un legislador republicano a algunos jóvenes empleados en el Parlamento. Y por cierto que esto es importante… si el objetivo no es distraer la atención sobre semejante barbarie e ignorar las masacres en el Líbano, en Palestina, en Irán...y siguen los nombres. ¿Quién, qué medio de comunicación habla de los millones de dólares que el mercado de la droga aporta a su economía, entre otras «pequeñeces»? Pero esto no ocurre sólo en el país del Norte sino en todo el mundo, salvo en algunos medios «alternativos», en Internet y en honrosas excepciones en ciertos medios masivos.

¿Cómo puede ser que cada año mueran de hambre 15 millones de niños, a pesar de que se produce el 10% más de alimentos que toda la humanidad necesita para vivir? Y sobre todo, ¿cómo es posible que combatir la violencia del hambre, no sea prioritario para la prensa?
¿Por qué la cultura es la cenicienta en los medios? Pienso en Kafka y en su certeza de que ella debería despertarnos como un puño que nos golpea en el cráneo. La lucidez puede perturbarnos o darnos paz; plantearnos preguntas o respondernos. Lo cierto es que no nos deja iguales, pues la verdadera revolución es la revolución de la cultura y de la verdad. Pero si el más elemental manual de periodismo señala como objetivos: informar, educar y entretener, y yo agregaría unos cuantos más, es indispensable que nos preguntemos si esto es informar. Y educar.
No. Los medios son corporaciones y manipulan la opinión. El pensamiento único centralizó la libertad de prensa en empresas y gobiernos, que –paradójicamente- proclaman la independencia. Como contrapartida, los pocos periodistas que defienden la verdad –y a quienes los medios se lo permiten- pueden ser silenciados. Exiliados de la profesión. O peor. Según « Reporteros Sin Fronteras», hasta noviembre de 2006 -fecha de este texto- 65 periodistas fueron asesinados y 131 encarcelados; y ya en septiembre la Federación Internacional de Periodistas y otras organizaciones promovieron una nueva iniciativa global para alentar los esfuerzos internacionales, con miras a que el periodismo sea un trabajo más seguro en todo el mundo.
Me pregunto si hay una contradicción entre afirmar que el buen periodismo y los buenos medios casi no existen, y los casos que acabo de citar. No, pues éstos son las excepciones.

Salir del abismo del «¿y ahora, qué?», escribí en líneas anteriores y ya está hecho, está dicha una parte de la verdad. Pero intentaré enriquecerla, pues no todo es terrible: hay momentos luminosos y, aun en los más oscuros, el alba asoma empecinada.
Trabajé en distintas especialidades dentro de este oficio, pero cultura, crítica de arte y política son las que más transité, sobre todo en Argentina pero también para Europa. Fui redactora rasa, columnista, editorialista y redactora jefe, en gráfica; y productora, guionista y conductora, en radio y televisión; y docente. En 1982 apareció en Buenos Aires el glorioso diario «Tiempo Argentino», creación de quien fue su director en la primera etapa, nuestro querido Horacio Burzaco. Mi entonces jefe de redacción en la sección «Cultura», fue el talentosísimo escritor y miembro de la Academia Nacional de Periodismo, Ernesto Schoo. Él me vio dotes de entrevistadora; y desde entonces me quedó ese rótulo y la casi dedicación exclusiva a esa especialidad, que es un género de la literatura, cuando se hace como se debe. Hice más de tres mil entrevistas.

Hasta 1986, fecha del cierre de aquel cotidiano, viví la etapa más feliz, plena y enriquecedora. Mis compañeros eran personas cultivadas, alegres, tan noctámbulas como es Buenos Aires, trabajábamos en lo que amábamos y nos pagaban bien. Teníamos armonía: buscábamos la excelencia y sabíamos divertirnos. Una delicia.

Yo hacía las entrevistas a las grandes personalidades de la cultura; tenía para aquellos artículos las dos páginas centrales del diario y el anuncio en la portada.
Entrevisté a personas ilustres, artistas, científicos, escritores, filósofos… Me enriquecí espiritualmente en aquellos diálogos que podían durar de dos a ocho horas, pero sobre todo, pude dar a los lectores otra mirada, otros contenidos, otra visión del mundo más allá de lo contingente e inmediato: el sentido de la trascendencia. Ese es el fin a no olvidar en toda tarea de prensa: el público, y no el lucimiento personal.

¿Qué es hacer una entrevista? Pues me reitero: es tirar semillas. Si la persona que tenemos frente a nosotros tiene riquezas, se potencian con las buenas preguntas, para lo cual hay que saber todo del personaje, antes del encuentro. Pero «todo» quiere decir «todo», lo cual es un trabajo obligatorio: por respeto a cada trayectoria, para evitar los lugares comunes… y para dar riqueza al lector, televidente o radioescucha, quien quiere entender el mundo y conocerse, quien necesita compañía, referencias e identidades.

Aquéllos eran los «dignos», a quienes yo había llegado con la experiencia de mi trabajo anterior en todos los medios de la ciudad de Córdoba, particularmente la de los diarios «Córdoba» y «La voz del Interior».
Los «dignos», pero también estaban «los otros», los «otros»…. Y vaya este aparente maniqueísmo, al que apelo para simplificar el relato. «Los otros»: «raza de los que odian la vida, raza de los que nunca dicen la verdad, raza que funde los huesos del pueblo, con la mentira y el engaño» (William Yeats).

En «Tiempo Argentino» y después, sobre todo en las revistas «Gente», «Somos», «La Semana» (en ésta fui free-lance), «Para Ti», «El Gráfico», tuve que vérmelas con mal llamados «políticos», aunque también hubo alguna excepción de alguno bueno; estuve cara a cara con arribistas, con corruptos, torturadores y asesinos. Y de la misma manera que había sido implacable para encontrar lo mejor de los « dignos» fui implacable con esta «gente». Cargada de información – sabía «todo», lo que quiere decir «todo», de cada uno de ellos- sembraba a voluntad del viento pero sin olvidar que quien conduce el diálogo es el periodista. Lo cierto es que, así como con los «dignos» recogía fragancias, colores y fragmentos de Absoluto, en estos casos y una vez quitadas las máscaras, quedaba al desnudo que hay «personas» que asustan la Naturaleza.

Implacable, fui y soy en mi trabajo como periodista. Para mostrar al público la belleza y que ella lo atraiga y lo acerque a la bondad; y para mostrar el horror y causar rechazo. Para «… mostrar la multitud y cada hombre en detalle… ».
En la revista «Gente», donde trabajé durante muchos años y casi siempre encargada de «los malos», el director –Jorge de Luján Gutiérrez- creó una sección para mis entrevistas; se llamaba «A quemarropa». El nombre actúa como adjetivo.

Y siguió el camino. Se decía que yo hacía hablar hasta a las piedras, mis colegas bromeaban con que yo hacía el «trabajo insalubre» de la profesión. En «Viva», la revista del diario «Clarín» -el de más venta en Argentina- hice grandes entrevistas que ocupaban diez o doce páginas de aquella edición dominical, a personas de la cultura y del espectáculo. La condición era que fueran muy conocidos. ¿Los medios publican sólo a los «famosos», o deberían hacer conocer a las personas por sus valores humanos, ciudadanos, fraternales, profesionales o artísticos? Publican a los «famosos».

Siempre digo que todos tenemos en la vida uno, dos o más momentos de fractura. Hechos felices o desdichados, que marcan una brecha, a partir de la cual hay un antes y un después. Si pienso en mi vida profesional, hubo varias. Pero la más bella fue una trampa que la vida hizo al horror. Curiosamente, se la «debo» a los militares genocidas de la Argentina. Ellos no sólo prohibieron que yo formara parte de cualquier staff y me «castigaron» como colaboradora, sino también que escribiera sobre “política” o “sociedad”. En el diario me «condenaron» a escribir sobre arte. Entonces, al tiempo que se cerraban muchas puertas bajo aquel Estado de terror, se abrió –más- una puerta para mi alma. El arte, eje en mi vida.
Escribir sobre artes plásticas, que son la poesía dibujada o en colores, enriqueció mi imaginación y me confirmó, más, como poeta. Volaba el vuelo, en medio de/y a pesar de la muerte.

Acostumbrada a «vivir peligrosamente» en la violencia que significa amar la paz en un mundo que se volvió loco, el remanso fue mi programa de televisión, «Sin Máscara». Una emisión de cultura, atravesada por la vida, donde yo unía poesía, pintura y música a mi tarea de periodista. Donde yo era la «dueña» y me permitía hacer lo que quería, donde entrevisté a grandes personalidades para aprovechar lo que de ellas podía enriquecer cultural y espiritualmente al público. Para alimentar cultural y espiritualmente al público –a los seres humanos- entrevisté a personas luminosas, para sacar de ellas « la substantifique moelle», (Rabelais): la quintaesencia. Lo mismo ocurrió en la radio con mi programa «Convengamos que… con Cristina Castello» y con mi participación en otros, como editorialista. La libertad es belleza y la belleza exige libertad.

El desafío es hoy cambiar al periodismo, para que sirva al bien común. Y esa misión es de los periodistas y de los ciudadanos. No podemos ser ovejas. Debemos exigir que ellos sirvan para intentar cambiar la vida.

«He intentado escribir el paraíso. / ¿Qué es el paraíso?/No os mováis/Dejad hablar al viento/Ese es el paraíso. / Que los seres humanos perdonen lo que he hecho» (Ezra Pound).

Yo tomo las palabras del poeta. Que quienes lean este latido de vida perdonen lo que he hecho. Y que los periodistas actuales o futuros tomen el guante. Para escribir el paraíso y hacer escuchar la música del viento.

Cristina Castello



«Los volcanes arrojan piedras y las revoluciones, hombres» (Víctor Hugo)
Por volcanes y revoluciones (en el sentido de transformación: en paz).
Y por el poeta y la poesía que los nombran. (C.C.)


Este artículo fue escrito por Cristina Castello, por la gentil demanda de la periodista y poeta Maggy de Coster, a fin de ser publicado en su libro « Le journalisme expliqué aux non-initiés », à paraître.


http://www.cristinacastello.com // http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/

 

http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/article-12558828.html

 

 

   

  

sábado 8 de septiembre de 2007

Nombrada comisión promotora de la RED de Escritores capítulo Táchira

 
 
La asamblea convocada el día de ayer para la constitución del capítulo regional de la RED Nacional de escritores, luego de un pertinente debate sobre la trayectoria y el futuro de esta organización, decidió postergar su conformación formal para dar oportunidad a una mayor convocatoria. En su defecto, la asamblea se ha organizado en comité promotor de la RED, para garantizar la participación de un mayor número de escritores y una mayor presencia de otros municipios en esta importante fundación”. Así lo dio a conocer Freddy Ñáñez, directivo nacional por el programa Editorial de la REDVE, añadiendo que “ por consenso se llegó a la conclusión de que una RED debe nacer bajo los principios de la inclusión y la democracia directa. Estamos conscientes de lo que queremos conformar: un colectivo de escritores organizados diseñado para sumarse al gran colectivo nacional y acompañar al pueblo en sus necesidades. Por eso nuestra génesis debe ser la consecuencia de la participación protagónica de los escritores del Táchira, de los narradores orales y demás cultores de la palabra, queremos una RED popular y para eso hay que comenzar bien.” También informó que la misma asamblea resolvió como próxima fecha de reunión el día viernes 14 de septiembre a las 5:00 en la Librería del Sur. Con respecto al modelo organizativo de la RED Ñáñez explicó durante la asamblea que “estamos diseñando un modelo participativo y hotrizontal. Son 7 programas a nivel nacional: con responsables principales y suplentes en los ámbitos: Política editorial, REDES del ALBA, Seguridad Social del Escritor, Promoción formación y Creación , Sistema Nacional de Certámenes, Festivales y Bienales, Promoción de Redes, y Promoción de la Lectura, que a su vez se replican en la regiones, los municipios y parroquias. Estos 7 responsables y suplentes se nombran por voto popular, de igual modo, en los capítulos estadales y municipales. De esta manera la participación se garantiza desde los contextos propios, dando posibilidad al ejercicio directo de las políticas para cada realidad. Obedeciendo, desde luego, al espíritu originario de la RED. La idea es que el poder esté en las bases y que las base seamos todos. Por eso la importancia de no conformarnos desde la capital del estado, con un grupo minúsculo, de allí la necesidad fundamental de la pluralidad”. Concluyó.

 

 

 

 

 

El terror de Dios

 

 

 

El terror de Dios

 

Pablo Mora

 

 

¿Cuál el misterio de los tantos ochos, cuál el terror funesto de los mayos, cuál Venezuela para el 2008, el porvenir en un febrero cabe, portan el mismo traje los 28, qué de este junio, de este viernes 8, cuánto sabrá tu asombro de los gatos, sabrán los sueños algo de nosotros, saben los hombres del terror de Dios, sabrá el 28 del terror de Dios? ¿Acaso ya aprendimos a leer, nadie sabe leer en el Gobierno, nadie del pueblo sabe bien leer, América Latina no lo sabe? ¿Qué de las boinas rojas, las azules, qué casa la que vence las sombras, cuál la proeza de la autonomía, hasta cuándo disputa, controversia para frenar celadas, apetencias, privilegios de obispos y truhanes? ¿Son semejantes todas las victorias, las Beatrices tendrán misma cara, la discusión no cuenta entre nosotros, habrá alguna semana sempiterna, de cuál poeta la última palabra, cuál el grito mayor de libertad, cada estudiante mundo de promesas, tormenta de alegría, esclavo apenas? ¿Acaso son idénticas las luchas, qué enigma esconde cada oscuridad, qué denuedo, coraje, el más glorioso, qué batalla, eclosión, la más audaz, qué sabe la derecha de la izquierda, de qué color se viste la igualdad, de quién la libertad de la miseria, quién el que dijo libertad primero, quién la borró de tajo en la pradera? ¿Cuándo somos de veras lo que somos, contamos con raíces en la tierra, contaremos con vida para siempre, la amargura del barrio quién probó, el confesorio cuánto adentro esconde, cuántos credos la nueva penitencia? ¿Está tu paz de parte de la guerra? ¿Cuándo serán barridos los bribones, cuándo los traficantes de la guerra, cuándo la enhiesta sombra de la escoria? ¿Cómo pasarse entera la palabra? ¿Por fin entenderemos el enlace? ¿Dónde está tu país, tu país dónde? ¿En el hoy, el aún, el todavía? ¿En la desolación de la memoria? ¿En qué pestaña, en qué ceja del odio? ¿En qué sueño, en qué reto o clarinada? ¿En qué enramada, en qué tugurio, en qué? ¿En qué alameda, en qué tardanza, a pie? ¿En qué rastrojo, cerro, llagadura? ¿En qué infierno, en qué gloria, altar o cielo? ¿En qué delirio, insomnio, madrugada? ¿Por encima del tiempo en diagonal? ¿Cuál el valor del orden económico, cuál el tenaz silencio pontificio? ¿Podrás combatir contra el mundo entero, asumirás el triunfo de la vida, la militancia plena, la belleza, la justicia de cara al sol del hombre? ¿Dónde, dónde hundiremos las preguntas, en dónde limpiaremos las respuestas? ¿Qué hacer con la palabra de la pólvora, qué con el pueblo mientras mira cielo? ¿Se multiplica y vive la palabra? ¿Quién dice que perecerá la idea? ¿Quién carga con más ácido muriático? ¿A qué lugar nos llevará esta lluvia, a qué crepúsculo esta aciaga tarde? ¿Por qué estarán los vientos separándonos? ¿Cuándo podrás salirte de  tu sombra? ¿Quién que sea no es gota en el alambre? ¿En verdad creerá en nosotros Dios? ¿De qué lado estará la suerte yendo, de qué lado los bárbaros están? ¿Quién al árbol le quita la mirada, quién con las amapolas la agarró, para quién el aviso de los muertos, quién del polvo podrá escapar riendo, quién hay que no esté en pie de muerte andando, quién nos cortará el hilo de la muerte, quién nos dará la mano, su pañuelo, el amigo que casi nunca vemos, la noche rumorosa de luceros?

 

 

http://www.poiesologia.com/          moraleja@movistar.net.ve

 

Cuenta Abierta

 

 

   

 

 

07-03-2007
 

Terrícolas, habitantes de la Tierra


 

Gustavo Duch Guillot
El Correo Vasco


 

Solo aquí / diez mil manos siembran / y hacen andar las fábricas». (Fragmento del último poema de Víctor Jara, en el Estadio Chile).

En nuestro universo se conoce al menos un planeta cubierto por una fina capa de tierra, que con el apoyo de otro cuerpo celeste, el sol, es capaz de producir vegetales. Los vegetales comparten el planeta en cuestión con otros seres vivos, los animales, a los que llamaré terrícolas, ya que al planeta en cuestión se le conoce como Tierra. Entre terrícolas y vegetales, y entre unos terrícolas y otros, se establecen diferentes relaciones. Algunos terrícolas se alimentan de los vegetales que brotan en esa fina capa de tierra (herbívoros). Otros, exclusivamente de otros terrícolas (carnívoros). Algunos pueden elegir alimentarse tanto de vegetales como de paisanos terrícolas (omnívoros, como los bípedos humanos). Y nos queda el grupo de terrícolas que bien teniendo los estómagos aptos para alimentarse de la dos formas posibles, difícilmente tienen acceso a ninguna de las dos. Pasan hambre y sufren la pobreza. Como explica el director general de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), «lejos de disminuir, la cifra de personas que pasan hambre en el mundo está aumentando, a un ritmo de cuatro millones al año».

Los terrícolas bípedos humanos también se diferencian del resto de terrícolas «en tener el telencéfalo altamente desarrollado y el pulgar oponible», como explica el documental 'La Isla de las Flores'. Gracias a esas dos características algunos terrícolas humanos se dedican a tratar con esa fina capa de tierra para cultivar los vegetales. Pero los bajos precios que reciben por su trabajo y el control de las grandes corporaciones sobre el sector agrícola y ganadero, llevan a este grupo de terrícolas humanos, también llamados campesinos y campesinas, a ser paradójicamente el mayor colectivo del grupo de los terrícolas, que teniendo el estómago apto para alimentarse de las dos formas posibles, no pueden satisfacer el derecho humano básico de la alimentación.

Recientemente 500 delegados de organizaciones campesinas de todo el mundo se han reunido en Mali para diseñar estrategias de nuevos sistemas alimentarios a nivel global y local que se apoyen en el pequeño agricultor en lugar de en las compañías multinacionales. Se han reunido para romper con las relaciones de abuso y supremacía entre algunos pocos terrícolas humanos y muchos otros terrícolas humanos, habitantes de la Tierra que con sus manos siembran los alimentos de todos. En una fina capa de tierra.

 

Gustavo Duch Guillot
Director de VETERINARIOS SIN FRONTERAS
gustavo.duch@veterinariossinfronteras.org
www.veterinariossinfronteras.org

 

http://www.rebelion.org/seccion.php?id=3

 

 

 

 

 

 

 

Cuenta Abierta

 

 

 

Pablo Mora

                    

 

 

Cuenta Abierta al través de dos décadas de trabajo, desde el 21 de febrero de 1987, un millar de columnas periodísticas, a las que se suman las tres mil seiscientas registradas en la sección de idéntica denominación de la página web recomendada por UNESCO: Poesia.org; un canal cultural por donde transcurren las vicisitudes de la experiencia vital del autor trasuntada en el acontecer humano, poético y político, proveniente del acopio de vivencias y lecturas fundidas en el pensamiento y el magisterio, el sentimiento, la razón y la creación en aras del sueño del futuro  inmerso en nuestro devenir histórico y aquello que regresa de los años.

 

Cuenta Abierta, en sintonía con el aquí y ahora, con el espacio y el tiempo de nuestra existencia. Conciencia del oficio. Ubicación e identificación. Llamado, misión. Creencia en la hospitalidad de la neblina, en el hosco muñón de la tristeza, en la hondonada gris de los cimientos,  en las pisadas nocturnas del labriego, en los dedos —los cordiales camaradas—, en el metal de azuladas resonancias proletarias con timbre de sudor y de combate, en el color rojo de la rosa con que la Tierra toda vestirá, en la esperanza de los partos solares por venir, en la patria que nos falta hacer, en los hijos de la Tierra capaces de fraguar la nueva aurora.

 

Cuenta Abierta, la casa vieja del limón dormido, el sueño antiguo al borde de la sombra en estampida. Almácigo. Franja fecunda. De la noche insomne. Cuenta Abierta. Asombro al descubierto. A coro en el asombro. Parte de asombro. Insomnio Terminal. Cuarenta mil millardos de millas de hombres luz. Palabra insomne. Poiesología. Sombra Antigua. Buena porción de la cosecha, del libro en cierne o en camino. El asombro del encuentro, un poco de sueño ascendiendo como la niebla para humedecer el día. Esfuerzo. Denuncia. Protesta. Insurgencia. Línea de vida, en el recuerdo. Agenda para empuñar la acción. Penumbra del insomnio. Sombra apercibida, acuartelada, desvestida. Tamaño de un sueño en pie de guerra, en luz, en paz, al norte de los tiempos, saludando al sufrimiento armado.

 

Cuenta Abierta, atravesando tempestades, lidiando vendavales, desafiando auroras, desgastándonos, haciéndonos, deshaciéndonos. Floreciendo en abismos, en jaurías, cruzando un aire leve de apagados soplos. Viviendo lo infinito. Celebrando sus deslumbres. Vivos bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto  y de luceros. Del lado acá del canto, del lado acá del vuelo, del lado acá del tiempo. Los años a zancadas. En despiadada espera detenidos. Defendiendo los fueros de la vida, amenazada: la nochepoesía, la más larga y gozosa de las noches. A la hora en nuestra cena, aunque las migas sean amargas.

 

Cuenta Abierta, entretejiendo la canción inseparable de telas y palabras. Con la madre, pendiente de la colcha de la vida. Al otro lado de la sombra del sueño. Pregunta que pregunta por el hombre, sus gestos, tempestades, sus asombros. Pregunta que pregunta por el hambre, sus sueños, sus vigilias y alaridos.  Pulsándole la cuerda a la esperanza, velando a pensamientos desatados, al borde de una piedra, azotados de fechas con espinas.

 

(En ocasión de los 20 años de Cuenta Abierta, columna periodística del Diario La Nación , San Cristóbal, Táchira, Venezuela)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creo que el artista y los creadores en general, tienen el deber de servir a la vida, porque el hombre con su arte debe servir a la vida del hombre, y esto significa sobre todo cuidar la gran casa donde todos vivimos, nuestra morada, que se llama Tierra. Yo vengo de la patria del agua, de la Amazonia. Yo creo ardientemente en la utopia, mas que en la esperanza, la confianza, la fe, yo creo que la ciencia, la tecnolog�que nos ha permitido fotografiar la luna fosilizada de los primeros destellos del Big Bang, sera capaz de despertar en el corazon del hombre el limpido sentimiento de la solidaridad.



Del enorme poeta Thiago de Mello, extracto de un articulo periodistico
Realizado en frances por Mireya Castanieda, de Granma International
Traduccion del frances: Cristina Castello
Que la gramatica me excuse por la ausencia de acentos, enies y signos.
Los caprichos de Internet no me los permiten por el momento (C.C.)
Hoy se renueva todos los dias. 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hagamos el azul

 

 

 

 

Juego mi vida, cambio mi vida.

                      León de Greiff

 

 

 

Así nazcamos para conocerla, nombrarla, repartirla. Así vivamos por la alegría, para la alegría. Así por la alegría muramos. Así deseemos que nunca la tristeza sea unida a nuestro nombre. Así a punta de alegría construyamos nuestros más altos porvenires y aunque en el instante supremo de la muerte queramos sonreír. Lejos de desgastes, agotamientos, llagaduras, destrucciones… ¡Todo está alegre, menos mi alegría y todo, largo, menos mi candor, mi incertidumbre! … mi triste tristumbre se compone de cólera y tristeza y, a su borde arenoso e indoloro, la sensación me arruga, me arrincona… Execrable sistema, clima en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada, la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre.  La tristeza se cuela en el mediodía, se empoza a veces en el corazón, con un sabor a nostalgia. La alegría, ese rumor de los cauces de agua de la infancia, para hacer crecer almácigos de encantamientos y contenturas, hasta ir construyendo en la sonrisa de las estrellas la dulzura de los días vividos y los por vivir. Hagamos el azul o la alegría. A bretel caído, al compás del sueño; a tiempo, a destiempo, a bocajarro, al ex abrupto; al derecho, al revés, al escondido; de todos  modos, contra uno o contra todos; contra el cero o contra el infinito;  en la alcoba, en el ágora, en un garito, en una barricada, en un motín, en una encrucijada; en la periferia, en el medio, en el fondo, en el sub-fondo; por un soneto, un trébol, un té o un anillo de hojalata; por una muñeca que llore como cualquier poeta o cualquiera de nosotros; por un par de lámparas viejas, por dos bombillos, por un plato de lentejas, por dos piernas fructosas, por unos pechos luz o unos senos flor… hagamos el azul o la alegría.

 

Por dos ojos vagabundos, nocturnos, callejeros; desde el principio hasta el fin; a todo lo ancho y todo lo largo; por todos los costados; a todo lo angosto y todo lo hondo; por una sonrisa o cuatro besos; por los dados de la túnica jugada; por los colgajos que se guinda en las orejas la mulata, la terracota, la pálida, la morena, la amarilla, la catira o hiperbórea rubia de los sueños… hagamos el azul o la alegría. Por un fiado y tres ginebras, tres arreboles o luciérnagas; por unas blancas colinas o unos muslos blancos cuando vayan de silencio… hagamos el azul o la alegría. Por una baraja incompleta; por este mientras, este con todo o a pesar; por este nunca y este cuando; por este punto suspensivo, este punto y aparte; por el punto inicial de este enero o por el punto final que nos aguarda. Definitivamente, hagamos el azul o la alegría. A paso lento o redoblado;  en casa o fuera de ella; en la azotea, en el desván, en la acera, en el jardín, en el altillo o la escalera; en las buenas y en las malas; por quien se llame jesús, juan, julio, pedro o pablo; por la alta noche de las vírgenes; por la humana materia; por el fuego sacro; por la gracia bíblica, el dios desconocido o los dolores colectivos; por quien no almuerza, toma, ni se ríe; por quien no tiene su vestido azul; por el que nació o no ha nacido; por el que solamente ha nacido; por el gato triste, por el piojo ciego, por estas fiestas, estas dudas, estas horas, este rato, este sol, este trato,  este viernes, sin más ni más…  hagamos el azul o la alegría.

 

 

Pablo Mora

 

http://www.poiesologia.com/minuto.php?codigo=1694

 

 

 

 

 

 

 

el amor es azul

 

 

 

 

 

el amor es azul

 

http://www.poiesologia.com/minuto.php?codigo=1689

 

 

 

 

 

azul

 

en
azul

la noche entera
nos besó

los mares
del universo
se agitaron en azul 

la hojarasca
mecida por el viento
inundó
la blanca barba de

un azul
azul
azul
tan azul
como el azul.

 

Fernando Bellido

 

 

 

 

 

Los toros son ángeles que llevan cuernos

 

 

 

 

 

 

 

Los toros son ángeles que llevan cuernos

    Pablo Picasso

 

Jugándole al destino dados tiernos, se desboca la furia por la herida, se encabrita la sangre en la embestida frente a las luces de los claros ternos. En lidia plenamente sempiternos, réplica batallante de esta vida, huracanes de sangre en la corrida, ellos son ángeles que llevan cuernos. Ángel ante la vida, al sol se aferra, hasta que llega un día que lo nombra pasatiempo del hombre que lo encierra. Y nada de la noche los asombra, ángeles en el cielo y en la tierra, hermanos de los hombres y su sombra.

 

Jugándole el destino al dado eterno, voy como el toro hacia la muerte a ciegas, la barca en la que tú también navegas, removiendo las ascuas de este averno. Por culpa del pecado sempiterno, vas entre llamas donde siempre llegas al borde del abismo en que despliegas las luces con que afrontas tanto invierno. Vamos los dos de frente hacia la tumba, gemelos en la vida que retumba, cuando el látigo llama en la mañana. Vamos derecho hacia el final a tientas a pesar de la vida en que revientas, de manos de la muerte soberana.

 

Como el toro me crezco en el castigo, con la pena escondida en el costado, el grito en el capote iluminado y la alegría abierta en el postigo. Como el toro en la vida sólo sigo la esperanza del hombre enamorado, la furia del amor desgaritado y esta ilusión en llanto que persigo. Como el toro me voy a la corrida, jugándole a la muerte mi montera, huyéndole a los monstruos de esta vida. Como el toro en la tarde pasajera espero el huracán de la caída, como el toro me voy a otra ribera.

 

Pablo Mora

 

 

Cuenta Abierta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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