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¡VIVIR!

 

 

Este texto lo escribimos en febrero de este año. 
De esa fecha a la actual, 
son muchas las masacres 
que se han sumado al horror que padecemos. 
Y en esta cotidianidad de la muerte 
a la que nos han acostumbrado, 
no hay días más aciagos que otros. 
Sólo hay días en que estamos más despiertos 
para percibir este tiempo de devastación 
que nos anula y aniquila. 
Y hoy es uno de ellos. 
Ojalá no se quede el dolor estancado en la lágrima. 
Ojalá y podamos comenzar a reinventar la vida, 
a clausurar las espitas de la muerte, 
a dejar de ser sepultureros 
para ir a sembrar porvenires en esta tierra, 
hoy tan triste y tan poca cosa.

 

 

 

¡VIVIR!

Alguna vez pensé, en medio de un hablar de hipótesis para explicar los tiempos en los cuales creemos vivir, que la única manera de vencer la voracidad de la destrucción, la humillación, el dolor, el saqueo-explotación era no pariendo hijos. Asumiendo la dura y terrible responsabilidad de no producir materia prima para el consumo directo del horror, la perversión y la muerte. Desde entonces hasta hoy he seguido en la línea que me conduce a ratificar ese pensamiento.

Nuestra incapacidad histórica para avanzar en dirección a la vida, así lo demuestra. Hemos construido a través de los siglos una sociedad para la muerte y un hombre que está muy lejos de desarrollar su esencia humana.

Y no me refiero sólo a los desvalidos de la tierra, sino a quienes rigen la dirección de este planeta desde sus cuarteles de acción y pensamiento.

La vida registra hoy un retroceso de tal magnitud, que ya muy pocos nos preguntamos por ella. Pertenece a una especie de ficción de la que algunos mantienen alguna remembranza.

Hemos sido convertidos, con nuestra aquiescencia-complicidad, en engranajes de una maquinaria de muerte y destrucción que tiene todos los signos y dimensiones y un solo propósito: acallar, extinguir, arrasar con lo que pueda quedar de esperanza de vida.

Así el planeta muerte puede terminar de morir, mientras aquellos que se consideran dueños de una vida a la que no han tenido acceso jamás, despegan sus atroces naves hacia periplos inéditos para ir a sembrar su muerte en nuevos territorios.

Lo mismo ocurre con la palabra. Y, cuando llego a la conclusión de que la única voz con algún sentido en este tiempo es el silencio, me dedico, hecho insólito, a escribir esta nota. Tal vez con la intención de que quede el testimonio de una certeza que sólo parece moverse en la ausencia de palabras.

La palabra, como la vida, o se refunda, o seguiremos comunicándonos con un lenguaje que nada tiene que ver con lo que quisiéramos ser o decir. Continuaremos nutriendo de muerte una vida que no alcanzamos.

Entre tanto ruido, ninguna palabra, por más sonora, hermosa, transparente o lúcida que sea, tiene posibilidad alguna de trascender hacia los espacios del vivir. Deambula, entremezclándose con la muerte, hasta ella misma desparecer o convertirse en su signo.

Así que hoy imaginé un mundo en el cual los periódicos tuviesen todas sus páginas en blanco, las emisoras sus transmisiones en silencio, las pantallas sin imágenes, ni para informar sobre las últimas masacres ni sobre las últimas inversiones. Los cuasi-hombres que somos sin pronunciar palabra alguna.

Tal vez entonces comencemos a comunicarnos, a leer en la pupila del otro la trágica dimensión de nuestras propias carencias y con un abrazo emocionado, a la manera vallejiana, sellar con él un pacto de hermanos, sin otra palabra que el gesto luminoso de una sonrisa, que no esté atada a prebenda ni promesa alguna, sino al sueño de una humanidad que aún no conocemos.

Una humanidad que parece expresar su búsqueda de vida-realización en la confrontación nuclear que desde ya nos toca. Con las nuevas cruzadas del fanatismo. En medio del terror galopante que impulsan y mantienen los imperios de la desolación.

Todo se expresa con el bullicio de la perversión de los fabricantes y beneficiarios de la miseria.

Y no hay ninguna aproximación al hombre. Por ello la palabra sigue acusando la necesidad del silencio capaz de inventar un tiempo para ejercer un oficio hasta ahora desconocido: VIVIR!



12 de febrero del 2006.


mery sananes

 

http://historiactual.blogspot.com/2006/04/vivir_05.html

 

 

 

 

 

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“Confío en que se afiance y robustezca la poiesología”

 

 

          

 

“Confío en que se afiance y robustezca la poiesología”

 

 

Dubraska Moya

 

 

 

 

El libro Sombra Antigua

de Pablo Mora

recibió el Premio Nacional del Libro 2005  

 

 

 

 

Pablo Mora, hombre de letras

 

 

El autor de Sombra Antigua considera que la poesía es un acto de fe en el hombre y en la palabra, que sirve para transformar el mundo.

 

 

 

 

 

 

La poesía de Pablo Mora proviene de un almácigo. Pasó por noche insomne. El insomnio lo dejó al asombro. El asombro, luego, lo llevó a la sombra. La sombra —dice— lo lanzó a los mares. Casi ya Pablo Mares, el mismo que viste y canta. La noche, la sombra antigua. La llagadura, sombra antigua. La madre, la sombra antigua. La noche, la antigua lejanía, la sombra antigua que a los hombres mira, que a las costas de la divina antigüedad nos ata. Su poesía es un al alimón a cuatro mil manos. Sin bajar los brazos, sin bajar la rabia, sin bajar la alegría, a contracorriente, a sol y sombra, de claro en claro y de turbio en turbio, a corajazo limpio, sabe que habrá de haber lugar para la poesía, si no quieren pueblos y hombres sucumbir. Se debe a sus dobles, a sus pares, a los otros, a la Poesía , Sociedad Anónima, casi como decir a Gabriel Celaya. Cree que jamás la canción tuvo punto final, que la existencia no es más que un plagio y que los poetas escriben las mismas cosas con uno que otro colorido; que solo existe un poema y un poeta y hasta una sola palabra para quienes existen, existieron y existirán en comunión poética, en convivialidad creadora.

 

 

Confía en que, en respuesta al “sueño del futuro”, se afiance y robustezca la Poiesología , la ciencia que propone se instaure al correr del siglo, en cuanto disciplina que estudiaría los signos de la creatividad y las leyes que la regulan en relación con la naturaleza, el hombre y el arte; al interior de la ciencia, la técnica y la tecnología. Al preguntársele ¿por qué se oculta? Con Gustavo Pereira responde: No es nada, padezco de sombra. Con ella duerme en oscuro cuarto, hasta bien entrada la madrugada. Más allá de los solos y cobardes, más allá del metal y del combate, más allá de la lucha de los cantos, más allá de la cólera enemiga, alada, la neblina lo distingue. La resonancia de la noche recoge su canto aglutinado en pura fogarada. Con Fidel, se pregunta ¿hasta cuándo las ideas serán pisoteadas? Con Galeano, ¿hasta cuando seguirá corriendo la sangre para que la fuerza justifique lo que el derecho niega? A menudo exclama: ¡Ay de quien pretenda entender la poesía! Sombra antigua puede ser la más cercana y almácigo el horizonte más sentido. La poesía, enigma solamente, fuego encendido contra la noche en ascuas —reverso de la luz para medir la exactitud del agua, la medida de turpial que alcanza el hombre—  aúpa el sufrimiento armado.

 

 

Para Pablo Mora la poesía es un acto de fe en el hombre, en la palabra y en la vida. Un  instrumento para transformar el mundo. Momento de liberación, individual y colectiva. Un asombro que se pasa a limpio. Un renglón que se añade al mundo. Ser poeta es disponerse a la vigilia. Navegar hacia adentro del asombro. Saber el tamaño exacto de la pena, la terrible majestad del pan. Logra que lo oigan las estrellas. Sabe que una piedra es un pájaro que ya no vuela; que toda piedra alguna vez fue estrella; que un universo sin estrella carecería de vida.  Conoce el reverso de las cosas y la vida.

 

 

Mientras el mundo se desvive entre galácticos presagios y alientos de hecatombes, Mora trata de construir su trinchera, desde donde dispara contra obnubilados y díscolos, con la más convincente de las armas, el verso. Soldado de la Paz , dispara sus versos contra la guerra. Su poesía proviene de la generación de los sesenta, cuando el fusil le diera su mano al verso. Persigue un verdadero espacio verbal en sintonía con un genuino espacio temporal ideológico, puesto que la emoción, la palabra y el contexto sociopolítico-ideológico han de entrecruzarse, encajar en todo lenguaje poético. Considera con Ludovico Silva que la belleza es revolucionaria; que Belleza y Revolución ha de ser permanente bandera de combate.  Con Rimbaud, está convencido  que el porvenir será socialista.

 

 

Al cerciorarse que su obra Sombra Antigua había recibido el Premio Nacional del Libro otorgado por el Cenal, 2005, pensó en La Poesía Olvidada y Recordada de Jorge Zalamea, Premio de Ensayo de la Casa de Las Américas, 1965. Y de cómo, día a día, hemos de hacer de la promoción de la poesía y la literatura en general un culto, una como superior misión, de donde a su vez surja la enorme posibilidad de crear Sociedades Anónimas Globales en las que converjan las ideas, los propósitos, las reflexiones, los asombros y ocurrencias que han de signar el orden nuevo, el hombre nuevo, el pueblo nuevo. Puesto que la paz pasa a través de la revolución y revolución integral en aras de una humanidad nueva.

 

 

Ha publicado: Almácigo, El Parnasillo, San Cristóbal, 1978. Almácigo 2, Ediciones Rondas, Barcelona, 1980. Almácigo 3, Presidencia de la República , Caracas, 1982. Almácigo 4 En Tiempo de Guerra, Imp. Formas Lem, S.A., San Cristóbal, 1985. Almácigo 5, El Parnasillo, San Cristóbal, 1986. Franja Fecunda, Tipografía Cortés, San Cristóbal, 1989. De la noche insomne, Porlamar, Fondene, 1992. (Premio I Bienal Nueva Esparta de Literatura, 1991). Almácigo 6 En Tiempo de Paz, Edit. San Sebastián, San Cristóbal, 1993. Cuenta Abierta, UNET, San Cristóbal, 1993. Plaquettes varias, San Cristóbal, 1981-1992. Asombro al descubierto, Ediciones Mucuglifo, Editorial Venezolana, C. A., Mérida, 1996. A coro en el asombro, Antología, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, N° 171, edición patrocinada por la UNET , 2000. Parte de asombro, Ediciones Erato, patrocinado por el Decanato de Postgrado de la UNET , 2000. Insomnio terminal, Ediciones Erato, San Cristóbal, 2002. Cuarenta mil millardos de millas de hombres luz, Nadie Nos Edita, San Cristóbal, 2002. Palabra insomne, Nadie Nos Edita, San Cristóbal, 2003. (Poiesología, FEUNET, San Cristóbal, Venezuela, 2005. Sombra Antigua, Nadie Nos Edita, San Cristóbal, 2005. Premio Nacional del Libro otorgado por el Cenal: Mejor Libro de Creación Literaria, Mención Poesía 2005). 

 

 

 

     

 

Más datos…

 

 

Pablo Mora nació en Santa Ana del Táchira (Venezuela), en 1942. Residenciado en la ciudad de San Cristóbal, finca su trabajo en una actitud ódica identificada con su mundanidad inmediata y de apertura. Capitán de Poetas, su verdad se puede llamar humanismo, hombre, humanidad. Su credo, su plan de vida, su Poiesología: Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Sus Páginas Web han sido recomendadas por UNESCO:  http://www.poesia.org.ve  http://www.poiesologia.com  “Espéculo”, Revista Electrónica de Estudios Literarios de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (España), en los Nos. 9 a 34 de los años 1998 a 2006, le ha divulgado una serie de ensayos.

 

 

todosadentro/SEMANARIO CULTURAL DE  LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

DIARIO ÚLTIMAS NOTICIAS/ Caracas, Venezuela

P/26 ENERO/2007 SÁBADO 13 / Entre libros y autores

 

 

 

Minuto del Hombre

 

 

 

 

 

 

 

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http://www.cultydes.cult.cu/5/esp/index.php

 

En el planeta achicado por la mundialización empiezan a escucharse las voces de los excluidos. Al consumismo cultural pasivo, se opone la voluntad participativa en el reconocimiento de identidades diversas. Pareciera que la transnacionalización corporativa impusiera, sin otras alternativas, el mensaje unidireccional a través del dominio de la información y de las poderosísimas industrias culturales con el establecimiento de modelos de vida y el sojuzgamiento de la fecunda creación nacida del imaginario popular. Nueva expresión de la violencia, la corriente homogeneizante amenaza con ahogar la diversidad cultural y con borrar el rostro de las naciones y de los múltiples sectores que conviven en ellas.

Y, sin embargo, la resistencia empieza a tomar cuerpo. Los pueblos autóctonos reclaman el derecho a preservar sus lenguas y sus formas de vida. Los afrodescendientes reivindican su perfil identitario y su lugar en la sociedad. Las mujeres y los homosexuales luchan por romper las barreras discriminatorias. Los efectos del neoliberalismo conducen a la recuperación de un espíritu barrial solidario, mientras el sur ingresa en el norte con la fuerza incontrolable de las migraciones.

En esas circunstancias, la cultura se convierte en razón de resistencia y de voluntad participativa. Esa realidad emergente requiere estudio, debate, análisis y reflexión para configurar un diagnóstico atemperado a las necesidades de la contemporaneidad. No se trata de diseñar otro discurso único, sino de descubrir la dinámica real en la multiplicidad de nuestras voces, nacidas en ámbitos diferentes, de prácticas contrastantes y complementarias: el ejercicio académico y la experiencia de nuestras precarias industrias culturales, la palabra de los excluidos, de los portadores de las culturas autóctonas y de las organizaciones de base de educación popular. En el día de hoy, defender la diversidad cultural equivale a contribuir a preservar el futuro de la humanidad.

El Congreso Cultura y Desarrollo, convocado del 11 al 14 de junio del 2007, ofrece el espacio para este debate impostergable que tendrá como sede el Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba.

 

http://www.cultydes.cult.cu/5/esp/index.php

 

 

 

 

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¡SOMOS Y SEREMOS MILITANTES DE LA VIDA!

 


Tal vez el mundo no ha tenido razón humana desde sus propios inicios, cuando, por motivos que aún tendremos que explicar de manera más real y menos ‘religiosa’, lo que ascendía como especie nueva de un orden natural profundamente complejo y extraordinario, dejó de cumplir las funciones esenciales para las cuales se formó su estructura e ingeniería interior, para dar paso a una total negación de lo humano y hacer de la muerte el valor mayor que el hombre ha estampado en este planeta. Por ello, aún no hemos dado inicio a la era de la vida.

De modo que sólo partiendo de esta premisa se podrá rescatar lo que es nuestra esencia, nuestra potencialidad, nuestra función primaria y original, del permanente ejercicio de destrucción, devastación, perversión y destrozo al que hemos sometido lo que somos.

Pero es evidente que esta óptica no encaja dentro del actual ordenamiento de un mundo dispuesto para la destrucción. Y todo pensamiento verdadero queda como solitario, aislado en medio del gran ruido de quienes se disputan el derecho a decidir sobre el residuo de lo que muchos consideran humanidad.


De allí que al reflexionar, lo hacemos conscientes de que el nuestro es un lenguaje que no se constituye en mercancía apetecible para ninguno de los bandos, que no es admitido como científico y que al mismo tiempo carece del necesario arraigo oscurantista, metafísico o religioso, para formar parte de la larga lista de credos habilitados para distraer. Tampoco es lo suficientemente edulcorante para adormedecer, mentir o complacer a nadie.

Y está evidentemente al margen de los discursos político-ideológicos, que se enfrentan con las palabras pero en cuyas acciones y base manejan, para el logro de sus fines propios, que no los del individuo-colectivo, los mismos procedimientos y mecanismos de crimen y horror que se dice adversar.

Y por ello hoy, en este inicio de otro año, que bien puede ser cualquier día o fecha, tomada al azar, continuamos con el mismo y grave dilema. ¿Seguiremos malgastando nuestro escaso tiempo y condición de humanos en esta tierra hablando el lenguaje que otros nos imponen o insistiremos en deletrear una lengua que alcance alguna huella-humanidad? En lo particular, hemos decidido lo segundo. En forma irrenunciable.

En este sentido dejemos hoy a los sepultureros disputarse las razones de una u otra forma de destrucción y a los asesinos decidir cual crimen debe ser salvado y cuál condenado. Dejemos a los invasores de hoy, ayer y mañana, seguir elaborando sus estatutos de perversión. Dejemos que quienes se reparten el mundo entre ofertas de una misma liquidación, sigan esgrimiendo sus argumentos, para alcanzar más dominios. No avalamos ni avalaremos ni a unos ni a otros.

En el escaso lenguaje humano del hombre decimos simple y llanamente: que en un plano de auténtica humanidad no tiene cabida el asesinato, cualquiera sea su procedencia. Ni la destrucción en defensa o ataque. No tiene cabida la utilización, manipulación, domesticación, represión, fustigación, perversión del hombre, para unos u otros fines.

Sostenemos con el poeta Juan Ramón Jiménez que el hombre es una unidad colectiva individual, con una potencialidad creadora que jamás hemos ni siquiera soñado con alcanzar, con un instrumental bioquímico, físico, molecular, estructural, genético, que nos enlaza con todas las formas de vida anteriores y nos vincula con las que habrán de existir o coexisten hoy en el universo, que nos capacita para hazañas de dimensión humana, que no podemos siquiera imaginar.

Estamos hechos, constituidos, formados con una capacidad ilimitada para la creación, el asombro, la invención, la trascendencia, el futuro. Pero hemos sido destinados a la negación de lo que somos, como individuos y como colectivo de hermanos en tareas comunes de vida y porvenir. Y hoy, más que nunca, es necesario marcar un deslinde, una barrera, señalar una condición y una conciencia, cualesquiera sean las consecuencias que éstas acarreen.

El mundo hoy está disputado entre imperios, cada cual con sus mensajes, teorías, calificativos, razones y vías. Ambos coinciden en su capacidad para aniquilar y destruir. Y para ello se han valido de todos los subterfugios mediante los cuales el hombre deja de ser una entidad sustentada en su propia condición para pasar a ser fiel seguidor de ideas, pensamientos o credos distantes y ajenos.

Como si gigantescas manos pudieran tirar de los hilos de infinitas marionetas para mover al hombre que aún habita estas tierras, a actuar de acuerdo a quien tenga en sus manos las cuerdas.

En ese juego macabro, especulativo, despreciable, se nos quiere obligar a situarnos en bandos a objeto de defender posiciones que ni siquiera reconocemos. Nos negamos y nos negaremos sistemáticamente a pertenecer a ningún bando que se aliste en la muerte que no en la vida.

E invocamos una acción, un lenguaje, una historia, individual y colectiva, que comience a espantar la muerte, e imponerle al hombre la capacidad de mirar, de escuchar, de percibir y de crear, en cualquiera condición o circunstancia, como los infinitos y múltiples productos de un tronco común en explosión de su esencia humana.

A estas alturas discutir quién es más criminal, si el señor Bush o el señor Hussein es un juego grotesco e inaceptable. O tratar de definir los límites que designan que un crimen es o de no de ‘lesa humanidad’ es una verdadera barbarie. Todo crimen es de ‘lesa humanidad’, pero no en el ordenamiento jurídico de quienes inventan las leyes para proteger sus propias masacres, sino en el contexto de la vida humana que es indisoluble, indivisible, unívoca.

De modo que en este tiempo de profundas conmociones, en las que el planeta ha llegado a sus niveles más altos de horror y degradación, de complicidad y negociación, de mutua asistencia e indiferencia ante el crimen, la única militancia que habremos de aceptar es la vida. La creación, el porvenir, sustentados en la capacidad espiritual, física, intelectual, genética, molecular, de la cual cada ser humano está dotado, aún a su pesar, como gigantesca maquinaria para la conformación de una historia humana, de un código humano, de una huella humana, capaz de dar el salto fuera del horror de estos siglos, para iniciar la difícil, traumática, travesía hacia el porvenir.

 

merysananes@gmail.com

 

http://historiactual.blogspot.com/2006/12/somos-y-seremos-militantes-de-la-vida.html

 

 

 

 

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CANCIÓN DE PAZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CANCIÓN  DE PAZ

Alguien soñaba cierta noche que todos los poetas del mundo, a un solo impulso, escribían sobre las paredes o los muros de las ciudades de la tierra una canción contra la guerra. Y que todas las madres y los padres y los niños y los jóvenes y las muchachas de todas las ciudades, las aldeas, las praderas, las montañas y los mares del mundo copiaban aquella canción en los cuadernos y en los platos, en las ollas y en las sábanas, en los zapatos y en las arenas, sobre los autos y las chimeneas, sobre las camisas y las pelotas. Hasta que todo el mundo fue una sola canción contra la guerra. Ni los políticos bribones, ni los militares obtusos, ni los científicos de la destrucción ni los mínimos ni los máximos comerciantes de la guerra pudieron atreverse a nada, mucho menos a soplar su globo de colores, pues la terrible P de la palabra Paz golpeaba con tanta furia sus intestinos que cada vez reducía más a gabazo su mala fe.

 

Gustavo Pereira
 
En: Prólogo a ALMÁCIGO 4 EN TIEMPO DE GUERRA, de Pablo Mora.

 

 

Minuto del Hombre

 

 

 

 

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ENTRADA A LOS INFIERNOS

 

 

 

 

 

ENTRADA A LOS INFIERNOS

 

 

Oigo la voz de Allende vibrante, cristal de su heroísmo. Siento pasos
alrededor de la luna contando los almendros florecidos en los campos de Buin
Oigo la lluvia que gotea su ceguera en una casa de torturas. Escucho la voz
de las estrellas que palidecen cuando caen al mar en Ancud. Me guío por las
señas que hace el relámpago tras el secreto de la noche en Lota. Me dejo
vencer por la música que el oleaje afina contra los ventisqueros. Escucho el
diálogo de los viejos que hablan desde la memoria imbatida. Oigo la voz de
los torturados y el grito de los desaparecidos. Desfilan por la orilla del
mundo los exiliados. Entre la niebla suena la campana del último tren
perdido en el desierto. Me atrapa el ruido de las estaciones ferroviarias
que caen como manzanas podridas en el olvido. Veo caminar a una mujer que
florece bajo los acacios de octubre. Oigo el último latido de mi madre y yo
tan lejos sin poderla besar. El corazón de mi padre como un violonchelo
perdiéndose en el tiempo. Escucho también la voz de González Urizar quien
sabía hasta que altura deben subir las palabras para elevar el poema y la
guitarra de Gonzalo Rojas que sometió al relámpago a la voluntad profunda de
su poesía. Siento los pasos de Pinochet entrando a los infiernos.

 

Ibar Varas

 

Minuto del Hombre

 

 

 

 

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En torno a Pablo Mora

 

 

 

En torno a Pablo Mora

 

 

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Poesía, Sociedad Anónima, interpretando a Pablo Mora, en cuanto somos una sola voz quienes escribimos ahora conjuntamente con los que escribieron antes de nosotros y con los que escribirán después. Sociedad Anónima que significa la solidaridad humana que todos tenemos, la posición de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la especie. Poesía, Sociedad Anónima, no sólo referida al presente sino también con trascendencia futura, entendiendo la Poesía como una especie de metalógica o metalenguaje o metaespiritualidad que está, como si dijéramos, dentro de la herencia de la especie, al interior de una herencia poética. En fin, Sociedad Anónima que significa la solidaridad humana que todos tenemos, la posición de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la especie.

 

 

María Luisa Alonso (España)

 

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http://www.poesia.org.ve/minuto.php?codigo=1468

 

 

 

 

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Nuevas intenciones

 

 

 

 

 

Nuevas intenciones

 

Pablo Mora

 

 

 

Desde este cruce de sueños, siglos y caminos. Desde estas lomas, estos vientos, estas severas soledades, encendidos de frío, de furia y de esperanza. De pie. En vasijas de barro, bebamos el agua, nuestro vino. Podrá faltar el aire, el agua, el pan. La fe, jamás. Cuanto menos aire, más. Cuanto más sedientos, más. Ni más ni menos. Más.

 

Desde nuestra misma antigüedad. Frente a este amanecer en fogarada. Sin aspavientos, sin bajar los brazos, sin bajar la alegría. A rodear este esfuerzo. A superar este pleito. Venidos del tifón en infección batiente, irrumpamos contra la sangrienta demencia que atenta con la tribu.

 

Detrás el mito y su atroz corriente. El águila rapaz y su avaricia loca. Toda espumeante de historia, tragedias y misterios, exhalando el vaho putrefacto de los siglos, sorbiendo la polvareda de las necias apetencias, alcantarilla de los grandes asesinos en el desesperado despresamiento de brechas, trojes o caminos.

 

Hasta ese horrendo desaguadero de la muerte, una pálida cargazón de cadáveres revolotea en la garganta de la fiera. Todo frente al cómplice silencio para distraer el hambre de los humildes o arrancarle el fruto de sus sienes. Blancos simios, responsables de la lívida, azulosa desolladura de las grandes heridas, tatuadas en el hondón del callado petroglifo, el que lanza a la conciencia y a la fronda descubierta el grito sempiterno, adolorido.

 

Largas, confusas estaciones en las que levanta, amasa y cuece el hombre su pan escaso, esparcido por el viento, buscando la pulpa ausente de los frutos. Unos y otros disimulando las razones del hambre, eludiendo los hechos ineluctables de la vida, las cosas entrañables del hombre y de sus hambres. Babeantes, incompletas verdades, vertiendo su estiércol entre nosotros, retrasando nuestra marcha hacia el pan de cada día.

 

Hombres de toda condición, de toda opinión, de toda fe, de toda creencia, de toda parcialidad, hombres de idéntica miseria bajo los pendones y los símbolos de los expoliadores: ved en qué se trocaron los nidos en que albergasteis el exceso de ternura de vuestra condición.

 

Al cantar el gallo. Al romper el día. Al abrir el sol. A filo de madrugada. Viaje admirable, alucinado, para la sangre en rebeldía al borde de la trocha tempranera. Veinte, cuarenta, sesenta hombres, hombres en fila, huellas en el polvo, rostros inconclusos. Cálidos, amargos, en vigilia, cándidos, furentes, engranajes listos, entrecejo insomne, briznas al viento, con lágrimas salobres.

 

Si nos diéramos las manos y formáramos la rueda, sin mirarnos la cara, sin saber quién es quién... sesenta, cien, mil, doscientas veces mil, doscientas cincuenta mil veces mil manos fueran el perímetro exacto, con un poco de tierra, para vivir otra vez.

 

A madrugar. A liberar. A restaurar. A sembrar. A crecer. Al agua. Al sol. A la espiga. La luna alumbra nuevas intenciones. (Poesía, Sociedad Anónima).

 

 

Cuenta Abierta

 

 

 

 

 

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Golpe de amor

 

 

rosso

 

Cuenta abierta



Golpe de amor

Pablo Mora

Hacer silencio para darle paso a la luz. Colocar acento al tiempo antes de las palmadas de la muerte. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Dejar que las cosas sean. Dejarse ser, dejarse ser, ser, ser. Ser lámpara en la noche de la aldea. Escuchar el aplauso de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a pesar del estruendo de las hambres. Tentar, medir, pulsar, darle tiempo al camino a que regrese. Saber de dónde nos sacó el hechizo y contar con la última embestida. Contar las cosas increíbles como si fueran reales y las reales, como si fuesen increíbles.


Reconquistar nuestro origen. Reconocer que no hay quejido mayor que el del amor. Estar atento al parte de guerra. Saber que existen caminos que no hay que seguir, ciudades que no hay que asediar o atacar, ejércitos que no conviene hostigar, preguntas que no hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué cumplir.


Saber lo estrictamente indispensable. Participar en el engaño, en el ardid, la situación o la apariencia. Llevar la astucia al máximo posible. Adaptarse a la situación, sobre todo a la situación ajena. Avanzar por caminos tan insólitos que nunca el adversario logre descubrir. Dar con el más vulnerable de los puntos. Batirse en retirada o perseguirla. Contar con la moral, el ánimo, el terreno, el clima, el mando, la ocasión y la doctrina.


Descubrir el esquema general del enemigo. Como el agua, adaptarse a las formas nuevas. Usar ataques directos e indirectos. Pulsar la ventaja y desventaja de la hazaña. Protegerse del árbol que se agita, del pájaro que se espanta, del polvo alborotado, del llanto de la bandera en el contrario frente.


Distinguir claramente entre terreno accesible, deleznable, angosto, accidentado, fronterizo, clave, convergente, difícil o mortal. Conocer al enemigo como a sí mismo para que nunca la victoria sea amenazada. Conocer las fuerzas naturales: el fuego, el risco, el agua por la escarpa. Contar con el agente secreto inevitable. Administrar pertrecho y proyectil.


Adelantar, vivir, sobrevivir. Resistir hasta el último combate. Cuidar con tiento cada retirada. Huir de frente, atacar de retirada, volver caras, triunfar en la derrota. Ir entre escaramuza y sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro. Rechazar la sentencia de la muerte. Asumir alto el triunfo de la vida.


Blandiendo diapasones subversivos, llevar hasta la cima la bandera y desplegarla en rancho en cada aldea hasta colmar la lágrima del pueblo. Coronada la lucha, asegurar la militancia plena por la belleza y la verdad del hombre, como un golpe de amor en cada miedo, como un claro de tierra en la mirada de cada madre que se muera.

 

 

 

Cuenta Abierta

 

 

 

 

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MATEO MANAURE

ANIDADOR DE AMANECERES


A sus ochenta años




A tus 80 años el tiempo se vuelve huellas sorprendentes para quien tenga abierto el asombro y sea capaz de irse en los colores que has ido inventando. Colores-palabras, pasteles-susurros, óleos-cantigas, asimetrías-bosques y simetrías que le disputan al horizonte su empeño en hacer de las mágicas curvaturas de lo que somos una línea recta que da el diseño del infinito que nos contiene.


Lienzos-tierra, telas-rostros, tiempos de azules o de ocres, de mandarinas que se tornan violetas como si fuesen viñedos que se van madurando en las estaciones de tus amores. Todos ellos, Mateo, móviles como las luciérnagas que danzan tus cielos de estío. Como la campánula que se levanta al compás de la brisa dando cuenta de su labor realizada. Como las manos mágicas de tu madre, que volaron más alto que los pájaros, inventándole cobijos a los sueños y despertares a tus interminables errancias. 



LOS TESOROS QUE NOS PERTENECEN


Sobre esta tierra de la que venimos, tus trabajos, Mateo, dan cuenta de todos los ingredientes-tesoros que nos pertenecen por esa condición de hombres que quisiéramos hacer pasar de conjetura a realidad. Allí está el almácigo que nace de las turbulencias, el engranaje de hierbas que crece desde la disparidad de las sequías. Están los soles depositados en los enseres del cada día, para que hagamos con él, las confituras de la alegría.



EL ELIPSIS DE LAS MELANCOLIAS


Pero, Mateo, conjugas también en el lienzo la melancolía de las estaturas que no hemos podido alcanzar, de los ángulos rectos que se nos volvieron elipsis, sin que sus hermosas sinuosidades fueran obra de las tempestades. Y está la tristeza honda de los rostros, que queda atónita en el delta de las desesperanzas. Para eso los faroles de tu pincel no delinean, sino que se deslizan entre todas las tonalidades de la risa, como dejando sólo los murmullos de sus ansias. 



LLUVIA SIDERAL SOBRE PÁRPADOS VENDADOS


Por ello, desde la vastedad de los silencios y los olvidos, sigues dando tu batalla desigual contra las oscuridades que no dejan crecer los follajes. Allí te acunas, como si fuese la matriz del universo, a recomponer los espacios del vivir, que nos entregaron devastados. Y persistes, con paciencia milenaria, tu orfebrería del color como si pudieras esparcirla como lluvia sideral sobre párpados vendados. 



UNA TRAVESIA ENTRE BEETHOVEN Y MAHLER


¿Será, Mateo, que deberán transcurrir otros ochenta años, antes de que en verdad reconozcan los signos que dejaste, los señuelos que le entregaste a la ilusión, el contenido libertario de tus confines cromáticos? ¿Será, Mateo, que te encerrarán de nuevo en los museos, sin dejarte salir al aire libre de donde vienes, recolector del lenguaje de los pájaros, los insectos, los peces, las mareas, los ríos y los huertos? ¿Será que no habrán de advertir el lenguaje musical que te hermana tanto con las pastorales de Beethoven como con el grito sinfónico de Mahler? 



DESCOMPONES EN COLOR EL TEJIDO DEL HOMBRE


¿No habrá, Mateo, entre tus festejadores de estos días, quienes, deslumbrados ante la belleza del tejido del hombre que descompones en color, decidan de una vez por todas, recuperar la armonía de la vida, desistir de la muerte, liberar tus huertos florecidos, llevarte junto a Reverón a ver el mar para que se desaten sus azules oleajes y, en conjunción con tus mágicos suelos, construyan de nuevo los caminos del vivir? 



TU PALABRA-PINCEL QUEDARÁ ATRAPADA ENTRE LOS MUROS


No tengo esperanzas de que ello ocurra, Mateo. Y sé que tú tampoco. Los tiempos que vivimos son sombríos, terribles como aún nadie se ha atrevido a describirlos. Duros, trágicos, inconsolables. Tu palabra-pincel quedará atrapada entre los muros. Pero no desaparecerá. Ni se contaminará de seudorrevoluciones ni mentiras. Quedará trabajando subterráneamente, tratando de hurgar en el fuego de las profundidades, el secreto de las más altas incandescencias. 



PERO REGRESARÁS A MORAR ENTRE LOS TUYOS


Y hoy he venido a decirte, en este nuevo cumplevida, que no habrá sido inútil tu empeño, no habrá sido en vano tu alquimia del color, tu minería del espacio, tu destilería de de solares transparentes. Regresarás a morar entre los tuyos, cabalgarás en las alas de los pájaros que, ocultos en bosques lluviosos, aún se resguardan para proteger de la destrucción la eternidad de su engranaje molecular. Vendrás, como quería León Felipe, en el corcel del viento a contribuir a enjugar la lágrima del mundo.


Y resplandecerá la vida, resucitarán los suelos, hablarán los bosques y se confundirán con el lenguaje de los hombres, que tendrá resonancias de estrellas, y sin embargo, conservará el cálido hálito de los suspiros que jamás se resquebrajaron en los túneles de la ausencia. 



Y LOS PODEROSOS SE HABRÁN DESVANECIDO


Quienes hoy albergan los grandes poderes, quienes hoy sustentan la propiedad de la vida de los hombres, quienes hoy juegan a la guerra, de espaldas al gigantesco corazón azul del planeta, se habrán desvanecido junto con sus trampas, sus maquinarias letales, sus líneas divisorias, sus exclusiones, sus fronteras, sus propiedades, sus agravios, sus grandes dominios construidos sobre las lágrimas de esta dolida humanidad. 




Y TUS SUELOS SERÁN RESIDENCIA PARA EL HOMBRE


Y allí en este territorio del vivir, tus suelos serán residencia para el hombre y para las aves de Braque, los lirios de Monet que Rafael Franceschi revistió de sus afanes, las líneas de Kandinski o de Cruz-Diez, las esferas de Jesús Soto. Y allí se erguirán sonrientes las soledades de César Rengifo, danzará de nuevo la tristeza de Toulouse Lautrec, Van Gogh esparcirá sus girasoles, y el asombro irreverente de los niños hará el resto. 



SÉ QUE NO DETENDRÁ NI LA LISONJA NI LA TENTACIÓN


Mientras, sé que seguirás afanoso tus tareas. Que no de detendrá ni la lisonja ni la tentación. Que seguirás militando en el porvenir. Que aún no has concluido tus deberes. Te faltan aún muchos pinceles que quebrar en nuevas tesituras, materiales que reinventar con el sabor de los cielos que aún no hemos vislumbrado, líneas que liberar para que tracen la abierta circunferencia de los sueños. Rostros para deslizar en ellos la alegría que será. 



AÚN HABRÁS DE NUTRIR LA SIEMBRA DE TU AMOR


Sé que tus manos se siguen agitando como si anduvieran detrás de una melodía que aún no descifras. Sé que tu corazón enardecido no se aquietará en estos tiempos de silencio. Sé que en tus párpados anidan imprevisibles desconciertos, llenos de inéditos tramados y colores. Y que todo ello irá a nutrir aún más la siembra de tu amor.


Tal vez así ayudemos a acortar este tiempo tan lleno de asesinos y a apurar el nacimiento de la humanidad que será un canto para todos los azules de los cielos de la vida de los mares que habitan en los amores de siempre. 





Mery Sananes

18 de octubre del 2006

 

 

 

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TIEMPO DE GUERRA AL ALIMÓN

 

 

 

Liminar

 

 

Ciertamente, Tiempo de guerra  y Almácigo en tiempo de guerra  de Mery Sananes y Pablo Mora, respectivamente, un como al alimón en que se tropiezan las miradas, los puntos de fuga, la reedición del sueño del lado del hombre, de la gente. Gesto, exhalación, grito aherrojado, cierto, desde esta infinita soledad de cumbres y nostalgias, desde los acuciantes agujeros de las nocturnidades hasta el por qué, el cómo y para qué de los solares del por venir. En tal sentido, Poesia.org animada por la magistral palabra crítica de Rafael Rattia sobre “Tiempo de Guerra”, trae a colación dos ensayos en los que el espíritu de Mery Sananes está definitivamente presente en esta vigilia creadora en la que fincamos nuestro reto, el abrazo del hombre que florece —pavura enloquecida en oleadas inefables—  tras el estallido solar del porvenir, desde este tiempo de guerra.

 

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ALGUN DIA YA NO HABRA QUIEN EMPUÑE UN ARMA

 

 

Juntos, uno tras otro, somos muchos. Algún día las madres no dejarán que sus hijos vayan a una guerra que no les pertenece. No disparará el soldado contra su hermano, ni el guerrillero contra el suyo, ni el combatiente contra quien obligan a despedazarlo. Nos pusieron y nos ponen a pelear entre nosotros. Y sin embargo tenemos aposentada en la garganta una misma canción que llueve sueños. Algún día nos encontrarán a todos juntos, y tendrán que deponer las armas, y tendrán que incendiar los arsenales, y tendrán que volver basura sideral los escombros de las máquinas infernales, porque no habrá quien las maneje, quien apriete los botones que las activen y mucho menos quienes las construyan ni formulen los cálculos para inventarlas.

 

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Dejemos que, alada, la palabra de Mery Sananes fluya: Una canción distinta para un orden nuevo. Para anunciarlo desde ya con todo el esplendor que pertenece a los tiempos que vendrán. Canto de insurrección. Una insurrección de la conciencia para que el hombre se mire a sí mismo, se conozca por primera vez, alto como es, degradado como ha sido, extraordinario como puede levantarse y erguirse, para alcanzar a los otros hombres y encontrar en esa solidaridad, en esa camaradería, en esa expansión, la verdadera y única plenitud. En la conciencia de estar salvaguardando la plenitud de los otros

 

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Es la canción que desespera al enemigo, la que suena cada vez más alto, la canción rota que surge desde todos los confines de la tierra, y que la acompañan los pájaros y los insectos y las chicharras, y la toman los peces y la recogen las colinas, desde el mar, para hacerla descender con más fuerza aún. La que va a derrotar al enemigo, la que está derrotando al enemigo. La que no pueden quitar al hombre cuando le quitan la vida, la que no le pueden quitar a los pueblos, aunque los arrasen con llamas.

 

El espíritu es la canción, y la tierra es la canción y está cantando. Dolor de parto. Grito, alarido, música y guijarro, pólvora y barreno, fuego organizado, para tumbar los palacios, derribar los muros, y edificar al fin la casa de todos. Agenda del día. Parte, grito de guerra. Para fomentar toda rebelión, toda insurrección. La canción rota de la insurrección, la rebelión, la canción del combate. Hasta que la victoria haya instalado su dominio, y la alegría y el amor. Para entregárselos a los hombres que vendrán.

 

Entonces, salir a recorrer el insólito andamiaje de nuestras derrotas, perversidades, para recomponer, poco a poco, la claridad que nos pertenece. Refundar la vida. Fundar la vida de siempre. Comenzar de nuevo el acto de creación del hombre, el poder de creación; la búsqueda de los resquicios por donde se asome su canto, su humana y preterida condición humana. Para iniciar un tiempo, una historia y una vida nueva, al borde del universo, de pie, como un árbol robusto de un bosque frondoso, donde al fin podamos, como los pájaros, aprender a ser hombres.

 

Y concluye taxativamente Mery Sananes al unísono con Pío Tamayo: Solo así será nuestro el futuro. De los que agarramos el porvenir con la mano para moldearlo con líneas de ciencia y arte nuevos. Dibujando sobre la noche del pasado el estallido solar del porvenir. Galopando en la frondosa cabellera de la alegría, hacia los horizontes de la vasta humanidad que al fin seremos.

 

Una canción que llueve sueños

 

Tiempo de guerra permanente el que nos ha tocado vivir. Difícil oficio ese de trasmutar muerte y dolor en recinto de ilusión, armados solo de la sonrisa de los que se nos fueron y de los que llegan. No hemos podido detener la muerte interminable que se multiplica ni la oscuridad que se extiende persistente sobre el hombre. Hoy hay que atrapar luceros en las redes del alma para que vayan a darle de comer a las fogatas. Hay que moldear la palabra que hiere hasta hacerla bálsamo y dintel, granada reluciente derramadora de semillitas de amor. Dibujar desde este tormento las auroras que no vimos, el solar florecido que será un tiempo sin guerra, un planeta azul de alegría, en el cual el hombre que no somos se reintegre al fin a la naturaleza a la que pertenece, al cosmos de donde viene, habitante sideral del verde infinito de todas las inmensidades por siempre y para siempre.

En Oración por lo que pueda pasar dice Jotamario Arbeláez: “… Hoy me sublevo contra esa bomba de tiempo que es la muerte indiscriminada y el desplazamiento de los eternos condenados de la tierra…   Me armé contra la injusticia’, dice Rimbaud. Pero de lo que se armó fue de una ‘ardiente paciencia’. Nunca fue más tajante un título que Adiós a las armas. Ningún mortal debería empuñar ninguna arma, para quebrar a los traficantes de armas, los que atizan el odio para mantener vivo el conflicto. El hecho de no querer levantar un arma no implica sustraerse del combate. Con las razones de la vida, cuando fallan las razones de la razón… Todo puede pasar cuando la polarización está al punto. Cuando ya el país no soporta un minuto más la suerte de sus secuestrados. Cuando nadie puede ostentar ufano el perfil del inocente. Sé, Señor, nuestro salvavidas. “Y que sea expuesto al viento en su silla, en su silla de hierro, el hombre entregado a las visiones que irritan a los pueblos”, como cantó Saint-John Perse.”

 

 

Son estas en verdad

horas terribles

por todas las cosas

que no se perdonan

por todas las cosas

que hay que salvar

por todas las cosas

que son necesarias

en este tiempo de guerra

                                          Mery Sananes, Tiempo de guerra.

 

 

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Resistir, rebelarse, es necesario. Sentirse, serse. Hay que comenzar por dentro/ o no nos entendemos. (Mery Sananes). Hacer volar los sueños. Hacer mover la Tierra. Lograr morir de pie. Pertenecer a una obra común, a un hombre común, a un común dolor humano, a una hora y un ahora cósmico. Que nunca se nos nuble el horizonte. Que no crezcan los cráteres del miedo. Que no se empequeñezca la esperanza. Que el entusiasmo sea fe, energía; creencia, riesgo, fuerza, madrugada; la festiva grandeza del preámbulo, un desgarre de luces torrentosas, un mirar hacia dentro de nosotros, una crisis fulgiendo en fogarada; resistir el milagro de la vida, el abrazo del hombre que florece, la grieta que nos lleve al alumbraje.

 

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La palabra

 

    

 

 

 

La palabra

 

 

Pablo Mora

 

Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció...Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos lo dejaron todo... Nos dejaron las palabras.” (Pablo Neruda, Confieso que he vivido).

El poeta nos ofrenda, así en tan poquitas palabras, todo el universo, a través del sonido de una flauta, afinada con la ley de los pájaros, de las alas, del viento, de todo lo que se extiende desde el ojo hasta el universo que lo ve, con la marea que roza, labio a labio, la vida… ¿Juego de palabras? El poeta juega con las palabras porque está apostando a darles vida, a convertirlas en mágicos talismanes que le devuelvan al ojo su capacidad para ver y al corazón la hondura para escuchar el código de los pájaros, afinando las flautas del universo. El poeta siempre quiere ser un alquimista. Porque al hombre le  han arrebatado su capacidad de ser creador, de ser un engranaje único en la estructura infinita del universo. El poeta se la quiere devolver, o señalar, o advertir, para que tenga una silla para mirar el universo a través de si mismo.” (Mery Sananes, De la palabra, la cultura y el conocimiento).

 

Minuto del Hombre

 

 

 

 

 

 

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Nunca conoceremos lo desconocido

 

 

 

Nunca conoceremos lo desconocido. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. La forma es el color. El paisaje sólo existe en la naturaleza. La ruptura proviene siempre de alguna huella del camino. Una línea, tres, bastan para hallarle el alma a alguna tarde, el aroma a un asombro o el gemido, la pena, a una nube. ¿Es preciso saber el nombre de los hombres? Oír al hombre basta. Su nombre dejémoselo al viento. Uno más engarzado en la alambrada, vibrando en el camino. Líneas, formas, articulaciones, andamiajes. Un cuadro llama al otro. Un asomo reta al otro. Una línea sigue en las otras. Un color flotando más allá del último horizonte. Línea a línea téjense los astros, brotan los contornos, los perfiles, los relámpagos. Dibujo tras dibujo, de mar en mar los frutos de la tierra tras el fuego. En regia fila las líneas, las planicies, hondonadas, muchedumbres; figuras, quiebres, caos, cosas. Isócrona geometría en onírica resonancia. Vestigios de insomnios, desfiles de enigmas, claridades, sombritudes. Luz, música interior. Génesis, memoria vegetal. El cuerpo del secreto, de la luz, el mundo de los símbolos; lo obscuro de las sombras, lo visible del misterio, los tejidos del alma; el claror del sueño, el fuego musical, el principio del encanto. Océano, musgo, rompeolas, eternidad. Vacío pleno de inminencias, intersticios. Temblores, filos y fisuras. Entrañas, crujientes hendiduras. Crecientes, pliegues milenarios. Archipiélagos, orilla pura, noche diluvial. La última realidad nos será vedada. El uno exige el dos. En orgiástica pasión, el hombre deambula. El clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida, itinerario, término, confín.



Texto de Pablo Mora, director de la web Poesía.org

 

 

http://al-andar.blogspot.com/

 

 

 

 

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