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Arte y
literatura_más artículos: 02
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¡VIVIR!
Este texto lo escribimos
en febrero de este año.
De esa fecha a la actual,
son muchas las masacres
que se han sumado al horror que padecemos.
Y en esta cotidianidad de la muerte
a la que nos han acostumbrado,
no hay días más aciagos que otros.
Sólo hay días en que estamos más despiertos
para percibir este tiempo de devastación
que nos anula y aniquila.
Y hoy es uno de ellos.
Ojalá no se quede el dolor estancado en la lágrima.
Ojalá y podamos comenzar a reinventar la vida,
a clausurar las espitas de la muerte,
a dejar de ser sepultureros
para ir a sembrar porvenires en esta tierra,
hoy tan triste y tan poca cosa.
¡VIVIR!
Alguna vez pensé, en medio
de un hablar de hipótesis para explicar los tiempos en los
cuales creemos vivir, que la única manera de vencer la voracidad
de la destrucción, la humillación, el dolor, el
saqueo-explotación era no pariendo hijos. Asumiendo la dura y
terrible responsabilidad de no producir materia prima para el
consumo directo del horror, la perversión y la muerte. Desde
entonces hasta hoy he seguido en la línea que me conduce a
ratificar ese pensamiento.
Nuestra incapacidad histórica para avanzar en dirección a la vida,
así lo demuestra. Hemos construido a través de los siglos una
sociedad para la muerte y un hombre que está muy lejos de
desarrollar su esencia humana.
Y no me refiero sólo a los desvalidos de la tierra, sino a quienes
rigen la dirección de este planeta desde sus cuarteles de acción
y pensamiento.
La vida registra hoy un retroceso de tal magnitud, que ya muy
pocos nos preguntamos por ella. Pertenece a una especie de
ficción de la que algunos mantienen alguna remembranza.
Hemos sido convertidos, con nuestra aquiescencia-complicidad, en
engranajes de una maquinaria de muerte y destrucción que tiene
todos los signos y dimensiones y un solo propósito: acallar,
extinguir, arrasar con lo que pueda quedar de esperanza de vida.
Así el planeta muerte puede terminar de morir, mientras aquellos
que se consideran dueños de una vida a la que no han tenido
acceso jamás, despegan sus atroces naves hacia periplos inéditos
para ir a sembrar su muerte en nuevos territorios.
Lo mismo ocurre con la palabra. Y, cuando llego a la conclusión de
que la única voz con algún sentido en este tiempo es el
silencio, me dedico, hecho insólito, a escribir esta nota. Tal
vez con la intención de que quede el testimonio de una certeza
que sólo parece moverse en la ausencia de palabras.
La palabra, como la vida, o se refunda, o seguiremos
comunicándonos con un lenguaje que nada tiene que ver con lo que
quisiéramos ser o decir. Continuaremos nutriendo de muerte una
vida que no alcanzamos.
Entre tanto ruido, ninguna palabra, por más sonora, hermosa,
transparente o lúcida que sea, tiene posibilidad alguna de
trascender hacia los espacios del vivir. Deambula,
entremezclándose con la muerte, hasta ella misma desparecer o
convertirse en su signo.
Así que hoy imaginé un mundo en el cual los periódicos tuviesen
todas sus páginas en blanco, las emisoras sus transmisiones en
silencio, las pantallas sin imágenes, ni para informar sobre las
últimas masacres ni sobre las últimas inversiones. Los cuasi-hombres
que somos sin pronunciar palabra alguna.
Tal vez entonces comencemos a comunicarnos, a leer en la pupila
del otro la trágica dimensión de nuestras propias carencias y
con un abrazo emocionado, a la manera vallejiana, sellar con él
un pacto de hermanos, sin otra palabra que el gesto luminoso de
una sonrisa, que no esté atada a prebenda ni promesa alguna,
sino al sueño de una humanidad que aún no conocemos.
Una humanidad que parece expresar su búsqueda de vida-realización
en la confrontación nuclear que desde ya nos toca. Con las
nuevas cruzadas del fanatismo. En medio del terror galopante que
impulsan y mantienen los imperios de la desolación.
Todo se expresa con el bullicio de la perversión de los
fabricantes y beneficiarios de la miseria.
Y no hay ninguna aproximación al hombre. Por ello la palabra sigue
acusando la necesidad del silencio capaz de inventar un tiempo
para ejercer un oficio hasta ahora desconocido: VIVIR!
12 de febrero del 2006.
mery sananes
http://historiactual.blogspot.com/2006/04/vivir_05.html
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“Confío en que se afiance y robustezca la
poiesología”

“Confío en que se afiance y robustezca la
poiesología”
Dubraska Moya
El libro Sombra Antigua
de Pablo Mora
recibió el Premio Nacional del Libro 2005
Pablo Mora, hombre de letras
El autor de Sombra Antigua considera que la poesía
es un acto de fe en el hombre y en la palabra, que
sirve para transformar el mundo.
La poesía de Pablo Mora proviene de un almácigo.
Pasó por noche insomne. El insomnio lo dejó al
asombro. El asombro, luego, lo llevó a la sombra. La
sombra —dice— lo lanzó a los mares. Casi ya Pablo
Mares, el mismo que viste y canta. La noche, la
sombra antigua. La llagadura, sombra antigua. La
madre, la sombra antigua. La noche, la antigua
lejanía, la sombra antigua que a los hombres mira,
que a las costas de la divina antigüedad nos ata. Su
poesía es un al alimón a cuatro mil manos. Sin bajar
los brazos, sin bajar la rabia, sin bajar la
alegría, a contracorriente, a sol y sombra, de claro
en claro y de turbio en turbio, a corajazo limpio,
sabe que habrá de haber lugar para la poesía, si no
quieren pueblos y hombres sucumbir. Se debe a sus
dobles, a sus pares, a los otros, a
la Poesía
, Sociedad Anónima, casi como decir a Gabriel
Celaya. Cree que jamás la canción tuvo punto final,
que la existencia no es más que un plagio y que los
poetas escriben las mismas cosas con uno que otro
colorido; que solo existe un poema y un poeta y
hasta una sola palabra para quienes existen,
existieron y existirán en comunión poética, en
convivialidad creadora.
Confía en que, en respuesta al “sueño del futuro”,
se afiance y robustezca
la Poiesología
, la ciencia que propone se instaure al correr del
siglo, en cuanto disciplina que estudiaría los
signos de la creatividad y las leyes que la regulan
en relación con la naturaleza, el hombre y el arte;
al interior de la ciencia, la técnica y la
tecnología. Al preguntársele ¿por qué se oculta? Con
Gustavo Pereira responde: No es nada, padezco de
sombra. Con ella duerme en oscuro cuarto, hasta bien
entrada la madrugada. Más allá de los solos y
cobardes, más allá del metal y del combate, más allá
de la lucha de los cantos, más allá de la cólera
enemiga, alada, la neblina lo distingue. La
resonancia de la noche recoge su canto aglutinado en
pura fogarada. Con Fidel, se pregunta ¿hasta cuándo
las ideas serán pisoteadas? Con Galeano, ¿hasta
cuando seguirá corriendo la sangre para que la
fuerza justifique lo que el derecho niega? A menudo
exclama: ¡Ay de quien pretenda entender la poesía!
Sombra antigua puede ser la más cercana y almácigo
el horizonte más sentido. La poesía, enigma
solamente, fuego encendido contra la noche en ascuas
—reverso de la luz para medir la exactitud del agua,
la medida de turpial que alcanza el hombre—
aúpa el sufrimiento armado.
Para Pablo Mora la poesía es un acto de fe en el
hombre, en la palabra y en la vida. Un
instrumento para transformar el mundo.
Momento de liberación, individual y colectiva. Un
asombro que se pasa a limpio. Un renglón que se
añade al mundo. Ser poeta es disponerse a la
vigilia. Navegar hacia adentro del asombro. Saber el
tamaño exacto de la pena, la terrible majestad del
pan. Logra que lo oigan las estrellas. Sabe que una
piedra es un pájaro que ya no vuela; que toda piedra
alguna vez fue estrella; que un universo sin
estrella carecería de vida.
Conoce el reverso de las cosas y la vida.
Mientras el mundo se desvive entre galácticos
presagios y alientos de hecatombes, Mora trata de
construir su trinchera, desde donde dispara contra
obnubilados y díscolos, con la más convincente de
las armas, el verso. Soldado de
la Paz
, dispara sus versos contra la guerra. Su poesía
proviene de la generación de los sesenta, cuando el
fusil le diera su mano al verso. Persigue un
verdadero espacio verbal en sintonía con un genuino
espacio temporal ideológico, puesto que la emoción,
la palabra y el contexto sociopolítico-ideológico
han de entrecruzarse, encajar en todo lenguaje
poético. Considera con Ludovico Silva que la belleza
es revolucionaria; que Belleza y Revolución ha de
ser permanente bandera de combate.
Con Rimbaud, está convencido
que el porvenir será socialista.
Al cerciorarse que su obra Sombra Antigua había
recibido el Premio Nacional del Libro otorgado por
el Cenal, 2005, pensó en
La Poesía Olvidada
y Recordada de Jorge Zalamea, Premio de Ensayo de
la Casa
de Las Américas, 1965. Y de cómo, día a día, hemos
de hacer de la promoción de la poesía y la
literatura en general un culto, una como superior
misión, de donde a su vez surja la enorme
posibilidad de crear Sociedades Anónimas Globales en
las que converjan las ideas, los propósitos, las
reflexiones, los asombros y ocurrencias que han de
signar el orden nuevo, el hombre nuevo, el pueblo
nuevo. Puesto que la paz pasa a través de la
revolución y revolución integral en aras de una
humanidad nueva.
Ha publicado: Almácigo, El Parnasillo, San
Cristóbal, 1978. Almácigo 2, Ediciones Rondas,
Barcelona, 1980. Almácigo 3, Presidencia de
la República
, Caracas, 1982. Almácigo 4 En Tiempo de Guerra,
Imp. Formas Lem, S.A., San Cristóbal, 1985. Almácigo
5, El Parnasillo, San Cristóbal, 1986. Franja
Fecunda, Tipografía Cortés, San Cristóbal, 1989. De
la noche insomne, Porlamar, Fondene, 1992. (Premio I
Bienal Nueva Esparta de Literatura, 1991). Almácigo
6 En Tiempo de Paz, Edit. San Sebastián, San
Cristóbal, 1993. Cuenta Abierta, UNET, San
Cristóbal, 1993. Plaquettes varias, San Cristóbal,
1981-1992. Asombro al descubierto, Ediciones
Mucuglifo, Editorial Venezolana, C. A., Mérida,
1996. A
coro en el asombro, Antología, Biblioteca de Autores
y Temas Tachirenses, N° 171, edición patrocinada por
la UNET
, 2000. Parte de asombro, Ediciones Erato,
patrocinado por el Decanato de Postgrado de
la UNET
, 2000. Insomnio terminal, Ediciones Erato, San
Cristóbal, 2002. Cuarenta mil millardos de millas de
hombres luz, Nadie Nos Edita, San Cristóbal, 2002.
Palabra insomne, Nadie Nos Edita, San Cristóbal,
2003. (Poiesología, FEUNET, San Cristóbal,
Venezuela, 2005. Sombra Antigua, Nadie Nos Edita,
San Cristóbal, 2005. Premio Nacional del Libro
otorgado por el Cenal: Mejor Libro de Creación
Literaria, Mención Poesía 2005).
Más datos…
Pablo Mora nació en Santa Ana del Táchira
(Venezuela), en 1942. Residenciado en la ciudad de
San Cristóbal, finca su trabajo en una actitud ódica
identificada con su mundanidad inmediata y de
apertura. Capitán de Poetas, su verdad se puede
llamar humanismo, hombre, humanidad. Su credo, su
plan de vida, su Poiesología: Hundirse, hurgarse,
ser, sentirse, serse. Sus Páginas Web han sido
recomendadas por UNESCO:
http://www.poesia.org.ve
http://www.poiesologia.com
“Espéculo”, Revista Electrónica de Estudios
Literarios de
la Facultad
de Ciencias de
la Información
de
la Universidad Complutense
de Madrid (España), en los Nos.
9 a
34 de los años
1998 a
2006, le ha divulgado una serie de ensayos.
todosadentro/SEMANARIO CULTURAL DE
LA REPÚBLICA BOLIVARIANA
DE VENEZUELA
DIARIO
ÚLTIMAS NOTICIAS/ Caracas, Venezuela
P/26 ENERO/2007 SÁBADO 13 / Entre libros y autores
Minuto del Hombre
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| En el planeta achicado por la mundialización
empiezan a escucharse las voces de los excluidos. Al
consumismo cultural pasivo, se opone la voluntad
participativa en el reconocimiento de identidades
diversas. Pareciera que la transnacionalización
corporativa impusiera, sin otras alternativas, el
mensaje unidireccional a través del dominio de la
información y de las poderosísimas industrias
culturales con el establecimiento de modelos de vida
y el sojuzgamiento de la fecunda creación nacida del
imaginario popular. Nueva expresión de la violencia,
la corriente homogeneizante amenaza con ahogar la
diversidad cultural y con borrar el rostro de las
naciones y de los múltiples sectores que conviven en
ellas.
Y, sin embargo, la resistencia empieza a tomar
cuerpo. Los pueblos autóctonos reclaman el derecho a
preservar sus lenguas y sus formas de vida. Los
afrodescendientes reivindican su perfil identitario
y su lugar en la sociedad. Las mujeres y los
homosexuales luchan por romper las barreras
discriminatorias. Los efectos del neoliberalismo
conducen a la recuperación de un espíritu barrial
solidario, mientras el sur ingresa en el norte con
la fuerza incontrolable de las migraciones.
En esas circunstancias, la cultura se convierte
en razón de resistencia y de voluntad participativa.
Esa realidad emergente requiere estudio, debate,
análisis y reflexión para configurar un diagnóstico
atemperado a las necesidades de la contemporaneidad.
No se trata de diseñar otro discurso único, sino de
descubrir la dinámica real en la multiplicidad de
nuestras voces, nacidas en ámbitos diferentes, de
prácticas contrastantes y complementarias: el
ejercicio académico y la experiencia de nuestras
precarias industrias culturales, la palabra de los
excluidos, de los portadores de las culturas
autóctonas y de las organizaciones de base de
educación popular. En el día de hoy, defender la
diversidad cultural equivale a contribuir a
preservar el futuro de la humanidad.
El Congreso Cultura y Desarrollo, convocado del
11 al 14 de junio del 2007, ofrece el espacio para
este debate impostergable que tendrá como sede el
Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba. |
http://www.cultydes.cult.cu/5/esp/index.php
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¡SOMOS Y SEREMOS MILITANTES DE LA
VIDA!
Tal vez el mundo no ha tenido razón
humana desde sus propios inicios, cuando, por motivos
que aún tendremos que explicar de manera más real y
menos ‘religiosa’, lo que ascendía como especie nueva de
un orden natural profundamente complejo y
extraordinario, dejó de cumplir las funciones esenciales
para las cuales se formó su estructura e ingeniería
interior, para dar paso a una total negación de lo
humano y hacer de la muerte el valor mayor que el hombre
ha estampado en este planeta. Por ello, aún no hemos
dado inicio a la era de la vida.
De modo que sólo partiendo de esta premisa se podrá
rescatar lo que es nuestra esencia, nuestra
potencialidad, nuestra función primaria y original, del
permanente ejercicio de destrucción, devastación,
perversión y destrozo al que hemos sometido lo que
somos.
Pero es evidente que esta óptica no encaja dentro del
actual ordenamiento de un mundo dispuesto para la
destrucción. Y todo pensamiento verdadero queda como
solitario, aislado en medio del gran ruido de quienes se
disputan el derecho a decidir sobre el residuo de lo que
muchos consideran humanidad.
De allí que al reflexionar, lo hacemos conscientes de que
el nuestro es un lenguaje que no se constituye en
mercancía apetecible para ninguno de los bandos, que no
es admitido como científico y que al mismo tiempo carece
del necesario arraigo oscurantista, metafísico o
religioso, para formar parte de la larga lista de credos
habilitados para distraer. Tampoco es lo suficientemente
edulcorante para adormedecer, mentir o complacer a
nadie.
Y está evidentemente al margen de los discursos
político-ideológicos, que se enfrentan con las palabras
pero en cuyas acciones y base manejan, para el logro de
sus fines propios, que no los del individuo-colectivo,
los mismos procedimientos y mecanismos de crimen y
horror que se dice adversar.
Y por ello hoy, en este inicio de otro
año, que bien puede ser cualquier día o fecha, tomada al
azar, continuamos con el mismo y grave dilema.
¿Seguiremos malgastando nuestro escaso tiempo y
condición de humanos en esta tierra hablando el lenguaje
que otros nos imponen o insistiremos en deletrear una
lengua que alcance alguna huella-humanidad? En lo
particular, hemos decidido lo segundo. En forma
irrenunciable.
En este sentido dejemos hoy a los sepultureros disputarse
las razones de una u otra forma de destrucción y a los
asesinos decidir cual crimen debe ser salvado y cuál
condenado. Dejemos a los invasores de hoy, ayer y
mañana, seguir elaborando sus estatutos de perversión.
Dejemos que quienes se reparten el mundo entre ofertas
de una misma liquidación, sigan esgrimiendo sus
argumentos, para alcanzar más dominios. No avalamos ni
avalaremos ni a unos ni a otros.
En el escaso lenguaje humano del hombre decimos simple y
llanamente: que en un plano de auténtica humanidad no
tiene cabida el asesinato, cualquiera sea su
procedencia. Ni la destrucción en defensa o ataque. No
tiene cabida la utilización, manipulación,
domesticación, represión, fustigación, perversión del
hombre, para unos u otros fines.
Sostenemos con el poeta Juan Ramón Jiménez que el hombre
es una unidad colectiva individual, con una
potencialidad creadora que jamás hemos ni siquiera
soñado con alcanzar, con un instrumental bioquímico,
físico, molecular, estructural, genético, que nos enlaza
con todas las formas de vida anteriores y nos vincula
con las que habrán de existir o coexisten hoy en el
universo, que nos capacita para hazañas de dimensión
humana, que no podemos siquiera imaginar.
Estamos hechos, constituidos, formados con una capacidad
ilimitada para la creación, el asombro, la invención, la
trascendencia, el futuro. Pero hemos sido destinados a
la negación de lo que somos, como individuos y como
colectivo de hermanos en tareas comunes de vida y
porvenir. Y hoy, más que nunca, es necesario marcar un
deslinde, una barrera, señalar una condición y una
conciencia, cualesquiera sean las consecuencias que
éstas acarreen.
El mundo hoy está disputado entre imperios, cada cual con
sus mensajes, teorías, calificativos, razones y vías.
Ambos coinciden en su capacidad para aniquilar y
destruir. Y para ello se han valido de todos los
subterfugios mediante los cuales el hombre deja de ser
una entidad sustentada en su propia condición para pasar
a ser fiel seguidor de ideas, pensamientos o credos
distantes y ajenos.
Como si gigantescas manos pudieran tirar de los hilos de
infinitas marionetas para mover al hombre que aún habita
estas tierras, a actuar de acuerdo a quien tenga en sus
manos las cuerdas.
En ese juego macabro, especulativo, despreciable, se nos
quiere obligar a situarnos en bandos a objeto de
defender posiciones que ni siquiera reconocemos. Nos
negamos y nos negaremos sistemáticamente a pertenecer a
ningún bando que se aliste en la muerte que no en la
vida.
E invocamos una acción, un lenguaje, una historia,
individual y colectiva, que comience a espantar la
muerte, e imponerle al hombre la capacidad de mirar, de
escuchar, de percibir y de crear, en cualquiera
condición o circunstancia, como los infinitos y
múltiples productos de un tronco común en explosión de
su esencia humana.
A estas alturas discutir quién es más criminal, si el
señor Bush o el señor Hussein es un juego grotesco e
inaceptable. O tratar de definir los límites que
designan que un crimen es o de no de ‘lesa humanidad’ es
una verdadera barbarie. Todo crimen es de ‘lesa
humanidad’, pero no en el ordenamiento jurídico de
quienes inventan las leyes para proteger sus propias
masacres, sino en el contexto de la vida humana que es
indisoluble, indivisible, unívoca.
De modo que en este tiempo de profundas conmociones, en
las que el planeta ha llegado a sus niveles más altos de
horror y degradación, de complicidad y negociación, de
mutua asistencia e indiferencia ante el crimen, la única
militancia que habremos de aceptar es la vida. La
creación, el porvenir, sustentados en la capacidad
espiritual, física, intelectual, genética, molecular, de
la cual cada ser humano está dotado, aún a su pesar,
como gigantesca maquinaria para la conformación de una
historia humana, de un código humano, de una huella
humana, capaz de dar el salto fuera del horror de estos
siglos, para iniciar la difícil, traumática, travesía
hacia el porvenir.
merysananes@gmail.com
http://historiactual.blogspot.com/2006/12/somos-y-seremos-militantes-de-la-vida.html
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CANCIÓN DE PAZ
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CANCIÓN DE PAZ
Alguien soñaba cierta noche que todos los poetas del
mundo, a un solo impulso, escribían sobre las
paredes o los muros de las ciudades de la tierra una
canción contra la guerra. Y que todas las madres y
los padres y los niños y los jóvenes y las muchachas
de todas las ciudades, las aldeas, las praderas, las
montañas y los mares del mundo copiaban aquella
canción en los cuadernos y en los platos, en las
ollas y en las sábanas, en los zapatos y en las
arenas, sobre los autos y las chimeneas, sobre las
camisas y las pelotas. Hasta que todo el mundo fue
una sola canción contra la guerra. Ni los políticos
bribones, ni los militares obtusos, ni los
científicos de la destrucción ni los mínimos ni los
máximos comerciantes de la guerra pudieron atreverse
a nada, mucho menos a soplar su globo de colores,
pues la terrible
P
de la palabra Paz golpeaba con tanta furia sus
intestinos que cada vez reducía más a gabazo su mala
fe.
Gustavo Pereira
En: Prólogo a ALMÁCIGO 4 EN TIEMPO DE GUERRA, de
Pablo Mora.
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Minuto del Hombre
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ENTRADA A LOS INFIERNOS
ENTRADA A LOS INFIERNOS
Oigo la voz de Allende vibrante, cristal de su heroísmo. Siento
pasos
alrededor de la luna contando los almendros florecidos en los
campos de Buin
Oigo la lluvia que gotea su ceguera en una casa de torturas.
Escucho la voz
de las estrellas que palidecen cuando caen al mar en Ancud. Me
guío por las
señas que hace el relámpago tras el secreto de la noche en Lota.
Me dejo
vencer por la música que el oleaje afina contra los
ventisqueros. Escucho el
diálogo de los viejos que hablan desde la memoria imbatida. Oigo
la voz de
los torturados y el grito de los desaparecidos. Desfilan por la
orilla del
mundo los exiliados. Entre la niebla suena la campana del último
tren
perdido en el desierto. Me atrapa el ruido de las estaciones
ferroviarias
que caen como manzanas podridas en el olvido. Veo caminar a una
mujer que
florece bajo los acacios de octubre. Oigo el último latido de mi
madre y yo
tan lejos sin poderla besar. El corazón de mi padre como un
violonchelo
perdiéndose en el tiempo. Escucho también la voz de González
Urizar quien
sabía hasta que altura deben subir las palabras para elevar el
poema y la
guitarra de Gonzalo Rojas que sometió al relámpago a la voluntad
profunda de
su poesía. Siento los pasos de Pinochet entrando a los
infiernos.
Ibar Varas
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Minuto del Hombre
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En torno a Pablo Mora
En torno a Pablo Mora
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.../...
Poesía, Sociedad Anónima, interpretando a Pablo
Mora, en cuanto somos una sola voz quienes
escribimos ahora conjuntamente con los que
escribieron antes de nosotros y con los que
escribirán después. Sociedad Anónima que significa
la solidaridad humana que todos tenemos, la posición
de humanidad solidaria ante la espiritualidad de la
especie. Poesía, Sociedad Anónima, no sólo referida
al presente sino también con trascendencia futura,
entendiendo la Poesía como una especie de metalógica
o metalenguaje o metaespiritualidad que está, como
si dijéramos, dentro de la herencia de la especie,
al interior de una herencia poética. En fin,
Sociedad Anónima que significa la solidaridad humana
que todos tenemos, la posición de humanidad
solidaria ante la espiritualidad de la especie.
María Luisa Alonso (España)
.../...
http://www.poesia.org.ve/minuto.php?codigo=1468
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Nuevas intenciones
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Nuevas intenciones
Pablo Mora
Desde
este cruce de sueños, siglos y caminos. Desde estas
lomas, estos vientos, estas severas soledades,
encendidos de frío, de furia y de esperanza. De pie.
En vasijas de barro, bebamos el agua, nuestro vino.
Podrá faltar el aire, el agua, el pan. La fe, jamás.
Cuanto menos aire, más. Cuanto más sedientos, más.
Ni más ni menos. Más.
Desde nuestra misma antigüedad. Frente a este
amanecer en fogarada. Sin aspavientos, sin bajar los
brazos, sin bajar la alegría. A rodear este
esfuerzo. A superar este pleito. Venidos del tifón
en infección batiente, irrumpamos contra la
sangrienta demencia que atenta con la tribu.
Detrás el mito y su atroz corriente. El águila rapaz
y su avaricia loca. Toda espumeante de historia,
tragedias y misterios, exhalando el vaho putrefacto
de los siglos, sorbiendo la polvareda de las necias
apetencias, alcantarilla de los grandes asesinos en
el desesperado despresamiento de brechas, trojes o
caminos.
Hasta ese horrendo desaguadero de la muerte, una
pálida cargazón de cadáveres revolotea en la
garganta de la fiera. Todo frente al cómplice
silencio para distraer el hambre de los humildes o
arrancarle el fruto de sus sienes. Blancos simios,
responsables de la lívida, azulosa desolladura de
las grandes heridas, tatuadas en el hondón del
callado petroglifo, el que lanza a la conciencia y a
la fronda descubierta el grito sempiterno,
adolorido.
Largas, confusas estaciones en las que levanta,
amasa y cuece el hombre su pan escaso, esparcido por
el viento, buscando la pulpa ausente de los frutos.
Unos y otros disimulando las razones del hambre,
eludiendo los hechos ineluctables de la vida, las
cosas entrañables del hombre y de sus hambres.
Babeantes, incompletas verdades, vertiendo su
estiércol entre nosotros, retrasando nuestra marcha
hacia el pan de cada día.
Hombres de toda condición, de toda opinión, de toda
fe, de toda creencia, de toda parcialidad, hombres
de idéntica miseria bajo los pendones y los símbolos
de los expoliadores: ved en qué se trocaron los
nidos en que albergasteis el exceso de ternura de
vuestra condición.
Al cantar el gallo. Al romper el día. Al abrir el
sol. A filo de madrugada. Viaje admirable,
alucinado, para la sangre en rebeldía al borde de la
trocha tempranera. Veinte, cuarenta, sesenta
hombres, hombres en fila, huellas en el polvo,
rostros inconclusos. Cálidos, amargos, en vigilia,
cándidos, furentes, engranajes listos, entrecejo
insomne, briznas al viento, con lágrimas salobres.
Si nos diéramos las manos y formáramos la rueda, sin
mirarnos la cara, sin saber quién es quién...
sesenta, cien, mil, doscientas veces mil, doscientas
cincuenta mil veces mil manos fueran el perímetro
exacto, con un poco de tierra, para vivir otra vez.
A madrugar. A liberar. A restaurar. A sembrar. A
crecer. Al agua. Al sol. A la espiga. La luna
alumbra nuevas intenciones. (Poesía,
Sociedad Anónima).
Cuenta Abierta
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Golpe de amor
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Cuenta abierta
Golpe de amor
Pablo Mora
Hacer
silencio para darle paso a la luz. Colocar acento al
tiempo antes de las palmadas de la muerte. Hundirse,
hurgarse, ser, sentirse, serse. Dejar que las cosas
sean. Dejarse ser, dejarse ser, ser, ser. Ser
lámpara en la noche de la aldea. Escuchar el aplauso
de los pájaros cuando revienta en diapasón el día a
pesar del estruendo de las hambres. Tentar, medir,
pulsar, darle tiempo al camino a que regrese. Saber
de dónde nos sacó el hechizo y contar con la última
embestida. Contar las cosas increíbles como si
fueran reales y las reales, como si fuesen
increíbles.
Reconquistar nuestro origen. Reconocer que no hay
quejido mayor que el del amor. Estar atento al parte
de guerra. Saber que existen caminos que no hay que
seguir, ciudades que no hay que asediar o atacar,
ejércitos que no conviene hostigar, preguntas que no
hay que contestar y hasta órdenes que no hay por qué
cumplir.
Saber lo estrictamente indispensable. Participar en
el engaño, en el ardid, la situación o la
apariencia. Llevar la astucia al máximo posible.
Adaptarse a la situación, sobre todo a la situación
ajena. Avanzar por caminos tan insólitos que nunca
el adversario logre descubrir. Dar con el más
vulnerable de los puntos. Batirse en retirada o
perseguirla. Contar con la moral, el ánimo, el
terreno, el clima, el mando, la ocasión y la
doctrina.
Descubrir el esquema general del enemigo. Como el
agua, adaptarse a las formas nuevas. Usar ataques
directos e indirectos. Pulsar la ventaja y
desventaja de la hazaña. Protegerse del árbol que se
agita, del pájaro que se espanta, del polvo
alborotado, del llanto de la bandera en el contrario
frente.
Distinguir claramente entre terreno accesible,
deleznable, angosto, accidentado, fronterizo, clave,
convergente, difícil o mortal. Conocer al enemigo
como a sí mismo para que nunca la victoria sea
amenazada. Conocer las fuerzas naturales: el fuego,
el risco, el agua por la escarpa. Contar con el
agente secreto inevitable. Administrar pertrecho y
proyectil.
Adelantar, vivir, sobrevivir. Resistir hasta el
último combate. Cuidar con tiento cada retirada.
Huir de frente, atacar de retirada, volver caras,
triunfar en la derrota. Ir entre escaramuza y
sorpresivo encuentro halando la explosión del lauro.
Rechazar la sentencia de la muerte. Asumir alto el
triunfo de la vida.
Blandiendo diapasones subversivos, llevar hasta la
cima la bandera y desplegarla en rancho en cada
aldea hasta colmar la lágrima del pueblo. Coronada
la lucha, asegurar la militancia plena por la
belleza y la verdad del hombre, como un golpe de
amor en cada miedo, como un claro de tierra en la
mirada de cada madre que se muera.
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Cuenta Abierta
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MATEO MANAURE
ANIDADOR DE AMANECERES
A sus ochenta años
A tus 80 años el tiempo se vuelve huellas
sorprendentes para quien tenga abierto el asombro y
sea capaz de irse en los colores que has ido
inventando. Colores-palabras, pasteles-susurros,
óleos-cantigas, asimetrías-bosques y simetrías que
le disputan al horizonte su empeño en hacer de las
mágicas curvaturas de lo que somos una línea recta
que da el diseño del infinito que nos contiene.
Lienzos-tierra, telas-rostros, tiempos de azules o
de ocres, de mandarinas que se tornan violetas como
si fuesen viñedos que se van madurando en las
estaciones de tus amores. Todos ellos, Mateo,
móviles como las luciérnagas que danzan tus cielos
de estío. Como la campánula que se levanta al compás
de la brisa dando cuenta de su labor realizada. Como
las manos mágicas de tu madre, que volaron más alto
que los pájaros, inventándole cobijos a los sueños y
despertares a tus interminables errancias.
LOS TESOROS QUE NOS PERTENECEN
Sobre esta tierra de la que venimos, tus trabajos,
Mateo, dan cuenta de todos los ingredientes-tesoros
que nos pertenecen por esa condición de hombres que
quisiéramos hacer pasar de conjetura a realidad.
Allí está el almácigo que nace de las turbulencias,
el engranaje de hierbas que crece desde la
disparidad de las sequías. Están los soles
depositados en los enseres del cada día, para que
hagamos con él, las confituras de la alegría.
EL ELIPSIS DE LAS MELANCOLIAS
Pero, Mateo, conjugas también en el lienzo la
melancolía de las estaturas que no hemos podido
alcanzar, de los ángulos rectos que se nos volvieron
elipsis, sin que sus hermosas sinuosidades fueran
obra de las tempestades. Y está la tristeza honda de
los rostros, que queda atónita en el delta de las
desesperanzas. Para eso los faroles de tu pincel no
delinean, sino que se deslizan entre todas las
tonalidades de la risa, como dejando sólo los
murmullos de sus ansias.
LLUVIA SIDERAL SOBRE PÁRPADOS VENDADOS
Por ello, desde la vastedad de los silencios y los
olvidos, sigues dando tu batalla desigual contra las
oscuridades que no dejan crecer los follajes. Allí
te acunas, como si fuese la matriz del universo, a
recomponer los espacios del vivir, que nos
entregaron devastados. Y persistes, con paciencia
milenaria, tu orfebrería del color como si pudieras
esparcirla como lluvia sideral sobre párpados
vendados.
UNA TRAVESIA ENTRE BEETHOVEN Y MAHLER
¿Será, Mateo, que deberán transcurrir otros ochenta
años, antes de que en verdad reconozcan los signos
que dejaste, los señuelos que le entregaste a la
ilusión, el contenido libertario de tus confines
cromáticos? ¿Será, Mateo, que te encerrarán de nuevo
en los museos, sin dejarte salir al aire libre de
donde vienes, recolector del lenguaje de los
pájaros, los insectos, los peces, las mareas, los
ríos y los huertos? ¿Será que no habrán de advertir
el lenguaje musical que te hermana tanto con las
pastorales de Beethoven como con el grito sinfónico
de Mahler?
DESCOMPONES EN COLOR EL TEJIDO DEL HOMBRE
¿No habrá, Mateo, entre tus festejadores de estos
días, quienes, deslumbrados ante la belleza del
tejido del hombre que descompones en color, decidan
de una vez por todas, recuperar la armonía de la
vida, desistir de la muerte, liberar tus huertos
florecidos, llevarte junto a Reverón a ver el mar
para que se desaten sus azules oleajes y, en
conjunción con tus mágicos suelos, construyan de
nuevo los caminos del vivir?
TU PALABRA-PINCEL QUEDARÁ ATRAPADA ENTRE LOS MUROS
No tengo esperanzas de que ello ocurra, Mateo. Y sé
que tú tampoco. Los tiempos que vivimos son
sombríos, terribles como aún nadie se ha atrevido a
describirlos. Duros, trágicos, inconsolables. Tu
palabra-pincel quedará atrapada entre los muros.
Pero no desaparecerá. Ni se contaminará de
seudorrevoluciones ni mentiras. Quedará trabajando
subterráneamente, tratando de hurgar en el fuego de
las profundidades, el secreto de las más altas
incandescencias.
PERO REGRESARÁS A MORAR ENTRE LOS TUYOS
Y hoy he venido a decirte, en este nuevo cumplevida,
que no habrá sido inútil tu empeño, no habrá sido en
vano tu alquimia del color, tu minería del espacio,
tu destilería de de solares transparentes.
Regresarás a morar entre los tuyos, cabalgarás en
las alas de los pájaros que, ocultos en bosques
lluviosos, aún se resguardan para proteger de la
destrucción la eternidad de su engranaje molecular.
Vendrás, como quería León Felipe, en el corcel del
viento a contribuir a enjugar la lágrima del mundo.
Y resplandecerá la vida, resucitarán los suelos,
hablarán los bosques y se confundirán con el
lenguaje de los hombres, que tendrá resonancias de
estrellas, y sin embargo, conservará el cálido
hálito de los suspiros que jamás se resquebrajaron
en los túneles de la ausencia.
Y LOS PODEROSOS SE HABRÁN DESVANECIDO
Quienes hoy albergan los grandes poderes, quienes
hoy sustentan la propiedad de la vida de los
hombres, quienes hoy juegan a la guerra, de espaldas
al gigantesco corazón azul del planeta, se habrán
desvanecido junto con sus trampas, sus maquinarias
letales, sus líneas divisorias, sus exclusiones, sus
fronteras, sus propiedades, sus agravios, sus
grandes dominios construidos sobre las lágrimas de
esta dolida humanidad.
Y TUS SUELOS SERÁN RESIDENCIA PARA EL HOMBRE
Y allí en este territorio del vivir, tus suelos
serán residencia para el hombre y para las aves de
Braque, los lirios de Monet que Rafael Franceschi
revistió de sus afanes, las líneas de Kandinski o de
Cruz-Diez, las esferas de Jesús Soto. Y allí se
erguirán sonrientes las soledades de César Rengifo,
danzará de nuevo la tristeza de Toulouse Lautrec,
Van Gogh esparcirá sus girasoles, y el asombro
irreverente de los niños hará el resto.
SÉ QUE NO DETENDRÁ NI LA LISONJA NI LA TENTACIÓN
Mientras, sé que seguirás afanoso tus tareas. Que no
de detendrá ni la lisonja ni la tentación. Que
seguirás militando en el porvenir. Que aún no has
concluido tus deberes. Te faltan aún muchos pinceles
que quebrar en nuevas tesituras, materiales que
reinventar con el sabor de los cielos que aún no
hemos vislumbrado, líneas que liberar para que
tracen la abierta circunferencia de los sueños.
Rostros para deslizar en ellos la alegría que será.
AÚN HABRÁS DE NUTRIR LA SIEMBRA DE TU AMOR
Sé que tus manos se siguen agitando como si
anduvieran detrás de una melodía que aún no
descifras. Sé que tu corazón enardecido no se
aquietará en estos tiempos de silencio. Sé que en
tus párpados anidan imprevisibles desconciertos,
llenos de inéditos tramados y colores. Y que todo
ello irá a nutrir aún más la siembra de tu amor.
Tal vez así ayudemos a acortar este tiempo tan lleno
de asesinos y a apurar el nacimiento de la humanidad
que será un canto para todos los azules de los
cielos de la vida de los mares que habitan en los
amores de siempre.
Mery
Sananes
18 de octubre del 2006
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TIEMPO DE GUERRA AL ALIMÓN
Liminar
Ciertamente,
Tiempo de guerra
y Almácigo en
tiempo de guerra
de Mery Sananes y Pablo Mora, respectivamente, un
como al alimón
en que se tropiezan las miradas, los puntos de fuga, la
reedición del sueño del lado del hombre, de la gente. Gesto,
exhalación, grito aherrojado, cierto, desde esta infinita
soledad de cumbres y nostalgias, desde los acuciantes
agujeros de las nocturnidades hasta el por qué, el cómo y
para qué de los solares del por venir. En tal sentido,
Poesia.org
animada por la magistral palabra crítica de Rafael Rattia
sobre “Tiempo de
Guerra”, trae a colación dos ensayos en los que el
espíritu de Mery Sananes está definitivamente presente en
esta vigilia creadora en la que fincamos nuestro reto, el
abrazo del hombre que florece —pavura enloquecida en oleadas
inefables— tras
el estallido solar del porvenir, desde este tiempo de guerra.
.../...
ALGUN DIA YA NO HABRA QUIEN EMPUÑE UN ARMA
Juntos, uno tras otro, somos muchos. Algún día las madres no
dejarán que sus hijos vayan a una guerra que no les
pertenece. No disparará el soldado contra su hermano, ni el
guerrillero contra el suyo, ni el combatiente contra quien
obligan a despedazarlo. Nos pusieron y nos ponen a pelear
entre nosotros. Y sin embargo tenemos aposentada en la
garganta una misma canción que llueve sueños. Algún día nos
encontrarán a todos juntos, y tendrán que deponer las armas,
y tendrán que incendiar los arsenales, y tendrán que volver
basura sideral los escombros de las máquinas infernales,
porque no habrá quien las maneje, quien apriete los botones
que las activen y mucho menos quienes las construyan ni
formulen los cálculos para inventarlas.
.../...
Dejemos que, alada, la palabra de Mery Sananes fluya: Una
canción distinta para un orden nuevo. Para anunciarlo desde
ya con todo el esplendor que pertenece a los tiempos que
vendrán. Canto de
insurrección. Una insurrección de la conciencia para que
el hombre se mire a sí mismo, se conozca por primera vez,
alto como es, degradado como ha sido, extraordinario como
puede levantarse y erguirse, para alcanzar a los otros
hombres y encontrar en esa solidaridad, en esa camaradería,
en esa expansión, la verdadera y única plenitud. En la
conciencia de estar salvaguardando la plenitud de los otros
.../...
Es la canción que desespera al enemigo, la que suena cada
vez más alto, la canción rota que surge desde todos los
confines de la tierra, y que la acompañan los pájaros y los
insectos y las chicharras, y la toman los peces y la recogen
las colinas, desde el mar, para hacerla descender con más
fuerza aún. La que va a derrotar al enemigo, la que está
derrotando al enemigo. La que no pueden quitar al hombre
cuando le quitan la vida, la que no le pueden quitar a los
pueblos, aunque los arrasen con llamas.
El espíritu es la canción, y la tierra es la canción y está
cantando. Dolor de parto. Grito, alarido, música y guijarro,
pólvora y barreno, fuego organizado, para tumbar los
palacios, derribar los muros, y edificar al fin la casa de
todos. Agenda del día. Parte, grito de guerra. Para fomentar
toda rebelión, toda insurrección. La canción rota de la
insurrección, la rebelión, la canción del combate. Hasta que
la victoria haya instalado su dominio, y la alegría y el
amor. Para entregárselos a los hombres que vendrán.
Entonces, salir a recorrer el insólito andamiaje de nuestras
derrotas, perversidades, para recomponer, poco a poco, la
claridad que nos pertenece. Refundar la vida. Fundar la vida
de siempre. Comenzar de nuevo el acto de creación del
hombre, el poder de creación; la búsqueda de los resquicios
por donde se asome su canto, su humana y preterida condición
humana. Para iniciar un tiempo, una historia y una vida
nueva, al borde del universo, de pie, como un árbol robusto
de un bosque frondoso, donde al fin podamos, como los
pájaros, aprender a ser hombres.
Y concluye taxativamente Mery Sananes al unísono con Pío
Tamayo: Solo así será
nuestro el futuro. De los que agarramos el porvenir con la
mano para moldearlo con líneas de ciencia y arte nuevos.
Dibujando sobre la noche del pasado el estallido solar del
porvenir. Galopando en la frondosa cabellera de la alegría,
hacia los horizontes de la vasta humanidad que al fin
seremos.
Una canción que llueve sueños
Tiempo de guerra permanente el que nos ha tocado vivir.
Difícil oficio ese de trasmutar muerte y dolor en recinto de
ilusión, armados solo de la sonrisa de los que se nos fueron
y de los que llegan. No hemos podido detener la muerte
interminable que se multiplica ni la oscuridad que se
extiende persistente sobre el hombre. Hoy hay que atrapar
luceros en las redes del alma para que vayan a darle de
comer a las fogatas. Hay que moldear la palabra que hiere
hasta hacerla bálsamo y dintel, granada reluciente
derramadora de semillitas de amor. Dibujar desde este
tormento las auroras que no vimos, el solar florecido que
será un tiempo sin guerra, un planeta azul de alegría, en el
cual el hombre que no somos se reintegre al fin a la
naturaleza a la que pertenece, al cosmos de donde viene,
habitante sideral del verde infinito de todas las
inmensidades por siempre y para siempre.
En
Oración por lo que pueda pasar dice Jotamario
Arbeláez: “… Hoy me sublevo contra esa bomba de tiempo que
es la muerte indiscriminada y el desplazamiento de los
eternos condenados de la tierra…
‘Me armé
contra la injusticia’, dice Rimbaud. Pero de lo que se
armó fue de una ‘ardiente paciencia’. Nunca fue más tajante
un título que Adiós a
las armas. Ningún mortal debería empuñar ninguna arma,
para quebrar a los traficantes de armas, los que atizan el
odio para mantener vivo el conflicto. El hecho de no querer
levantar un arma no implica sustraerse del combate. Con las
razones de la vida, cuando fallan las razones de la razón…
Todo puede pasar cuando la polarización está al punto.
Cuando ya el país no soporta un minuto más la suerte de sus
secuestrados. Cuando nadie puede ostentar ufano el perfil
del inocente. Sé, Señor, nuestro salvavidas. “Y
que sea expuesto al viento en su silla, en su silla de
hierro, el hombre entregado a las visiones que irritan a los
pueblos”, como cantó Saint-John Perse.”
Son estas en verdad
horas terribles
por todas las cosas
que no se perdonan
por todas las cosas
que hay que salvar
por todas las cosas
que son necesarias
en este tiempo de guerra
Mery Sananes, Tiempo de
guerra.
.../...
Resistir, rebelarse, es necesario. Sentirse, serse.
Hay que comenzar por dentro/ o no nos entendemos. (Mery
Sananes). Hacer volar los sueños.
Hacer mover
la Tierra. Lograr
morir de pie. Pertenecer a
una obra común, a un hombre común, a un común dolor humano,
a una hora y un ahora cósmico. Que nunca se nos nuble el
horizonte. Que no crezcan los cráteres del miedo. Que no se
empequeñezca la esperanza. Que el entusiasmo sea fe,
energía; creencia, riesgo, fuerza, madrugada; la festiva
grandeza del preámbulo, un desgarre de luces torrentosas, un
mirar hacia dentro de nosotros, una crisis fulgiendo en
fogarada; resistir el milagro de la vida, el abrazo del
hombre que florece, la grieta que nos lleve al alumbraje.
.../...
http://www.poesia.org.ve/cuenta.php?codigo=3626&categoria=
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La palabra

La palabra

Pablo Mora
“Todo
lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras
las que cantan, las que suben y bajan... Me
prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las
persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las
palabras... Las inesperadas... Las que
glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de
pronto caen... Vocablos amados... Brillan como
piedras de colores, saltan como platinados peces,
son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas
palabras... Son tan hermosas que las quiero poner
todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van
zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me
preparo frente al plato, las siento cristalinas,
vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como
frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y
entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me
las zampo, las trituro, las emperejilo, las
liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema,
como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como
restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está
en la palabra... Una idea entera se cambia porque
una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se
sentó como una reinita adentro de una frase que no
la esperaba y que le obedeció...Tienen sombra,
transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo
lo que se les fue agregando de tanto rodar por el
río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser
raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven
en el féretro escondido y en la flor apenas
comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena
lengua heredamos de los conquistadores torvos...
Estos andaban a zancadas por las tremendas
cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando
patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro,
maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que
nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo
tragaban, con religiones, pirámides, tribus,
idolatrías iguales a las que ellos traían en sus
grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada
la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las
botas, de las barbas, de los yelmos, de las
herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas
que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma.
Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron
el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y
nos lo dejaron todo... Nos dejaron las palabras.”
(Pablo Neruda,
Confieso que he vivido).
“El poeta nos
ofrenda, así en tan poquitas palabras, todo el
universo, a través del sonido de una flauta, afinada
con la ley de los pájaros, de las alas, del viento,
de todo lo que se extiende desde el ojo hasta el
universo que lo ve, con la marea que roza, labio a
labio, la vida… ¿Juego de palabras? El poeta juega
con las palabras porque está apostando a darles
vida, a convertirlas en mágicos talismanes que le
devuelvan al ojo su capacidad para ver y al corazón
la hondura para escuchar el código de los pájaros,
afinando las flautas del universo. El poeta siempre
quiere ser un alquimista. Porque al hombre le
han arrebatado su capacidad de ser creador,
de ser un engranaje único en la estructura infinita
del universo. El poeta se la quiere devolver, o
señalar, o advertir, para que tenga una silla para
mirar el universo a través de si mismo.” (Mery
Sananes,
De la
palabra, la cultura y el conocimiento).
Minuto del Hombre
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Nunca conoceremos lo desconocido
Nunca conoceremos lo desconocido. La
última realidad nos será vedada. El uno exige el
dos. La forma es el color. El paisaje sólo
existe en la naturaleza. La ruptura proviene
siempre de alguna huella del camino. Una línea,
tres, bastan para hallarle el alma a alguna
tarde, el aroma a un asombro o el gemido, la
pena, a una nube. ¿Es preciso saber el nombre de
los hombres? Oír al hombre basta. Su nombre
dejémoselo al viento. Uno más engarzado en la
alambrada, vibrando en el camino. Líneas,
formas, articulaciones, andamiajes. Un cuadro
llama al otro. Un asomo reta al otro. Una línea
sigue en las otras. Un color flotando más allá
del último horizonte. Línea a línea téjense los
astros, brotan los contornos, los perfiles, los
relámpagos. Dibujo tras dibujo, de mar en mar
los frutos de la tierra tras el fuego. En regia
fila las líneas, las planicies, hondonadas,
muchedumbres; figuras, quiebres, caos, cosas.
Isócrona geometría en onírica resonancia.
Vestigios de insomnios, desfiles de enigmas,
claridades, sombritudes. Luz, música interior.
Génesis, memoria vegetal. El cuerpo del secreto,
de la luz, el mundo de los símbolos; lo obscuro
de las sombras, lo visible del misterio, los
tejidos del alma; el claror del sueño, el fuego
musical, el principio del encanto. Océano,
musgo, rompeolas, eternidad. Vacío pleno de
inminencias, intersticios. Temblores, filos y
fisuras. Entrañas, crujientes hendiduras.
Crecientes, pliegues milenarios. Archipiélagos,
orilla pura, noche diluvial. La última realidad
nos será vedada. El uno exige el dos. En
orgiástica pasión, el hombre deambula. El clamor
del hombre, su alarido, su gozo eterno, su
asombro inextinguible, el vino, el himno de la
vida, itinerario, término, confín.
Texto de
Pablo Mora,
director de la web
Poesía.org
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