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A través de esta
editorial queremos mostrar nuestro más absoluto
rechazo a la práctica sindical que ejerce alguna
sección sindical, en su acción sindical
cotidiana. Esta práctica sindical, carente de
ética y llevada a cabo en la mayoría de los
casos sin ningún tipo de escrúpulos, consiste
en la caza de los compañeros/as que se
incorporan a la plantilla de FGC, presionándolos
para que se afilien a su sindicato. Los
argumentos que esgrimen para que resulte efectiva
esta presión, acabando la misma en una nueva
afiliación, son lo que hace de esta actuación
más rechazable, si cabe, ya que cuentan
mentiras, verdades a medias y de alguna manera
coaccionan a estos/as compañeros/as,
diciéndoles que deben estar afiliados si quieren
que se les haga fijos de plantilla. Está claro
que se aprovechan de una situación concreta, la
precariedad que tienen estas personas en FGC,
juegan, en definitiva, con la necesidad que
tenemos todos de poder trabajar de una manera
estable o segura. Es cierto que al final deciden
afiliarse o no las personas a quienes se han
dirigido, pero no es menos cierto que unas veces
por desconocimiento, otras por temor, otras por
comodidad, por aquello de que "casi todos lo
han hecho", acaban sucumbiendo a los deseos
de aquellos que han planificado estas campañas
tan peculiares de afiliación.
Es fácil
encontrar a compañeros, con responsabilidad en
la dirección de esa sección sindical, en
cualquier dependencia de FGC, hablando de tal o
cual acuerdo, vendiendo el mismo, y diciendo que
éstos eran producto exclusivo del buen hacer
solamente de esa sección sindical . Lo que no
cuentan, casi siempre, lo negativo que pueda
tener el acuerdo específico y lo que no asumen,
con toda esta facilidad, las equivocaciones en
las que han incurrido firmando con toda ligereza
acuerdos que han resultado negativo para el
conjunto de la plantilla de FGC.
Lo más
preocupante no son las actuaciones en si mismas,
sino la aparente tolerancia que tiene la
dirección de FGC con respecto a ellas.
Tolerancia o consentimiento que nos lleva a
pensar que la empresa desea solamente un aumento
de la afiliación polarizado y que ésta, esté
bien considerada por la plantilla, aunque esto
último es más difícil por los propios
objetivos empresariales, los cuales llevan en
muchas ocasiones a firmar acuerdos que nos
sitúan en peores condiciones. Hay multitud de
hechos que demuestran esto último y que la CGT
ha denunciado en repetidas ocasiones. Las
aseveraciones de que si no se está afiliado a un
determinado sindicato es más difícil conseguir
determinados puestos, préstamos, ayudas o que si
cometes cualquier error pueden sancionarte con
más dureza son muestra de lo que decimos. El
exponente más claro de esta práctica sindical
fue la entrada a FGC de una cantidad de
compañeros/as, a través de una convocatoria que
no se hizo pública. Esta convocatoria fue
ocultada al resto de sindicatos y de la
plantilla, consiguiendo de esta forma que estas
plazas convocadas fuesen ocupadas solamente por
personas ligadas de alguna manera a una sección
sindical. Esta actuación fue denunciada
convenientemente ante la dirección de FGC y
todavía no tenemos la constancia de las medidas
tomadas por ésta. Mucho nos tememos que no se
haya hecho nada o que simplemente se haya quedado
en una reprimenda. Una de las consecuencias de
este tipo de actuación es el sometimiento,
voluntario o no, de una parte cada vez mayor de
la plantilla de FGC. Es una situación en la cual
queda en entre dicho la imparcialidad de la
propia dirección de FGC por la idea, extendida
por esta sección sindical, de que ellos
ciertamente tienen ese poder que dicen dentro de
la empresa.
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