| Ante todo decir que
lo vertido en estas líneas son fruto de mi
visión particular sobre el tema, por ello debe
contemplarse como una opinión estrictamente
personal y, como tal, no tiene por qué ser
compartida por los afiliados/ as de la CGT en
FGC. Hace relativamente poco que se ha
constituido un nuevo sindicato en FGC, aunque
este se venía fraguando desde hace bastante
tiempo. Me estoy refiriendo al SIMAF, sindicato
de corte corporativista, dado que sólo se
encuadran en él los maquinistas y ayudantes de
maquinistas y tracción, y que ha venido a
incorporarse al panorama sindical de FGC.
He de reconocer que me ha costado bastante
decidirme escribir sobre un sindicato, que por el
momento no ha realizado nada a excepción de su
propia constitución y una declaración de
intenciones. Pero si al final lo he hecho ha sido
fundamentalmente por un motivo, intentar analizar
los motivos por los cuales han dado este paso
compañeros que hasta hace muy poco estaban en
las filas de CC.OO, UGT y de la propia CGT.
Lo primero decirles a los compañeros
afiliados al SIMAF que no seré yo, ni creo que
la CGT, la que realice un ataque por el sólo
hecho de que se hayan constituido como sindicato
en FGC. El SIMAF, nos guste o no nos guste, nada
está representando a una parte significativa de
un colectivo de la plantilla de FGC y esto es tan
simple como el aceptar el derecho de esos
compañeros a organizarse como mejor crean
necesario en defensa de sus intereses, incluido
su derecho a equivocarse.
Una vez dicho esto, voy a intentar exponer el
por qué un trabajador como yo, maquinista, y
porque no, sindicalista, no ve como un avance,
sino todo lo contrario la aparición de un
sindicato de corte corporativista como el SIMAF.
Para ello lo primero que he de reconocer es que
la existencia del SIMAF hoy en FGC obedece a, por
un lado, las deficiencias de los sindicatos
llamados de clase, entre los que se encuentra la
CGT, por no haber sabido atender o entender la
problemática del colectivo, la empresa, que no
ha sabido valorar ni situar esta problemática, y
por otro, la voluntad de unos pocos para que el
proyecto SIMAF tirase hacia delante. Sin estos
componentes y por ese orden, creo sinceramente
que el SIMAF no se hubiese materializado en FGC.
Por lo tanto, podemos afirmar que la existencia
del SIMAF es producto de las deficiencias de los
sindicatos de clase y de la dirección de FGC.
Estoy
convencido que un sindicato de corte
corporativista es un error estratégico de los
trabajadores que en el se aglutinan. Lo creo
porque en un mundo cada vez más global, la
economía y la política así lo atestiguan, las
respuestas deben de ser de carácter global. Los
posicionamientos de oposición a estas
políticas, practicadas desde los partidos
políticos, las patronales y las diversas
administraciones, debieran ser planteadas desde
un frente amplio, ya no sólo de ámbito
nacional, sino internacional. Para ello hace
falta tener una visión global, que nos dé una
perspectiva general de la problemática de los
trabajadores / as, no sólo en el ámbito
laboral, sino en el terreno social, político y
económico, ya que el trabajador, por ser persona
que convive dentro de una sociedad y no puede
abstraerse del resto de los problemas que le
envuelve y afectan en su vida como ciudadano. Por
ello no puede limitar sus preocupaciones e
inquietudes única y exclusivamente al ámbito
laboral. La educación, la cultura, la vivienda,
la sanidad, son temas que afectan y preocupan o
debieran preocupar a la clase trabajadora. Para
afrontar estos problemas hace falta un sentido
amplio de solidaridad, no excluyente de nada ni
de casi nadie, hace falta organizaciones
integradoras, con una estructura organizativa
extendida por toda la geografía, hacen falta
unas líneas pragmáticas de actuación que
permitan desarrollar proyectos en lo político,
en lo social, en lo económico y en lo laboral y,
lo más importante para mí, hace falta alimentar
todo ello con la dosis suficiente de ideología
que nos aporten la carga ética que legitime,
más si cabe, las reivindicaciones de la clase
trabajadora.
Esto que puede parecer meramente un
posicionamiento ideológico es además para mí,
la aplicación del sentido común. Ante
políticas globales, respuestas globales. La
patronal tiene sus organizaciones amplias, no
excluyendo en ellas a ningún empresario. Se
hacen más fuertes con la unión de todos y hacen
de sus intereses comunes bandera reivindicativa
en defensa de los mismos, nosotros los
trabajadores debemos responder de parecida forma.
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No conozco a ningún sindicato corporativo, y
el SIMAF no es una excepción, que además de
dedicarse al colectivo específico que
representa, defendiendo sus intereses en lo
laboral, dedique el más mínimo esfuerzo a
programas sociales, culturales, etc. Si acaso,
como mucho, se interesan en la parte de los
convenios colectivos que negocian, que tocan
estas materias, tales como ayudas de estudios
becas, de adquisición de viviendas, etc.
Evidentemente no es esto a lo que me refiero. Me
refiero a defender una sanidad y enseñanza
pública, se trata de demandar que se cumpla el
derecho al trabajo de todos y de todas, sin
exclusión por raza, credo o sexo, se trata de
reclamar viviendas dignas para todos los
trabajadores, se trata de impedir la exclusión
social, se trata, en definitiva, de repartir la
riqueza y el trabajo, y yo no veo a ningún
sindicato corporativista en esta línea de lucha.
Además el sindicalismo que practica esta
clase de sindicatos es sectario y por lo tanto
excluyente, dado que su propia definición como
sindicato de colectivos profesionales
específicos así lo demuestra. Con ello se rompe
la unidad que debiéramos tener TODOS / AS los
trabajadores. Sé que en un principio muchos de
los que se agrupan en torno a esta clase de
sindicatos no pretenden quebrar la unidad de los
trabajadores / as, pero la puesta en práctica de
la acción sindical en defensa de un solo
colectivo o grupo, se encarga por si misma de
quebrarla, ya que ésta está basada única y
exclusivamente en los intereses del colectivo
específico en contraposición con los del resto
de la plantilla.
Para certificar lo anteriormente expuesto
basta con hacer un pequeño repaso a los
colectivos profesionales en los que se han
ubicado este tipo de sindicatos, médicos,
enfermeras, pilotos, conductores, maquinistas,
etc. El denominador común de todos ellos es que
ejercen un poder dentro de sus sectores con
respecto al resto de colectivos o categorías
profesionales. Es este poder y no otro, el que
les viene dado por el ejercicio de sus funciones
profesionales, el que utilizan y hacen servir,
para destacarse económicamente del resto de los
trabajadores / as, en la mayoría de los casos de
una manera injusta y de una injustificada
desproporción.
Por último quiero decir que para mí es tan
importante un maquinista como cualquier otra de
las categorías profesionales de nuestra empresa.
Todas tienen competencias y funciones tan
necesarias como las de los maquinistas. Todas las
tareas entrañan sus propias complejidades y
éstas deben de ser reconocidas por todos, desde
los propios trabajadores / as hasta la
dirección. Por ello deben tener cada una de
ellas su justa recompensa, no sólo en términos
económicos sino en un reconocimiento claro de lo
que aportan las mismas al buen funcionamiento de
la empresa.
Un
maquinista Barcelona/Vallès
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