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Arte en el Universo Las más bellas imágenes de nuestro entorno espacial. |
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(…) En 1967, una joven estudiante de Cambridge, Jocelyn Bell, trabajaba en el estudio de fuentes de radio de origen interplanetario, para lo cual habían desarrollado un receptor de una gran resolución temporal. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, el 6 de agosto de 1967, descubrió una fuente de radio que variaba de forma perfectamente periódica, cada 1,34 segundos, como si fuera una señal de origen artificial. De hecho, en un primer momento hasta llegó a pensarse si no sería el indicio de una civilización extraterrestre. Inmediatamente comenzó la búsqueda de más emisores periódicos de radio del mismo estilo, encontrándose uno nuevo en diciembre del mismo año, y otro más en enero de 1968. A los emisores de estas fuentes de radio se les denominó Púlsares, por su emisión de forma pulsante, con una exquisita regularidad. La frecuencia de emisión de estos púlsares varía desde más o menos un pulso por segundo, hasta un máximo observado de casi 100 emisiones por segundo. Son como los radiofaros del universo. La teoría más aceptada es que los púlsares son estrellas de neutrones de alta velocidad de rotación, que emiten un haz de ondas de radio en cada vuelta. El poderoso campo magnético de la estrella, amplificado durante el colapso, atrapa las partículas cargadas, y así, los electrones en ese campo magnético en rotación emiten radiación tanto en frecuencias de radio como también en luz visible. Si por casualidad la Tierra está en la dirección del haz, veremos un destello, o un impulso de radio, en cada rotación, como si se tratara de una especie de faro cósmico. Uno de los púlsares más conocidos está en el centro de la Nebulosa del Cangrejo, y gira 30 veces por segundo. Es, como hemos comentado anteriormente, lo que quedó de la supernova del año 1054. Hemos visto que el final de una estrella muy masiva puede ser una violenta explosión en forma de supernova, que deja tras de sí habitualmente una estrella de neutrones que puede ser observada como púlsar. Pero en el caso de estrellas aún más masivas, puede que éste no sea el final. Si una estrella, después de la pérdida de materia consecuencia de su explosión como supernova, queda aún con una masa superior a la de cinco soles, entonces su final será aún más espectacular: la estrella se convertirá en un Agujero Negro. (…) |
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Vista de un agujero negro. El agujero es invisible, pero podemos distinguir la nube de polvo que lo rodea, dando vueltas en círculos mientras cae en su interior. (Foto NASA) |
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Extracto del capítulo 1 (Nuestro Universo) |

