Houston, tenemos un problema

La Historia de la Exploración Espacial a través de sus accidentes

(Extracto de 2 páginas de las 12 que componen el capítulo)

 

Lazutkin completó la tarea y notó cómo el olor del oxígeno fresco surgía del receptáculo. Se dio la vuelta para marcharse cuando oyó un extraño siseo, fuera de lo habitual. Se giró de nuevo hacia la “vela” y entonces, de repente, vio saltar chispas y surgir una llama por la tapa de la parte superior. El cosmonauta no daba crédito a lo que veía, aquello era algo absolutamente inusual, y en un principio ni siquiera se alarmó: su reacción era de estupor más que de temor. Con voz calmada, procurando no alarmar a sus compañeros, exclamó: “Chicos, tenemos un fuego”.

 

La frase fue pronunciada tan pausadamente que ninguno de los cuatro cosmonautas que seguían charlando animadamente en el módulo base lo oyó. Pero en ese mismo momento, el alemán Ewald, que estaba situado de frente a la escotilla que daba al Kvant 1, observó el resplandor de las llamas que surgían del dispositivo. “Pozhar”, exclamó Ewald en ruso (“Fuego”). Tsibiliyev fue el siguiente en verlo. “¡Pozhar!”, repitió, y en segundos toda la tripulación, excepto Linenger, que seguía en el Spektr ajeno a todo, se lanzaban hacia el Kvant 1 mientras repetían “¡Pozhar, pozhar!”.

 

Sólo habían pasado algunos segundos, pero para entonces ya una densa humareda comenzaba a extenderse por la estación. La primera acción de Lazutkin, el más próximo al fuego, fue intentar apagar el dispositivo por medio del interruptor, pero no sirvió de nada: el fuego seguía activo. A continuación tomó una toalla mojada de un contenedor próximo, lanzándola sobre el fuego, pero lo único que consiguió fue que las llamas la devorasen en cuestión de segundos, lanzando fragmentos ardiendo por todo el entorno, y provocando una gran llamarada que estuvo a punto de alcanzar al cosmonauta.

 

¡Coged los extintores!”, gritó Korzun, mientras él mismo cogía uno y empezaba a dirigirlo sobre el fuego. Pero parecía como si el extintor no tuviese ningún efecto contra las llamas, y entretanto un denso humo empezaba a llenar la estación, irritando los ojos y las mucosas de los cosmonautas; en las cercanías del fuego, Korzun apenas alcanza a ver sus propias manos. Intuyendo el peligro, el comandante grita “¡Que todo el mundo se ponga máscaras de oxígeno!”, y los cinco abandonan la zona en busca de las máscaras.

 

Mientras se las están colocando, Korzun repara en la ausencia de Linenger. “¿Dónde está Jerry?”, pregunta, a lo que alguien responde que está en el módulo Spektr. “¡Traedlo aquí! ¡Debemos mantenernos todos juntos! ¡Y trabajemos por parejas!”. La orden de trabajar por parejas no es gratuita: es el resultado del entrenamiento que reciben los cosmonautas rusos que van a trabajar en una estación espacial, como precaución ante situaciones límite como un incendio a bordo. La razón es simple: en la Tierra, si una persona queda inconsciente, cae al suelo y es evidente su situación; en el espacio, en cambio, esa persona quedaría flotando en el entorno, pudiendo pasar su situación desapercibida para el resto de la tripulación. Korzun, tras su primer intento de atacar el fuego con extintores, es consciente de que la situación es crítica, y que la seguridad de la Mir está gravemente amenazada. Volviéndose hacia Lazutkin le ordena: “¡Shasha, prepara la nave!”.

 

La orden hace referencia a preparar una de las naves Soyuz para el caso de tener que evacuar la estación espacial. Pero sólo tres hombres pueden abandonar la Mir a bordo de una nave Soyuz. Con una tripulación de seis miembros, la Mir dispone de dos Soyuz acopladas que sirven tanto como vehículos de transporte como de vehículos de escape en caso de emergencia. Pero ahora sólo una de ellas está accesible: la otra queda al otro lado de unas llamas que bloquean completamente el paso a través del Kvant 1.

 

Mientras Korzun coge un segundo extintor, la alarma de la estación comienza a sonar. El humo ha alcanzado el sensor más cercano, situado en el nodo central de la Mir, lo que activa automáticamente el plan de emergencia de incendios: además del sonido de la alarma de fuego que recorre toda la estación, los ventiladores y equipos de aire acondicionado dejan de funcionar, con el objeto de evitar que la continua circulación de aire pueda extender el fuego con más rapidez a lo largo de toda la estación espacial.

 

Metido en su saco de dormir y ya casi listo para pasar la noche, el norteamericano Linenger se ve sobresaltado por el sonido de la alarma de incendios. De inmediato se levanta y se apresura fuera del Spektr hacia el nodo central de la Mir, donde casi se da de bruces con Tsibiliyev y Ewald, que acudían a avisarle. “¿Es algo serio?”, pregunta el americano. “Seryozny!”, le llega la contestación en ruso. Efectivamente, ésta es sin duda la situación más seria vivida hasta entonces a bordo de la Mir, desde su puesta en órbita.

 

Lo primero es ponerse las máscaras de gas, pero a continuación, Tsibiliyev pide a Linenger que lo acompañe en busca de extintores. Ambos entran en el módulo Priroda, y allí se abalanzan sobre los dos extintores que cuelgan de la pared. Tsibiliyev tira del suyo, pero no puede desprenderlo; a Linenger le ocurre lo mismo. Ambos dan tirones con fuerza, pero sin éxito. El americano mira al ruso incrédulo y con aire de reproche, pero apenas puede abrir la boca: “No tenemos tiempo para discutir. Déjalo. Vamos al Kvant 2, cogeremos los de allí.

 

El motivo de este incidente se descubriría más tarde, y fue debido a un peligroso descuido: cuando los diferentes módulos de la Mir fueron lanzados al espacio, los extintores se hallaban sólidamente unidos a sus paredes por medio de ligaduras para impedir que se soltaran durante las operaciones de lanzamiento y acoplamiento en órbita. Estas ligaduras debían haber sido quitadas por la tripulación una vez acoplado el módulo a la Mir, pero sin embargo, tripulación tras tripulación habían habitado la estación sin reparar en este peligroso olvido. Un simple despiste que podría haber costado muy caro.

 

Afortunadamente, los extintores del Kvant 2 se sueltan sin problemas. “Llévaselo a Korzun”, le dice Tsibiliyev a Linenger pasándole uno. El otro extintor lo deja allí, siguiendo las reglas de seguridad: siempre hay que dejar un extintor por si más adelante fuera necesario en esa zona.

 

Cuando los dos hombres llegan al módulo base, éste se encuentra ya prácticamente lleno de humo. Apenas puede verse la entrada al Kvant 1, y en el interior de éste, la oscuridad es plena. Mientras desde su interior se oye a Korzun gritar pidiendo más extintores, Linenger pasa el suyo a Kaleri para que se lo acerque al comandante, mientras él y Tsibiliyev se dan la vuelta para ir en busca de más, esta vez al módulo Kristall.

 

Apenas hay tiempo para pensar, y tampoco para comunicarse con tierra. En cualquier caso, cuando ocurrió el accidente la Mir estaba fuera del campo de cobertura de las estaciones de seguimiento rusas. Linenger consideraba la posibilidad de comunicar con tierra a través del centro de la NASA en Houston en cuanto sobrevolasen su área de cobertura, pero tampoco fue posible: la lucha contra el fuego les impidió hacerlo. Entretanto, la posibilidad de tener que abandonar la estación era una posibilidad muy real, tanto que el ruso Kaleri se había puesto al teclado de su ordenador para imprimir los datos de salida de órbita necesarios para abandonar la estación. Estos datos eran actualizados diariamente desde el control de la misión, cargándose en el ordenador central de la Mir, y una copia de los mismos se dejaba en el módulo de descenso de una de las Soyuz. Luego la tripulación cargaría manualmente estos datos en el ordenador de a bordo de la nave si hubiera que hacer una evacuación de emergencia. Pero Kaleri se había dado cuenta de que sólo había una copia de estos parámetros de reentrada en una de las Soyuz, por lo que necesitaba imprimir una copia adicional para la otra nave, para poder evacuar a los seis cosmonautas. Linenger, que no sabe lo que hace Kaleri al teclado de su ordenador, lo mira incrédulo: el americano piensa que el ruso se ha puesto a trabajar en sus cosas, sin darle importancia a lo que ocurre a su alrededor. Nada más lejos de la realidad, desde luego, pues precisamente el ruso le da tanta importancia que se está preparando para una evacuación de emergencia.

 

Pero... ¿cómo evacuar a seis hombres con una sola Soyuz? Mientras no pudiese controlarse el fuego, era imposible acceder a una de las naves, y de nada serviría la copia de parámetros de reentrada que estaba imprimiendo Kaleri. ¿Evacuarían la estación sólo tres astronautas, dejando a los otros tres abandonados a su suerte? ¿O se mantendrían todos juntos en una lucha a vida o muerte contra el fuego hasta el final, fuera éste el que fuese? (…)

El incendio de la Mir en 1997 fue uno de los peores accidentes sufridos a bordo de una estación espacial (Foto RSC Energiya)

Extracto del capítulo Emergencia: Fuego en la Mir

El norteamericano Linenger a bordo de la Mir una vez extinguido el incendio (Foto NASA)

La estación espacial rusa Mir (Foto NASA)

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